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Los primeros intentos de arbitraje de la diplomacia norteamericana en el conflicto limítrofe argentino-chileno

La primera evidencia del interés de Estados Unidos en la disputa limítrofe entre la Argentina y Chile ocurrió en la época de las negociaciones Ibáñez-Frías en 1872. Debido al estancamiento de las mismas, el ministro norteamericano en Buenos Aires, Julius White, recibió insinuaciones de que la Argentina miraba hacia Estados Unidos como un defensor en su disputa con Chile. (1)  Del otro lado de los Andes, el colega de White, Cornelius A. Logan, también observó la creciente preocupación de Chile respecto de la disputa. Logan suponía que ésta no se resolvería a través de las negociaciones personales entre la Argentina y Chile, y sugirió que el arbitraje era el único método pacífico para arreglarla. (2)
   
En 1874 Departamento de Estado nombró al general Thomas O. Osborn para reemplazar a Julius White como ministro residente en la Argentina. Osborn estaba dispuesto a resolver la disputa limítrofe entre la Argentina y Chile. Su primer movimiento oficial al respecto se concretó el 11 de septiembre de 1875 cuando escribió al secretario de Estado Fish y le señaló que el tiempo para la discusión diplomática entre los dos países acerca de la cuestión limítrofe se acercaba a su fin, y que, en consecuencia, el arbitraje era la única opción que quedaba. Osborn sugirió a Fish que permitiera la mediación del gobierno norteamericano, y que Chile y la Argentina podrían presentar la cuestión ante la Suprema Corte de Estados Unidos. Debido a la reputación de integridad e imparcialidad de la Corte, cualquier juicio que expidiera sobre la disputa limítrofe probablemente sería aceptado por la Argentina y Chile. Además, la decisión de la Corte establecería a este órgano legislativo como el mediador más seguro para resolver todas las disputas del Hemisferio Occidental, y esto  incrementaría el prestigio de Estados Unidos en América Latina. En el pensamiento de Osborn, las mediaciones de la Corte estarían inscriptas dentro de la Doctrina Monroe, y, como resultado de este renovado papel de la Corte norteamericana, la influencia diplomática europea declinaría. Finalmente, las mediaciones de la Suprema Corte promoverían un mejor vínculo entre Estados Unidos y América Latina. (3)
   
Sin embargo, Fish no aceptó la sugerencia de Osborn. El Secretario de Estado norteamericano concluyó que era imprudente para Estados Unidos iniciar cualquier arbitraje sin la total aprobación de las partes en disputa. Fish notó que la Constitución definía estrictamente los poderes judiciales de la Suprema Corte y no autorizaba a este órgano a arbitrar diferencias entre gobiernos extranjeros. Sólo el presidente podía legalmente ejecutar el rol de árbitro. (4) 

  1. General Records of the Department of State (Record Group 59), Diplomatic Despatches From United States Ministers to Chile, 1821-1906, (M69), reel 18, Julius White to Fish, 9-12-1872, cit. en D.E. Willett, op. cit., p. 42.

  2. F.R.U.S., 1874, Logan to Fish, 11-10-1873, p. 195, cit. en ibid., p. 42.

  3. Dipl. Desp., op. cit., (M69), reel 19, Thomas O. Osborn to Fish, 9-11-1875, cit. en ibid., p. 48.

  4. General Records of the Department of State, (Record Group 59), Diplomatic Instructions of the Department of State, 1801-1906, (M77), reel 19, Thomas O. Osborn to Fish, 9-11-1875, cit. en ibid., p. 48.

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