Visite nuestra página principal

Las negociaciones Frías-Ibáñez

El margen de maniobra del presidente Domingo Faustino Sarmiento se vio muy condicionado por las presiones combinadas de la prensa, el Congreso, la opinión pública, y los sectores "duros" respecto de la cuestión limítrofe, que bregaban por no conceder nada al gobierno chileno. Dos exponentes de esta línea "dura" tendrían activo protagonismo en la cuestión de límites durante su gobierno: el canciller Carlos Tejedor y Félix Frías.
   
Frías fue designado representante argentino en Chile por el gobierno de Sarmiento en febrero de 1869. Tanto el presidente argentino como su enviado habían compartido largos años de exilio en Santiago. Desde la llegada a su destino, Frías tuvo abiertas discusiones con Adolfo Ibáñez y Gutiérrez, quien sería ministro de relaciones exteriores de Chile desde fines de 1871. Este tenía una posición absolutamente contraria a la opción de renunciar a la Patagonia, que era una bandera de los llamados "americanistas". En su opinión la Patagonia constituía un interés vital para Chile. Ibáñez sostenía que si bien en su conjunto resultaba una región semidesértica, la región era apta para la cría de ovejas, y subrayaba particularmente la importancia de la zona andina oriental, donde estaban los potreros cordilleranos, complemento indispensable del valle central chileno, apto para la cría del ganado vacuno y lanar y para la siembra. En torno de estos potreros, zona de cría y tránsito del ganado chileno, muchas veces en forma de contrabando hacia las economías cuyanas y norteñas, se formaron poblaciones conocidas con el nombre de "chilecitos", que gozaban de cierta autonomía. Ibañez decía al respecto:

Renunciando a estos potreros nos constituimos en eternos tributarios de la República Argentina, que será exclusiva en suministrarnos el ganado.
Y el medio para que la cuestión no se dilate indefinidamente, no es otro, a mi juicio, que el de sostener (...) el límite norte en el Atlántico hasta el río Santa Cruz y sostener la posesión y la jurisdicción que desde tiempo inmemorial ejercemos del otro lado de los Andes, especialmente a la altura de Talca y Chillán (...). (1)

Inmediatamente después de asumir su cargo, Ibáñez dirigió al representante argentino Frías una nota el 7 de febrero de 1872 en la cual lo invitaba a dilucidar los derechos de ambos países para llegar a una solución. Proponía mientras se llegaba a un acuerdo o al arbitraje un  modus vivendi: Chile atendería el territorio en litigio desde Puerto Deseado al sur y la Argentina lo que quedaba al norte. (2) En la memoria presentada al Congreso chileno en ese año, Ibáñez precisaba su pensamiento:

Los adelantos de la industria y los progresos crecientes de las dos naciones traen consigo una necesidad de expansión que aumenta incalculablemente la importancia de los territorios en disputa; de manera que la determinación y deslinde de sus fronteras se hace ya una necesidad tanto más urgente de satisfacer cuanto que esa progresiva importancia dificultará las mutuas concesiones que en obsequio a su buena armonía estarían ambos países dispuestos a otorgarse. (3)

A fines de mayo de 1872, Frías, evidenciando una actitud poco negociadora respecto de la cuestión, envió al canciller chileno una nota que tenía por objetivo eliminar la Patagonia del arbitraje pactado en 1856. La nota de Frías decía: "la Patagonia, el Estrecho de Magallanes y la Tierra del Fuego, aunque contiguos, son territorios distintos". (4) 
   
A su vez, el canciller chileno, luego de probar, con efectos contrarios a los deseados, la hiriente alusión a los artículos publicados en 1842 por El Progreso atribuidos a la autoría de Sarmiento, y deseando llegar a un acuerdo directo con el gobierno argentino, decidió escribir una carta personal al ilustre sanjuanino, sondeando la voluntad de éste respecto de un arreglo sobre la base de que Chile compensara con dinero la "renuncia" del gobierno argentino al estrecho de Magallanes y la Patagonia. Alberto Palcos comenta la propuesta de Ibáñez en los siguientes términos: "Actitud muy curiosa. Si esa región perteneciera a Chile, ¿por qué desea adquirirla pecuniariamente, en lugar de guiarse por el derecho e insistir en el arbitraje?" (5)  En todo caso, y más allá del sesgo interesado que pueda tener, este interrogante que se formula Palcos resulta uno de los tantos indicadores de hasta qué punto los títulos históricos que una y otra parte alegaban como sostén de sus respectivas posiciones en el tema limítrofe estaban lejos de la contundencia que sus defensores manifestaban. El presidente argentino le contestó al canciller Ibáñez, utilizando la misma vía: una carta personal y privada, fechada el 19 de junio de 1872, en donde reconocía que el estrecho de Magallanes "es un canal útil solamente a los países del Pacífico", aceptaba que Chile lo mantuviese "para proteger la navegación", y hacía saber a Ibáñez que era posible un arreglo que dejara la colonia de Magallanes bajo jurisdicción chilena. (6)  
   
El 26 de agosto de 1872, una nota del canciller Carlos Tejedor al gobierno chileno negaba categóricamente la inclusión de la Patagonia en el arbitraje pactado en el tratado de 1856. La nota decía: 

El territorio de la Patagonia no podía entrar, como no entra en ese arreglo desde que sobre él nunca se había manifestado aspiración oficial por parte del gobierno de Chile ni había en él la más pequeña población chilena que pusiera en duda los derechos argentinos. (7) 

La nota presentaba, por cierto, argumentos muy débiles. No era cierto que el gobierno chileno no hubiera demostrado su aspiración al control de la Patagonia, como lo atestiguaban la fundación de Punta Arenas y los trabajos de Amunátegui publicados en 1853 y 1855.

En una nota del 1º de octubre de 1872, el ministro plenipotenciario Frías elevó la propuesta inicial argentina:
Estoy encargado por mi gobierno para proponer a Vuestra Excelencia la Bahía Peckett como punto de partida en el estrecho de Magallanes, desde el cual partirá la línea que correrá en dirección oeste hasta alcanzar la Cordillera de los Andes.

En efecto, la Argentina reclamaba toda la Patagonia y la parte este del estrecho, mientras dejaba a Chile la sección occidental del estrecho que incluía Punta Arenas. Chile rechazó inmediatamente la propuesta. (8)
   
El 29 de octubre de 1872 el canciller chileno Ibáñez ofreció una contrapropuesta al gobierno argentino, la cual decía:

Mi gobierno acordará que la división sea determinada por el paralelo 45 de latitud sur, desde el Atlántico hasta la mencionada cordillera. De esta manera la República Argentina adquiriría la mayor parte de la Patagonia, y Chile tendría la posesión de la parte sur hasta el Cabo de Hornos. 

Según Willett, la propuesta de Ibáñez dividía el área en disputa en forma más equitativa que Frías, pero la Argentina rechazó la propuesta aduciendo que Chile no tenía derechos sobre la Patagonia. En marzo de 1873, Ibáñez informaba al representante argentino lo siguiente: "Mi palabra final, señor, es que el gobierno de Chile cree tener derecho sobre toda la Patagonia y, cuando la ocasión de probarlo llegue, Chile presentará los títulos que  respaldan sus derechos". (9) Al mes siguiente, una nueva nota de Ibáñez a Frías afirmaba que de no darse curso a la propuesta chilena, se esperaba el acuerdo del último "para proceder al nombramiento de árbitros para resolverla definitivamente". Frías dejó la nota sin respuesta. (10)
   
La Argentina no esperó los documentos probatorios de los derechos chilenos y rápidamente se movió para ejercer control efectivo del área. Realizó un intento de ocupar militarmente el puerto de Santa Cruz luego abandonado ante la protesta chilena de abril de 1873. En junio de 1873, el presidente Sarmiento elevó al Congreso un proyecto de ley a fin de fijar los límites de los territorios argentinos. Este establecía once territorios y hacía las provisiones necesarias para explorar y colonizar la zona. El artículo 1º, sección 7ª, establecía los límites del territorio de la Patagonia. Este incluía toda la región entre los ríos Negro y Chubut y en el oeste "la línea divisoria de aguas en la Cordillera de los Andes". El límite este de dicho territorio era el océano Atlántico. El artículo 1º, sección 8ª, establecía por su parte los límites del territorio del estrecho de Magallanes. Este comprendía toda el área entre el río Santa Cruz y las aguas del estrecho de Magallanes incluyendo la Tierra del Fuego e islas adyacentes hacia el sur. En el oeste el límite estaba comprendido por la línea divisoria de aguas de los Andes patagónicos. En el este la costa atlántica marcaba el fin de la soberanía argentina. (11)
   
Chile inmediatamente protestó contra este proyecto de ley del gobierno argentino aduciendo que la Argentina no podía ejercer actos de soberanía sobre un área en donde la soberanía argentina todavía no había sido reconocida. El ministro chileno en Buenos Aires Guillermo Blest Gana presentó el 25 de junio de 1873 en forma oficial la posición chilena. En su nota, decía: 

Es mi doloroso deber repetir (...) con toda la fuerza derivada del perfecto derecho que asiste a mi gobierno para protestar solemnemente en su nombre (...) contra el antedicho proyecto de ley en la parte en que se refiere a la Patagonia; declarando (...) que mi Gobierno no consentirá ningún acto en detrimento de su soberanía sobre la entera extensión de los territorios en los que se encuentra en posesión pacífica y que tienen su límite natural en el río Santa Cruz. (12)  

 Finalmente el gobierno argentino desistió del proyecto, el cual de haberse concretado hubiese implicado según Encina la guerra con Chile. (13)
   
Por su parte, el canciller Ibáñez, luego de esperar cuatro meses la respuesta del representante argentino, el 8 de agosto de 1873 exigía a Frías una respuesta categórica respecto de la propuesta del 7 de abril de proceder al nombramiento de un árbitro. A esto siguió un cambio de notas ásperas entre ambos. El 18 de agosto, Ibáñez hacía presente "las justas alarmas que asaltan a mi gobierno en el curso tan extraño como peligroso que tomaba la negociación", (14) no obstante lo cual la indecisa posición de la Argentina se mantuvo todavía durante algunos meses. En el mes de octubre, Ibáñez dirigía una circular al cuerpo diplomático, declarando la libre navegación y la neutralidad del estrecho de Magallanes en el caso de que Chile obtuviera una sentencia arbitral favorable. (15)

  1. F.A. Encina, op. cit., p. 126.

  2. Memoria de relaciones exteriores correspondiente a 1873, pp. 24-28, cit. en ibid., pp. 42-43.

  3. Ibid., pp. 43-44.

  4. Nota de Félix Frías al canciller chileno Adolfo Ibáñez y Gutiérrez, cit. en ibid., p. 44.

  5. Alberto Palcos, Sarmiento. La vida. La obra. las ideas. El genio, Buenos Aires, Emecé, 1962, p. 224.

  6. Archivo Nacional, Legajo de Argentina en Chile, año 1872, y carta de Sarmiento a Frías, 20 de marzo de 1873, cit. en F.A.  Encina, op. cit., pp. 44-45.

  7. Nota del canciller Carlos Tejedor del 26 de agosto de 1872, cit. en ibid., p. 46.

  8. Argentine-Chilean Boundary Report presented to the Tribunal Appointed by Her Britannic Majesty's Government "To consider and report upon the differences which have arisen with regard to the frontiers between the Argentine and Chilean Republics" to justify the Argentine claims for the boundary in the summits of the Cordillera de los Andes, according to the Treaties of 1881 & 1893, 5 vols., London, William Clowes and Sons Limited, 1900, volume 1, pp. 155-156; Robert Talbott, A History of the Chilean Boundaries, Ph.D. dissertation, University of Illinois at Urbana, 1959, p. 140, cit. en D.E. Willett, op. cit., p. 39.

  9. Argentine Report..., op. cit., 1900, p. 156; R. Talbott, op. cit., p. 126; R.N. Burr, op. cit., p. 126, fuentes citadas en D.E. Willett, op. cit., p. 40.

  10. F.A. Encina, op. cit., p. 66.

  11. D.E. Willett, op. cit., pp. 40-41; F.A. Encina, op. cit., pp. 49-50.

  12. Appendix to the Statement Presented on Behalf of Chile in Reply to the Argentine Report submitted to the Tribunal Constituted by H.B. Majesty's Government acting as Arbitrator in pursuant of the Agreement dated April 17, 1896, 2 vols., London, Butler & Tanney, 1902, pp. 192-196, cit. en D.E. Willett, op. cit., p. 41.

  13. F.A. Encina, op. cit., pp. 47-49.

  14. Ibid., p. 68.

  15. Ibid., p. 92.

Aclaración: Las obras citadas (op. cit.) que no se mencionan explícitamente en este listado de citas, se encuentran en las páginas inmediatamente anteriores. Para ello, haga un click en el botón "Anterior". También puede utilizar la opción "Búsqueda" , ingresando el nombre del autor de las obras respecto de las cuales se requiere información.

Ir a página anterior Home Ir a página siguiente

© 2000. Todos los derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de copyright y propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines estrictamente académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier otro uso deberá contar con la autorización por escrito de los autores.