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Durante el último tramo de la presidencia de Avellaneda, las relaciones diplomáticas argentino-chilenas se hallaron virtualmente paralizadas como consecuencia del rechazo por el Senado argentino de los sucesivos pactos Fierro-Sarratea (diciembre de 1878) y Montes de Oca-Balmaceda (junio de 1879). La tensa situación bilateral se reflejó en la ausencia de los respectivos representantes diplomáticos a partir de ese momento.
   
No obstante la mencionada falta de acuerdo, como ya se explicó en un capítulo anterior, las autoridades de Buenos Aires decidieron no involucrarse en la guerra del Pacífico, desatada entre Chile y Perú y Bolivia hacia mediados de febrero de 1879. Varios factores explican la actitud neutral argentina: el temor a una posible alianza chileno-brasileña como réplica a la intervención en apoyo de Perú y Bolivia; la conciencia de la superioridad marítima chilena; y el enorme progreso económico argentino, derivado de su vinculación con Europa, que la elite no estaba dispuesta a arriesgar en una guerra con Chile. (1)
   
Por cierto, la mencionada situación de virtual parálisis comenzó a modificarse a partir de la asunción de Roca. Como se explica en lugar aparte, con la mediación norteamericana los gobiernos argentino y chileno llegaron a un entendimiento cristalizado en el acuerdo de julio de 1881. Como consecuencia de éste, en 1882 se creó la legación argentina en Chile con rango de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario. Asimismo, la diplomacia roquista dedicó una mayor atención que sus predecesoras a los países latinoamericanos: en ese mismo año de 1882 el gobierno de Roca ascendió a los rangos de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario a los diplomáticos argentinos acreditados ante los gobiernos de Uruguay y Brasil, y además se creó la legación argentina en Colombia y Venezuela, esta última con categoría de ministro residente. En síntesis, al comenzar el año 1882 el cuerpo diplomático argentino se distribuyó en siete legaciones en América y tres en Europa. (2) 
    Además, durante los años de la primera administración de Roca (1880-1886) se dio una interesante puja entre las diplomacias argentina y chilena por obtener una mayor influencia en los países americanos. El gobierno de Roca, como se dijo,  incrementó la presencia diplomática argentina en los países americanos. También las autoridades chilenas se preocuparon por aumentar su representación diplomática en América entre 1881 y comienzos de 1882, revirtiendo la escasa dotación existente hacia el año 1880. Este cambio en la política exterior del gobierno chileno hacia los países americanos fue provocado por la convocatoria lanzada por Colombia para celebrar un Congreso Americano en Panamá. Las autoridades de Santiago temieron que dicho Congreso fuese utilizado por los países americanos (y especialmente por el gobierno argentino) para condenar la política de ocupación territorial practicada por Chile. Este temor movió a la diplomacia chilena a enviar delegaciones ante los gobiernos de Ecuador, países de América Central, México y Uruguay, con el objetivo declarado de buscar la postergación del Congreso de Panamá, aunque en realidad lo que se buscó fue boicotearlo a través de la no asistencia de los países invitados. (3) 
    Asimismo, durante los años del primer gobierno de Roca se registró un particular esfuerzo de la diplomacia argentina por neutralizar la política expansiva de Chile a través de dos intentos frustrados: el de generar una mediación conjunta argentino-brasileña para frenar la guerra del Pacífico y el intento de apertura de relaciones diplomáticas con Colombia y Venezuela. Ambos intentos, que tuvieron lugar durante la gestión de Bernardo de Irigoyen en la cancillería argentina (octubre de 1880 a febrero de 1882), reconocieron su fuente de inspiración en las propuestas de Miguel Cané, quien desde años atrás venía insistiendo en la necesidad de que la Argentina se interesara en la cuestión del Pacífico. Cané propuso la idea de frenar la guerra desatada entre Chile y Bolivia y Perú en 1879 a través de la mediación amistosa de varios países americanos, liderados por la Argentina. Durante su viaje por Chile y Perú entre fines de 1879 y principios de 1880, Cané estuvo en contacto con hombres públicos chilenos y peruanos, teniendo así una experiencia directa y personal de la política chilena en el Pacífico, factor éste que movió a Julio Roca y Bernardo de Irigoyen a tener su propuesta en cuenta. Ya en enero de 1880, meses antes de que Roca fuese elegido presidente, Miguel Cané comunicó a su amigo Bernabé Artayeta Castex desde Perú que ha escrito "cuatro extensísimas correspondencias al Ministro de Relaciones Exteriores". En dicha carta, Cané agregaba: 

Aquí como en Chile se me atribuye un propósito de alta importancia. Creen que tengo algo oficial y reservado para un caso determinado y se inclinan a creer que es una misión para las Repúblicas del Norte. El secretario de la Legación Colombiana que vino conmigo de Chile hasta Arica, ha dicho aquí en Lima, de paso para su país, que aunque él no me lo había preguntado ni yo dicho, él estaba seguro que yo tenía tal misión y que él se encargaba de hacer comprender a su país mi importancia en Buenos Aires, augurándome un triunfo completo en los propósitos que me atribuía, esto es, estrechar los vínculos entre Argentina, Colombia, Venezuela y Ecuador, a fin de hacer irresistible una mediación, que daría por resultado algo como el Congreso de Berlín para establecer reglas y principios de Derecho Público americano, en vez de erigir, como en aquél, la arbitrariedad de la fuerza en ley absoluta (...) Esta guerra no tiene ni puede tener otra solución que la mediación americana (...).

Asimismo, Cané, confiando en su propia capacidad para llevar adelante esa misión afirmaba: "Si se me diera una misión oficial para Ecuador, Venezuela y Colombia, me comprometo a hacer ir a sus Gobiernos a remolque del nuestro en cualquier propósito de ese género (...)". (4)  Los comentarios de Cané debieron resultar lo suficientemente convincentes al futuro presidente y su ministro de relaciones exteriores pues al poco tiempo de asumir éstos sus cargos, Cané recibió su ansiada misión.

  1. Respecto del tema de la neutralidad argentina en la guerra del Pacífico y sus causas se pueden consultar los artículos de Geoffrey S. Smith, "The Role of José M. Balmaceda in Preserving Argentine Neutrality in the War of the Pacific", Hispanic American Historical Review, Vol. XLIV, Nº 2, May 1969, pp. 254-267 y V. G. Kiernan, "Foreign Interest in the War of the Pacific", Hispanic American Historical Review, Vol. XXXV, February 1955, pp. 14-36.

  2. Los cambios operados en las relaciones con los países de América Latina durante el gobierno de Roca se pueden ver en la Memoria de Relaciones Exteriores presentada al Honorable Congreso Nacional, Buenos Aires, 1882, y en el trabajo de Néstor Tomás Auza, "Apertura de relaciones diplomáticas en el Pacífico. Misión Cané en Venezuela y Colombia", Revista Histórica, Tomo VI, Nº 17, Instituto Histórico de la Organización Nacional, Buenos Aires, 1991, pp. 166-167.

  3. Memoria de Relaciones Exteriores y Colonización, 1882, Santiago de Chile, pp. XIV y XV, cit. en N.T. Auza, op. cit., p. 168.

  4. Carta de Miguel Cané desde Perú, enero de 1880, y detalles y motivaciones del viaje de Cané a Chile y Perú en Ricardo Sáenz Hayes, Miguel Cané y su tiempo (1851-1905), Buenos Aires, 1955, Capítulo V, p. 180, cit. en ibid., pp. 168-169 y 175.

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