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Capítulo 31: Desarrollo de la guerra

El 12 de noviembre de 1864 -incitado por la diplomacia del gobierno blanco según Báez, tal vez contando con el respaldo verbal de Urquiza según José María Rosa-, Paraguay inició las hostilidades. (1) Desde su campamento de Cerro León, el presidente Francisco Solano López ordenó al Tacuarí el apresamiento de un vapor brasileño, el Marques de Olinda, que llevaba al nuevo presidente del Mato Grosso, Carneiro de Campos, con hombres y material de guerra con el objetivo de reforzar las defensas del alto Paraguay. El vapor brasileño y los materiales de guerra fueron incautados y aprisionados sus tripulantes. El ministro brasileño en Asunción, Vianna de Lima, protestó por el "insólito hecho", reclamo que el canciller José Berges respondió irónicamente diciendo que Paraguay obraba con el mismo derecho que había ejercido Brasil al ocupar territorio oriental. La guerra comenzaba. Vianna de Lima pidió y obtuvo sus pasaportes. El Marques de Olinda pasó a reforzar la escuadra paraguaya destinada a invadir el Mato Grosso. Las fuerzas de Cerro León recibieron órdenes de escalonarse en la frontera sur para cruzar el Paraná con o sin permiso del gobierno de Mitre, a fin de liberar de brasileños el territorio oriental. (2)
   
La iniciación de las hostilidades por parte del régimen paraguayo llenó de júbilo al gobierno uruguayo -que al fin contaba con un aliado- y de consternación al Imperio -que no esperaba la ofensiva de Solano López-. El gabinete Furtado se encontró descolocado frente a López: no tenía ejército para enfrentarlo, la economía brasileña estaba en crisis y la alianza de Mitre corría peligro de naufragar. Furtado, consciente del difícil momento que atravesaba el gobierno imperial, recurrió a José María Paranhos, vizconde de Río Branco, quien en 1851 había gestionado con Urquiza la caída de Rosas. El jefe del gabinete imperial otorgó amplios poderes a Paranhos, con el fin de obtener una cooperación clara del gobierno argentino frente al gobierno de López. (3)
   
Paranhos llegó a Buenos Aires el 2 de diciembre y tentó a Mitre ofreciéndole el mando supremo de la guerra contra el Paraguay. Logró obtener del presidente argentino que la isla Martín García sirviese de base de operaciones navales a los brasileños y también armas del arsenal de Buenos Aires para abastecer a las fuerzas de Tamandaré y destruir la resistencia blanca oriental en Paysandú, liderada por Leandro Gómez. 
   
Paysandú se resistió al ataque combinado de las fuerzas del oriental Venencio Flores, las milicias riograndenses y la escuadra imperial conducida por el comandante Tamandaré. Fue bombardeada entre el 6 y el 9 de diciembre hasta que dicha escuadra agotó sus municiones. Paranhos insistió en la toma de Paysandú para eliminar el frente sur antes de la llegada de los paraguayos. Un nuevo bombardeo con armas obtenidas en Buenos Aires provocó la rendición de la plaza el 2 de enero de 1865. Vale destacar que tanto el gobierno de Montevideo como los elementos antimitristas en la Argentina -provenientes tanto del liberalismo autonomista o "crudo" como del federalismo de las provincias- cantaron loas a la "heroica Paysandú". Carlos Guido Spano dejó en Buenos Aires su poesía para irse a luchar por la ciudad sitiada. Encontró en Concepción del Uruguay a José Hernández, que también había decidido cambiar la pluma por la espada, pero junto a Olegario Andrade, Francisco Fernández y muchos otros debieron observar desde allí la caída de la ciudad uruguaya. Sólo Rafael Hernández, hermano del anterior, llegó a incorporarse a las fuerzas de Leandro Gómez. La gente de Concepción del Uruguay quería dar su sangre por la "causa de Paysandú". ¿Era esto un resabio del viejo "sentimiento cultural rioplatense" de los tiempos de la colonia y presente durante buena parte de la historia independiente argentina, donde figuras de uno y otro lado del río combaten juntos y tejen y destejen alianzas facciosas? Al parecer, era más fuerte la identificación de las provincias mesopotámicas con Uruguay que con el Imperio, aun contra los caprichosos designios de la política exterior del mitrismo, que pretendía borrar de un plumazo la lógica facciosa y construir la unidad nacional incluso al costo de la alianza con el Imperio y la guerra contra el Paraguay.
   
Mientras Paysandú estaba dispuesta a resistir ante las fuerzas brasileñas, en Montevideo el ministro Antonio de las Carreras realizó un acto simbólico pero muy cargado de contenido político: ordenó a través de un decreto del 14 de diciembre de 1864 la destrucción pública por el fuego de los cinco tratados del 12 de octubre de 1851 firmados por Andrés Lamas en Río de Janeiro y que convertían al Estado oriental en un cuasiprotectorado brasileño. Dicha quema se concretó cuatro días después. 
   
Por otro lado, desde Asunción y Paraná se generaron vanas presiones para forzar la intervención de Urquiza, muy ocupado en momentos del ataque a Paysandú en un negocio de venta de 30.000 caballos de su propiedad a Manuel Osorio, futuro marqués de Erval y jefe de la caballería imperial, quien, por expresa orden de Paranhos, los adquiría al generosísimo precio de 13 patacones cada uno. Paranhos sabía muy bien como neutralizar al jefe de los federales argentinos. Comenta Pandiá Calógeras la peculiar actitud de Urquiza olvidando por un negocio de caballos a Paysandú y a las promesas efectuadas al presidente paraguayo López, con las siguientes palabras en portugués: 

Nao existía em Urquiza o estofo de um homem de Estado: nao passava de um ‘condottiere’ (...) permeneceu inativo por tanto. De fato, assimm éle traía a todos. Cuida ao Brasil o tornar inofensivo. Urquiza, embora inmensamente rico tinha pela fortuna amor inmoderado: o general Osorio, o futuro marqués de Erval conhecía-Ihe o fraço e deliberou servir déle. (4)

De esta manera, Paysandú cayó bajo las fuerzas imperiales sin que Urquiza, contra las expectativas de Solano López , hiciera nada por evitarlo.
   
La heroica resistencia de Paysandú enardeció los ánimos en la otra orilla. En la provincia de Entre Ríos, el coronel Manuel Navarro -el protagonista del "pronunciamiento antimitrista" de Nogoyá en 1863- escribió indignado a Urquiza: "Acabamos de saber con profundo sentimiento la toma de Paysandú y la muerte de sus principales jefes (...) Los amigos creemos y esperamos que V.E. no podrá mirar con calma los bárbaros crímenes de los brasileros". (5) 
   
En la propia ciudad de Buenos Aires, el final de Paysandú agravó aún más la escisión del liberalismo porteño, escisión que la guerra del Paraguay convertiría en un abismo. Así, incluso un liberal de pura cepa como Héctor Varela elogió el coraje de Leandro Gómez en un artículo de La Tribuna correspondiente al 2 de enero de 1865, comentario éste que generó una dura réplica del propio Mitre desde La Nación Argentina al día siguiente: 

La gran cuestión para nosotros no es saber si Leandro Gómez le tiene miedo a las balas. Es saber lo que mejor le conviene a la Libertad y a la Civilización en el Río de la Plata. Quiroga, el Chacho, López Quebracho, el frayle Aldao eran hombres muy valientes ¿Qué ha dado su valor a la civilización de los pueblos argentinos? (6)

  1. Cecilio Báez, Resumen de la historia del Paraguay desde la época de la conquista hasta el año 1880, Asunción, H. Kraus, 1910; José María Rosa, La Guerra del Paraguay y las montoneras argentinas, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986.

  2. J. M. Rosa, op. cit., pp. 148-149.

  3. Ibid., pp. 149-150.

  4. Pandia J. Calogeras, Formaçao histórica do Brasil, 4º ed., 1945, pp. 277 y 282, cit. en ibid. p. 157.

  5. Carta del coronel Manuel Navarro a Urquiza, en Archivo General de la Nación, Archivo de Urquiza, reproducida en F. Chávez, Vida y muerte de López Jordán, p. 132, cit. en ibid., p. 161. 

  6. Comentarios de La Tribuna y La Nación Argentina, 2 y 3 de enero de 1865, respectivamente, cit. en ibid., pp. 161-162.

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