Las relaciones con los demás países americanos durante las presidencias de Mitre y Sarmiento
La misión Lastarria a la Argentina: la búsqueda de una alianza antihispánica
El
27 de enero de 1865, el gobierno de Perú se inclinó ante el ultimátum del
comandante de la flota española, aceptó pagar a España la indemnización
solicitada de 3 millones de pesos y obtuvo la devolución de las islas Chincha.
Pero esto no terminó con las operaciones de la flota española del Pacífico
que inmediatamente puso en la mira de sus cañones al gobierno chileno por haber
producido actos hostiles. En mayo de 1865, el representante español, presionado
por el almirante José Manuel Pareja, presentó al ministerio de relaciones
exteriores de Chile una lista de quejas que incluían insultos públicos a la
bandera española, la circular chilena protestando por la toma de las islas
Chincha y el cierre de los puertos chilenos a la flota española durante el
conflicto hispano-peruano. (1)
Chile
asumió una postura conciliatoria porque España había renunciado a la doctrina
de reivindicación y había devuelto las islas, y además porque por el momento
era lo más prudente en el caso de que España tuviera en sus planes tomar
represalias, dado que la ayuda que Chile podía esperar de Perú o de los demás
países de la costa oeste era prácticamente nula. Pero Madrid rechazó las
explicaciones del gobierno chileno y dejó el asunto en manos del almirante.
Este presentó el 17 de septiembre de 1865 nuevas condiciones y estableció el
bloqueo. El gobierno chileno consideró inaceptables las demandas y declaró la
guerra a España. (2)
La
siguiente búsqueda de aliados en contra de España llevada a cabo por Chile fue
realizada bajo el imperativo de la necesidad militar y la consigna del
americanismo. El gobierno chileno advertía que la acción de Madrid en contra
de su país era parte de un plan de España para sojuzgar a sus antiguas
colonias. En consecuencia aquél se presentaba como el defensor de todas las
naciones americanas, y pretendía que éstas por su propio interés y en virtud
de la cooperación hemisférica le prestaran ayuda. (3)
Perú en un principio fue reticente en su
respuesta de cooperación con Chile, pero un golpe de Estado que llevó al
gobierno al prochileno Mariano Ignacio Prado provocó la firma con Chile de un
tratado de alianza antihispánica. A fines de enero de 1866, Ecuador, luego de
que Chile y Perú le prometieran respaldo militar, también se agregó a la
alianza. Finalmente Bolivia, habiendo recibido seguridades del gobierno chileno
de sus buenas intenciones respecto de la disputa limítrofe por la zona de
Atacama y aceptando posponer su tratamiento para después de la guerra contra
España, también se sumó a la alianza. La Cuádruple Alianza se transformó en
un obstáculo a los planes del almirante Pareja no tanto por su poder ofensivo
sino por las consecuencias para la flota española que se derivaban del cierre
de los puertos a la misma. (4).
Meses
antes de que la guerra contra España hubiera sido declarada, Chile comenzó a
buscar ayuda también en los países del este. En enero de 1865 arribaba a
Buenos Aires José Victorino Lastarria, encabezando la primera misión chilena a
la Argentina desde que había terminado la guerra contra la Confederación
peruano-boliviana. El objetivo principal de Lastarria era lograr una alianza
ofensiva-defensiva, que comprendía
todos los casos de guerra originados de ataques directos e indirectos contra la soberanía, independencia e integridad territorial, y, en general, contra la seguridad de alguna de las partes contratantes o de otros Estados Americanos, ya vengan tales ataques de la América misma, o de otras naciones. (5)
El
gobierno chileno retomaba de esta manera la propuesta realizada unos meses antes
por el presidente Mitre a Chile por intermedio de Sarmiento, siendo el sentido
de la propuesta el de una alianza antihispánica. Pero al llegar Lastarria a la
Argentina se encontró con un cambio tal en la situación de este país que no
permitiría alcanzar un tratado semejante. Mitre ya no consideraba peligrosa a
España, luego de que ésta desaprobara la doctrina de la reivindicación, y por
otro lado, la Argentina estaba prácticamente entrando en guerra contra
Paraguay, (6) lo cual la inhibía de aceptar una alianza en los mencionados términos
porque ello equivalía a desistir de su proyectada acción respecto del último
país.
Aun
previendo que no obtendría el deseado tratado de alianza, Lastarria hizo la
propuesta formal al respecto, aunque luego la retiró debido a algunas
objeciones del gobierno argentino. Por otra parte, ante la inminencia de la
guerra con Paraguay, el gobierno chileno ofreció su mediación. Fracasada ésta
y la de otros países, el gobierno chileno permaneció como mero espectador del
conflicto sobre el supuesto de que "ni la independencia ni la integridad
territorial de ninguna nación americana aparecían amenazadas". (7)
Cuando
la guerra entre Chile y España se declaró, Lastarria renovó su solicitud de
alianza a la Argentina, pero ésta nuevamente fue rechazada. Esta vez el
gobierno chileno se mostró disgustado. Consideró un pretexto la explicación
de la Argentina en el sentido de que no podía involucrarse en dos guerras
simultáneamente. El gobierno chileno parecía no poder comprender desde su
situación geográfica en el Pacífico que el pequeño Paraguay constituyera
algo más que un mínimo obstáculo para la Argentina y Brasil. El disgusto del
gobierno chileno por la negativa argentina a sumarse a la Cuádruple Alianza
quedó demostrada en los duros términos en que fue redactada la carta de retiro
enviada a su representante en Buenos Aires, aunque con la indicación de no
llegar a la ruptura diplomática. (8)
La
historiografía presenta ciertas diferencias al considerar la cuestión. Gustavo
Ferrari y Carlos Silva plantean la actitud del gobierno de Mitre hacia la
propuesta de Lastarria como reflejo de una actitud de desinterés hacia los países
americanos del Pacífico, alejados del eje de preocupación de la diplomacia
argentina, ubicado en el Atlántico y en Europa. (9) Por su parte, Scenna
explica la actitud de Mitre por la imposibilidad del gobierno argentino de
aceptar un nuevo compromiso bélico contra España aliándose con Chile, por el
hecho de que el conflicto entre España y Perú no afectaba en la percepción
argentina la independencia peruana (en el caso de la primera presentación de
Lastarria), y porque desconfiaba de las reales intenciones chilenas. (10) Por su
parte, la investigadora del Instituto de Estudios Internacionales de la
Universidad de Chile Teresa Pereira Larraín y el abogado y diplomático chileno
Luis Melo Lecaros aclaran que el envío de Lastarria como ministro
plenipotenciario a Buenos Aires fue en realidad un triunfo de los
"americanistas". El movimiento "americanista", del cual
justamente Lastarria fue uno de los principales exponentes, resurgió en la década
de 1860 con la ocupación de las islas Chinchas peruanas por España. (11)
Con
todo, Lastarria decidió no presentar su nota de retiro y estaba todavía en su
puesto cuando se produjo el bombardeo de Valparaíso en marzo de 1866. Las
naciones de la Cuádruple Alianza habían cerrado sus puertos a la flota enemiga
pero advirtieron que las acciones del almirante Pareja no podrían ser detenidas
a menos que los puertos del Atlántico también le fueran vedados. Para alcanzar
este objetivo era necesaria la cooperación de Uruguay, Brasil y la Argentina.
Como esto era imposible debido a la guerra del Paraguay, se decidió en una
Conferencia en Santiago, en abril de 1866, ofrecer la mediación conjunta de la
Cuádruple Alianza. El ofrecimiento estaba apuntado explícitamente a alcanzar
el fin de la guerra contra Paraguay y unificar el continente en contra de España.
Con él además la cancillería chilena pretendía desenmascarar a la Argentina,
ya que al desaparecer el problema de la guerra contra Paraguay -que los chilenos
veían como el pretexto de la Argentina para no entrar en la alianza-, aquélla
se vería obligada a decidirse. (12)
Lastarria
dudaba de la efectividad de la medida que se le ordenaba pero respetando sus
instrucciones a fines de junio informó al ministro de relaciones exteriores
argentino que una mediación de la Cuádruple Alianza sería propuesta en breve.
También presentó una nueva propuesta de adhesión a la alianza de la costa del
Pacífico contra España. (13)
Cuando
los británicos revelaron públicamente el contenido del tratado de la Triple
Alianza, se produjo una reacción de los gobiernos de la costa oeste por el
exorbitante precio fijado para la paz. En julio de 1866, Bolivia protestó señalando
que las disposiciones del tratado afectaban su propio territorio en la margen
derecha del río Paraguay y destinó tropas a la frontera. Los miembros de la
Triple Alianza aseguraron a Bolivia que sus derechos estaban garantizados. Las
objeciones de Perú fueron más generales, señalando que "el hacer de
Paraguay la Polonia americana sería un escándalo que América no podría
presenciar sin cubrirse de vergüenza". El ministro peruano en Buenos Aires
complementó la protesta de su gobierno expresando al canciller argentino que el
objetivo final de la guerra era una amenaza al equilibrio americano y una
injuria a los principios del derecho público de los Estados americanos. (14)
La
reacción inicial de Chile, a pesar de la indignación pública fue prudente.
Su opinión de que la guerra de Paraguay no significaba amenaza alguna a la
integridad territorial de ningún estado fue revertida, pero de todas maneras
Chile era consciente de que primero tenía que ganar su guerra contra España
antes de acudir en ayuda de Paraguay. Los barcos españoles continuaban siendo
cargados en los puertos del Atlántico y si Chile se alienaba a Brasil,
Argentina y Uruguay, apoyando enérgicamente a Paraguay, la guerra contra España
se vería prolongada. En agosto y octubre de 1866, el ministro chileno en Buenos
Aires tuvo entrevistas con el canciller argentino de las que salió con pocas
esperanzas respecto de la mediación conjunta. La respuesta fue que ninguna
mediación sería aceptada hasta que los objetivos de la Triple Alianza hubieran
sido alcanzados. (15)
Al
mismo tiempo el asunto del uso de los puertos del Atlántico por los españoles
se volvió crítico. El gobierno chileno envió un agente a Montevideo y Río de
Janeiro con instrucciones de protestar contra las operaciones de carga y
reaprovisionamiento de los barcos españoles. Las protestas chilenas fueron desoídas
por completo. Consecuentemente, en noviembre Chile asumía una posición más enérgica
cuando su canciller informaba al Congreso que las disposiciones del tratado de
la Triple Alianza lesionaban profundamente la soberanía y la independencia de
una república americana. (16)
En
los meses siguientes, las relaciones entre Chile y los miembros de la Triple
Alianza continuaron tirantes. Las reiteradas protestas chilenas por el uso de
los puertos del Atlántico no fueron respondidas, como así tampoco un pedido
del gobierno chileno al de la Argentina para que éste oficialmente
desautorizara la publicación de un artículo antichileno. En junio de 1867, el
presidente de Chile informaba al Congreso que la intentada mediación en la
guerra del Paraguay había fracasado porque el gobierno argentino, luego de
muchas dilaciones, se había negado a aceptarla. A la vez Uruguay y Brasil
fueron acusados de convertir sus puertos en bases militares de España. Estas
imputaciones marcaron el límite del disgusto chileno respecto de la guerra del
Paraguay. Al mismo tiempo que el peligro de nuevos ataques españoles se
disipaba, la necesidad de ayuda de los países del este disminuyó, lo cual llevó
a Chile a perder interés en los asuntos de esta región. (17)
Según
la fundamentada opinión de Robert Burr, las guerras simultáneas desatadas en
la costa del Pacífico y en el área rioplantense fueron de gran importancia en
la evolución de la política de poder sudamericana. Los sistemas de política
de poder de las dos regiones se pusieron en contacto, estableciéndose la
interdependencia entre ambos y dando origen a la continentalización del
sistema. (18)
NOTAS
R.N. Burr, op. cit., p. 97.
Ibid.
Ibid., p. 98.
Ibid., p. 99.
Artículo de Oscar Espinosa Moraga, "Génesis del aislamiento de Chile en América. La misión Lastarria en el Plata", en revista Zig-Zag, Nº 2845, 16 de octubre de 1959, pp. 34-37, cit. en Alfredo Rizzo Romano, La cuestión de límites con Chile en el Canal de Beagle, Buenos Aires, Pleamar, 1968, p. 57.
R. Burr, op. cit., pp. 99-100.
Memoria... al Congreso Nacional de 1865, Chile, Ministerio del Interior y Relaciones Exteriores, Santiago de Chile, 1865, p. 22, citado en ibid., p. 102.
Alvaro Covarrubias a J.V. Lastarria, Santiago de Chile, 14 de junio de 1865, ChC, 1865-1866, cit. en ibid., pp. 102-103.
Gustavo Ferrari, "La Argentina y sus vecinos", op. cit., p. 671.
Sostiene al respecto Scenna que en fecha tan remota como la del 20 de noviembre de 1826, "ya Chile y Argentina habían firmado un tratado de alianza por el cual se garantizaban mutuamente sus territorios contra terceros. Lo que no impidió a Chile declararse neutral en la guerra con Brasil, ni darse por enterado de la ocupación inglesa de las Malvinas (no se molestaron en acusar recibo de la notificación del gobierno argentino), ni mover un dedo cuando Francia e Inglaterra intentaron avasallar a Argentina. Vale decir, que cuando los timbres de alarma sonaron del lado del Atlántico, Chile dejó que las cosas siguieran adelante, sin que fuera inconveniente para que exigiera ayuda en nombre de la solidaridad continental, cuando esos timbres sonaron por el Pacífico. En suma, Mitre se negó a hacer el juego a la política exterior chilena, devolviendo de ese modo la tradicional actitud chilena respecto de Argentina". Ver al respecto Miguel Angel Scenna, Argentina-Chile: Una frontera caliente, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1981, pp. 29-31.
Ver los trabajos de Teresa Pereira Larraín, "La consolidación territorial con los países limítrofes", y de Luis Melo Lecaros, "Trayectoria del Ministerio de Relaciones Exteriores y los problemas en la conducción de la diplomacia chilena", ambos en Walter Sánchez G. y Teresa Pereira L., (editores), Cientocincuenta años de política exterior chilena, Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 1977, pp. 86, 88-89 y 116, respectivamente.
Alvaro Covarrubias a J.V. Lastarria, Santiago de Chile, 29 de abril de 1866, ChC, 1866-1867, cit. en R.N. Burr, op. cit., p. 103.
Ibid., pp. 103-104.
Ibid., pp. 104-105.
Ibid., p. 104.
Ibid., p. 105.
Ibid., p. 106.
Ibid.
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