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La misión Sarmiento a Chile y Perú

Con Chile los vínculos tampoco eran permanentes. La gestión del ministro plenipotenciario Carlos Lamarca, quien había logrado la firma del tratado de 1856, finalizó en mayo de 1860 cuando aquél presentó la renuncia. Mitre prolongó la acefalía de la legación no obstante sus relaciones con hombres públicos del país vecino. Recién cumplido más de un año de su llegada al poder, el presidente argentino designó a Sarmiento para una misión transitoria en Chile y Perú, lo cual demostraba la importancia secundaria que se asignaba a las vinculaciones con los países del Pacífico. En realidad fue un acontecimiento no previsto -el conflicto hispano-peruano- el que dio ocasión al canciller Elizalde de llevar a cabo una sagaz propuesta diplomática. (1)
   
La designación de Sarmiento como enviado plenipotenciario a Chile fue ajena a la corriente americanista surgida en la época en muchos países latinoamericanos como consecuencia de la intervención de España en Santo Domingo y de la ocupación de México por Francia. (2) Sarmiento recibía su nombramiento como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante los gobiernos de Chile y Perú el 14 de diciembre de 1863, diez días después de haber sido designado en el mismo carácter ante el gobierno de los Estados Unidos. (3) Pero su partida de la Argentina se demoró porque el gobierno se tomó alrededor de tres meses para reunir la documentación necesaria para el desempeño de la misión y el enviado dedicó otro mes más a resolver sus asuntos personales.
   
Sus instrucciones enunciaban un objetivo general: "arreglar todas las cuestiones pendientes entre los gobiernos Argentino y Chileno y ponerse de acuerdo sobre asuntos que interesan a los Estados Americanos". Luego aparecían tres temas dominantes. El primer lugar lo ocupaba el arreglo de la deuda pendiente por las erogaciones realizadas por el Estado argentino durante la guerra de la Independencia. La aclaración adicional de que si el gobierno de Chile "no estuviera conforme" debería restringirse a averiguar las razones e informar detalladamente demostraba la debilidad con que el gobierno argentino instruía a su ministro en ese aspecto. (4) La cancillería argentina insistía con ese tema, que no se tocaba desde el fracaso de las negociaciones de Félix de Alzaga en 1823, debido a que un sondeo previo había dado como resultado, según Mitre afirmaba en carta a Sarmiento, que el gobierno de Chile “está muy dispuesto a oír y arreglar amigablemente toda reclamación sobre el particular, lo que no podía dejar de hacer después de cobrar al Perú la deuda del mismo origen por su cuenta y por la ajena”. (5)
   
El segundo asunto se refería a la resolución de las cuestiones de límites que según el artículo 39 del tratado de 1856 se encontraran sin demarcar. En opinión de Auza, la cancillería argentina procedía en este punto con ligereza, pues el asunto no se hallaba estudiado, y por lo tanto se instruía al enviado a tocar un tema para el cual éste no estaba adecuadamente preparado. La imprevisión aparecía otra vez en la instrucción relacionada con la vigencia del mencionado tratado, que vencía en agosto de 1867. La cancillería partía del supuesto de que aquél sería renovado y sólo consideraba realizarle algunas modificaciones. Auza sostiene que se debió tener más presente como antecedente el esfuerzo diplomático que había costado al negociador argentino Carlos Lamarca hacer firmar a Chile el artículo 39, que reconocía como límite "los que poseían como tales al tiempo de la separación de la dominación española al año de 1810", pues aquello era un indicio de que Chile podía proponer alguna modificación al respecto. No entró en las previsiones de la cancillería argentina que el gobierno chileno pudiera demandar el rechazo o la modificación del texto del artículo 39. (6)
   
Mayor previsión demostraba la instrucción que ordenaba a Sarmiento "informarse detenidamente de la cuestión de límites entre Chile y Bolivia y de los territorios Argentinos que afecte, transmitiendo todos los antecedentes que obtenga". Además ante las noticias de que Perú había convocado en el mes de enero a la reunión del Congreso Americano, y no habiendo la Argentina recibido invitación, se solicitaba a Sarmiento que averiguara la política que el gobierno de Chile seguiría al respecto, agregando que la Argentina "está dispuesta a ponerse de acuerdo con el de Chile para proceder en este asunto como en todo aquello que interese a las nacionalidades americanas y sobre la conveniencia de buscar el concurso del gobierno de los Estados Unidos en estos asuntos". (7) Esta explícita mención de la conveniencia de contar con el concurso de los Estados Unidos en las cuestiones con los países americanos constituía una novedad en la política exterior argentina.
    Sarmiento no era optimista respecto del resultado de su misión. Así lo expresó en carta a Mitre al tomar conocimiento de las instrucciones. Decía allí: "preveo dificultades en Chile, en pretensiones exorbitantes, que la vanidad literaria y nacional acusará en materia de límites y deudas. Pienso que no arribaremos a nada, pero he de poner los medios, algo se ha de hacer". (8)
   
Algunos de los objetivos de la misión Sarmiento fueron conocidos en Chile antes de la llegada del enviado argentino. Los que serían sus secretarios, establecidos en Santiago desde fines de enero de 1864, dejaron testimonio de la atmósfera desfavorable existente para el tratamiento de alguno de los temas. Juan Lavalle, hijo del prócer, en la primera carta personal que remitió al ministro, expresaba: "he hallado hecha para nuestra misión una atmósfera de prevenciones y recelos". Lo que causaba peor predisposición era el objetivo de la misión de arreglar las cuentas pendientes de la guerra de la Independencia, considerado por la opinión pública.

tan inverosímil su existencia, que están creyéndonos visionarios; dicen por aquí que las glorias de la República Argentina han caído por tierra, que hemos hecho de la enseña que trepó los Andes y el Chimborazo, un trapo de mercaderes y que han de fundir en moneda el bronce de la estatua de San Martín, para cancelar nuestras cuentas. (9)

Sarmiento nunca iniciaría gestión oficial solicitando el tratamiento de esta cuestión. El clima desfavorable respecto de ese tema creado por la prensa chilena antes de su llegada y el surgimiento inesperado de otro más urgente lo evitaron. 
   
Simultáneamente con la llegada de Sarmiento a Chile se conoció la noticia de que el comandante de la escuadra española del Pacífico, Luis Hernández Pinzón, había ocupado violentamente las islas peruanas de Chincha como represalia por los sucesos de Talambo y por el asesinato de emigrantes españoles. El gobierno chileno envió el 4 de mayo de 1864 una circular a los demás gobiernos americanos denunciando el principio de reivindicación como un eufemismo de reconquista. Protestaba enérgicamente por la ocupación de las islas, declaraba que Chile nunca reconocería otra soberanía que la peruana sobre las mismas, y demandaba la desaprobación por España de la conducta de sus agentes. (10) Pero aparte de la fuerte protesta, el gobierno chileno llevó a cabo una política prudente para tratar de mantener dos objetivos de su política exterior: lograr la hegemonía en el área del Pacífico y mantener la vinculación con España sin renunciar al tratado vigente con este país. El episodio, desencadenado apenas Sarmiento había llegado a Chile, creó un clima desfavorable para el tratamiento de los temas encomendados al enviado argentino, ya de por sí polémicos.
   
La imprevista situación encontró a Sarmiento sin instrucciones, por lo cual éste decidió proceder por su cuenta. Conocida la noticia en Chile, el enviado argentino hizo público un voto de adhesión a la Declaración del Cuerpo Diplomático acreditado en Lima, inscribiendo de esa manera a la Argentina entre los primeros en protestar por las pretensiones de los agentes españoles. La rápida intervención del plenipotenciario argentino mereció posteriormente la aprobación de su gobierno. (11) 
   
Esta aprobación fue utilizada por Sarmiento para ponerse en contacto oficial con el canciller peruano, Juan Antonio Ribeyro, transmitiéndole los términos de la misma y las expresiones del ministro argentino Elizalde como demostración de que el gobierno argentino estaba decidido a concurrir en auxilio del Perú, en la medida que se confirmara la conducta y los propósitos de España. La acción de Sarmiento tuvo un resultado inmediato: el gobierno peruano nombró el 27 de mayo un encargado de negocios ante el gobierno de Buenos Aires, con la misión de entregar la invitación al Congreso Americano, del cual la Argentina había sido excluida.
   
La nueva situación surgida en el Pacífico provocó que las instrucciones del enviado argentino sufrieran modificación para dar cabida a una sagaz propuesta de alianza ofensiva-defensiva, propiciada por la Argentina ante Chile. La idea consistía en que luego de acordar con Chile se buscara la adhesión de los demás países americanos para negociar en conjunto una solución justa al conflicto. Esta negociación ocuparía principalmente la atención de Sarmiento; por orden de su cancillería el resto de los asuntos pasaron a segundo plano. (12)
   
El 4 de agosto de 1864 el ministro Rufino de Elizalde se dirigió a su colega peruano, señalando que las noticias recibidas de Europa demostraban la poca claridad que manifestaba el gobierno de S.M.C. respecto del asunto peruano y que ellas permitían advertir al gobierno argentino que "la gravedad de la situación no había desaparecido y que es indispensable combinar las medidas de conjurarlas". Comunicaba las instrucciones impartidas a su enviado especial ante los gobiernos de Chile y Perú y proponía que "el gobierno de Perú diese iguales órdenes con las instrucciones necesarias a su representante cerca del gobierno de Chile para que procediese en consorcio con el ministro de la República Argentina a tratar de este gran asunto". (13)
   
El gobierno de Perú tomó una resolución favorable a la propuesta argentina, luego de haber fracasado un intento de alianza defensiva con Chile. El 1º de septiembre Sarmiento informaba a Elizalde que el ministro peruano le había manifestado oficialmente que poseía instrucciones de su gobierno "para celebrar tratados de alianza con la República Argentina". (14) La respuesta de Sarmiento, conforme a sus instrucciones, fue que dicho tratado se realizaría 

para el caso que España persistiera en sostener la reivindicación de territorio americano y que tal tratado, si hubiese de tener lugar, sería entre las repúblicas que creyesen interesadas en los principios comprometidos en la cuestión que directamente afectaba al Perú y para esto requería principalmente el acuerdo de Chile. (15)

Sarmiento comunicó dicha resolución al gobierno chileno, haciendo constar que únicamente contando con la aprobación de éste se podía pasar a la siguiente etapa de incorporar a los gobiernos de Perú y Bolivia a la propuesta de alianza. (16) Pero el gobierno chileno prefirió diferir la respuesta supeditándola a lo que sucediera en el Congreso Americano a reunirse en Lima.
   
En ese momento, las relaciones de Perú con Chile eran poco cordiales por la actitud prudente asumida por el último ante el conflicto hispano-peruano. No obstante, esto no impidió al canciller peruano Juan Antonio Ribeyro realizar un esfuerzo de acercamiento, ordenando a su representante en Santiago proponer un tratado de alianza defensiva. (17) A pesar de ser éste moderado, la cancillería chilena lo rechazó a mediados de agosto. Pocas semanas después, como ya se mencionara, el gobierno de Perú decidiría apoyar la propuesta de alianza propiciada por la Argentina.
   
Por otra parte, Sarmiento había manifestado su opinión favorable a la concurrencia argentina al Congreso de Lima, posición que la cancillería no compartía por no haber recibido todavía en el mes de septiembre la invitación correspondiente y que había sido cursada a los demás países en el mes de enero. Sarmiento, a pesar de las reiteradas instrucciones que le ordenaban no pasar a Lima sin la orden de cancillería, decidió dirigirse hacia allí para evitar que su país permaneciera al margen de las resoluciones que tomara el mencionado congreso. La decisión prácticamente simultánea del ministro Elizalde ordenando a su enviado trasladarse a Perú disimuló lo que habría sido una desobediencia del enviado argentino. (18) 
    Pero la inclinación de Sarmiento a no cumplir estrictamente sus instrucciones volvería a repetirse en Perú. Sarmiento si bien pensaba que el acuerdo de los gobiernos en torno a un posible tratado de alianza podía darse fuera del Congreso, no dejaba de lado la opción de que ello se produjera en el contexto de sus deliberaciones. De sus informes surge que Sarmiento estimaba que ése podía ser uno de los frutos del Congreso, dado que el enviado chileno llevaba instrucciones de tratar el asunto en las sesiones. (19)
   
Por su parte el ministro Elizalde, al autorizar el traslado de Sarmiento, advertía a éste que debía ajustarse estrictamente a sus instrucciones y órdenes posteriores, al mismo tiempo que le ordenaba "no avanzar nada hasta que en vista de los informes que V.E. transmita desde Lima se le ordene lo que estime conveniente el gobierno". (20) El pronóstico de Elizalde era que el intento de Perú de alcanzar un arreglo con el apoyo de Chile fracasaría y por lo tanto la posición argentina debía ser la siguiente: "nosotros no los acompañaremos en esas políticas y los dejaremos obrar libremente ya que no quieren oírnos". (21) Sarmiento no fue autorizado a participar del Congreso sino como simple observador; sus poderes no le permitían incorporarse al cuerpo ni suscribir tratado o compromiso alguno. (22)
   El Congreso Americano reunido en Lima contó con dos elementos curiosos: uno, la preocupación del mitrismo respecto del mismo provocada por las prevenciones que desde París hacía Mariano Balcarce, denunciando en nota del 5 de octubre de 1864 "el americanismo a lo Rosas del general Castilla". Esto probaría en opinión de José María Rosa que había influencias desde el mitrismo para hacerlo fracasar. El rol desempeñado por Sarmiento constituiría la segunda curiosidad. El enviado argentino asistió a dicho Congreso a pesar de la prohibición de Mitre -el gobierno argentino había iniciado gestiones mediadoras por el conflicto hispano-peruano ante el representante español en Buenos Aires-, argumentando que lo hacía sólo como observador, factor que provocó la irritación del presidente argentino. Contrariando sus instrucciones, Sarmiento participó de una declaración formal en contra de la actitud española de invadir las islas Chincha en 1864 "en su nombre y en el del pueblo argentino". Sarmiento juzgó la actitud española como "una excepción escandalosa a las prácticas que rigen en el mundo civilizado". (23)
   
La política diseñada por el gobierno de Mitre hacia los países del área del Pacífico es juzgada por Auza como "una política americana que, lejos de mostrarse desinteresada de las cuestiones planteadas en el Pacífico dan prueba de un sentido de solidaridad y una formulación americana hasta entonces inédita en el país". (24) Dicho autor además sostiene que "su americanismo es auténtico, despojado de intereses subalternos y ambiciones hegemónicas. No cuida ni siquiera sus propias espaldas, ya que mientras ordena gestionar esa alianza aún no tiene logrado el canje del tratado con España que gestiona Mariano Balcarce en Europa". (25)
   
Sin embargo, hay algunos hechos que permiten concluir que la posición del gobierno de Mitre no estaba guiada por un idealismo desinteresado. En primer lugar, la adhesión del país a la declaración de solidaridad con Perú y en contra de la actitud española fue obra de Sarmiento que no contaba  instrucciones al respecto. El gobierno argentino aprobó tal declaración a posteriori porque hubiera sido muy impolítico desautorizar públicamente a su enviado ante el hecho consumado. Por otra parte, el gobierno argentino dio órdenes expresas a Sarmiento para su misión en Lima de no tomar ninguna decisión hasta consultar con su gobierno. Como se esperaba que el Congreso de Lima tratara la actitud a asumir frente al conflicto hispano-peruano, la prudencia del gobierno argentino parecía apuntar a evitar colocarse en una situación difícil frente a España. Sarmiento obró por su cuenta en el caso.
   
Por otro lado, no debe dejarse de lado para juzgar la actitud del gobierno argentino, al proponer una alianza ofensiva-defensiva a Chile -que luego podría incluir a Perú y los demás países-, lo que estaba ocurriendo en el escenario rioplatense hacia mediados de 1864. No solamente aparecía en el horizonte la posibilidad de una guerra en el área, sino que además, siendo Mitre uno de sus mentores  -como se ha documentado por extenso en esta obra-, la política del presidente y su ministro Elizalde de establecer alianzas con aquellos países, evitando que en el futuro éstos pudieran acudir en auxilio de su potencial enemigo, no aparecería como desinteresada sino más bien inscripta en el más puro realismo.
   
A la vez, el hecho de que el gobierno chileno no aceptara inicialmente la propuesta argentina de alianza demostraba que aquél no estaba interesado en que un actor ajeno al subsistema regional adquiriera protagonismo y asumiera el liderazgo de una acción colectiva. Así, ante le inminencia de la reunión del Congreso de Lima, prefirió diferir la cuestión hasta ver si el arreglo del problema podía producirse a nivel regional. Sin embargo, la designación de José Victorino Lastarria en agosto de 1864 como enviado plenipotenciario ante la Argentina, Uruguay y Brasil, con miras a suscribir un tratado de alianza ofensiva y defensiva, demostraba que la proposición de Mitre había interesado al gobierno chileno.

  1. N.T. Auza, op. cit., p. 18.

  2. Ibid., p. 19.

  3. Ibid., pp. 28-29.

  4. Ibid., pp. 35-36.

  5. Sarmiento-Mitre. Correspondencia, 1846-1868, Buenos Aires, Coni, 1911, p. 241, cit. en ibid., p. 114.

  6. Ibid., pp. 37-38.

  7. Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Libro de Instrucciones, folio 87, citado en ibid., p. 39.

  8. Sarmiento-Mitre. Correspondencia..., p. 290, citado en ibid., p. 39.

  9. El doctor Rufino de Elizalde y su época visto a través de su archivo, t. IV, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, 1974, pp. 360-361, cit. en ibid., p. 45.

  10. Robert N. Burr, By Reason or Force. Chile and the Balancing of Power in South America, 1830-1905, Berkeley, University of California Press, 1965, p. 91.

  11. N.T. Auza, op. cit., p. 143.

  12. Ibid., p. 110.

  13. Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Misión Sarmiento, folio 34, nota del 4 de agosto de 1864, citada en ibid., p. 146.

  14. Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Delegación argentina en Chile, nota Nº 12 del 1º de septiembre de 1864, cit. en ibid., p. 146.

  15. Ibid., p. 146.

  16. Ibid., pp. 146-147.

  17. Alberto Wagner de Reyna, Las relaciones diplomáticas entre el Perú y Chile durante el conflicto con España, Lima, Ed. del Sol, 1963, p. 54, citado en ibid., p. 141.

  18. Ibid., pp. 176-177.

  19. Ibid, p. 177.

  20. Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Congreso Americano. Misión Sarmiento, folio 48, nota del 7 de septiembre de 1864, cit. en ibid., p. 178.

  21. Idem nota anterior, folio 120, nota del 6 de octubre de 1864, cit. en ibid., p. 179.

  22. C.A. Silva, op. cit., p. 28.

  23. J.M. Rosa, Historia argentina, op. cit., vol. VII, p. 60. Consultar asimismo el texto de la declaración que condenó la invasión española a las islas Chincha y las declaraciones de Sarmiento en el Congreso de Lima entre noviembre de 1864 y marzo de 1865 en C.A. Silva, op. cit., pp. 28-29. También ver Thomas F. Mc Gann, op. cit., pp. 70-71.

  24. N.T. Auza, op. cit., p. 180.

  25. Ibid., p. 199.

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