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El gobierno de López no se quedó impasible ante los ataques brasileños al gobierno oriental. El 30 de agosto por nota del canciller paraguayo José Berges al representante brasileño Vianna de Lima, López, irritado por la marginación de la que había sido objeto por parte de Saraiva y Elizalde en el protocolo firmado en Buenos Aires el 22 de dicho mes, hizo saber a la corte de Río que, en conocimiento del ultimátum brasileño al gobierno uruguayo efectuado el 4 de dicho mes "Paraguay juzgará cualquier ocupación de territorio oriental .... como atentatorio al equilibrio de los Estados del Plata descargándose desde luego, de toda responsabilidad de las ulterioridades". (1) Era una declaración de guerra de parte del régimen paraguayo, posibilidad inimaginable para la diplomacia imperial, pues Saraiva jamás creyó que el gobierno de Solano López fuese capaz de declararla luego de trascender el acuerdo entre Río de Janeiro y Buenos Aires que obligaría al mandatario paraguayo a luchar simultáneamente contra dos países. Inimaginable también para el jefe del gabinete brasileño, Zacarias de Góes e Vasconcelos, quien jamás creyó en una guerra contra el régimen paraguayo, tal como lo confesara dos años más tarde, en la sesión del 4 de agosto de 1866, con las siguientes palabras: "no había soñado un solo momento con que Paraguay intervendría en el caso de que Brasil apelase a la fuerza para imponer sus exigencias en el Uruguay". (2)  
   
Contra los designios del gobierno imperial, el régimen de López, con sus 60.000 soldados y sus cañones estaba dispuesto a enfrentar a Brasil. El 31 de agosto renunció el gabinete de Zacarias. El cuadro del Imperio de Brasil pasaba a ser realmente delicado. Saraiva quiso entonces detener el proceso que precipitaba al gobierno brasileño a la guerra con Paraguay, pero el nuevo gabinete liberal presidido por Francisco José Furtado, no reaccionó. Este debía resolver la grave crisis financiera que asolaba al Imperio en esos días, y, contra los deseos de Saraiva, no podía atender otras cuestiones. Liberado del freno diplomático de un Saraiva ausente del escenario rioplatense y ocupado en convenir con Furtado una fórmula diplomática para parar la ya incontenible guerra contra Paraguay, el almirante Tamandaré ordenó a Mena Barreto cruzar la frontera hacia territorio oriental en los primeros días de octubre. A estas complicaciones, que demostraban el avance de los elementos belicistas en la política exterior brasileña, cabe añadir la presión ejercida por los riograndenses, que deseaban correr una "california" por las estancias uruguayas y percibían en la guerra una inmejorable oportunidad para incrementar sus negocios vinculados al arreo de ganado. Ante esta complicada realidad, Saraiva poco podía hacer para detener la guerra.
   
Por su parte, los mitristas también quedaron descolocados ante la alternativa bélica elegida por el joven López. Cuando para el régimen paraguayo se hizo notorio el respaldo de Mitre a los revolucionarios orientales colorados, López había interpelado a Buenos Aires con una significativa carta del 21 de octubre de 1863:   

La presente la recibirá V.E. por el "Tacuarí" que se estacionará en ese puerto y el de Montevideo principalmente, por si, dadas las circunstancias que hoy concurren en el Río de la Plata, llega a ser conveniente la presencia de este buque en aquellas aguas. (3)  

El presidente argentino negó su involucramiento en la expedición de Flores de 1863. En una carta dirigida al presidente paraguayo el 29 de febrero de 1864, Mitre intentaba convencer a López de que "la política del Gobierno argentino ha sido, es y será la neutralidad en los asuntos de la Banda Oriental (...). (4) 
   
Como en el caso del Imperio, el partido mitrista no había reparado en la alternativa de que el régimen paraguayo decidiera reaccionar ante los sucesos que estaban ocurriendo en la Banda Oriental. Al respecto, comentaba el cónsul francés en Montevideo, Maillefer:

Los diarios de Mitre, que antes exhortaban a los comandantes brasileños a que pasaran la frontera y se apoderasen de las ciudades orientales para luego entregarlas al poder de los colorados; los mismos diarios, después de las declaraciones de Paraguay, insisten en la necesidad de mantener a su país sobre la base de la neutralidad armada y aislarse al acercarse las llamas. (5)  

Las argumentaciones de La Nación Argentina de Mitre, explicando la "justa actitud y noble propósito" del Brasil obligado a recurrir a represalias por el desaire del gobierno oriental, resultaban poco convincentes. En Buenos Aires, Miguel Navarro Viola y Carlos Guido Spano levantaron la prédica de la solidaridad rioplatense. Editaron La América junto con Agustín de Vedia en defensa de las soberanías hispanoamericanas contra el gobierno "esclavócrata" de Mitre, convertido en auxiliar menor del Brasil. Evaristo Carriego, desde El Litoral, y José Hernández, desde El Argentino, periódicos ambos de Paraná, afirmaban que había llegado el momento de unirse a los paraguayos en la inminente guerra. Del mismo modo opinaban Francisco F. Fernández y Olegario Andrade desde Concepción del Uruguay, El Independiente de Juan José Soto en Corrientes, La capital de Oviedo Lagos en Rosario y casi todos los diarios y medios periodísticos publicados en el Interior, solidarizados con la causa paraguaya.  La invasión brasileña había indignado incluso a los gobernantes liberales de Corrientes y Santa Fe establecidos desde Pavón, Manuel Lagraña y Patricio Cullen respectivamente.
   
Aun Adolfo Alsina y los liberales "crudos" o "autonomistas" de Buenos Aires se oponían en forma vehemente a la política mitrista. El primero demostraría esta postura en ocasión de una interpelación a Rufino de Elizalde en la cámara de diputados nacionales, al pronunciarse en los siguientes términos:

el gobierno argentino con su mediación en las cosas orientales ha empezado a trenzar la soga con que tal vez se nos ahorque (...) lo más impropio e impolítico que ha podido hacer el gobierno argentino es ir a mediar en la República Oriental. (6) 

Mitre se encontró aislado en su defensa de la "democracia coronada" como llamaba desde La Nación Argentina al Imperio aristocrático y esclavista del Brasil. Pero demostrando habilidad, el presidente argentino decidió cambiar el eje de su propaganda, dirigiendo su prédica no hacia la justificación de las acciones brasileñas, que causaba tanto resquemor entre liberales y federales dentro de la Argentina, sino contra la "tiranía" que representaba el régimen de Solano López. De este modo, Mitre comenzó a alzar su voz a favor de "los paraguayos libres que gimen bajo el tirano", López pasaba a ser en sus labios el "Atila de América" o "la última vergüenza del continente" y finalmente invitaba a los argentinos a "una cruzada libertadora para concluir con "esta última vergüenza del continente". (7)
   
Este discurso del mitrismo estaba dirigido a captar el visto bueno de los liberales, y, como se ha visto, de la diplomacia británica. A través de la guerra contra López, Mitre buscaba afanosamente un elemento de cohesión "nacional". No obstante, la "cruzada contra la tiranía" de López proclamada por Mitre no lograría mantener a todos los liberales bajo su conducción personal. El partido de la Libertad creado por el vencedor de Pavón, escindido desde tiempo atrás por la "cuestión de la capital" en liberales nacionalistas, cocidos o mitristas y liberales autonomistas, crudos o alsinistas, agravaría su división interna por obra de la participación argentina en la guerra del Paraguay.

  1. Ultimátum paraguayo, 30 de agosto de 1864, cit. en ibid., p. 142.

  2. P. Horton Box, op. cit., cit. en ibid., p. 143.

  3. Carta del presidente López al presidente Mitre, Asunción, 21 de octubre de 1863, citada en L.A. de Herrera, La diplomacia oriental..., op. cit., p. 281.

  4. Carta del presidente Bartolomé Mitre al presidente Francisco Solano López, Buenos Aires, 29 de febrero de 1864, cit. en Archivo del general Mitre, Guerra del Paraguay, tomo II, Biblioteca de "La Nación", Buenos Aires, 1911, p. 58.

  5. Informe de Maillefer, 29 de septiembre de 1864, cit. en J.M. Rosa, op. cit.,  p. 143.

  6. L.A. de Herrera, El Drama del 65..., op. cit., cit. en ibid., p. 146.

  7. Ibid., pp. 146-147.

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