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El 19 de junio de 1878 Augusto M. Ventury, un comerciante de Buenos Aires, notificó a E.L. Baker, el agente consular norteamericano en dicha ciudad, que había alquilado un barco mercante norteamericano, el Devonshire, con el propósito de cargar el guano acumulado en las islas ubicadas en la boca del río Santa Cruz. Pero el 11 de octubre de dicho año, la corbeta chilena Magallanes llegó al área y su comandante exigió a la tripulación del Devonshire -anclado en la isla de Monte León- la autorización del gobierno chileno para realizar la operación de cargar guano. Como los hombres del Devonshire no poseían tal autorización, el comandante de la Magallanes decidió capturar el barco y a su tripulación y conducirlos a Punta Arenas, con el agravante de que dejaron abandonado en tierra a su capitán. (1)
   
Las autoridades argentinas interpretaron este incidente como un ultraje a un país amigo. Las chilenas obviamente adoptaron otro punto de vista. Ya en septiembre de 1878 el canciller Alejandro Fierro había informado al representante norteamericano en Chile, Thomas A. Osborn, que un barco norteamericano estaba cargando guano en forma ilegal al sur del río Santa Cruz. Ocurrido el incidente, el ministro aclaró al diplomático norteamericano que las acciones del gobierno chileno no debían ser consideradas como una provocación al gobierno de Estados Unidos, ya que cualquier barco que violase territorio chileno sería capturado de la misma manera. (2) 
   
El incidente, como en el caso de los "criminales de Santa Cruz", estaba vinculado a la irresuelta jurisdicción territorial. Chile reclamaba todas las tierras ubicadas al sur del río Santa Cruz, reclamo que incluía, por cierto, la isla de Monte León donde la cañonera chilena Magallanes había capturado al Devonshire. Este incidente, lejos de constituir un hecho aislado, respondía a una línea definida de la política exterior chilena tendiente a consolidar su dominio al sur del mencionado río. Así, y con el objetivo de despejar toda posible duda sobre la cuestión de la soberanía chilena en esta área, el gobierno trasandino ya había emitido una declaración el 26 de octubre de 1873, la cual iba dirigida a todos los gobiernos extranjeros y establecía que la autoridad de Chile debía ser respetada al sur del río Santa Cruz. El gobierno chileno agregó peso a esta declaración cuando el 27 de abril de 1876 capturó al barco francés Jeanne Amélie por cargar guano ilegalmente, aproximadamente en el mismo sitio que el Devonshire. Para el gobierno chileno, la cuestión en torno al Devonshire era simplemente la de reafirmar una ley establecida desde hacía tiempo. (3)  
   
En esta nueva instancia de la disputa entre Buenos Aires y Santiago, la exagerada reacción de ambos países casi llevó a la guerra. El presidente Nicolás Avellaneda y su entonces ministro de guerra y marina, Julio Argentino Roca, decidieron ocupar Santa Cruz y despachar hacia el área austral barcos de guerra. El comodoro Luis Py, de la marina argentina, recibió órdenes de organizar y conducir la división naval que debía zarpar hacia Santa Cruz, con el objetivo de proteger el río homónimo de las incursiones chilenas. A la vez, según informaba el ministro norteamericano en Buenos Aires general Thomas O. Osborn el 18 de noviembre de 1878, el gobierno de Chile había enviado dos o tres cañoneras a la Patagonia, con peritos para ocupar el estrecho de Magallanes. (4)  Para la Argentina la captura del Devonshire era un insulto personal a su gente y una cuestión de honda preocupación. El 24 de octubre de 1878, Augusto Ventury protestó contra el gobierno de Chile ante el ministro norteamericano en Buenos Aires Osborn, y ante el cónsul norteamericano en esta ciudad, Baker. Ventury sostuvo que la cañonera chilena Magallanes había violado la ley internacional ya que intervenía en aguas que estaban bajo jurisdicción de la República Argentina y además había capturado al Devonshire y abandonado al capitán en la isla de Monte León sin provisiones. Ventury demandaba también que el gobierno de Chile reembolsara la suma suficiente para cubrir los costos de la captura y prisión del barco y de su tripulación. Osborn inmediatamente transmitió estas protestas del comerciante porteño al gobierno argentino y telegrafió las mismas a Santiago. También informó al comandante de la flota norteamericana del Atlántico sur. Las protestas de las autoridades argentinas más la insinuación de represalias militares por parte de las norteamericanas forzaron al gobierno chileno a moderar su posición. El canciller chileno Alejandro Fierro se entrevistó con el representante en Chile Osborn, informándole acerca de la disposición del gobierno chileno de liberar al Devonshire y su tripulación a cambio de la promesa de atenerse a la acción judicial de los tribunales. Pero la respuesta de Buenos Aires casi lleva a la guerra. No sólo rechazó la propuesta chilena, sino que reafirmó sus reclamos de indemnización por parte del gobierno chileno, a fin de cubrir las pérdidas sufridas por la captura del Devonshire. (5) 
   
Afortunadamente, según Willett, la moderada reacción de los ministros norteamericanos en Santiago y Buenos Aires, y la desinteresada acción de Warren Lowe, ciudadano norteamericano y editor del prestigioso Buenos Aires Herald,  evitaron la guerra. Con el propósito de otorgar una salida a la delicada situación, Lowe se reunió con el ministro norteamericano en Buenos Aires y luego pasó a la capital chilena donde se contactó con el cónsul argentino, Mariano de Sarratea, y con el canciller chileno, Alejandro Fierro. Según Willett, Fierro quedó gratamente impresionado con los argumentos expuestos por Lowe. El editor del Buenos Aires Herald descartaba la idea de un arreglo forzado, que sólo sería garantía de una guerra entre la Argentina y Chile. Era mejor arbitrar y evitar la guerra, que luchar y arbitrar más tarde. (6)  
   
Lowe sugirió una y otra vez al canciller chileno Fierro la liberación incondicional del Devonshire y su regreso a Estados Unidos como paso previo para desactivar la presión diplomática norteamericana en la Argentina, y la incidencia negativa de la opinión pública argentina sobre sus autoridades, factor este último que paralizaba cualquier avance en la negociación con Chile. Fierro adujo que la real amenaza de guerra con la Argentina impedía que el gobierno chileno actuase sobre las válidas recomendaciones del editor del Herald. Tras varias idas y vueltas, el ministro de relaciones exteriores chileno confirmó la decisión de su gobierno de liberar voluntariamente al Devonshire  y devolverlo a Estados Unidos. Esta resolución tuvo un impacto positivo en los círculos oficiales en Buenos Aires, y finalmente, el 15 de noviembre de 1878, el canciller chileno envió una carta al gobernador de Magallanes autorizando a zarpar al Devonshire, poniendo punto final al incidente. (7)

  1. Dipl. Desp., (M69), reel 20, T.A. Osborn to Evarts, 30-10-1878, cit. en D. E. Willett, op. cit., p. 72.

  2. Dipl. Desp., (M 70), reel 16, Baker to Hunter, 22-10-1878; (M10), reel 29, T.A.O. to Evarts, 25-10-1878, fuentes citadas en ibid., p. 72.

  3. R. Burr, op. cit., p. 134, cit. en ibid., p. 73.

  4. Osborn to Evarts, Telegram Nº 207, November 18, 1878, U.S. National Archives, Washington D.C., RG 59, citado en G.V. Rauch, op. cit., pp. 63-64.

  5. Dipl. Desp. (M 10), reel 29, T.A.O. to Evarts, 7-11-1878, cit. en D.E. Willett, ibid., p. 76.

  6. Ibid., p. 78.

  7. Dipl. Desp., (M 10), reel 29, T. A.O. to Evarts, 12-11-1878, (M69), reel 20, 12-12-1878; (M 70), reel 16, Baker to Hunter, 21-11-1878, fuentes citadas en ibid., p. 81.

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