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El estallido de la guerra del Pacíficoque enfrentó al gobierno de Chile con los de Perú y Bolivia, impulsó a la diplomacia argentina a buscar contactos con naciones sudamericanas que estuviesen en contra de la política expansionista de Chile. En el contexto de esta estrategia, orientada en consideraciones de equilibrio de poder regional -la necesidad de contrapesar el expansionismo chileno en el Pacífico a través de una mediación americana-, el canciller del gobierno de Roca, Bernardo de Irigoyen, adoptando las sugerencias realizadas por Miguel Cané de que la Argentina se interesara en la cuestión del Pacífico, invitó en noviembre de 1880 a las autoridades del Imperio del Brasil a una mediación conjunta con el objeto de evitar de parte de las autoridades chilenas una política de anexiones en perjuicio de sus contrincantes.
    Ante el fracaso de esta alternativa por la actitud expectante de Itamaraty, ya evidente hacia 1881, el gobierno argentino decidió designar a Miguel Cané como ministro residente ante los gobiernos de Caracas y Bogotá en abril de dicho año, aprovechando la oportunidad abierta por la propuesta colombiana de realizar un Congreso de las potencias del Continente en Panamá, en el que se establecería la adopción del arbitraje para la solución de los conflictos entre países americanos y el repudio a las guerras de conquista en la región. (1) 
   
Las instrucciones de la Cancillería argentina al ministro Miguel Cané partían de "los dos grandes principios que sirven de base al Derecho Público americano, a saber, el uti possidetis de 1810 y la declaración terminante de que en América no hay territorios res nullius. Sentados esos principios tradicionales de la política exterior argentina, Cané "propondrá a los Gobiernos de Colombia y Venezuela concertar una mediación amistosa con esta República, con el Brasil y con los demás Estados Americanos que quieran asociarse, en el sentido de obtener una solución a las dificultades y guerras del Pacífico (...)". (2)  El objetivo del gobierno argentino era obtener la incorporación de Venezuela y Colombia en una mediación concertada de los países de la región bajo el liderazgo argentino, a fin de obtener una solución justa a la guerra del Pacífico. Por "solución justa" se entendía que la mediación tenía como cimientos el uti possidetis, la negación de territorios res nullius en América y el respeto por la independencia e integridad de la soberanía política y territorial del Perú y Bolivia. Por cierto, el fiel cumplimiento de estas condiciones expresadas por la cancillería argentina hubiera implicado una seria amenaza a los propósitos expansionistas de un Chile triunfador en la guerra del Pacífico a costa precisamente de los territorios de Perú y Bolivia, cuya integridad territorial las autoridades argentinas quisieron vanamente garantizar a través de estas instrucciones. Asimismo, era clara la intención de contener a Chile. Las autoridades de la cancillería argentina le recordaron a Cané en sus instrucciones que "el engrandecimiento de Chile" a costa de Perú y Bolivia "compromete los intereses permanentes de Chile y de la América entera, por el precedente que se establece y en virtud del cual las Naciones débiles pueden ser fácilmente absorbidas por las poderosas (...)". (3)

De acuerdo con las instrucciones generales de la cancillería argentina,

El Ministro argentino en Colombia y Venezuela hará conocer por todos los medios que estén a su alcance, la historia de nuestra cuestión con Chile, la política de agresión constante de éste, la prudencia y moderación del gobierno argentino. Su objeto debe ser hacer penetrar la convicción de que, en el caso fatal de una guerra, la República Argentina no sólo defenderá sus derechos, sino también los intereses americanos todos, amenazados por un pueblo agresivo.

Además, las instrucciones autorizaban al ministro plenipotenciario Cané a ofrecer la mediación o los buenos oficios del gobierno argentino en caso de conflictos limítrofes que llegasen a provocar una ruptura de relaciones entre las autoridades de Venezuela y Colombia. (4) 
   
En sus gestiones en Caracas y Bogotá, Cané se entrevistó con el presidente venezolano general Antonio Guzmán Blanco, de tendencia americanista y opuesto a la política de expansión chilena en el Pacífico. También el ministro argentino halló comprensión en el presidente colombiano Rafael Nuñez. Pero para ese entonces, Cané recibió la noticia de la firma del tratado de Límites entre los gobiernos de la Argentina y Chile en julio de 1881, finalmente ratificado en octubre de dicho año, lo cual hizo cambiar la perspectiva y el sentido de su misión.
   
Al obtener el apoyo de Venezuela a la posible mediación argentina y al enterarse de la firma del tratado argentino-chileno, Cané comenzó a restar importancia a la relación con Colombia y Venezuela. El enviado argentino, principal impulsor del acercamiento hacia las autoridades de Bogotá y Caracas, llegó a señalar luego de la firma del tratado con Chile "la escasa o nula importancia que para el país poseía la vinculación diplomática con Venezuela y Colombia", si bien lo hizo en forma privada y no oficial. (5)  En otras palabras, Cané sostuvo la idea de establecer vínculos con los gobiernos de Bogotá y Caracas como parte de una estrategia apuntada a construir una malla de contención regional, liderada por la Argentina, cuyo objetivo era el de frenar la amenaza chilena. Atenuada esta última con la firma del tratado de 1881, la diplomacia argentina retornaría a su tradicional desinterés respecto de los vínculos con las naciones americanas del Pacífico.
   
Por su parte, Etchepareborda tiene una óptica de los efectos del tratado de 1881 sobre los vínculos entre la Argentina, Colombia y Venezuela similar a la de Auza. Sostiene que las gestiones de Cané en Venezuela pierden su ímpetu cuando el enviado argentino se enteró de la firma del acuerdo con las autoridades de Santiago. Para fortalecer su aserto, Etchepareborda cita las palabras del propio Cané en referencia a su misión y al tratado firmado con Chile:

no desespero de arribar a ese resultado (una mediación americana para lograr una solución a la llamada Cuestión del Pacífico), sobre todo cuando mi acción no sea coartada por las dudas que me asaltan respecto de las ideas actuales de V.E. posteriores al tratado de límites, cuyas bases y alcance ignoro por completo. (6)  

 Si bien Cané intentó proseguir su misión en Bogotá, a principios de marzo de 1882 varios factores frustraron sus esfuerzos. Uno de ellos fue la actitud de las autoridades chilenas, que, envalentonadas con los resultados favorables en la guerra del Pacífico, rechazaron cualquier intento de mediación y procuraron obtener la cesión de Antofagasta, Tarapacá, Tacna y Arica a expensas de Perú y Bolivia. 
   
Otro factor que contribuyó al fracaso de las gestiones de Cané en Venezuela y Colombia fue la decepción que representó para la diplomacia argentina la interrupción del Congreso de Panamá sobre arbitraje, atribuida por el propio presidente de Colombia a los manejos de la diplomacia chilena, tal como surge del comentario del mandatario colombiano Rafael Nuñez al ministro argentino Miguel Cané:

me he encontrado con que aquí se ha perdido por completo la esperanza de ver reunido dicho Congreso, atribuyéndose este fracaso a los activos manejos de Chile, que ha hecho toda clase de empeños para evitar su reunión, comprendiendo que nada se resolvería que fuera favorable a sus pretensiones. (7) 

El fracaso del Congreso de Panamá que tanto Cané como el presidente de Colombia atribuyeron al gobierno chileno no constituyó por cierto una acusación gratuita. Fue un cargo confirmado por las propias autoridades chilenas. De acuerdo con las Memorias del Ministerio de Relaciones Exteriores del Gobierno de Chile correspondientes al año 1882, el Congreso de Panamá debía postergarse

pues la situación especial que nos coloca la guerra aún pendiente en el Perú y Bolivia hace de todo punto inoportuna y extemporánea la reunión de un Congreso que, convocado a nombre de los intereses generales y permanentes de la América, iría a iniciar sus funciones en los momentos menos propicios para alcanzar el logro de aquellos propósitos. (8) 

La diplomacia chilena buscó boicotear la convocatoria de los países americanos en Panamá (9)  guiada por tres razones básicas: a) la simpatía que Perú y Bolivia habían despertado en los países americanos, los cuales, de convocarse la reunión en Panamá, harían oír su posición contraria al expansionismo chileno; b) el hecho de que los países americanos  reunidos en Panamá prestarían una atención central a los conflictos en el Pacífico y adoptarían resoluciones que amenazarían los objetivos de expansión territorial chilena; y c) la certidumbre de que la diplomacia argentina sostendría en Panamá el principio de integridad territorial, estrategia que de concretarse con el respaldo de las demás repúblicas americanas pondría en peligro las anexiones territoriales chilenas a costa de Perú y Bolivia. Guiada por estas razones, la cancillería chilena propuso el aplazamiento del Congreso de Panamá "hasta el momento en que la paz continental pudiese constituir la primera y la más sólida garantía de una entelequia correcta sobre los acuerdos dirigidos al bienestar común de las Repúblicas Americanas". (10) 
   
Para lograr su objetivo, Chile decidió además trabajar para hacerlo fracasar o debilitarlo de tal manera que sus deliberaciones carecieran de peso. Así, el gobierno chileno ordenó a su ministro en Colombia, a fines de septiembre de 1881, comunicar al gobierno de ese país que Chile no participaría del congreso y desalentar la participación de otros países a través de sus representantes en Bogotá. La misma misión debían cumplir los diplomáticos chilenos en Río de Janeiro, Washington y París, y otros, enviados a Ecuador, México y América Central. Luego del intercambio de las ratificaciones del tratado de julio de 1881, el cónsul chileno en Buenos Aires también recibió instrucciones de discutir el tema del congreso con las autoridades de la Argentina y de Uruguay. Con estas negociaciones Chile logró el resultado que buscaba: el 5 de febrero de 1882 los cuatro plenipotenciarios que se habían reunido para constituir el congreso resolvieron que la reunión no podía llevarse a cabo con tan pocos participantes. (11) 
   
Un tercer factor que inhibió los esfuerzos de Cané ante las autoridades de Caracas y Bogotá fue la mediación del gobierno norteamericano. Entre fines de 1881 y comienzos de 1882, Frederick T. Frelinghuysen reemplazó como secretario de Estado a James Gillespie Blaine, y las nuevas instrucciones a los diplomáticos norteamericanos en los países involucrados en la guerra del Pacífico fueron de limitar sus actividades a la mediación imparcial, diferenciándose así de su antecesor Blaine. James Partridge, ministro norteamericano en Lima, en sintonía con sus instrucciones, mantuvo inicialmente una actitud imparcial respecto de la guerra del Pacífico, pero hacia enero de 1883 sorprendió a las autoridades de Santiago abandonando esa actitud y apoyando abiertamente al gobierno peruano, en combinación con los agentes diplomáticos de Francia, Italia y Gran Bretaña en Lima, por medio de la redacción de un memorándum que exigió a los hombres de gobierno chilenos el fin de la guerra y la preservación de Perú de la "aniquilación". Como Partridge actuó sin instrucciones, las autoridades de Washington repudiaron la nota confeccionada por los diplomáticos de las grandes potencias.
   
En marzo de 1883, el canciller chileno comentó, en obvia referencia a la misión Cané en Venezuela y Colombia, que la respuesta oficial norteamericana rechazando el respaldo del ministro Partridge a Perú y Bolivia "produjo una desilusión general entre nuestros vecinos", desazón ésta producida por

las explícitas y circunspectas declaraciones de la Cancillería de Washignton, que han removido cualquier probabilidad de que los gobiernos de aquellas repúblicas puedan insistir en esfuerzos o sugerencias que no pueden ganar apoyo efectivo y que podrían colocarlas en una situación de estéril y ridícula pérdida de prestigio". (12)  

Un último factor que influyó en el negativo balance final de las gestiones de Cané ante los gobiernos de Venezuela y Colombia para contrarrestar el expansionismo chileno fue según Auza la falta de comprensión de las autoridades de la Casa Rosada respecto de la realidad existente en el área del Pacífico, subregión a la que el juego diplomático argentino había llegado demasiado tarde. Este problema era una directa consecuencia del excesivo énfasis puesto por los formuladores de la política exterior argentina en Brasil, Chile, Estados Unidos y Europa entre 1852 y 1882. La propuesta de mediación manejada desde Buenos Aires resultó excesivamente tímida frente a los hábiles manejos de la cancillería chilena, que contaba con una política más firme en el área del Pacífico -por ser su ámbito regional de interés directo- que la de su vecino. Tenía Chile además un aliado en Brasil, que lejos de favorecer la estrategia argentina de utilizar la convocatoria a Panamá para contener a Chile, la debilitó con una demora intencionada. (13) 
   
Como consecuencia de la interacción de todos los factores anteriormente mencionados, pero sobre todo debido al fracaso de la mediación norteamericana, el ministro Miguel Cané recibió una extensa nota del canciller Bernardo de Irigoyen, dando por finalizada la política "continental" de las autoridades de Buenos Aires para frenar la política expansiva chilena: 

Desgraciadamente como V.E. lo sabrá, los sucesos han tomado un carácter tal que, por el momento, al menos, obliga a suspender el curso de esas gestiones, manteniéndolas en el estado en que se encuentran actualmente y colocándose en una prudente expectativa hasta que pueda presumirse la marcha que tomarán las cosas ... la intervención (de los EE.UU.) o mediación, como posteriormente se le ha llamado ha cesado porque Chile pretendía que esta última tuviese lugar por ofrecimiento del Gobierno de Washington, bajo las condiciones fijadas por el de Chile y a las que no ha querido asentir el de los Estados Unidos. En tal situación, V.E. comprenderá que no sería lo más prudente, ni de buena política, entrar nosotros, aun cuando fuese en unión con alguna de las demás naciones americanas, dado caso que éstas se presentasen a proponer una mediación que sólo sería aceptada probablemente por Chile bajo las mismas condiciones a las que el gobierno de los Estados Unidos ha rehusado. (14)

Como fruto de las causas antedichas, a fines de marzo de 1882 el ministro Miguel Cané abandonó Bogotá poniendo fin de este modo a su misión diplomática ante los gobiernos de Venezuela y Colombia.

  1. En 1880, el gobierno de Colombia invitó a los países latinoamericanos a reunirse en Panamá para diseñar un tratado que otorgara la paz regional por medio de un sistema de arbitraje permanente. Casi todas las naciones americanas aceptaron la invitación colombiana. Por su parte, las autoridades argentinas si bien no la aceptaron, tampoco la rechazaron. En la nota que enviara a su colega colombiano, el canciller argentino Bernardo de Irigoyen expresó la simpatía de las autoridades de Buenos Aires por la propuesta del gobierno de Bogotá. Irigoyen, teniendo en mente la política expansionista de Chile en la Guerra del Pacífico, subrayó en su nota la necesidad de evitar las políticas de anexiones territoriales y conquistas en la región, pues representaban una menaza a la estabilidad futura. Irigoyen al Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, 30 de diciembre de 1880, Memoria de Relaciones Exteriores presentada al Honorable Congreso Nacional, Buenos Aires, 1881, pp. 84-89, cit. en Thomas F. Mc Gann, Argentina, the United States and the Inter-American System, 1810-1914, Cambridge, Massachusetts, Harvard University Press, 1957, pp. 71-73.

  2. Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Libro de instrucciones expedidas a los agentes diplomáticos, folio 138, cit. en N.T. Auza, op. cit., p. 177.

  3. Idem nota anterior, folios 139 y 141. 

  4. El texto completo de las instrucciones generales de la cancillería argentina al ministro plenipotenciario ante los gobiernos de Venezuela y Colombia Miguel Cané figura en R. Sáenz Hayes, op. cit., pp. 226-228, fuente citada en Roberto Etchepareborda, Historia de las relaciones internacionales argentinas, Buenos Aires, Pleamar, 1978, p. 224. Acerca de este tema consultar también N.T. Auza, op. cit., pp. 176-180 y Robert N. Burr, By Reason or Force. Chile and the Balancing of Power in South America, 1830-1905, Berkeley, University of California Press, 1965, p. 157.

  5. Archivo General de la Nación, Archivo Roca, legajo 18, carta del 8 de octubre de 1881; Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Nación, Legación de Colombia y Venezuela, Caja 258, carta del 12 de diciembre de 1883, fuentes citadas en N.T. Auza, op. cit., p. 190. 

  6. Comentarios de Cané respecto del tratado de 1881 citados en Roberto Etchepareborda, op. cit., p. 226.

  7. Archivo General de la Nación, Archivo Miguel Cané, folio 25, carta del 24 de enero de 1881, fuente citada en N.T. Auza, op. cit., p. 226.

  8. Memoria de Relaciones Exteriores y Colonización, Santiago de Chile, 1881, p. 65, cit. en ibid., p. 227. 

  9. Como prueba de su afirmación respecto de que la cancillería chilena procuró hacer fracasar la reunión de Panamá, Auza menciona que las autoridades chilenas comenzaron por negar su propia concurrencia a dicho cónclave. Luego, la cancillería chilena envió emisarios para obtener la deserción de México y las naciones centroamericanas. Paraguay manifestó su renuencia a concurrir, Brasil no fue invitado y Uruguay dio su palabra de no enviar representante a Panamá tras dos días de negociaciones protagonizadas por el cónsul chileno residente en Buenos Aires, quien recibió órdenes de trasladarse a Montevideo para obtener el rechazo oriental a la reunión de Panamá. Como resultado de los esfuerzos chilenos las delegaciones de Brasil (que no estaba invitado), Chile, Ecuador, México, Uruguay, Paraguay, Perú y Bolivia no concurrieron a la reunión de Panamá. En el momento de iniciarse las deliberaciones sólo se hallaron los representantes de Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Colombia, la nación que había tenido la iniciativa de la convocatoria. Ante esta negativa situación provocada por las maniobras de la diplomacia chilena, fue el propio presidente colombiano quien hizo renunciar al ministro argentino Cané a concurrir a Panamá y por la misma razón tampoco lo hizo el representante de Venezuela. Ver ibid., p. 228.  También R.N. Burr, op. cit., p. 158. 

  10. Memoria de Relaciones Exteriores y Colonización, Santiago de Chile, 1881, pp. XVI y XVII, fuente citada en N.T. Auza, op. cit., p. 228.

  11. R.N. Burr, op. cit., p. 158.

  12. Luis Aldunate, ministro de relaciones exteriores de Chile, al ministro de Chile en Colombia, Santiago de Chile, 14 de marzo de 1883, Diplomáticos chilenos, 1882-1884, fuente citada en ibid., p. 160.

  13. N.T. Auza, op. cit., pp. 196-197. 

  14. Nota del canciller Bernardo de Irigoyen al ministro plenipotenciario Miguel Cané, 9 de marzo de 1892, Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, fuente citada en R. Etchepareborda, op. cit., p. 228. 

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