La misión Thornton (4 al 18 de junio de 1864)
Otro
actor clave en esta compleja maraña diplomática fue la diplomacia británica.
El ministro inglés en Buenos Aires y Asunción, Edward Thornton, era
enemigo del gobierno paraguayo. Este último había cerrado sus ríos a la libre
navegación británica y humillaba al gobierno de la reina con la llamada cuestión
Canstatt, que Thornton debió negociar ante el gobierno de López. El diplomático
británico estaba decidido a hostigar al régimen de Asunción. El 31 de mayo de
1864 Thornton invitó a comer al ministro de relaciones exteriores argentino
Rufino de Elizalde y le sugirió un viaje a Montevideo para cerrar el conflicto
oriental, entenderse con Saraiva y gestar una intervención argentino-brasileña
en la Banda Oriental. Según Thornton esta acción provocaría a la vez una
situación de cercamiento que aislaría y amedrentaría a López y lo obligaría
a tener una actitud más abierta respecto de temas vitales para Londres, tales
como libre navegación e inversiones. Al menos esto era lo que pensaba en teoría
el diplomático británico. Jamás se le cruzó por la cabeza la alternativa más
temperaria de todas: que López se decidiera a enfrentar a sus vecinos. (1)
Thornton, Elizalde y Andrés Lamas, el representante uruguayo
en Buenos Aires, viajaron a Montevideo para llevar adelante la misión; allí se
les sumó Saraiva. El ministro oriental Herrera aceptó la mediación conjunta y
Thornton solicitó que Lamas y Florentino Castellanos representaran al gobierno
oriental en las tratativas. Herrera presentó sus bases pero éstas fueron
reemplazadas por otras acordadas en el campamento de Flores en las Puntas del
Rosario el 18 de junio. Se firmó aquí un “compromiso” entre Flores, el
jefe revolucionario, y Andrés Lamas y Florentino Castellanos en representación
del gobierno oriental, ad referendum porque éstos habían sobrepasado
sus instrucciones. Firmaron también como garantes Thornton, Saraiva y Elizalde.
Las condiciones eran de tal índole que Thornton suponía que el gobierno de
Aguirre las rechazaría. De ese rechazo saldría la intervención conjunta
argentino-brasileña en favor de Flores y por consiguiente la guerra contra el
gobierno de López. Pero contra los pronósticos del diplomático británico, el
gobierno oriental de Aguirre, con tal de poner coto a la crisis uruguaya,
estaba dispuesto a aceptar el convenio.
El
gobierno de Aguirre se las ingenió para demostrar a la opinión pública
oriental la inconveniencia de rechazar el convenio, que si bien otorgaba a los
rebeldes colorados dinero y grados militares, tenía la ventaja de lograr una
paz para el castigado Estado Oriental sellada por Inglaterra, Brasil y la
Argentina. La otra alternativa era hacer la guerra contra el Imperio y el
gobierno de Mitre esperando el auxilio paraguayo, que si bien era previsible,
constituía una opción donde la verdadera víctima no sería el gobierno de López,
sino el de Aguirre. Incluso algunos colorados se regocijaron por la paz obtenida
por el gobierno blanco. Vale destacar que no todos los colorados eran floristas:
el grupo intelectual de los conservadores,
que formaban buena parte de este partido, temía más al propio Flores
que al gobierno responsable de Aguirre y su ministro de relaciones exteriores
Juan José de Herrera.
Pero
ante nuevas exigencias del caudillo oriental colorado Flores, el ministro
argentino Elizalde y el diplomático inglés Thornton -como la organización de
un nuevo gabinete en el gobierno oriental con otorgamiento de carteras a Flores
y sus amigos, no explicitada en el acuerdo- dejó a Aguirre mal parado ante la
prensa de Montevideo. Detrás de estas nuevas e inaceptables exigencias el
revisionista José María Rosa percibe la mano de Thornton, y McLynn la de
Mitre. Si se toma esta última interpretación, altamente plausible dado el
compromiso que Mitre tenía con los colorados -señalado también por el
revisionismo-, el presidente argentino lograba que no sólo su canciller
Elizalde, sino también Thornton, Saraiva y Flores pusieran entre la espada y la
pared al gobierno blanco uruguayo de Aguirre.
El
presidente oriental, no obstante su difícil situación, intentó un nuevo
arreglo, ofreciendo a los floristas la totalidad de los ministerios, salvo el de
guerra, donde se mantendría un individuo del partido blanco -Leandro Gómez-.
Todo fue inútil. Los mediadores rechazaron con orgullo la alternativa
presentada por el presidente oriental a través de su canciller Herrera: o un
gabinete florista o la guerra. El 7 de julio de 1864, Thornton se embarcó con
el uruguayo Andrés Lamas y el argentino Rufino de Elizalde de regreso a Buenos
Aires. La misión de los tres mediadores había concluido. Respecto del fracaso
de la mediación, Luis Alberto de Hererra comentaría la actitud de Lamas de dar
la espalda al gobierno oriental y marcharse con la comitiva del enemigo, lo que
le valió su destitución. (2)
NOTAS
Archivo Mitre, II, pp. 64-65, cit. en ibid., p. 123.
L.A. de Herrera, El drama del 65..., op. cit., p. 210, cit. en ibid., p. 133.
Aclaración: Las obras citadas (op. cit.) que no se mencionan explícitamente en este listado de citas, se encuentran en las páginas inmediatamente anteriores. Para ello, haga un click en el botón "Anterior". También puede utilizar la opción "Búsqueda" , ingresando el nombre del autor de las obras respecto de las cuales se requiere información.
© 2000. Todos los derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de
copyright y propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines
estrictamente académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier
otro uso deberá contar con la autorización por escrito de los autores.