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Un serio obstáculo al que se enfrentó el gobierno de Bartolomé Mitre durante el transcurso de la guerra de la Triple Alianza fue la dificultad para reclutar voluntarios para la misma. Estos debían formar "contingentes" provinciales para incorporarse luego al ejército nacional. Emilio Mitre, encargado del contingente de Córdoba, escribió el 12 de julio de 1865 que enviaba a "los voluntarios atados codo con codo". A su vez Julio Campos, gobernador de La Rioja impuesto por el mitrismo tras el asesinato del "Chacho" Peñaloza, informaba al presidente Mitre el 12 de mayo: "Es muy difícil sacar hombres de la provincia en ‘contingentes’ para el litoral, porque es tal el pánico que les inspira el ‘contingente’, que a la sola noticia que iba a sacarse, se han ganado a las sierras y no será chica la hazaña si consigo que salgan". (1) 
   
En realidad, no era pánico lo que sentían estos hombres, acostumbrados a la guerra, soldados en Cepeda, Pavón y tantas otras batallas. No desertaban por miedo, como lo demostrarían poco después al incorporarse a las montoneras dirigidas contra Mitre a las órdenes de Felipe Varela o Juan Sáa. Simplemente no querían ir a la guerra contra López. Voluntarios de Córdoba y Salta se sublevaban al llegar a Rosario ni bien les quitaban las maneas que los tenían controlados. Por su parte, el gobernador Maubecin, de Catamarca, encargaba 200 pares de grillos para el contingente de su provincia.  Urquiza, unido a Mitre y encargado de dirigir las operaciones en Entre Ríos y Corrientes, tampoco lograba tener eco. López Jordán le explicó claramente las causas de su rebeldía por escrito, diciéndole: 

Usted nos llama para combatir al Paraguay. Nunca, general; ése es nuestro amigo. Llámenos para pelear a porteños y brasileros. Estamos prontos. Esos son nuestros enemigos. Oímos todavía los cañones de Paysandú. Estoy seguro del verdadero sentimiento del pueblo entrerriano. (2)

 Asimismo, Urquiza sufrió el desbande de toda la división de Gualeguaychú, seguida por todas las demás en noviembre de 1865 en las márgenes del arroyo Toledo. Comenta al respecto Fermín Chávez: "Esta vez se trata de una rebelión abierta contra toda orden de don Justo, cuya energía de esa noche nada pudo hacer contra la actitud decidida de los soldados antiliberales". (3)
   
Mas allá de los esfuerzos del mitrismo por disfrazar la guerra del Paraguay como una guerra nacional, donde se enfrentaban la "Libertad" contra la "Tiranía", o contra el "Atila de América", como calificaba el presidente argentino Mitre a su colega paraguayo López, lo cierto es que ésta era una guerra inmensamente impopular en las provincias argentinas. La guerra se prolongaba, y más allá del optimismo de la frase de Mitre prometiendo al comienzo del conflicto "en seis meses en Asunción", a los dos años, y no obstante la superioridad numérica y de armamentos de las fuerzas aliadas, éstos sólo habían penetrado veinte leguas en territorio paraguayo, y a costa de muchas pérdidas. 
   
Dos factores importantes acentuaron aún más la impopularidad de la guerra: la repercusión pública del tratado hasta entonces secreto de la Triple Alianza y el desastre que significó la batalla de Curupaytí para las fuerzas aliadas. Respecto del primer factor, el texto del tratado se publicó por primera vez en Londres, el 2 de marzo de 1866 en el Libro Azul británico. Era un golpe del Foreign Office dirigido contra el Imperio que terminó siendo un garrote para el mitrismo por su negativa repercusión interna. Liberales dentro y fuera de Buenos Aires se unieron a las voces del federalismo para expresar su repudio al tratado y a la guerra en general.
   
En Buenos Aires el periódico La América reprodujo el texto íntegro en los números correspondientes al 5 y 6 de mayo de 1866. Dirigían el diario Miguel Navarro Viola y Carlos Guido y Spano. Adolfo Alsina, gobernador de Buenos Aires y representante del liberalismo autonomista o "crudo", aprovechó la oportunidad para unirse al coro de disidentes y decir en un mensaje a la Legislatura:

La guerra bárbara, carnicera y funesta, y la llamo así porque nos encontramos atados a ella por un tratado también funesto ... sus cláusulas parecen calculadas para que la guerra pueda prolongarse hasta que la República caiga exánime y desangrada.

En el Congreso, otro representante del liberalismo porteño, Félix Frías denunciaba que en el asunto oriental 

La neutralidad nos prescribía no soplar el fuego e impedir que se extendiera a este lado de las fronteras... no fue ésa nuestra conducta... la neutralidad no fue cierta, a pesar de haberla prometido el gobierno argentino. El fuego de la sedición fue atizado por nosotros. (4) 

 A su vez, el diario porteño La América sacó el 23 de julio de 1866 un editorial cuyo título era "La paz es el único camino de salvación", en el cual pedía el cese de hostilidades contra López en abierta oposición al tratado de la Triple Alianza de mayo de 1865. Decía dicho editorial:

El pueblo tiene siempre un admirable instinto para distinguir lo que le favorece o le daña. Intuitivamente rechazó la alianza con el Brasil, mucho antes de haber estudiado los peligros que ella presentaba, y cuando aún no eran conocidas las indignas y vergonzosas estipulaciones del Tratado.
Hoy el pueblo clama uniformemente por la paz, y bastará ese clamor para probar que la paz no es sólo una necesidad y una conveniencia, sino también el único camino de salvación. (5)

Por su parte, la noticia del desastre de Curupaytí corrió como reguero de pólvora por el territorio argentino. Sólo La Nación Argentina y otros diarios de tendencia mitrista presentaron a Curupaytí como una derrota "argentina", tratando de ocultar su real magnitud en cuanto a número de bajas. La mayoría de los medios aplaudieron abiertamente el triunfo paraguayo y condenaron el tratado que los había puesto bajo las órdenes del Imperio, evidenciando así un pensamiento antibrasileño a la vez que proparaguayo. Nuevamente, ¿era esto resabio de un sentimiento de pertenencia común a la cultura hispanoamericana, a la vez que de diferenciación respecto de Brasil, heredero de la cultura portuguesa, percepción ésta que tenía sus raíces en el pasado virreinal? Miguel Navarro Viola escribió su folleto Atrás el Imperio en Buenos Aires, y Carlos Guido y Spano juzgaba en El Gobierno y la Alianza que "la alianza es de los gobiernos, no de los pueblos". Por su parte, El Eco de Entre Ríos, periódico de Paraná, en enero de 1867 felicitaba el nombramiento de Telmo López como general del ejército paraguayo, en cuyas filas estaba combatiendo desde el inicio de la guerra, así como lo había hecho antes en el ejército oriental contra Flores y los brasileños. La reacción del mitrismo no se hizo esperar: Rawson ordenó el cierre de El Eco y de tres periódicos entrerrianos más: El Porvenir y El Pueblo de Gualeguaychú, y El Paraná, de la capital homónima, argumentando su decisión en que "han tomado una decisión incompatible con el orden nacional y con los deberes que al gobierno nacional incumben en épocas como la presente". (6)
   
A medida que la guerra contra Solano López se prolongaba, el número de disidentes frente a la política de Mitre crecía, incorporándose a los mismos muchos liberales autonomistas que habían abrazado la causa de luchar contra el "Atila de América", como Mitre solía llamar a López. A pesar de las presiones en su contra, Mitre mantuvo su postura belicista, tal como quedara confirmado en su mensaje al Senado de la Nación el 1º de mayo de 1868. En dicha alocución, el presidente argentino justificó la participación argentina en la guerra contra Solano López con las siguientes palabras:

Esta guerra que nosotros no hemos buscado, no hemos deseado (...) era fatalmente inevitable por la naturaleza del poder despótico e irresponsable del gobierno de Paraguay, que constituía una amenaza perpetua de sus vecinos por la aglomeración de elementos militares que concentraba en su territorio, militarizando su población en masa para perturbar nuestra paz, fomentando nuestras divisiones; por las cuestiones económicas sobre la libertad de la navegación de los ríos y del comercio a que había dado origen su política restrictiva y exclusivista; y finalmente, por la reivindicación de nuestros límites legítimos y naturales (...). (7) 

  1. Archivo Mitre, tomo XXVI, p. 199, cit. en ibid., p. 189.

  2. Carta de López Jordán a Urquiza, reproducida por R.J. Cárcano, La Guerra del Paraguay, p. 140, y cit. en ibid., pp. 189-190.

  3. Archivo Urquiza, en F. Chávez, op. cit., p. 149, cit. en ibid., p. 196.

  4. Ibid., pp. 216-217.

  5. "La paz es el único camino de salvación", en diario La América, 23 de julio de 1866, cit. en "Polémica pública sobre la Guerra del Paraguay", Introducción, selección y  notas de Enrique Bourges, Pablo Costantini y Fernando Suárez, en Documentos para la historia integral argentina, 2, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1981, p. 269.

  6. F. Chávez, op. cit., p. 155, cit. en J.M. Rosa, La Guerra del Paraguay y las montoneras..., op. cit., p. 218.

  7. Bartolomé Mitre, "Mensaje presidencial al Congreso Nacional", Diario de Sesiones de la Honorable Cámara de Senadores de la Nación, Buenos Aires, 1º de mayo de 1868, cit. en “Polémica pública sobre la Guerra del Paraguay”, op. cit., p. 274.

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