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Antes de que volviese a sesionar el Congreso argentino, los acontecimientos que ocurrieron en Chile alteraron el curso de la disputa limítrofe. El 5 de abril de 1879 Chile le declaró la guerra a Perú y a Bolivia. Por otro lado, observadores chilenos en Montevideo (1) habían informado a su gobierno que la Campaña al Desierto dirigida por Roca constituía un instrumento para organizar el ejército, crear cuerpos especializados de peritos, obtener tierras, y, en otras palabras, para preparar la guerra contra Chile. Alimentado por el temor de que el gobierno argentino se uniera a Perú y Bolivia en su lucha contra Chile, en marzo de 1879 el gobierno de este país decidió enviar a José Manuel Balmaceda a la Argentina en carácter de nuevo ministro plenipotenciario. (2) 
   
Balmaceda recibió órdenes de asegurar un rápido acuerdo en la cuestión limítrofe y contrarrestar los esfuerzos de Bolivia y Perú dirigidos a formar con la Argentina una alianza antichilena. El enviado chileno necesitaba concluir un tratado con las autoridades argentinas con el objetivo de conseguir la neutralidad de éstas en la guerra del Pacífico, aun al precio de algunas concesiones territoriales respecto de la disputa limítrofe. (3) La neutralidad de la Argentina era necesaria porque, por un lado, la situación de Chile se complicaría extremadamente en el caso de tener que llevar adelante una guerra en dos frentes, y, por otro, (4) debido a que la posición geográfica de su vecina le permitía dificultar el aprovisionamiento de armas a Chile por la vía del estrecho, no pudiendo este país utilizar la otra vía -Panamá- hasta no desarticular la escuadra peruana. 
   
No obstante, Balmaceda era consciente de las dificultades que existían para el cumplimiento de su misión. Decía el enviado chileno a su gobierno:

A mi llegada a Buenos Aires, la opinión pública se había modificado profundamente. Dos causas habían producido principalmente este cambio de actitud. Era la primera la guerra del Pacífico, y la segunda, la desconfianza producida en los ánimos sobre el éxito del arbitraje, en vista de la reciente sentencia del Presidente de los Estados Unidos que adjudicaba al Paraguay el territorio del Chaco sometido a arbitraje y que la Argentina creía pertenecerle lo mismo que la Patagonia. Se quería entonces desviar el pacto de diciembre y substituirlo por una transacción que les permitiera resolver la dificultad sirviendo convenientemente sus intereses. (5)

Otros dos acontecimientos hicieron que Balmaceda aumentara sus dudas acerca de la actitud del gobierno argentino, o al menos de algunos de sus integrantes, respecto de la cuestión pendiente con Chile. El primero ocurrió casi simultáneamente con la llegada del ministro plenipotenciario chileno, y consistió en el envío de 5.000 hombres conducidos por el ministro de guerra Julio Roca hacia el sur, con el objetivo ostensible de dominar a los indios que amenzaban las áreas lindantes con la provincia de Buenos Aires. Balmaceda temía que detrás de este objetivo explícito se escondiese la intención de las fuerzas de Roca de ocupar por la fuerza la región patagónica en disputa con Chile. El otro hecho inquietante para la diplomacia chilena fue la llegada de agentes bolivianos a las provincias de Salta, Jujuy, Tucumán y Mendoza en procura de mulas para ser utilizadas en la guerra contra Chile. (6) Este último acontecimiento resultaba un obstáculo para los planes de Balmaceda en función de la neutralidad argentina que el enviado chileno deseaba arrancar al gobierno de Avellaneda.
   
Los primeros contactos de Balmaceda con las autoridades argentinas no parecían otorgar buenos augurios a su misión.  Si bien el canciller argentino Manuel Montes de Oca declaró en forma no oficial que "Argentina no tomaría ventajas de las dificultades de Chile" y se declaría neutral en la guerra del Pacífico, lo cierto era que a nivel oficial algunos hombres del gabinete -los partidarios de una línea "dura" respecto de Chile- estaban tratando de sacar ventajas en el conflicto limítrofe. Durante tres días Balmaceda esperó la declaración oficial de neutralidad argentina, y en ese lapso las autoridades argentinas -y entre ellas muy factiblemente el ministro de guerra y marina Julio Roca, una figura política en notorio ascenso- enviaban un escuadrón naval al Río Negro con el objetivo de amenazar el estrecho de Magallanes. (7)
    El 8 de abril de 1879, tres días después de la declaración oficial de Santiago del inicio de la guerra del Pacífico, Balmaceda sondeó al canciller Montes de Oca para poner a prueba la vocación de neutralidad del gobierno argentino, y encontró la misma respuesta. La Argentina no deseaba explotar las dificultades chilenas. (8) Pero, por cierto, existían sectores que sí intentaban hacerlo. Reuniones públicas de éstos y la decisión parlamentaria de que la Argentina debía armarse inmediatamente, tras acaloradas sesiones de la Cámara alta de los días 13 y 14 de mayo de 1879, así lo demostraban. (9)  La postura negociadora de Avellaneda y Montes de Oca parecía tambalearse frente al avance de los "duros" y con ella, los esfuerzos de Balmaceda. Paradójicamente, una semana después, el ministro de relaciones exteriores Montes de Oca proclamó oficialmente la neutralidad argentina y, lo que resultaba aún más paradójico, aseguró que el Senado ratificaría la convención Fierro-Sarratea. (10)  Los "blandos" le habían ganado la pulseada a los "duros". ¿Cuáles habían sido los factores que desencadenaron este resultado tan deseado por el enviado chileno Balmaceda? ¿Tuvo algo que ver la victoria naval chilena sobre el blindado peruano Independencia el 21 de mayo de 1879, cuyo hundimiento implicó la pérdida de efectividad naval peruana en un 50%? (11) 
   
En parte, el cambio de actitud del gobierno argentino hacia Chile se debió a los resultados de las negociaciones entabladas con Perú. El gobierno del último país había instruido inicialmente a su ministro en Buenos Aires, Aníbal Víctor de la Torre, a ofrecer a la Argentina los territorios bolivianos situados entre los 24º y 27º de latitud en la costa oeste, a cambio del ingreso argentino en el conflicto contra el gobierno de Chile. El proyecto fracasó, no obstante, por el rechazo del gobierno boliviano a efectuar semejante oferta que destruía su equilibrio geopolítico. Además, el canciller Montes de Oca creyó que el plan era "tan vago en la formulación que del mismo se hacía en la correspondencia de Uriburu (ministro argentino en Bolivia) que no merecía consideración". Una oferta posterior efectuada por el propio canciller peruano, Manuel Irigoyen, generó una respuesta negativa similar por parte de su colega argentino. Sin darse por vencido, de la Torre se entrevistó con el presidente Avellaneda y el canciller Montes de Oca, pero la falta de una flota poderosa por parte de la Argentina  fue el argumento esgrimido por las autoridades argentinas para debilitar los esfuerzos de la diplomacia peruana. Más allá de su fracaso, la sola presencia de de la Torre en Buenos Aires colocaba al chileno Balmaceda en una difícil posición. (12)   
   
Otro factor externo que permite explicar la neutralidad del gobierno argentino en la guerra del Pacífico -y, por ende, el éxito de la misión de Balmaceda- era el apego de los hombres de Estado argentinos a mantener un equilibrio de poder sudamericano que, por supuesto, les fuese favorable. Si la Argentina se incorporaba a la alianza peruano-boliviana, existía alta probabilidad de que Brasil intentara defender la integridad territorial chilena. En este sentido, las palabras del enviado chileno a Brasil, José Victorino Lastarria, parecían confirmar los temores argentinos al señalar que la propaganda peruana "no cambiaría el concepto sostenido en Río de Janeiro respecto de la justicia de la posición de Chile en la cuestión del Pacífico, ni mucho menos el interés político del Imperio (brasileño) en auxiliarnos en nuestras cuestiones con Argentina". (13)
   
Otras circunstancias que favorecieron los planes de Balmaceda fueron las preferencias personales del presidente Avellaneda y los ex mandatarios Mitre y Sarmiento por la neutralidad argentina. Respecto del primero, muchos observadores han sostenido que Avellaneda prefería renunciar antes de declararle la guerra a Chile. En el caso de Mitre y Sarmiento, quienes sostuvieron frecuentes conversaciones con el canciller Montes de Oca respecto de esta cuestión, ambos pensaban que la guerra del Pacífico desecaría la fuerza chilena a tal punto que la Argentina podría asegurarse fácilmente un arreglo favorable con el país trasandino sin necesidad de recurrir a la opción bélica. Por su parte, y en referencia a Mitre, el historiador revisionista argentino José María Rosa sostiene que Mitre tuvo en esos momentos críticos gran influencia en el gabinete y encomendó al residente argentino en Santiago, Mariano de Sarratea, la tarea de encarar una gestión amistosa ante el presidente chileno Aníbal Pinto "para economizar a la Argentina el escándalo de un cataclismo infernal". (14)  
   
Otro factor causal -argumentado entre otros autores por el historiador chileno Encina- era la aprensión del gobierno argentino a la superioridad naval chilena. Vale recordar que fue durante la administración de Sarmiento cuando tuvo lugar un importante esfuerzo de modernización de la flota argentina, que alcanzaría a ocupar una posición de liderazgo en el Cono Sur a partir de la década de 1890. (15)  Esta aprensión argentina hacia la superioridad naval de su vecino allende los Andes, derivada por cierto de consideraciones de equilibrio de poder, inhibió a las autoridades de Buenos Aires de actuar contra Chile aliándose a Perú y Bolivia. Al no poseer el número de barcos blindados necesarios para garantizar un claro éxito naval sobre las fuerzas chilenas, las autoridades argentinas prefirieron la neutralidad a un resultado incierto. (16) 
   
Algunos académicos -tales los casos de James R. Scobie y V.G. Kiernan- recurren a factores de índole económica para explicar la neutralidad argentina en la guerra del Pacífico. Durante la década que precedió a dicha guerra, la República Argentina había experimentado un notable crecimiento económico, especialmente en el área pampeana, centro productor de granos y carnes. Amparadas en su estabilidad y prosperidad económica, las autoridades argentinas no estaban dispuestas a arriesgar el lucrativo comercio con Europa declarando la guerra a Chile. (17)  Así, a pesar de los esfuerzos de los partidarios de la línea "dura" con Chile, las puertas para la negociación permanecieron siempre entreabiertas.

  1. Como las relaciones estaban suspendidas con la Argentina, el presidente Pinto había encomendado al marino Arturo Prat Chacón la misión confidencial de trasladarse a Montevideo y observar desde allí la situación argentina. El 25 de noviembre de 1878 Prat Chacón informaba al canciller Alejandro Fierro: "en Buenos Aires se nota que los apetitos guerreros se pronuncian tanto más cuanto mayor es su convencimiento que nuestras intenciones son pacíficas". Advertía que los avances derivados de la campaña del general Roca demostraban "con abrumadora elocuencia que ni piensan ni desean la paz, que no andan descaminadas respetables personas de esta ciudad, habituadas a la política argentina, que no ven en las palabras conciliadoras que el telégrafo transmite a Chile otra cosa que artificios para ganar tiempo y prepararse mientras nos adormecen". Por último agregaba que en su opinión la paz no constituía sino una tregua que se rompería cuando las circunstancias se presentaran favorables a la Argentina. Oscar Espinosa Moraga, "El tratado Fierro-Sarratea. Etapa de la entrega de los territorios patagónicos", en revista Zig-Zag, Nº 2825, Santiago, 29-X-1959, cit. en A.H. Rizzo Romano, op. cit., pp. 90-91.

  2. G.S. Smith, op. cit., p. 259. También citado en G.V. Rauch, op. cit., p. 103.

  3. Thomas O. Osborn to William Evarts, May 3, 1879, U. S. Department of State, Foreign Relations for 1879, Washington, 1880, 20-21, in Maury A. Bromsen, The Rise of José M. Balmaceda: A Chilean President's Background, M.A. Thesis, Berkeley, University of California, 1941, 77, fuentes citadas en G.S. Smith, op. cit., pp. 256-257.

  4. F.A. Encina, La cuestión de límites..., op. cit., p. 222.

  5. Ibid., p. 228. Geoffrey S. Smith sostiene que parte del sentimiento popular antichileno en la Argentina estaba vinculado a un arbitraje efectuado por el gobierno trasandino en el cual éste había cedido parte del Chaco al Paraguay.(G.S. Smith, op. cit., p. 258.) La explicación es errónea porque tal arbitraje chileno no existió. Lo correcto es lo que afirma Balmaceda en su informe.

  6. G.S. Smith, op. cit., p. 259.

  7. Ibid., p. 259.

  8. F.A. Encina, Historia..., op. cit., XVI, 508; Edmundo Civati Bernasconi, Guerra del Pacífico, 1879-1883, 2 vols., Buenos Aires, 1941, 1, pp. 105-106, fuentes citadas en ibid., p. 260. 

  9. Balmaceda a Domingo Santa María, 22 de mayo de 1879, en G. Bulnes, op. cit., II, p. 445; The Standard, 15 de mayo de 1879, fuentes citadas en ibid., p. 263. 

  10. Balmaceda a Domingo Santa María, sesión del 21 de abril de 1879, en Antonio Varas, Correspondencia de Antonio Varas sobre la Guerra del Pacífico, Santiago, 1918, 258, cit. en ibid., p. 260.

  11. La Nación, 25 de mayo de 1879; The Standard, 27 de mayo de 1879; F.A. Encina, Historia..., op. cit., XVI, 507; José M. Yrarrázaval Larraín, El presidente Balmaceda, 2 vols., Santiago de Chile, 1940, vol. 1, 209, fuentes citadas en ibid., p. 263. 

  12. De la Torre a Irigoyen, 24 de mayo de 1879, en Pedro Yrigoyen, La alianza Perú-Boliviano-Argentina y la declaratoria de guerra de Chile, Lima, 1921, pp. 347-348; G. Bulnes, op. cit, II, pp. 442, 447 y 448; F.A. Encina, Historia..., op. cit., XVI, 504-505, fuentes citadas en ibid., p. 260.

  13. José V. Lastarria to Miguel L. Amunátegui, Montevideo, 1º de septiembre de 1879, en Robert N. Burr, The Stillborn Panama Congress: Power Politics and Chilean-Colombian Relations During the War of the Pacific, Berkeley, 1962, p. 37; The Standard, 27 de abril de 1879; F.A. Encina, Historia..., op. cit., XVI, 511, fuentes citadas en ibid., pp. 261 y 266.

  14. De acuerdo con Rosa, Pinto exigió del gobierno argentino una nota explicando que la escuadra argentina presente en Santa Cruz "no tenía propósitos hostiles" como condición previa a las negociaciones con Buenos Aires. El gobierno chileno prometía, una vez cumplido el paso argentino, dar la contraorden a la escuadra chilena. El gobierno argentino aceptó la exigencia chilena, y ello permitió al canciller argentino Montes de Oca y al diplomático chileno José Manuel Balmaceda acordar verbalmente mantener el statu quo. Ver, respecto del rol de Mitre, José María Rosa, Historia argentina, vol. VIII, Buenos Aires, Oriente, 1973, p. 199.

  15. G.V. Rauch, op. cit., pp. 235-236 y 354.

  16. F.A. Encina, Historia..., op. cit., XVI, 511, cit. en G.S. Smith, op. cit., pp. 266-267.

  17. James R. Scobie, Revolution on the Pampas: A Social History of Argentine Wheat, 1860-1910, Austin, 1964 y V.G. Kiernan, "Foreign Interests in the War of the Pacific", HAHR, XXXV, February 1955, pp. 14-36, fuentes citadas en ibid., p. 267.

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