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Mientras estos acontecimientos ocurrían en Buenos Aires, otras decisiones en Washington comenzaron a modelar el futuro de la disputa limítrofe argentino-chilena. Los rumores de guerra entre la Argentina y Chile llegaron a los oídos del general norteamericano y ministro en Buenos Aires Thomas O. Osborn, quien decidió chequear su grado de certeza. A través de contactos secretos Osborn se enteró de que los procedimientos parlamentarios habían sido bastante tormentosos. Incluso, el ministro norteamericano indicaba en un informe la existencia de un amplio partido a favor de la guerra, liderado por el presidente de la Cámara Baja del Congreso, quien había sido ministro argentino en Santiago y aparentemente había sido tratado mal por las autoridades chilenas. (1) No obstante, el canciller Bernardo de Irigoyen había asegurado a Osborn que el gobierno argentino no deseaba la guerra y haría todo lo posible por evitarla.
   
El gobierno norteamericano procuró armar sus contactos también en Chile. El 30 de mayo de 1877 el presidente Rutherford Hayes nombró a Thomas Andrew Osborn enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de los Estados Unidos en ese país. Ni bien llegó Osborn a la legación norteamericana en Santiago debió enfrentarse con varios problemas diplomáticos severos, entre ellos, uno que tuvo lugar en Punta Arenas en el estrecho de Magallanes. Al principio, dicho incidente mejoró el prestigio de Estados Unidos en Chile. Más tarde, sin embargo, el mismo hecho agravó la discordia existente entre la Argentina y Chile respecto de su disputa limítrofe. El gobernador Osborn llegó a estar profundamente implicado en la cuestión.  
   
El problema se desarrolló de la siguiente manera. El barco de vapor alemán Memphis, que cubría la ruta entre Hamburgo y Valparaíso, partió de este puerto chileno el 3 de noviembre de 1877 y comenzó normalmente el cruce del estrecho de Magallanes. Aproximadamente a 18 millas de Punta Arenas el Memphis se encontró con el agente consular inglés en Punta Arenas, F.H. Dunsmure, y su familia. Dunsmure informó a Thomas A. Wilson, capitán del Memphis, que los soldados y prisioneros de la colonia penal en Punta Arenas protagonizaban una sangrienta revuelta contra las autoridades locales. (2) El capitán Wilson decidió ir hacia Punta Arenas y recoger a los refugiados, pero al acercarse el Memphis a dicho puerto, varios cañones explotaron cerca del barco mercante. Wilson rompió la línea de fuego dirigiéndose hacia la entrada atlántica del estrecho y se reunió con la corbeta norteamericana U.S.S. Adams, cuyo comandante, Fred Rodgers, al enterarse de los sucesos de Punta Arenas por boca de Wilson, decidió tomar cartas en el asunto. (3)
   
El 14 de noviembre el U.S.S. Adams  llegó a Punta Arenas, donde también estaba el barco chileno Magallanes, con el objetivo de aplastar la rebelión de los convictos. Ante la presencia de ambos barcos, que decidieron actuar coordinadamente, los amotinados huyeron hacia Santa Cruz. El incidente incrementó las relaciones de amistad entre los gobiernos chileno y norteamericano. Cuando el Adams llegó al puerto de Valparaíso fue recibido con honores, y además Thomas A. Osborn recibió una nota de agradecimiento del canciller chileno José Alfonso por los servicios humanitarios recibidos en Punta Arenas. (4) Por su parte, el barco de guerra Paraná, que respondía a las órdenes de autoridades argentinas, se encargó de transportar a los fugitivos de Punta Arenas que habían recalado en Santa Cruz hacia la penitenciaría del gobierno argentino ubicada en Buenos Aires.  De este modo, el incidente pasaba de ser meramente local a adquirir un carácter internacional. Cuando las noticias de la captura de los prisioneros llegaron a Santiago de Chile, el gobierno trasandino hizo los reclamos usuales ante las autoridades argentinas  para que aquéllos volviesen a su país de origen. Pero el gobierno argentino hizo caso omiso de los reclamos, argumentando que como los amotinados habían cometido el asesinato de 40 personas en Santa Cruz, debían ser juzgados por las leyes argentinas. Más que la ilegalidad de los "criminales de Santa Cruz" estaba en juego la jurisdicción legal de cada país con respecto al juicio de los mismos, y en el fondo de la firme posición argentina estaba la cuestión de la línea limítrofe ente los dos gobiernos. (5)

  1. G.V. Rauch, op. cit., p. 64. Osborn se refería a Félix Frías.

  2. General Records of the Department of State (Record Group 59), Dispatches from United States Consuls in Buenos Aires, Argentina, 1811-1906, (M70), reel 16, E.L. Baker to William Hunter, 22-11-1877, cit. en D.E. Willett, op. cit., p. 59.

  3. Letters Received by the Secretary of the Navy from Commanding Officers of Squadrons ("Squadron Letters"), Washington, National Archives and Records Service General Services Administration, 1973, reel 65, Captain Fred Rodgers to Rear Admiral Henry Preeble (Commander South Pacific Squadron, 19-11-1877, cit. en ibid., pp. 59-60.

  4. Detalles de este incidente en Puntas Arenas en ibid., pp. 60-65.

  5. Foreign Relations of the United States Diplomatic Papers (F.R.U.S.), Washington, Government Printing Press, 1878, T.O.O. to Evarts, 5-3-1878, 9, cit. en ibid., p. 67.

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