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El rechazo al Tratado Continental

En el contexto iberoamericano de fines de 1863, la política exterior de Mitre estaba focalizada en el área rioplatense, es decir en las relaciones con Brasil, Paraguay y Uruguay. Auza señala que las dos direcciones elegidas por la política exterior argentina, la rioplatense y la proeuropea, parecían excluir la acción en el área del Pacífico. (1) Desde 1862 las relaciones diplomáticas entre Bolivia y Chile se habían puesto tirantes, debido a diferencias respecto de la explotación del guano por compañías chilenas en la zona de Antofagasta. No obstante, dicha situación no tuvo repercusión en la Argentina, e incluso Sarmiento en sus despachos no mencionaría el conflicto, a pesar de que su llegada a Chile se produjo al poco tiempo de la ruptura de negociaciones entre Bolivia y Chile. (2)
   
Con el gobierno de Perú, la Argentina no había intercambiado enviados diplomáticos ni durante la época de la Confederación ni en los primeros años de la administración de Mitre; sólo había habido reciprocidad en algunas notas oficiales además de designarse agentes consulares. El problema surgió cuando el gobierno peruano intentó gestionar la adhesión de la Argentina al Tratado Continental.
   
El Tratado Tripartito, luego llamado Continental, fue suscripto en septiembre de 1856 en Santiago de Chile, como fruto de las negociaciones entre los representantes de Chile, Perú y Ecuador. Posteriormente adhirieron al mismo los gobiernos de Bolivia, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, México y Paraguay. Este tratado surgió como una reacción a las andanzas de los corsarios en Centroamérica. Los estados signatarios se obligaban a no ceder ni enajenar porciones de su territorio a otro estado, a no emprender actos de hostilidad mutua sin agotar previamente los medios pacíficos de resolución de conflictos y a garantizarse mutuamente la independencia. Promoverían sus relaciones económicas y culturales y buscarían la adhesión de los demás países de la región de origen ibérico (razón por la cual se llamó Continental). La Confederación Argentina decidió no adherirse al mismo, aduciendo su presidente Justo José de Urquiza que "los países americanos no están lo suficientemente maduros para emprender tan ardua empresa", prefiriendo "tratados parciales" como el celebrado entre las autoridades de la Confederación con la República de Chile.
   
Producida la anexión de Santo Domingo a España y la invasión francesa a México, el gobierno peruano reiteró en 1862 la invitación al argentino a sumarse al Tratado Continental. Luego de estudiar la cuestión, tanto el presidente Bartolomé Mitre como su canciller Rufino de Elizalde respondieron negativamente en dos notas enviadas el 10 y 22 de noviembre de 1862 al plenipotenciario peruano en Buenos Aires, Buenaventura Seoane. Basaron el rechazo en su escepticismo respecto de que fuera el mejor medio para evitar la amenaza de intervención europea; en la negativa de que existiese realmente tal amenaza -dado que "siendo la democracia un hecho irrevocable en el Nuevo Mundo, y aun en Europa, podía desecharse tal ocurrencia"-; y en el argumento de que "la acción de la Europa ha sido siempre protectora y civilizadora". El canciller Elizalde, al entregar la nota al ministro peruano Seoane, le pidió que transmitiese a su gobierno que 

los extranjeros en la República Argentina gozan de más derechos que los ofrecidos por el Tratado Continental y que si la independencia de cualquier Estado americano fuese amenazada contra las previsiones del Derecho Público, no tardaría en ponerse de acuerdo con los demás gobiernos para reivindicar sus derechos y garantir su seguridad.

Esta respuesta argentina enfureció a Seoane, quien calificó la europeísta actitud argentina como "una posición tan nueva como excéntrica en América" y la calificó de "antiamericana". (3) En parte, la actitud del gobierno argentino se debía a que no quería alienar en ese momento a la Corona española, dado que proyectaba iniciar tratativas con ésta para obtener la modificación del tratado de 1859, a fin de eliminar la cláusula que establecía el ius sanguinis respecto de la nacionalidad. La negativa argentina a adherir al Tratado Continental provocó un distanciamiento en las relaciones entre la Argentina y Perú. La consecuencia de esto se vio poco después, cuando el último país decidió excluir a la Argentina de la convocatoria al Congreso Americano a reunirse en Lima, situación que Sarmiento se encargaría de revertir. (4)

  1. Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Libro de Instrucciones, folio 85/6, citado en ibid., p. 15.

  2. Ibid., p. 16.

  3. Ver respuestas de Urquiza y de Elizalde citadas en Carlos Alberto Silva, La política internacional de la Nación Argentina, Buenos Aires, Imprenta de la Cámara de Diputados, 1946, pp. 24-26; en Sergio Bagú, Argentina en el mundo, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1961, pp. 60-61; y en el trabajo de Thomas F. Mc Gann, Argentina, the United States, and the Inter-American System, 1880-1914, Cambridge, Massachusetts, Harvard University Press, 1957, pp. 68-70. También hay referencias al Tratado Continental en G. Ferrari, Esquema..., op. cit., p. 48, y J.M. Rosa, Historia Argentina, op. cit., tomo VII, p. 58.

  4. N.T. Auza, op. cit., p. 17.

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