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El 28 de mayo de 1879, Balmaceda y Montes de Oca celebraron su tercera conferencia, en la cual el último propuso un nuevo convenio de arbitraje limitado. Se llevaría adelante el arbitraje pactado en el artículo 39 del tratado de 1856, pero se acordaba el compromiso recíproco de renunciar a los territorios que el árbitro otorgara a alguna de las partes en la zona contraria. Para esto se procedía al trazado de la siguiente línea provisoria. La Cordillera de los Andes dividía a los dos países de norte a sur hasta los 52o de latitud sur y los 70o 41' de longitud oeste. Desde allí se trazaba una línea que pasaba entre los montes Rotunda y Patadion y corría en dirección noroeste-sudeste hasta interceptar los 52o 40' de latitud sur y 70o 31' de longitud oeste.  Este punto correspondía a la Bahía Oazi en el límite norte del estrecho de Magallanes. La Patagonia quedaba para la Argentina, mientras Chile retenía Punta Arenas. (1) 
   
En el límite norte del estrecho de Magallanes, se trazaba otra línea que comenzaba en el Cabo San Vicente, a 52o 34' de latitud sur y 70o 23' de longitud oeste, y se trasladaba de norte a sur hasta el Canal del Almirantazgo. Dicha línea divisoria cruzaba Tierra del Fuego en el punto que divide a Monte Esperanza del Canal de Beagle. Luego cruzaba el Canal y pasaba entre las islas de Hoste y Wollaston al oeste y la de Navarino al este. Finalmente terminaba en los 56o de latitud sur y 60o de longitud oeste. De acuerdo con este esquema, la Argentina recibiría todas las tierras al este de esta línea, mientras las ubicadas al oeste de la misma pertenecerían a Chile. El tránsito del estrecho de Magallanes quedaría abierto a todas las naciones. (2)   
   
No obstante, como la llegada de Domingo Santa María a la cancillería parecía inclinar al gobierno chileno a la opción bélica, Avellaneda solicitó a Balmaceda que consultase a su gobierno respecto de un modus vivendi. La cuestión de límites quedaría aplazada por diez años. Mientras tanto, "la Argentina ejercerá jurisdicción en el mar y costas del Atlántico e islas adyacentes; y la República de Chile en el mar y costas del Estrecho de Magallanes, canales e islas adyacentes". El gobierno chileno aceptó el modus vivendi, y el protocolo correspondiente fue firmado en Buenos Aires el 3 de junio de 1879 por Montes de Oca y Balmaceda. (3)  
   
Luego de la aparición del tratado, no se registraron progresos ulteriores en la mediación hasta que los ministros norteamericanos en Buenos Aires y Santiago, primos con nombres casi idénticos, ofrecieron la mediación oficial de Estados Unidos, la cual fue aceptada por las partes en litigio. (4)  En la percepción del ministro norteamericano en Buenos Aires, general Thomas O. Osborn, las disputas limítrofes y la guerra del Pacífico constituían dos temas de la agenda argentino-chilena que podían conectarse de manera peligrosa y llevar a una guerra entre las dos naciones sudamericanas. Consciente de que las simpatías de la Argentina estaban en forma casi completa con los enemigos de Chile en la guerra del Pacífico, Bolivia y Perú, el general Osborn conjeturó que la nueva política argentina hacia la guerra y los tratados chilenos era "la de no hacer nada". (5)  Osborn concluía que si el esfuerzo de Chile en la guerra se tornaba negativo para dicho país, la Argentina probablemente cometería actos agresivos en el área en disputa, lo que, a su vez, podía conducir a una segunda declaración de guerra. Y si Chile resultaba exitoso en su guerra con Bolivia y Perú, entonces la Argentina podía usar su neutralidad en la guerra del Pacífico para forzar un arreglo limítrofe favorable. (6)
   
Finalmente, a fines de junio, el Senado recibió la convención Balmaceda-Montes de Oca y la debatió por espacio de ocho días, rechazándola por una votación de 18 a 7. El Senado también rechazó la ratificación del tratado Fierro-Sarratea por 24 a 1 votos. Ante este traspié parlamentario, el gobierno de la Argentina asumió una actitud cautelosa pero al mismo tiempo se preparó para una eventual guerra contra su vecino. Otra vez se ponía de manifiesto en el seno del gobierno de Avellaneda el choque entre los "duros" y los "blandos" respecto de la cuestión limítrofe con Chile.  Julio Argentino Roca estaba inclinando momentáneamente la balanza a favor de los primeros desde el ministerio de guerra y marina, al ordenar que la flota argentina zarpara nuevamente hacia el río Santa Cruz. En Buenos Aires los navíos blindados argentinos Andes y Plata fueron reparados y puestos a punto para la lucha. Además representantes  argentinos viajaron a Inglaterra y firmaron contratos para obtener varios barcos de guerra y municiones. (7)

  1. R.N. Burr, By reason or force, op. cit., p. 144, cit. en D.E. Willett, op. cit., p. 84. Ver también G.V. Rauch, op. cit., p. 315.  

  2. Argentine Report..., op. cit., 1900, pp. 169-175; Dipl. Desp. (M 69), reel   29, T.O.O. to Evarts, 12-6-1879, fuentes citadas en D.E. Willett, op. cit., p. 84; G.V. Rauch, op. cit., pp. 315-316.  

  3. F.A. Encina, La cuestión de límites..., op. cit., p. 230.  

  4. Robert D. Talbott, A History of the Chilean Boundaries, Iowa State University Press, Ames, Iowa, 1974, pp. 96-99, cit. en G.V. Rauch, op. cit,, p. 316.  

  5. Dipl. Desp., (M 69), reel 29, Thomas O. Osborn to Evarts, 3-5-1879, cit. en D.E. Willett, op. cit., p. 85.  

  6. Ibid., p. 85.  

  7. Ibid.  

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