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Capítulo 34: El acuerdo de paz con Chile

Durante 1878 y 1879 se llevó a cabo una reñida competencia por asegurar apoyo provincial para las diversas candidaturas a la presidencia, utilizando al efecto los resortes del gobierno nacional. En virtud de la existencia de un gabinete de conciliación, varios de los postulantes tuvieron la oportunidad de probar suerte como ministros. La situación se vio incentivada por la debilidad del presidente Nicolás Avellaneda, que a pesar de sus simpatías por la candidatura de su ministro de guerra Julio A. Roca prefería no intervenir. (1)
   Por otra parte, la tendencia "nacional" que había surgido en ocasión de la candidatura de Avellaneda se consolidaba con rapidez. A medida que las agrupaciones tradicionales porteñas perdían influencia en las provincias, crecía la de la poderosa Liga de Gobernadores, constituida entre 1877 y 1878, y que sería el principal sostén de la candidatura de Roca. El presidente Avellaneda era acusado por la oposición de haber proporcionado armas a varios gobernadores coaligados a favor de la candidatura de Roca y enviado fuerzas del ejército a las provincias en donde no tenía la seguridad de triunfar. Además, los cambios producidos en el ejército nacional y el prestigio adquirido por éste y su jefe a raíz de la "conquista del desierto" convirtieron la institución armada en puntal del gobierno nacional y en fiel apoyo de quien fuera su conductor. Roca recibió también el respaldo de influyentes sectores bonaerenses, algunas fracciones del autonomismo alsinista -con políticos destacados, como Carlos Pellegrini y Dardo Rocha-, e importantes terratenientes, como Antonino Cambaceres y Diego de Alvear. La situación del "héroe del desierto" se vio consolidada al fracasar todos los intentos por derrocar a los gobiernos provinciales que le eran favorables. A su vez, los partidos de la Conciliación habían proclamado la candidatura del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Tejedor. Consecuentemente éste obtenía el apoyo de una fracción del autonomismo  -el grupo denominado "lírico" encabezado por Martín de Gainza, con peso en la ciudad y provincia de Buenos Aires- y del mitrismo. (2)
   
El destino de las tierras ganadas en la Campaña del Desierto también fue objeto de manipulación política. Para conservar la lealtad del interior, Avellaneda y Roca garantizaron a los veteranos de la campaña el reparto de las tierras ganadas al indio, y para concretar dicha promesa, excluyeron a muchas personas influyentes de Buenos Aires. Por otra parte, Tejedor pretendía incorporar los nuevos territorios a la provincia de Buenos Aires, en tanto Roca quería colocarlos bajo jurisdicción del gobierno nacional. Así, el rápido ascenso de Roca alarmó a la ciudad y provincia de Buenos Aires, y los porteños, viendo amenazada su tradicional hegemonía sobre el resto del territorio argentino, cerraron filas en torno a su gobernador. (3)
   
En realidad, las tensiones entre las autoridades nacionales y las de la provincia de Buenos Aires habían comenzado cuando el gobernador Tejedor llamó "huéspedes" de su provincia a las autoridades nacionales residentes en la ciudad de Buenos Aires. Además en 1879 un conflicto entre el Banco Nacional y el Provincia, con motivo de la inconversión, se había resuelto a favor del último dejando en evidencia las debilidades del poder central. (4) El desafío del gobierno provincial se fue haciendo cada vez más palpable. A fines de agosto, se produjo un intento de asesinato de Roca por elementos que respondían a Tejedor. Además éste comenzó a equipar abiertamente a la milicia provincial. El presidente Avellaneda respondió movilizando al ejército nacional el 1º de diciembre de 1879. Ante la presencia de las fuerzas leales al gobierno de Avellaneda cerca de la ciudad de Buenos Aires, Tejedor formó una poderosa fuerza parapolicial, reunida en el llamado Tiro Nacional. (5) 
    A medida que se acercaba el tiempo electoral, la situación tendió a deteriorarse. Las elecciones legislativas del 1º de febrero de 1880 demostraron que Tejedor tenía el apoyo de su provincia y de Corrientes, pero que el resto del país se inclinaba por Roca. (6) El 11 de abril de 1880 se llevó a cabo el primer paso de la elección presidencial, confirmándose el triunfo de Roca. Dispuesto a desconocer el resultado de las urnas, el 1º de mayo de 1880, en su discurso a la Legislatura, Tejedor fijó las pautas de la confrontación final. Instó a la asamblea a preservar sus derechos y la unidad nacional oponiéndose a la conspiración que los enfrentaba. Para salvar la nación, los diputados aprobaron una partida de 5.000.000 de pesos para armar la provincia. Un mes después, el 1º de junio, los "tiradores nacionales" lograron desembarcar un importante cargamento de armas y municiones destinado a la provincia. Al día siguiente, el presidente Avellaneda dejó la Casa Rosada y se dirigió a la Chacarita, donde estaban acantonadas las tropas nacionales. Desde allí emitió una proclama al pueblo de la República, declarando en rebeldía al gobernador Tejedor, dispuso que Belgrano fuera la sede provisoria del gobierno nacional, y anunció que no volvería a Buenos Aires hasta que la insurrección armada contra la autoridad de la nación hubiera desaparecido. (7) La mitad de la cámara de Diputados, el Senado en pleno, y la Suprema Corte de Justicia siguieron al presidente en su traslado a Belgrano. 
   
Tejedor tomó los edificios de la aduana porteña. Avellaneda respondió con el bloqueo del puerto de Buenos Aires. Las fuerzas del gobierno nacional cortaron los cables telegráficos, destruyeron las conexiones ferroviarias y tomaron posesión de todos los caminos al puerto. (8) Los perjuicios que causaban a los intereses extranjeros el cierre del puerto y la guerra civil, llevaron al ministro norteamericano general Osborn y a sus colegas de Austria, Brasil, Francia, Gran Bretaña y Hungría a solicitar al presidente Avellaneda el permiso de las operaciones de carga y descarga para aquellos barcos anclados en el puerto. El mandatario argentino otorgó un período de diez días de gracia para todos los navíos en puerto. El 12 de junio el escuadrón norteamericano arribó a Buenos Aires e intercambió saludos con la escuadra argentina, en inequívoca señal de respaldo al gobierno nacional. El mismo día, el colegio electoral reunido en el barrio de Belgrano proclamaba la fórmula presidencial que legalizaba las aspiraciones de Roca a la primera magistratura. (9)  
   
La guerra civil comenzó el 17 de junio. Luego de los sangrientos combates de Puente Alsina y de Corrales, que tuvieron lugar el 20 y el 21, las fuerzas de Tejedor quedaron encerradas en la ciudad de Buenos Aires. Esta permaneció sitiada por las tropas nacionales al mando del general Levalle y y su puerto bloqueado por la escuadra. El 22, Mitre asumió el mando de las fuerzas sitiadas con la intención de iniciar negociaciones. El mismo día, un comité presentó al general Osborn una petición de la comunidad mercantil porteña solicitándole "mediar entre las partes en conflicto en nombre de las vidas y propiedad de los ciudadanos de todas las nacionalidades". (10)  
   
Osborn sopesó cuidadosamente las alternativas antes de responder pero finalmente decidió aceptar la petición del comité. Pero en vez de extender en forma personal una oferta de mediación entre las partes en conflicto, el representante norteamericano envió notas duplicadas a Benjamín Zorrilla, ministro del interior y de relaciones exteriores en ejercicio, y a Carlos Tejedor,  gobernador de Buenos Aires y líder de la revuelta. Decía la nota: 

Señor: El firmante, ministro de Estados Unidos, tiene el honor de dirigirse a V.E., no con espíritu de interferir en las cuestiones internas del país, sino con el simple objetivo de ofrecer sus buenos oficios en el conflicto presente entre las autoridades provinciales de Buenos Aires y el gobierno nacional. Hace esto no sólo estimulado por sentimientos inherentes de humanidad, (...) por las tradiciones de la política exterior de su país, y por una convicción de que un arreglo honorable entre ambas partes puede evitar sacrificios adicionales de vidas y propiedades, sino también por la petición que le hizo una amplia e influyente porción de la comunidad comercial de todas las nacionalidades. (...) En el momento que V.E. considere apropiado, y con el consentimiento de ambas partes, (...) tendrá (el ministro Osborn) la más grande satisfacción de hacer efectiva su oferta de amistosa mediación". (11)  

El 23 de junio de 1880, el gobernador Tejedor aceptó incondicionalmente el ofrecimiento de mediación del ministro Osborn. Lo propio hizo el ministro Zorrilla el 26 del mismo mes, agregando que "el Gobierno Nacional (...) siempre llevará en mente su agradable oferta, y aceptará, cuando se presente la oportunidad, su amistosa mediación". (12) 
   
Poco después de la nota de Osborn, la rebelión contra el gobierno central llegaba a su fin. La solución transaccional incluyó la rendición del jefe de los rebeldes, el gobernador de Buenos Aires Carlos Tejedor, su renuncia al gobierno provincial (lo que se concretó el día 30 de junio), la asunción del vicegobernador José María Moreno y la permanencia de la Legislatura provincial. Pero la Liga de Gobernadores y el ejército ejercieron presión sobre el Congreso de Belgrano para el rechazo de este acuerdo. Avellaneda insistió en mantener el arreglo y amenazó con renunciar, pero finalmente accedió a las demandas de los roquistas. El 21 de agosto disolvió la Legislatura provincial, el gobernador Moreno renunció y el 1º de septiembre se designó un interventor federal. El proceso concluyó el 20 de septiembre, cuando el Congreso sancionó la ley de federalización de la ciudad de Buenos Aires. El 12 de octubre, Julio A. Roca asumía el cargo de presidente de la República. (13) Mientras tanto, Avellaneda había reabierto el puerto el 6 de julio, pero la ley marcial que regía sobre todo el territorio nacional se mantuvo vigente hasta la asunción de Roca. (14) 
    Así, con la llegada de Julio A. Roca a la presidencia se consolidaba tanto el Estado nacional argentino como el modelo económico primario-exportador adoptado en las décadas anteriores. La incorporación de los territorios hasta entonces en poder del indio, realizada el año anterior, y la resolución de la espinosa cuestión de la capital influyeron significativamente en dicha consolidación estatal. El historiador Tulio Halperín Donghi observa con claridad la importancia de los años 1880 a 1886 como umbrales de una nueva etapa en la historia argentina:

Ya quienes los vivieron, vieron en los sucesos de 1880 la línea divisoria con una etapa nueva de la historia argentina. En 1879 fue conquistado el territorio indio; esa presencia que había acompañado la entera historia española e independiente de las comarcas platenses se desvanecía por fin. Al año siguiente el conquistador del desierto era presidente de la nación, tras doblegar la suprema resistencia armada de Buenos Aires, que veía así perdido el último resto de su pasada primacía entre las provincias argentinas. La victoria de las armas nacionales hizo posible separar de la provincia a su capital, cuyo territorio era federalizado. (...) Más que la victoria del Interior del que era oriundo (hijo de una familia tucumana de complicada historia y divididas lealtades políticas), el triunfo de Roca era el del Estado central, (...). No es sorprendente que ninguna evocación enfadosa de las desaforadas esperanzas de treinta años atrás turbe la serenidad de Roca al tomar posesión de la presidencia. Con su triunfo se han resuelto para siempre "los problemas que venían retardando hasta el presente la definitiva organización nacional, el  imperium de la Nación establecido sobre el  imperium de provincia, después de sesenta años de lucha". (...) La nueva etapa de la historia argentina no ha comenzado en 1852, está sólo comenzando en 1880. En ella dominará el lema de "paz y administración"; de él se ha destacado más de una vez la promesa implícita de mantener y cimentar la coincidencia entre el Estado nacional y los sectores que dominan la economía argentina y sacan mayor ventaja de sus progresos. (15)

En la presentación de su plan de gobierno, Roca señalaba como esencial la tarea que se venía realizando de construcción del Estado. El primer objetivo del nuevo presidente era la creación de un ejército moderno. A la vez, el segundo -rápido desarrollo de las comunicaciones- también era visto por Roca desde dicha perspectiva. De los tres aspectos -económico, social y político- de la revolución llevada a cabo por los ferrocarriles y el telégrafo, Roca rescataba primordialmente el último, porque por su causa se había alcanzado la unidad nacional, se había vencido el espíritu de montonera y se había alcanzado la solución de problemas que parecían no tenerla. Aun para el tercer objetivo roquista  -acelerar el poblamiento de los territorios despejados por el propio presidente de "sus enemigos tradicionales"-, más alejado de la esfera política, Roca asignaba un papel al Estado. (16)
   
Para señalar la importancia de los cambios operados en el período, Halperín nos dice a propósito de las críticas de Sarmiento al falseado régimen electoral:

Pero la apuesta que Sarmiento formula en favor de la república verdadera está lejos de representar la actitud dominante en esa Argentina que concluye esa etapa que debía ser de construcción de una nueva nación, y que ha sido sobre todo la de construcción del Estado. La Argentina de 1880 no se parece a ninguna de esas naciones que debían construirse, nuevas desde sus cimientos, en el desierto pampeano (...). Pero tampoco se parece a la que asistió a la derrota y fuga de Rosas; es a su modo una nación moderna. (17)

  1. Ezequiel Gallo y Roberto Cortés Conde, La república conservadora, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986, pp. 65-66.

  2. Ibid.. pp. 66-69; Vicente F. López, Historia de la República Argentina, Buenos Aires, Sopena, 1960, t. VI, p. 703.

  3. Foreign Relations of the United States Diplomatic Papers (F.R.U.S.), Washington, Government Printing Press, 1880, T.O.O. to Evarts, 17-1-1880, 9; John White, Argentina: the Life Story of a Nation, New York, The Viking Press, 1942, pp. 119-120; H.S. Ferns, Britain and Argentina in the Nineteenth Century, Oxford, Clarendon Press, 1960, pp. 387-388; Sir Horace Rumbold, The Great Silver River: Notes of a Residence in Buenos Aires in 1880 y 1881, London, J. Murray, 1887, 24, fuentes citadas en Donald E. Willett, Across the Andes: United States, Argentina and Chilean Diplomatic Relations, 1865-1883, M.A. dissertation, Stephen F. Austin State University, 1976, p. 87. Véase también Augusto Marcó del Pont, Roca y su tiempo, Buenos Aires, Rosso, 1931, p. 203.

  4. E. Gallo y R. Cortés Conde, op. cit., p. 69.

  5. General Records of the Department of State (Record Group 59), Diplomatic Despatches From United States Ministers to Chile, 1823-1906 (M 69), reel 29, T.O.O. to Evarts, 29-8-1879 y 4-9-1879; Ibid., Diplomatic Instructions of the Department of State, 1801-1906, (M 77), reel 11, Evarts to T.O.O, 1-12-1879; F.R.U.S., 1880, T.O.O. to Evarts, 17-1-1880 y 11-2-1880, 9-11; fuentes citadas en D.E. Willett, op. cit., p. 87. También véase E. Gallo y R. Cortés Conde, op. cit., p. 69.

  6. H.S. Ferns, Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX, Buenos Aires, Solar-Hachette, 1968, p. 388.

  7. D.E. Willett, op. cit., p. 89.

  8. F.R.U.S., 1880, T.O.O to Evarts, 8-5-1880, 4-6-1880, 14-6-1880, 19-24, cit. en D.E. Willett, op. cit., p. 89.

  9. F.R.U.S., 1880, T.O.O to Evarts, 14-6-1880, 25, cit. en ibid., p. 90. La fórmula Roca-Madero triunfó por 155 votos contra 70 de la opositora Tejedor-Laspiur.

  10. F.R.U.S., 1880, T.O.O to Evarts, 19-6-1880, 22-6-1880, 25-26, cit. en ibid., p. 91. Véase también A. Marcó del Pont, op. cit., p. 213.

  11. Texto de la nota del ministro T.O. Osborn al ministro Zorrilla y al gobernador Tejedor, cit. en ibid., p. 92.

  12. F.R.U.S., 1880, T.O.O to Evarts, 6-7-1880, 27-28, cit. en ibid., p. 93.

  13. E. Gallo y R. Cortés Conde, op. cit., p. 70.

  14. D.E. Willett, op. cit., p. 93.

  15. Tulio Halperín Donghi, Una nación para el desierto argentino, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1982, pp. 138-141.

  16. Ibid., pp. 141-142.

  17. Ibid., p. 148.

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