Causas de la actitud belicista del presidente paraguayo
Contra
los pronósticos de los gobiernos argentino y brasileño, López estaba
dispuesto a la guerra. Múltiples causas subyacían tras esta soberbia actitud
del presidente paraguayo, que podría juzgarse bastante peleada con los
principios de la realpolitik, dado el desequilibrio de fuerzas entre López
y las fuerzas que estaban comenzando a aliarse contra su régimen. Entre estas
causas de la inclinación de Solano López hacia la guerra, se pueden mencionar
su orgullo herido por la marginación de la que había sido objeto en los
protocolos Saraiva-Elizalde de agosto de 1864, su decisión de golpear primero
para tratar de sorprender a los mitristas, brasileños y colorados coaligados
-por aquello de quien golpea primero pega dos veces- y su creencia en la
posibilidad de una alianza con Urquiza y el federalismo argentino. Por último
debe señalarse el rol desempeñado por el gobierno blanco oriental que activó
su decisión, instándolo al enfrentamiento con el Imperio y con el gobierno de
Mitre.
Este
último factor resulta sumamente interesante. Los agentes diplomáticos
orientales de los gobiernos de Berro y Aguirre procuraron buscar el auxilio de
Paraguay, dada la delicada situación que aparejó la invasión de Flores en
abril de 1863 respaldada por el mitrismo, y la presencia de fuerzas imperiales
por mar y tierra cercando al gobierno de Montevideo. Así se sucedieron las
gestiones de Octavio Lapido y de Antonio de las Carreras, quienes si bien no
pudieron en forma inmediata arrancar de Solano López una explícita alianza,
encontraron en él a un interlocutor interesado. En marzo de 1864 apareció en
Asunción el enviado oriental José Vázquez Sagastume, quien -a diferencia de
los diplomáticos anteriores- lograría influir positivamente en el ánimo de
Solano López para que éste les declarase la guerra a los gobiernos argentino y
brasileño.
Así,
con motivo del ultimátum brasileño al gobierno de Aguirre (4 de agosto de
1864), Vázquez Sagastume renovó a López los pedidos efectuados por sus
antecesores, con el fin de que el gobierno paraguayo socorriera al gobierno
oriental con su ejército y escuadra. El canciller de López, José Berges, le
contestó a Sagastume en una nota en que se recordaban todas las propuestas
orientales, incluso las comunicaciones confidenciales. Como la nota del
canciller fuera reproducida en el medio oficial paraguayo El Semanario,
en su número 540, correspondiente al 1º de septiembre de 1864, se conoció que
el presidente Berro había propuesto a Solano López un tratado de alianza
ofensiva y defensiva entre Uruguay y Paraguay, a fin de defender la integridad
de sus territorios y el equilibrio del Río de la Plata. Asimismo Berro había
sugerido que Paraguay se apoderara de la isla Martín García, comprometiéndose
el Uruguay a neutralizarla para no estorbar la libre navegación de los ríos
platenses. López no había aceptado la propuesta, porque ello significaba
declarar la guerra a la Argentina, pero había decidido llamar la atención del
gobierno de Buenos Aires acerca de la protección prestada a Flores. Asimismo,
la respuesta de Berges a Sagastume afirmaba “que no halla oportuno que su
gobierno intervenga por ahora, como V.E. solicita (...), en las dificultades
surgidas de la política del gobierno imperial con el de V.E., por la reunión
de fuerzas navales y terrestres en las aguas y fronteras de la República
Oriental del Uruguay (...). (1)
Pero
como relataba en su obra History of Paraguay el ministro norteamericano
Charles Ames Washburn -quien sería años más tarde, ya declarada la guerra
contra el gobierno paraguayo, protagonista de un inútil intento de mediación
para ponerle fin-:
Sagastume conocía la debilidad de López, y que ninguna lisonja era bastante para sus oídos. Hízole creer que él era un gran guerrero (...) y que llevando sus tropas victoriosas al Brasil, el Emperador se vería obligado á tratar de paz y á aceptar las condiciones que le impusiera el vencedor. (2)
Así,
a fin de exaltar los ánimos del presidente paraguayo, Vázquez Sagastume le
presentó un plan, sugiriéndole un rol de garante del equilibrio rioplatense
con palabras que seguramente resultaban gratas al destinatario: “está
proclamada y no contradicha la verdad del interés que debe inspirar al Paraguay
la conservación de las nacionalidades del Plata como medida de estabilidad y
garantía para los derechos de esta República”. (3) Es más: en su afán de
obtener el apoyo paraguayo, la diplomacia oriental no tuvo reparos en subestimar
el poder de Brasil y del gobierno de Mitre y dar por segura la alianza con
Urquiza. Así, respecto del Imperio, Sagastume señalaba que
El
Brasil no es un poder temible, porque hay diversas tendencias en su seno.
Hay, además, en el Río Grande como en las otras provincias del Imperio, un
elemento poderoso que puede hacerse valer en su daño. La esclavatura libertada
bajo la protección de las armas republicanas, debe ser un auxiliar de la buena
causa, convirtiéndose, naturalmente, en enemiga de sus opresores. En la lucha
de la República del Paraguay y la del Uruguay con el Imperio del Brasil, éste
no puede tener la cooperación de ningún pueblo americano (...).
En lo tocante al gobierno argentino, Sagastume opinaba en términos muy similares a los que expresara respecto del imperial brasileño:
Cualesquiera
que sean las clases de compromisos contraídos por el gobierno de Buenos Aires
con el Brasil, el general Mitre no tendrá bastante poder para conducir las
armas argentinas á fraternizar con el Imperio frente al sistema republicano.
(...) Es seguro que el general Urquiza se adherirá á la buena causa para
recuperar su posición perdida. (4)
Más
allá del grado de certeza o falsedad de estas percepciones, y del hecho de que
Sagastume creyese en ellas o las utilizara para convencer al presidente
paraguayo y arrancar de él una alianza con el gobierno blanco dirigida contra
el Imperio y Mitre, lo notable es que López se dejara seducir por ellas.
NOTAS
El Semanario, Nº 540, Asunción, 1º de septiembre de 1864, cit. en C. Baéz, op. cit., p. 134.
C. Báez, op. cit., pp. 134-135.
Ibid., p. 135.
Memorias de Vázquez Sagastume, citadas en ibid., p. 136.
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