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La incorporación de los mitristas al gobierno de Avellaneda, que éste llevó a cabo para ampliar la base de su gobierno, fue vista en los círculos políticos chilenos como una oportunidad para dirimir la disputa de límites pendiente con la Argentina. La Cámara de Diputados de Chile solicitó al ejecutivo que se apresurara a negociar y el último ordenó a Barros Arana regresar a Buenos Aires desde Brasil. (1) Las discusiones se reiniciaron justo antes de que tuviese lugar la revuelta penal en Punta Arenas. El 18 de enero de 1878 Barros Arana, por el lado chileno, y el canciller Rufino de Elizalde, por el argentino, alcanzaron un nuevo acuerdo de arbitraje general. Ambos negociadores extendieron el alcance del artículo 1º del tratado de mayo de 1877, incluyendo la siguiente aclaración: "Las dificultades que pudieran suscitarse por la existencia de ciertos valles de cordillera en que no sea perfectamente clara la línea  divisoria de las aguas, se resolverán siempre amistosamente por medio de peritos". El modus vivendi se establecía de la siguiente manera: Chile ejercería jurisdicción en todo el estrecho, con sus canales e islas adyacentes, y la Argentina lo haría sobre los territorios bañados por el Atlántico, comprendidos hasta la boca oriental del estrecho de Magallanes y la parte de la Tierra del Fuego bañada por el mismo mar; las islas situadas en el Atlántico estarían igualmente sometidas a la misma jurisdicción. Un protocolo complementario, que Barros Arana no consultó a la cancillería chilena, sometía también al árbitro el incidente del Jeanne Amélie. (2) 
   
La convención suscitó reparos en la cancillería chilena. El artículo 1º establecía como límite entre los países la cordillera de los Andes pero sin la frase: "en la porción de territorio sobre la cual no se ha suscitado discusión alguna", exigida ya antes por Barros Arana en junio de 1877. Esto importaba la renuncia de Chile a sus derechos a la Patagonia, Tierra del Fuego y el estrecho. El segundo reparo se refería al modus vivendi, pues la cancillería chilena insistía en exigir el límite provisional en Río Gallegos. Pero antes de que estas objeciones se pronunciaran, el presidente Avellaneda comunicó a Barros Arana que sería imposible obtener la aprobación legislativa a menos que el arbitraje fuera limitado por un protocolo adicional. El plenipotenciario chileno transmitió esto a su gobierno el 24 de enero y al día siguiente obtuvo la siguiente respuesta de Alfonso: "La opinión invariable de mi gobierno ha sido y es que se someta a arbitraje la comarca patagónica en toda su extensión (...) La materia del arbitraje debe comprender, pues, la Patagonia, Estrecho de Magallanes y Tierra del Fuego". (3)
   
A pesar de las instrucciones recibidas y de que en Buenos Aires reinaba un ambiente desfavorable, Barros Arana decidió seguir considerando el protocolo adicional de limitación del arbitraje. Insinuó un arreglo directo que recordaba al de Lastarria. Se trazaría una línea que partiendo de Monte Aymond en el Atlántico correría a 25 millas de la ribera norte del estrecho hasta tocar la cumbre de los Andes: la Argentina tendría jurisdicción al norte de dicha línea y Chile al sur. El ministro Elizalde se opuso al proyecto y el 5 de abril presentó una contrapropuesta que en el fondo implicaba la aceptación del arreglo directo propuesto por Barros Arana, pero en lugar de darle el carácter de arreglo directo, el gobierno argentino pretendía que fuera el árbitro quien impusiese la solución. Alfonso la rechazó como base de arbitraje. (4)
   
El 6 de mayo de 1878, en su mensaje anual al Congreso Nacional, el presidente argentino Nicolás Avellaneda anunciaba que "el Congreso oirá con placer que los protocolos de un tratado, que ponían término a la prolongada cuestión con Chile, habían sido firmados y aprobados por ambos gobiernos". Dos días después, para sorpresa de Avellaneda, el gobierno de Chile negó haber aprobado tal tratado, y su ministro de relaciones exteriores llamó a Barros Arana y lo separó del servicio diplomático. El gobierno chileno anunció además que las futuras negociaciones tendrían lugar en Santiago. (5) 
   
Los historiadores difieren en su explicación de lo sucedido. Willett y Rauch señalan que Barros Arana excedió el margen de sus instrucciones y firmó el tratado antes de transmitir el contenido a sus superiores. Cuando el gobierno de Chile recibió la copia del tratado propuesto, su ministro de relaciones exteriores José Alfonso lo rechazó -según Rauch por garantizar a Chile un control tan sólo parcial del estrecho de Magallanes-. Al recibir Barros Arana esta noticia, se negó a informar al gobierno argentino sobre el nuevo giro que adoptaban los hechos, provocando una considerable irritación diplomática entre Buenos Aires y Santiago. (6) Encina, por el contrario, sostiene que Barros Arana tenía informado al gobierno argentino y que Avellaneda, instruido del rechazo del gobierno chileno, creyó conveniente decir en el mensaje de apertura de las sesiones legislativas que la cuestión de límites con Chile se acercaba a un acuerdo, lo cual fue rectificado por Barros Arana en una nota del 11 de mayo. Como quiera que haya sido la cuestión, debido al fracaso de la negociación, el 21 de mayo de 1878 el gobierno chileno ponía término a la misión de su ministro. (7)  Luego de este traspié, el presidente Avellaneda decidió consultar a varias figuras del espectro político argentino, entre las que se contaban los ex mandatarios Mitre y Sarmiento, con el fin de resolver los pasos a seguir en la ríspida cuestión limítrofe pendiente con Chile. Willett apunta que por primera vez en la historia de Buenos Aires, la Legislatura provincial hizo uso de los privilegios especificados en el artículo 86º de la Constitución Argentina. La Legislatura 

dirigiéndose a los habitantes de la República Argentina en referencia a la cuestión chilena expresó la opinión de las Cámaras respecto de que si la conducta del gobierno chileno obligaba a la Nación Argentina a adoptar medidas extremas, todo el poder y recursos de la Provincia de Buenos Aires serían puestos a disposición de las autoridades de la Nación. (8) 

Por último, el presidente Avellaneda envió un mensaje especial al Congreso cuestionando el tratado y simultáneamente anunció la suspensión de las relaciones diplomáticas con Chile y el retiro de la legación argentina en Santiago.
   
En ese mismo año, y en otro inequívoco síntoma de dureza respecto de la cuestión limítrofe, el Congreso argentino puso en vigor una ley que creaba el gobierno de Patagonia, el cual incluía todo el territorio de Tierra del Fuego, con capital temporaria en Mercedes de Patagones, hoy ciudad de Viedma. (9) La ya tirante situación entre ambos países se agravó hacia fines de año debido a un nuevo incidente en la zona austral.

  1. F.A. Encina, op. cit., pp. 190-191.

  2. Ibid., pp. 194-197; Argentine Report..., op. cit., 1900, p. 168, cit. en D.E. Willett, op. cit., p. 68. Ver también G.V. Rauch, op. cit., p. 62.

  3. F.A. Encina, op. cit., pp. 197-198.

  4. Ibid., pp. 199-201. Más adelante en su libro Encina sostiene que Barros Arana había cumplido las instrucciones de su gobierno de exigir todo el Estrecho mientras tuvo esperanzas de que el gobierno argentino aceptara la solución. Pero perdida tal esperanza, extralimitó sus instrucciones aceptando un proyecto de solución directa en el cual Chile renunciaba a la Patagonia, la mitad del Estrecho y la mitad de la Tierra del Fuego, es decir a todas las pretensiones, en el acta misma de constitución del arbitraje. Ibid., p. 244.

  5. F.R.U.S., 1878, T.O.O. to Evarts, 14-5-1878; R. Burr, op. cit., p. 134, fuentes citadas en D.E. Willett, op. cit., p. 69. 

  6. R. Burr, op. cit., p. 134; Dipl. Desp., (M69), reel 20, T.O.O. to Evarts, 18-7-1878, cit. en D.E. Willett, op. cit. p. 68; G.V. Rauch, op. cit., p. 62; y Gonzalo Bulnes, Guerra del Pacífico, Valparaíso, 1911-1919, 3 vols., vol. II, p. 440, cit. en Geoffrey S. Smith, "The Role of José M. Balmaceda in Preserving Argentine Neutrality in the War of the Pacific", HAHR, vol. XIX, Nº 2, May 1969, p. 256.

  7. F.A. Encina, op. cit., p. 201.

  8. Dipl. Desp., (M69), reel 20, T.O.O to Evarts, 18-7-1878, cit. en D.E. Willett, op. cit., p. 69.

  9. César A. Vapñarsky, Pueblos del Norte de la Patagonia, Fuerte Roca, Editorial de la Patagonia, 1983, p. 34; Armando Braun Menéndez, "Primera presidencia de Roca", HAC, 1, 296-297, fuentes citadas en G.V. Rauch, op. cit., p. 109.

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