La ocupación efectiva de la región patagónica por parte del gobierno argentino: la "Conquista del Desierto" y las exploraciones del perito Moreno (1879)
A pesar de la exitosa campaña al desierto efectuada por Juan Manuel de
Rosas en 1833, y de los arreglos de éste con los indios, los malones indígenas
constituyeron un problema permanente durante todo el período rosista, el cual
se potenció tras la caída del Restaurador de las Leyes en 1852. Una estimación
señala que entre 1820 y 1870 los indios robaron 11 millones de cabezas de
ganado, 2 millones de caballos y 2 millones de ovejas; asesinaron o capturaron
a 50.000 personas, y robaron bienes por valor de 20 millones de pesos. Con su
acción, los indios habían puesto límites al uso de las tierras y a la
colonización. Desde el punto de vista económico, el dominio que los indios
tenían del sur de la provincia de Buenos Aires, la actual provincia de La
Pampa y el sur de Mendoza implicaba una forma primitiva de producción, cuyo
superávit era enviado a Chile. (1) Un autor ha considerado que el mencionado
dominio constituía un verdadero estado-tapón indígena (preponderantemente
araucano) en la Patagonia, organizado y mantenido desde Chile, con el fin de
entorpecer la colonización argentina en el sur. (2)
Además del problema de los malones indios, la necesidad de asegurar la
presencia argentina en esas tierras para poder negociar con Chile desde una
posición fuerte y el deseo de incorporar dicha región como área productora
de ovinos para la creciente demanda lanar por parte de Gran Bretaña fueron
factores que decidieron que se emprendiera la ocupación de la Patagonia.
Adolfo Alsina, el primer ministro de guerra del
presidente Avellaneda, comenzó el avance de la frontera con el indio con un
plan que consistía en la construcción de una línea de fortines unidos entre
sí por una zanja. La línea de fronteras se ubicó en Carhué, Trenque
Lauquen, Puán, Guaminí e Italó, con lo cual quedaron incorporadas al
dominio nacional 2.000 leguas de tierras. (3) No obstante, la lucha contra el indio
debió sortear serios inconvenientes entre los cuales no eran menores el
derivado de las luchas por el poder en Buenos Aires y el de los intereses de
quienes no les convenía que las cosas cambiaran. Alsina dejó un testimonio
ilustrativo de los factores que conspiraban contra la realización de la
empresa en su Memoria especial sobre la nueva línea de fronteras,
donde se lamentaba que mucho tiempo antes de emprenderse la expedición, el
cacique Namuncurá sabía todo lo concerniente a ella. El ministro afirmaba en
el mencionado documento que: "los mensajes del gobierno pidiendo fondos
para la ocupación definitiva del desierto habían sido leídos en la tolda
del Soberano de la Pampa". (4)
Dichos manejos subterráneos habían provocado un levantamiento general de
indios en la época del ministro Alsina iniciado por la tribu de Catriel,
seguida por los ranqueles de Baigorria, el pueblo de Namuncurá -con refuerzos
provenientes de Chile-, más el cacique Pincén. Alsina logró frente a ellos
la importante victoria de Paragüil, en marzo de 1876, lo cual le permitió
avanzar muchas leguas la línea fronteriza y construir los fortines unidos por
la zanja. (5)
El viejo sistema de las ocupaciones sucesivas legado
por la conquista, obligándonos a diseminar las fuerzas nacionales en una
extensión dilatadísima y abierta a todas las incursiones del salvaje, ha
demostrado ser impotente para garantir la vida y la fortuna de los habitantes
fronterizos continuamente amenazados. Es necesario abandonarlo de una vez e ir
directamente a buscar al indio a su guarida, para someterlo o expulsarlo,
oponiéndole en seguida, no una zanja abierta en la tierra por la mano del
hombre, sino la grande e insuperable barrera del Río Negro profundo y
navegable en toda su extensión, desde el Océano hasta los Andes. (6)
La estrategia de Roca consistía en una prolongada serie de ataques
cortos por pequeñas fuerzas de gran movilidad, que llevarían la guerra al
corazón del territorio indio y privarían a sus dueños de su medio de
subsistencia -el ganado robado-.
Las fuerzas de frontera, durante largo tiempo descuidadas, estaban ahora mejor
equipadas: los fusiles Remington y las municiones eran provistos en cantidad
suficiente. La estrategia de Roca recibió además el apoyo de dos factores
importantes, el telégrafo y el ferrocarril. Hacia la década de 1870, el
gobierno de la provincia de Buenos Aires venía presionando al Ferrocarril del
Sur a llevar sus líneas hacia adelante, en dirección a la frontera india, de
tal manera que éste sirviera para el transporte de tropas. En definitiva, a
fines de 1878, el ejército estaba en condiciones de llevar a cabo la
"conquista del desierto". (7)
De gran importancia, como base de la campaña del año
siguiente, fueron los raids punitivos llevados a cabo durante todo el año
de 1878, luego de la llegada de Roca al ministerio de guerra. En enero se
realizó un ataque contra los pampas de las Salinas Grandes, en octubre el
teniente coronel Lorenzo Vintter llevó a cabo una embestida contra Catriel,
en noviembre Conrado Villegas logró la captura de Pincén y sus
lugartenientes. A fines de este mes, una nueva incursión a las Salinas
Grandes, conducida por Nicolás Levalle, y algunas otras realizadas durante el
mes siguiente permitieron, además del debilitamiento general del indio con la
captura de sus miembros y la recuperación de ganado, el reconocimiento del
terreno inexplorado, lo cual sería extremadamente útil para la campaña del
año siguiente. (8)
Las siguientes cifras, aportadas por Roberto Cortés
Conde, ofrecen una idea relativa del incremento en la disponibilidad de
tierras que implicó la Conquista del Desierto para las provincias de Mendoza,
San Juan, Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe:
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TABLA 1 |
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EXPANSION TERRITORIAL DE LAS PROVINCIAS PAMPEANAS ARGENTINAS |
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| Provincia | 1855 | 1867 | 1876 | 1890 |
| Buenos Aires | 88.667 | 116.667 | 236.628 | 311.196 |
| Santa Fe | 55.000 | 57.000 | 82.585 | 131.582 |
| Entre Ríos | 77.079 | 77.079 | 77.079 | 75.137 |
| Córdoba | 150.000v | 150.000 | 150.000 | 174.768 |
| La Pampa | ------- | ------- | ------- | 149.919 |
| Total zona pampeana | 339.846 | 400.746 | 546.292 | 837.902 |
| Fuente: Los datos para Buenos Aires en 1779, 1855, 1859 y 1879 son del Censo General de la Provincia de Buenos Aires, octubre de 1881, Buenos Aires, El Diario, 1883, p. 124. Los datos para Santa Fe, 1853, 1867 y 1876 son de Miguel Angel Cárcano. Para Entre Ríos en 1876 es la estimación de Burmeister, en Lorenzo Dagnino Pastore, Mi galaxia, mi país, Buenos Aires, s./f., VI, pp. 2-14. Para Córdoba, 1860-64, de V. Martin de Moussy, Description Géographique et Statistique de la Conféderation Argentine, París, 1860-64, 3 tomos y un Atlas. Los datos para 1890 son de F. Latzina, Géographie de la République Argentine, Buenos Aires, Lajouane, 1890. (11) | ||||
En síntesis, el saldo de la campaña de Roca fue de
15.000 indios tomados prisioneros, 1.313 muertos y 15.000 leguas cuadradas incorporadas al territorio
argentino. No obstante, el problema no estaba completamente resuelto. Entre
1881 y 1883 debieron ser organizadas nuevas operaciones contra los indios para
estabilizar la frontera sur.
Por otra parte, el presidente Avellaneda había
continuado la política de ocupación y colonización de la región patagónica
que había caracterizado las gestiones de Mitre y Sarmiento. En 1875 el
gobierno de Chile protestó contra una ley del gobierno argentino que
autorizaba la comunicación entre Buenos Aires y las costas patagónicas. En
una misiva a Sarmiento, de junio de 1877, Avellaneda expuso la conducta del
gobierno argentino respecto de Chile: "Chile no es la Prusia. No es el león,
y nosotros no somos los corderos (...)". Pero como en el caso de su
precedesor, Avellaneda tampoco deseaba la guerra con Chile, que, en sus
palabras: "nos llevaría a esa proeza tan tentadora de tener en Punta
Arenas, otra Antofagasta, es decir, a gastar cien mil duros diarios,
custodiando sus ejércitos y escuadras un presidio o un puerto sin agua
(...)". (12)
Como sus predecesores en la Casa Rosada, y en oposición a los partidarios del
enfrentamiento bélico con el gobierno de Santiago -casos de Félix Frías o
Carlos Tejedor-, el presidente Avellaneda confiaba más en el crecimiento económico
o la ocupación efectiva del área en disputa por parte de la Argentina que en
la guerra, como armas válidas para ganar la pulseada a Chile.
Junto con
la Campaña del Desierto emprendida por Roca, cabe mencionar también durante
la gestión de Nicolás Avellaneda las actividades de exploración del hombre
de ciencia Francisco P. Moreno. Este fue comisionado en 1879 para explorar
nuevamente la Patagonia -lo había realizado durante el primer año de gestión
de Sarmiento- con el objetivo de examinar las riquezas de la región y
entrever la posibilidad de incorporar a los indígenas que la ocupaban a la
vida civilizada. De acuerdo con Alberto Palcos,
Moreno influye en la modificación de las ideas de las generaciones precedentes sobre la Patagonia. Conocían las descripciones de Fitz Roy y les impresionaba el criterio de tierra maldita que Darwin le aplicó, debido a que no se internaron lo suficiente como para formarse de ella un concepto global. (...) Cuando Moreno y otros exploradores penetran en sus zonas fértiles y se extasian en presencia de sus paradisíacas bellezas, la Argentina toma posesión efectiva de esa inmensa y abandonada heredad. Pasa entonces el peligro de un golpe europeo. Y el de los anexionistas chilenos será conjurado (...). (13)
El dominio del Estado argentino sobre los territorios adquiridos en virtud de la campaña de Roca fue completado durante la presidencia de éste con el envío de nuevas expediciones, el establecimiento de destacamentos militares en puntos estratégicos, el fomento de las comunicaciones costeras y una legislación que organizó el nuevo territorio en distintas jurisdicciones.
NOTAS
Enrique Barba, "Estudio preliminar", en Estanislao S. Zeballos, La
Conquista de 15.000 leguas, Buenos Aires, Hachette, 1958; H.S. Ferns, Britain
and Argentina in the Nineteenth Century, London, Oxford University
Press, 1960, p. 387, fuentes citadas en G.V. Rauch, op. cit., pp. 81
y 83.
Oscar Alende, Marcha al Sur, Buenos Aires, Plus Ultra, 1967, cit. en
A.H. Rizzo Romano, op. cit., p. 100. El último señala que, como lo
han demostrado casi todos los que se ocuparon del tema, desde Villarino y el
perito Moreno, pasando por el mismo Roca, Olascoaga y Alende, el llamado
"camino de los chilenos" o "de las rastrilladas", que
todavía hoy la tradición oral ubica a partir de Olavarría, de donde se
dirige al oeste directamente hasta Guaminí, luego a Carhué, Salinas
Grandes, Choele-Choel, pasos del Limay y el Neuquén, y desde allí a Chile
por los boquetes cordilleranos, fue un verdadero "camino del robo,
trazado por el paso de centenares de miles de vacas arrebatadas por los
indios, de las pampas argentinas, que después de una serie de operaciones
de trueque iban a engordar en alfalfares de grandes hacendados
chilenos", según palabras del mismo Moreno, transcriptas por Alende.
Todo esto era tolerado, e incluso facilitado, por las autoridades de Chile
que se beneficiaban con ese comercio inmoral. Ver Ezequiel Pereyra, Tercera
epopeya nacional, Buenos Aires, Metrópolis, 1937, cit. en A.H. Rizzo
Romano, op. cit., p. 100.
E. Gallo y R. Cortés Conde, op. cit., p. 43.
Vicente F. López, Historia de la República Argentina, Buenos Aires,
Sopena, 1960, tomo VI, p. 697.
Ibid., pp. 697-698.
José Arce, Roca, 1843-1914. Su vida. Su obra, Buenos Aires, 1960,
pp. 51-64, cit. en E. Gallo y R. Cortés Conde, op. cit., p. 44.
Colin Lewis, "Consolidación de la frontera argentina a fines de la década
del 70: Los Indios, Roca y los Ferrocarriles", en Gustavo Ferrari y
Ezequiel Gallo (ed.), La Argentina del Ochenta al Centenario, Buenos
Aires, Sudamericana, 1980, pp. 483-486, cit. en G.V. Rauch, op. cit.,
pp. 95-96.
G.V. Rauch, op. cit., pp. 95-99.
A. Hasbrouck, op. cit., p. 215, cit. en ibid., pp. 99-100.
Ibid., pp. 101-102.
Fuentes citadas en Roberto Cortés Conde, El Progreso Argentino 1880-1914,
Buenos Aires, Sudamericana, 1979, p. 56. El cuadro también está
reproducido en G.V. Rauch, op. cit., p. 110.
Alberto Palcos, Sarmiento. La vida. La obra. Las ideas. El genio,
Buenos Aires, Emecé, 1962, pp. 228-229.
Ibid., pp. 227-228.
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