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A medida que se prolongaba, la guerra del Paraguay generó la oposición del autonomismo liberal a los manejos de política exterior del gobierno de Mitre. Pero dentro del coro de voces disidentes, se destacó la de Juan Bautista Alberdi, quien tenía serios distanciamientos con la diplomacia mitrista tanto en el tema de la guerra de la Triple Alianza como en el intento de revocar el artículo 7º del tratado con España, en el cual Alberdi había tenido un rol protagónico. Respecto de la guerra de la Triple Alianza, Alberdi sostenía :

Todo conspira hoy día en favor del restablecimiento de la unidad nacional argentina. Desde luego, la necesidad de salvar su independencia o su libertad exterior, la única libertad local o verdadera que haya conocido el país desde que se emancipó de España. Esta libertad, es decir, su independencia, está comprometida por la alianza que la convierte en un feudo del Brasil. Para rescatar la libertad del Paraguay el gobierno del general Mitre empeñó la de su país en un montepío brasilero.
Con las necesidades de la política exterior, conspiran, en igual sentido, las de la paz interna, que no podrá existir jamás mientras falte un gobierno que tome la capacidad real de protegerla donde únicamente existe, que es en la centralización de las facultades de todo el país argentino.
A la voz de esas necesidades se agrega la doctrina de los ejemplos exteriores, tanto de Europa como de América. Todas las confederaciones propenden hoy a transformarse en naciones más o menos unificadas. (...) 
La República Argentina (...) tendrá necesidad de buscar en la unidad nacional la fuerza de que necesita para tenerse al nivel de sus vecinos, porque todos ellos son estados unitarios. Condenarse a la federación mal entendida es hacer el negocio de sus vecinos que no quieren otra cosa. Colocada entre Chile, Bolivia, el Paraguay, el Brasil y el Estado Oriental, países todos unitarios por la constitución de sus gobiernos, la República Argentina ha tenido la inconcebible idea de darse por ley de gobierno un sistema de división y fraccionamiento que debilita y esteriliza sus grandes recursos de poder, hasta hacerle el Estado más débil de cuantos la circundan.
(...) la necesidad de salvar la independencia nacional por la concentración de todo el poder argentino en la ciudad de Buenos Aires. La simple capitalización de esta ciudad sería, según la mente de Rivadavia, todo lo que el país necesita para librarse del ascendiente preponderante del Brasil. Con ese solo arreglo resolvería de un golpe tres problemas que interesan a su existencia: el de su paz interna, el de su grandeza local y el de la independencia nacional, comprometida hoy día por la alianza que la revoca virtualmente. (1)

Alberdi lanzó duras críticas al tratado de la Triple Alianza firmado en mayo de 1865, analizando su contenido artículo por artículo. Por ejemplo, Alberdi señalaba que: 

la guerra es hecha (art. 7) contra el gobierno actual y no contra el pueblo del Paraguay; pero no es el general López sino el Paraguay quien deberá pagar los cien millones de pesos fuertes, que los aliados harían sufragar a ese país, por los gastos y perjuicios de la guerra, según lo declaran en el artículo 14 del tratado.
Se comprometen los aliados a respetar la independencia y soberanía del Paraguay (art. 8); y para probar todo lo que este respeto tiene de sincero, se arrogan el derecho soberano de quitarle el gobierno que él se ha dado, y de imponerle el que le agrade a los aliados (art. 6º). (...)
El tratado pretendería hacer creer que la guerra es hecha contra el gobierno del general López; pero cabalmente no será este gobierno sino los gobiernos futuros, creados bajo el influjo de los aliados, los que habrán de firmar los tratados en que se obliguen a entregarles la mitad del suelo de su patria, la totalidad de las rentas públicas del Paraguay, sus vapores de guerra, sus depósitos militares, de destruir sus fortificaciones, maestranzas y arsenales militares. (...)
Dice el tratado (art. 11), que la guerra es hecha para asegurar la libre navegación de los afluentes del Plata. ¿En favor de quién esa libertad? En favor de los ribereños, es decir, de los aliados. Es lo que siempre pretendieron Buenos Aires y el Brasil (...) (2) 

También Alberdi lanzaba sus dardos contra los artículos del protocolo adicional al tratado de la Triple Alianza, atacando el nudo argumental de la justificación mitrista de la guerra contra López. Decía Alberdi que,  

la guerra es hecha en nombre de la civilización, y tiene por mira la redención del Paraguay, según dicen los aliados; pero el artículo 3 del protocolo admite que el Paraguay, por vía de redención sin duda, puede ser saqueado y devastado, a cuyo fin da la regla en que debe ser distribuido el botín, es decir, la propiedad privada pillada al enemigo. ¡Y es un tratado que pretende organizar una cruzada de civilización, el que consagra este principio! (...) (3)

Alberdi entendía que la guerra contra Paraguay constituía la continuación de las guerras civiles argentinas. En dos sucesivos folletos, titulados respectivamente "Las disensiones de las repúblicas del Plata y las maquinaciones del Brasil" (mayo de 1865) y "Los intereses argentinos en la guerra del Paraguay con el Brasil" (junio de 1865), Alberdi analizaba las causas del conflicto contra Solano López y su relación con la política interna argentina, atacando abiertamente al Imperio del Brasil y al gobierno de Mitre y defendiendo la posición paraguaya. Vale citar al respecto, algunos pasajes de "Las disensiones de las repúblicas del Plata y las maquinaciones del Brasil", donde Alberdi decía: 

El Paraguay representa la civilización, pues pelea por la libertad de los ríos contra las tradiciones de su monopolio colonial; por la emancipación de los países mediterráneos; por el noble principio de las nacionalidades; por el equilibrio no sólo del Plata, sino de toda la América del Sud, pues siendo todas sus repúblicas, excepto Chile, países limítrofes del Brasil, cada victoria del Paraguay es victoria de todas ellas, cada triunfo del Brasil es pérdida que ellas hacen en la balanza de poder americano.
La campaña actual del Paraguay contra las pretensiones retrógradas del Brasil y Buenos Aires es la última faz de la Revolución de Mayo de 1810. Levantando el estandarte y haciéndose campeón de las libertades de América interior, esta joven república devuelve hoy a las puertas del Plata la visita que le hizo Belgrano en 1811. (4)

En el otro folleto anteriormente mencionado, "Los intereses argentinos en la guerra del Paraguay con el Brasil ", Alberdi concebía la guerra del Paraguay como una continuación de las guerras civiles argentinas. Afirmaba al respecto: 

En todo tiempo los opositores liberales contra el poder de Buenos Aires, buscaron su apoyo natural en la resistencia de los pueblos litorales e interiores (argentinos o no), contra el absolutismo de Buenos Aires, que pretendió avasallarlos. Se puede decir que la alianza con el Paraguay es una de las tradiciones de la libertad argentina, de veinticinco años a esta parte.
En ningún tiempo la presencia del Paraguay en suelo argentino fue considerada como afrenta hecha a su honor. Cuando el general Rosas le dio esta calificación en 1846, el ilustre general Paz la desmintió estrechando la mano del Paraguay en Corrientes, como aliado de  libertad. Todos los argentinos liberales de ese tiempo obraron como Paz; los que no con la espada, lo hicieron con la pluma, con sus votos y simpatías.
A ninguno le ocurrió pasarse a las banderas del general Rosas, ni a este general le ocurrió esperar que sus opositores acudiesen a su defensa, solo que usaba del resorte que hoy le imita el general Mitre, de parapetarse detrás de la dignidad nacional, del honor de la República. Rosas fue más feliz en el sofisma, pues no se apoyó en el extranjero para defenderse del extranjero. El no creyó que era un medio de defender la dignidad del pueblo argentino, el constituirlo en puente, en asno, o en suizo del Brasil. (...)
Así, a la vieja excusa del general Rosas o del localismo de Buenos Aires, transformada y apoyada en la alianza del Brasil, los actuales patriotas argentinos responden con la vieja causa nacional apoyada en la alianza del Paraguay como en 1846.
¿Tras qué propósito, con qué miras? Siempre lo mismo que de cincuenta años a esta parte: conseguir garantías de orden estable, de seguridad para todos, de libertad sin excepciones. Los buscan hoy en los mismos hechos en que antes los buscaron: en la libertad fluvial o comercio directo para los países litorales e interiores sin sujeción ni dependencia a los de fuera que los explotan y empobrecen; en la institución de un gobierno, de una nación, de un tesoro, de una patria para todos los argentinos, en lugar de dos gobiernos, dos países, dos tesoros, dos créditos, dos patrias, dos patriotismos, dos destinos y la guerra sirviéndoles de ley fundamental, que es lo que el general Mitre nos ha dado como organización política de la República Argentina. Si nuestras ideas conspiran contra semejante orden de cosas, no conspiran en favor del Paraguay y contra la República Argentina, sino, todo lo contrario, en favor de la República Argentina contra el poder que la tiene desmembrada y confiscada y que hoy emplea las armas del Brasil para proteger la duración y estabilidad de ese atentado. (5)  

Continuaba Alberdi diciendo: 

La política actual del general Mitre no tiene sentido común si se la busca únicamente por su lado exterior. Otro es el aspecto en que debe ser considerada. Su fin es completamente interior. No es el Paraguay, es la República Argentina. (...)
No es una nueva guerra exterior; es la vieja guerra civil ya conocida, entre Buenos Aires y las provincias argentinas, sino en las apariencias, al menos en los intereses y miras positivos que la sustentan.
¡Pero cómo! -se dice a esto- ¿No está ya restablecida la unión de la República Argentina? ¿No ha contribuido la misma guerra a estrechar y consolidar esa unión? Eso dice Mitre, bien lo sé; veamos lo que hace en realidad. ¿Qué unión quiere para los argentinos? La unión en el odio contra el amigo que ahora cinco años puso en paz honorable a Buenos Aires vencida, con las provincias vencedoras. Por el general López, como mediador, está firmado el Convenio de noviembre, que es la base de la organización actual de la República Argentina. Los que hallaron preferible la mediación del Paraguay a la de Francia e Inglaterra, son los que llevan hoy la guerra a ese pueblo a título de ¡bárbaro! (...)
La unión decantada deja en pie toda la causa de la guerra civil de cincuenta años, a saber: la renta de las catorce provincias invertida en la sola provincia de Buenos Aires. (6)

En febrero de 1866, Alberdi publicó "Crisis permanente en las repúblicas del Plata", donde preguntaba: 

¿Busca la guerra la reivindicación de territorios argentinos -del Chaco, por ejemplo? (...) ¿Del de Misiones? Eso y todo el de Paraguay, agregados a la República Argentina, no compensarán el mal que resulta para ella instalar el Brasil en la embocadura del Río de la Plata.
¿Se dirige la guerra a la reivindicación ulterior de todo el Paraguay a título de antigua provincia argentina; es decir, al restablecimiento del territorio que comprendió el Virreynato de Buenos Aires? Los que quieren la monarquía en América oyen con cierto placer esta palabra de restablecer el virreynato de la Plata, porque creen que significa el restablecimiento de aquella forma de gobierno. A cuenta de esa ilusión, son indulgentes para todas las faltas del gobierno argentino. Se equivocan enteramente. No se trata sino de la reorganización de la República Argentina con los territorios de que constaba el Virreynato.
¿Es capaz el General Mitre de esa idea misma?
Si en el General Rosas es quimérica, en el General Mitre es ridícula, pues Buenos Aires, que es el instrumento con que cuenta el presidente argentino para operar la restauración colosal, es cabalmente el que ha desmembrado el antiguo territorio argentino, suscitando las segregaciones de Bolivia, de Montevideo y del Paraguay, por errores e intereses locales mal entendidos, que son hasta hoy mismo la base de su política. (...)

¿Será la libertad fluvial lo que llevan al Paraguay, por las armas, Buenos Aires y el Brasil? (...) ¿Es el monopolio fiscal de la yerba lo que van a destruir los argentinos por las armas, en el Paraguay? Es otra curiosidad ver a los argentinos derramar su sangre para abolir un monopolio que no pesa sobre ellos, y abolirlo en servicio de la provincia de Buenos Aires, que les tiene monopolizada toda su renta pública, todo su crédito, todo su comercio directo, toda su vida política. (...)
¿Será la civilización el interés que lleva a los aliados al Paraguay? A este respecto sería lícito preguntar si la llevan o van a buscarla cuando se compara la situación de los beligerantes. (7)

  1. Juan Bautista Alberdi, La Guerra del Paraguay, Buenos Aires, Hyspamérica, 1988, pp. 25-27.

  2. J.B. Alberdi, op. cit, pp. 236-238.

  3. Ibid., p. 240.

  4. Juan Bautista Alberdi, "Las disensiones de las Repúblicas del Plata y las maquinaciones del Brasil", en Juan Bautista Alberdi, Historia de la Guerra del Paraguay, Buenos Aires, Patria Grande, 1968, pp. 105-106, cit. en "Polémica pública sobre la Guerra del Paraguay", op. cit., p. 263. 

  5. Juan Bautista Alberdi, "Los intereses argentinos en la Guerra del Paraguay con el Brasil", en Juan Bautista Alberdi, Historia de la Guerra del Paraguay..., op. cit., carta 5º, pp. 136-138, cit. en ibid., p. 263.

  6. Idem, carta 6º, pp. 139-140, en ibid., p. 264.

  7. Juan Bautista Alberdi, "Crisis permanente de las Repúblicas del Plata, en Juan Bautista Alberdi, Historia de la Guerra del Paraguay..., op. cit., pp. 167-175, cit. en ibid., pp. 265-266.

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