Declaración de guerra del Paraguay al gobierno argentino (18 de marzo de 1865). Su ocultamiento por parte del último. La ocupación de Corrientes (abril de 1865).
López
convocó al Congreso Nacional paraguayo a partir del 15 de febrero. Este cuerpo
aprobó las medidas de López adoptadas contra Brasil, otorgó al presidente el
grado de Mariscal de los Ejércitos Patrios y confirmó la creación de la Orden
del Mérito. En su análisis de la actitud del gobierno de Mitre respecto del
gobierno paraguayo, la comisión parlamentaria hizo una interesante diferenciación
entre el mitrismo y el resto de las provincias argentinas, la cual quedó
explicitada en el correspondiente informe al Congreso. Afirmaba éste que la
guerra era el resultado de "las maquinaciones de los porteños (...) porque
lejos está la mente de esta comisión al confundir al pueblo argentino con esa
fracción demagógica de Buenos Aires". (1)
El
18 de marzo el Congreso aprobó el informe y autorizó por ley al presidente López
a declarar la guerra "al actual gobierno de la República Argentina".
López promulgó la declaración y ésta fue publicada en El Semanario el
23 de marzo. Finalmente, los motivos alegados por el presidente López en su
nota del 29 de marzo para declarar la guerra contra el gobierno de Mitre fueron
los siguientes:
1º
La negativa del gobierno de Buenos Aires á conceder el tránsito inocente por
su territorio de las tropas paraguayas que llevaban la guerra al Brasil.
2º
La protección prestada por el mismo gobierno á la revolución del general
Flores en el Estado Oriental, para derrocar á su gobierno legítimo.
3º Connivencia del gobierno argentino con el Imperio del Brasil para que éste
se apoderara del Estado Oriental, hecho que perturbaba el equilibrio político
del Río de la Plata.
4º Tolerancia del presidente Mitre para la formación de una legión
paraguaya en Buenos Aires, destinada a unirse al ejército brasileño.
5º "Empero el gobierno de V.E. (de Mitre) no juzgó todavía
suficiente este proceder hostil é ilegal para realizar los fines de su política
con el Paraguay: la calumnia y los insultos á la nación y gobierno paraguayo
no le detuvieron, y los órganos oficiales de la prensa porteña abundan en
producciones tan soeces é insultantes que en ningún tiempo la más
desenfrenada licencia y abuso en ningún país supo producir".
6º El pedido de explicaciones hecho al gobierno de la Asunción acerca de la
reunión de fuerzas nacionales en la orilla izquierda del Paraná.
7º Los insultos y las calumnias de la prensa oficial porteña al Paraguay y su
gobierno. (2)
Por
lo que se desprende del texto de declaración de guerra al gobierno argentino
emitido el 29 de marzo de 1865, al gobierno de López le afectaban
sustantivamente las opiniones de los periódicos de Buenos Aires acerca de su régimen.
La
reorganización de la Guardia Nacional: el nacimiento del Ejército Nacional
argentino
El
gobierno de Mitre quedaba mal parado ante la declaración de guerra de López,
ya que no estaba suficientemente preparado para afrontar semejante compromiso bélico.
Los medios con que contaba se reducían al ejército integrado por las unidades
de línea y la Guardia Nacional en servicio activo, los que sumaban un total de
6000 hombres, distribuidos en distintas partes del territorio argentino con el
objetivo de prevenir levantamientos internos y custodiar la frontera con el indígena.
Debió entonces Mitre recurrir a medidas especiales, pues estas fuerzas apenas
bastaban para cumplir su objetivo específico.
Se
ordenó la movilización de la Guardia Nacional en todo el país, reforzada con
el reclutamiento en Entre Ríos y Corrientes de 10.000 soldados que se pondrían
al mando de los generales Urquiza y Cáceres. Se dispuso además la creación de
un ejército de operaciones a través de la contribución de las provincias, que
permitiría en teoría organizar 19 batallones de 500 hombres con los
contingentes de Guardias Nacionales de cada una de ellas, número luego ampliado
a 25.000. Pero estas medidas tropezaron con dificultades: la impopularidad de la
guerra contra el Paraguay dificultó el reclutamiento de hombres, y se dieron
numerosos casos de deserciones, tales como la sublevación, en noviembre de
1866, de un contingente de fuerzas acantonadas en la provincia de Mendoza con el
objetivo de reponer las bajas aliadas producidas en Curupaytí, y un episodio
similar en Entre Ríos, que culminó con el desbande de 8000 soldados de
caballería reunidos por Urquiza.
En
el segundo año de su presidencia, Mitre creó un ejército nacional, compuesto
originariamente de 6.000 efectivos, que afrontó la defensa de la frontera con
el indio y la represión de las montoneras provinciales. La presencia de dicho
ejército nacional no eliminó automáticamente las guardias nacionales
mantenidas por las provincias, ya que el gobierno central no contaba aún con el
suficiente poder para extirpar este caro resabio de la autonomía provincial.
(3)
El ocultamiento de la declaración de guerra por parte del gobierno de Mitre y la ocupación paraguaya de Corrientes (abril de 1865)
Producida
la declaración de guerra por parte del gobierno de López y consciente del
sentimiento proparaguayo que animaba a más de un caudillo provincial, la
diplomacia mitrista procuró ocultar la mencionada declaración. Luego, una vez
que la misma tomase estado público, se la presentaría como una "lucha de
la libertad contra la tiranía" o como "la agresión del Atila de América,
que ambicionaba conquistar a la Argentina y había ofendido en plena paz su
pabellón". Por cierto, la demora en dar la noticia buscaba tener algo más
de tiempo para generar un clima de opinión pública favorable al mitrismo y
serviría, en caso de producirse un ataque, para presentarlo como fuera de las
reglas del derecho internacional. No obstante, y a pesar de los esfuerzos de
Mitre y su gabinete, la declaración de guerra fue rápidamente conocida.
La
estrategia fue aplicada por Mitre de inmediato, al denunciar la captura de dos
buques correntinos, el Gualeguay y el 25 de Mayo, por parte de
cinco navíos de guerra paraguayos, acción que tuvo lugar el 13 de abril.
Curiosamente el episodio no había generado resistencias en la ciudad de
Corrientes, la cual fue ocupada con toda tranquilidad por las fuerzas de López.
En realidad los correntinos no consideraban a los paraguayos como invasores. Es
más, con el consentimiento tanto del consejo municipal correntino como del jefe
de las fuerzas invasoras, el general paraguayo Wenceslao Robles, tres vecinos de
Corrientes -Víctor Silvero, Teodoro Gauna y Sinforoso Cáceres- tuvieron a su
cargo la administración de la zona ocupada. Vale destacar que Silvero era amigo
personal de Solano López y compartía su pensamiento respecto de Mitre, y Gauna
había sido muchos años ministro en la provincia. (4)
No
obstante la aceptación correntina de la presencia paraguaya en dicha provincia
del Litoral, el presidente argentino decidió explotar políticamente estos
hechos para aunar la opinión de mitristas y antimitristas en Buenos Aires,
presentando los mismos como "un agravio al pabellón nacional". Además,
en otra curiosa demostración de alianza con el orden mitrista, Urquiza -a
contrapelo de los jefes militares y caudillos de su provincia- se ofreció a
Mitre escribiéndole que "ha llegado el momento en que las palabras deben
hacer lugar a los hechos. Nos toca combatir de nuevo bajo la bandera (la brasileña,
acota José María Rosa) que reunió en Caseros a todos los argentinos".
(5)
Lo
curioso de la ocupación paraguaya de Corrientes del 13 de abril es que no era
percibida como una agresión por las supuestas víctimas -es decir, por los
correntinos- y sí lo era por los porteños. Era la excusa ideal que Mitre
buscaba para poder justificar la guerra contra López ante el antimitrismo
dentro y fuera de Buenos Aires y constituía en sí mismo el elemento
aglutinador que Mitre tanto necesitaba para evitar una mayor escisión del
liberalismo porteño. Incluso fue la excusa para que el presidente argentino
tuviera a los residentes extranjeros de su parte, tal como comentaba el diario Standard
en su editorial correspondiente al 8 de abril de 1865:
El
elemento extranjero es de gran influencia, y ahora se ha pronunciado unánimemente
en favor del presidente Mitre y de la causa argentina. Si Buenos Aires hubiera
declarado primero la guerra, el caso hubiera sido exactamente inverso. Pero López
ha infringido todos los usos de las naciones civilizadas al tomar la flota e
invadir el territorio argentino antes de toda declaración de guerra.
El
presidente Mitre es un mimado de la buena fortuna, porque nada pudo hacerlo más
popular que la coyuntura presente. (6)
NOTAS
A. Rebaudi, op. cit., p. 169, cit. en ibid., p. 178.
C.Báez, op. cit., p. 138.
Oscar Oszlak, La formación del Estado argentino, Buenos Aires, Ed. de Belgrano, 1982, pp. 99-101.
J.M. Rosa, op. cit., p. 187.
Urquiza a Mitre, 19 de abril de 1865, Archivo del general Mitre, II, p. 114, cit. en ibid., p. 181.
Standard, 8 de abril de 1865, cit. en ibid., pp. 182-183.
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