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Mientras el general Thomas O. Osborn estaba ocupado en Buenos Aires en mediar para terminar con la guerra civil argentina, su colega del otro lado de los Andes, el gobernador Thomas A. Osborn, había iniciado desde Santiago sus propios esfuerzos para mediar en la guerra del Pacífico entre Bolivia-Perú y Chile. Sin embargo, la Conferencia de Arica, a la que fueron citados ambos beligerantes, se levantó el 27 de octubre de 1880, sin otro resultado que hacer públicas las duras condiciones de Chile para alcanzar la paz. En esas circunstancias, y probablemente en un esfuerzo por contrarrestar alguna ofensiva diplomática antichilena de la Argentina para evitar la segregación territorial de Perú y Bolivia, el presidente chileno Aníbal Pinto convocó al gobernador Osborn solicitando sus buenos oficios para arreglar la prolongada disputa entre Chile y la Argentina. En su entrevista con Osborn, Pinto confesó su deseo de terminar la espinosa cuestión limítrofe pendiente con la Argentina. 
   
El 15 de noviembre de 1880, el ministro norteamericano en Chile escribió a su colega en Buenos Aires, expresando el deseo oficial chileno de negociar sobre la base de una de las las siguientes propuestas:

a) someter la cuestión tal como está planteada en el artículo 39º del tratado firmado el 31 de agosto de 1855, y promulgado el 25 de abril de 1856, sin ningún otro requisito;
b) ceder al árbitro el poder de formular la cuestión a ser determinada; y
c) ceder al presidente norteamericano la facultad de determinar la forma de la cuestión a arbitrarse.

En cualquier caso Estados Unidos sería un árbitro satisfactorio, pero no debía objetarse la acción de cualquiera otra potencia imparcial. (1)  
   
Luego de recibir la carta del gobernador Osborn, el general Osborn visitó al ministro de relaciones exteriores argentino, Bernardo de Irigoyen, quien aceptó presentar las propuestas chilenas al presidente Roca y su gabinete. Tras la consideración del gobierno argentino, el 2 de enero de 1881, Irigoyen presentó al general Osborn la posición oficial argentina. La Argentina no deseaba ajustar la cuestión limítrofe al artículo 39º del tratado de 1856, aduciendo que Chile había cambiado su interpretación de tal modo que cualquier discusión al respecto no obtenía resultados. Pero la propuesta chilena de considerar un arbitraje fue aceptada por el gobierno argentino, con la condición de que éste quedara confinado a la disputa por el límite. La Argentina no permitiría que la cuestión de la Patagonia fuera sometida a la decisión del árbitro. (2)
   
Por su parte, las noticias de las victorias chilenas en Chorrillos y Miraflores, a mediados de enero de 1881, que permitieron la toma de Lima, generaron en la administración de Roca el temor de acciones hostiles de parte de Chile. Este temor provocó movilizaciones parciales desde el lado argentino.  El Departamento de Guerra ordenó al ejército y la marina alistar sus fuerzas. La marina ordenó asimismo adquirir un blindado y dos torpedos en Gran Bretaña. Además, el gobierno argentino negoció un préstamo de 12 millones de dólares con el propósito de extender hasta el pie de los Andes las líneas ferroviarias entonces existentes, una necesidad logística en caso de concretarse una guerra entre la Argentina y Chile. Estas medidas precautorias, sumadas a la ruptura de relaciones diplomáticas, colocaban a los dos países al borde de la guerra. (3)
   
Así lo entendía el general Osborn, quien el 31 de marzo de 1881 visitó al canciller Irigoyen para discutir posibles líneas divisorias que fuesen aceptables para ambas partes. El ministro de relaciones exteriores argentino mostró al ministro norteamericano un mapa con una línea limítrofe, que cedía a Chile todas las tierras ubicadas al sur del estrecho de Magallanes, más una pequeña zona al norte del estrecho debajo de una línea que se extendía desde un punto en la cumbre de los Andes hasta un punto anónimo ubicado al norte de la boca del estrecho. (4)  
   
Entusiasmado por su entrevista con Irigoyen, el general Osborn decidió sumar el apoyo del gobernador Osborn en Santiago. El último telegrafió a su colega en Buenos Aires notificando que el gobierno chileno aceptaba a los Osborn como mediadores en el conflicto limítrofe. A partir de ese momento se sucedieron seis meses de negociaciones conducidas por vía telegráfica. Otros actores presentes en la negociación fueron también Mariano de Sarratea, el cónsul argentino en Santiago, y Luis Saeñz Peña en Buenos Aires, quienes mantenían correspondencia respecto de la cuestión. Para iniciar las negociaciones, Irigoyen presentó esta correspondencia. Sarratea creía que Chile se comprometería al cumplimiento del acuerdo Irigoyen-Barros Arana de 1876, que previamente había rechazado. Esto incluía el arbitraje limitado por el territorio en el estrecho, el territorio al este de la bahía Posesión, y en el continente, todos los territorios al sur del paralelo de 52o de latitud sur. Sarratea además proponía que el estrecho de Magallanes fuese un mare liberum. (5)
   
Sáenz Peña estaba de acuerdo con la idea de que el estrecho debía ser desmilitarizado y neutralizado. Este último creía que el arbitraje sería necesario respecto de la porción del estrecho comprendida dentro de una línea que se extendía desde monte Dinero hasta punta Delgada en la bahía Posesión. La sección del estrecho al oeste de punta Delgada sería chilena mientras la Argentina recibiría todas las tierras al este de monte Dinero. Sobre tierra firme, Sáeñz Peña deseaba someter a arbitraje el área comprendida desde el monte Dinero hasta el monte Aymond y desde este punto en línea recta hasta los 52o de latitud sur y de allí a lo largo de este paralelo hacia la Cordillera de los Andes.  Sáenz Peña aceptaba también la división anterior de Irigoyen de Tierra del Fuego a través de la longitud del cabo Espíritu Santo. (6)  
    Luego de conferenciar con los funcionarios chilenos, el gobernador Osborn presentó el 9 de mayo los términos de Chile para un acuerdo: una línea trazada desde la divisoria de aguas en los Andes en la latitud 52o sur hasta los 70o de longitud oeste, y desde aquí otra línea en dirección sur hasta Cabo Vírgenes. Todas las tierras ubicadas al sur de esta línea pertenecerían a Chile, mientras que todos los territorios al norte de esta línea y la isla de los Estados corresponderían a la Argentina. Chile buscaba un acuerdo definitivo. Si el arbitraje resultaba necesario, Chile sugería que cada país nombrara un solo árbitro. Si éste disponía que Chile obtuviera territorio argentino, debía determinar la compensación monetaria que Chile debía pagar; no habría intercambio de territorio. Chile aceptaba la libre navegación y la desmilitarización del estrecho, y reconocía el deseo de la Argentina de la isla de los Estados y el norte de la Patagonia a cambio de la transferencia de Tierra del Fuego a Chile. (7)  A su vez, el gabinete argentino aceptó la concesión de Chile sobre el estrecho de Magallanes y la isla de los Estados, pero propuso una división diferente en el área restante. La Argentina sugería que Chile recibiese la península de Brunswick y todo el estrecho al oeste de los 70o de longitud oeste. Además la postura argentina proponía la línea de las altas cumbres divisoria de aguas de la Cordillera de los Andes de norte a sur hasta los 52o de latitud sur como el límite este-oeste entre Chile y la Argentina. Desde las altas cumbres divisorias de aguas, una línea divisoria continuaría a lo largo del paralelo de 52o hasta la intersección con los 70o de longitud oeste. Desde este punto otra línea continuaría hasta punta Dungeness. El presidente de Estados Unidos podía arbitrar el área comprendida al sur de la línea de 52o de latitud sur hasta los 70o de longitud oeste, pero la compensación sería puramente de carácter territorial. El acuerdo Barros Arana-Irigoyen de julio de 1876 dividiría Tierra del Fuego y las islas adyacentes. (8)  
    No obstante estos positivos contactos telegráficos iniciales, el gobernador Osborn pronto comentó las complicaciones que los geógrafos chilenos encontraban en la posición argentina en una nota del 18 de mayo a su colega en Buenos Aires. La misma decía: "Trazando una línea como la propuesta desde las altas cumbres divisorias de aguas, a los 52º y continuándola hasta punta Dungeness, significa cruzar aguas en algunos lugares y en consecuencia ello dará lugar a malos entendidos". Según Willett, esta declaración encerraba un grave error de los geógrafos chilenos. El telegrama del general Osborn emitido desde Buenos Aires en realidad no describía una única línea recta que partía desde la divisoria de aguas de la Cordillera de los Andes a los 52o de latitud sur hasta punta Dungeness; describía dos líneas. Una corría desde la línea divisoria de aguas de la Cordillera de los Andes a 52o de latitud sur hasta la intersección con los 70o de longitud oeste. La segunda línea comenzaba precisamente en esta intersección y finalizaba en punta Dungeness. Willett afirma que durante las tres semanas subsiguientes cada parte defendía su postura ignorando que se referían a líneas limítrofes completamente diferentes. (9)   
   
El gobernador Osborn también mencionó en su nota del 18 de mayo de 1881 que el gobierno chileno rechazaba dividir el territorio de Tierra del Fuego conforme al acuerdo Barros Arana-Irigoyen de 1876. Chile continuaba presionando por sus reclamos sobre toda Tierra del Fuego. Pero el gobernador Osborn sin desanimarse indicó que, en su opinión, la Argentina debía adjudicar Tierra del Fuego a Chile y también otorgar a éste una porción razonable de tierra al norte del estrecho de Magallanes, en la proximidad de punta Dungeness. Con estas concesiones la cuestión limítrofe podía resolverse rápidamente. (10)
   
El 20 de mayo de 1881, y luego de conferenciar con las autoridades oficiales argentinas, llegó la respuesta del general Osborn a su colega. Una vez más, la Argentina insistía sobre la cuestión de la partición de Tierra del Fuego acorde al acuerdo Barros Arana-Irigoyen de 1876. El ministro norteamericano en Buenos Aires sostenía que la línea divisoria que se iniciaba a partir de los 52o de latitud sur en dirección recta a punta Dungeness podía posiblemente tocar aguas en la vecindad de Watering Place en Bahía Posesión, y entonces toda tierra ubicada al norte y este de este punto pertenecería a la Argentina. Sin embargo -argumenta Willett-, si la línea pasaba a través de tierra firme, toda tierra ubicada al sur de dicha línea pertenecía a Chile. Aparentemente, Chile todavía no comprendía la propuesta inicial del general Osborn respecto de una línea fronteriza sur. La Argentina también quería someter a arbitraje la región ubicada al sur de la línea de los 52o de latitud sur hasta los 70o de longitud oeste y al este hasta el cabo Vírgenes, mientras el gobierno de Chile procuraba retener ese territorio dentro de su jurisdicción soberana y compensar monetariamente a su vecino del Cono Sur. Por su parte, el gobierno argentino prefería la intervención de un árbitro que decidiera la propiedad del área en disputa. (11) 
    Al día siguiente, 21 de mayo, el gobernador Osborn envió a su colega en Buenos Aires un telegrama que contenía la reafirmación de los términos de Chile para aceptar el arbitraje, tal como habían sido expresados en el telegrama del día 9. Chile creía que todos los malentendidos respecto del límite entre los dos países, suscitados tanto al norte o como al sur de la línea divisoria, debían ser sometidos al árbitro, el cual también determinaría el monto y el receptor de la compensación. (12) Dos días después, el 23 de mayo, el general Osborn confirmaba los temores de su colega. La Argentina había entendido mal los términos de arbitraje expresados por el gobierno chileno el 9 de mayo. El gobierno argentino había inferido que la región al sur de los 52o de latitud sur era la única área abierta al arbitraje. Al hacerse evidente esta discrepancia de interpretación, las negociaciones comenzaron a destrabarse. (13)  
    El 28 de mayo, el gobernador Osborn daba a conocer el deseo del gobierno chileno de arribar a un entendimiento directo en la cuestión sobre las bases siguientes: el acuerdo Barros Arana-Irigoyen de 1876 dividiría Tierra del Fuego y se establecería una nueva línea divisoria que partía desde punta Dungeness a monte Dinero, pasaba a través de las elevaciones más altas de la cadena montañosa que se extiende al oeste hasta que alcanzaba el monte Aymond y luego llegaba hasta la intersección de los 52o de latitud sur y los 70o de longitud oeste. Desde este punto dicha línea divisoria se dirigía hasta la intersección de los 52o de latitud y las altas cumbres divisorias de los Andes que compondrían la línea separativa de la Argentina y Chile al norte del estrecho de Magallanes. Desde la intersección de los 52o de latitud y las altas cumbres divisorias de aguas de los Andes, una línea que corría hacia el norte a través de estas últimas formaría el límite este-oeste entre la Argentina y Chile. Por su parte, el gobierno chileno aceptaría la neutralización y desmilitarización del estrecho. (14)
   
La Argentina aceptó rápidamente la división chilena de Tierra del Fuego y la desmilitarización y neutralización del estrecho de Magallanes, pero no la línea divisoria de terra firma, al menos no inicialmente. Luego de mucha discusión el general Osborn persuadió a las autoridades argentinas de aceptar la línea divisoria propuesta por Chile. El punto de inflexión en las difíciles negociaciones sobrevino el 3 de junio de 1881, cuando el gobernador Osborn transmitió las seis bases para un acuerdo argentino-chileno formuladas por el ministro de relaciones exteriores del gobierno de Aníbal Pinto, Melquíades Valderrama.

- El primer punto establecía el límite norte-sur hasta los 50o de latitud en los picos más elevados de la Cordillera de los Andes. En el caso de que esta línea provocase dificultades de interpretación, un panel de tres expertos tomaría una decisión final al respecto. 
- El segundo punto fijaba el límite en el área austral de la disputa, al norte del estrecho. Dicho límite consistiría en una línea que comenzaba en punta Dungeness y continuaba por tierra hasta monte Dinero. Luego la línea seguía la elevación más alta de la cadena montañosa entre monte Dinero y monte Aymond, hasta alcanzar la intersección de los 52o de latitud sur y los 70o de longitud oeste. Desde dicha intersección la línea se orientaba de acuerdo con los 52o de latitud sur hasta que este paralelo alcanzaba las altas cumbres divisorias de aguas de los Andes. Todas las tierras ubicadas al norte de esta línea pertenecerían a la Argentina. Las ubicadas al sur, pero no incluidas en el punto número tres, pertenecerían a Chile.
- El tercer punto dividía Tierra del Fuego. Una línea que se iniciaba en Cabo Espíritu Santo (52o 40' de latitud sur) se extendería hacia el sur a lo largo de los 68o 34' de longitud oeste hasta que la línea se topara con el canal de Beagle. La porción occidental de Tierra del Fuego pertenecería a Chile.
- El cuarto punto extendía la autoridad de los expertos mencionados en el punto uno para incluir cualquier desacuerdo originado por la interpretación de los puntos dos y tres.
- El quinto punto neutralizaba el estrecho de Magallanes y lo abría a las banderas de todas las naciones. Además ponía fuera de la ley la construcción de cualquier aparato o dispositivo militar "que pudiese impedir o trabar el libre tránsito a través del canal". 
- El sexto punto establecía las jurisdicciones argentina y chilena sobre todas las tierras determinadas por el acuerdo. Cualquier disputa que emergiera de este último debía ser sometida al juicio o arbitraje de una potencia amiga.
- El séptimo punto, telegrafiado más tarde por el gobernador Osborn, permitía a cada país un lapso de tres años para presentar cualquier título legal que pudiese alterar el acuerdo. En este caso un árbitro podría establecer una compensación monetaria a la parte eventualmente afectada. (15) 

A las veinticuatro horas de recibida la propuesta chilena, el canciller argentino Irigoyen aceptó incondicionalmente el segundo, tercer y cuarto puntos de las bases de acuerdo, pero rechazó completamente el séptimo. Irigoyen aceptó el primer punto, condicionando esta aceptación al agregado de la frase en la segunda oración "que dividan las aguas y pasará por entre las vertientes que se desprendan a un lado y otro". El canciller argentino aceptó el espíritu del punto quinto pero buscó una redacción similar a la acordada respecto del Mar Negro en el Tratado de París de 1856. En la versión de Irigoyen, la quinta base decía: "El estrecho de Magallanes será neutralizado a perpetuidad y asegurada su libre navegación para las banderas de todas las naciones; y estará prohibido levantar en cualquiera de sus costas, fortificaciones o establecimientos militares". (16) 
   
El 9 de junio el ministro de relaciones exteriores chileno Valderrama respondió a su colega argentino Irigoyen. Chile aceptaba el agregado argentino al artículo primero pero rechazaba la redacción de Irigoyen del primer punto, partiendo del supuesto de que el cambio de lenguaje podía alterar la interpretación de dicho punto, para pasar a significar que no sólo el estrecho de Magallanes sería neutralizado sino también todos los territorios chilenos adyacentes. (17)  El 14 de junio, Irigoyen respondió al ministro Valderrama pero sin evidenciar gesto alguno de conciliación. El general Osborn, detectando la negativa de Irigoyen a cambiar su postura, urgió a su contraparte en Santiago a convencer al gobierno chileno para que aceptara la fórmula de Irigoyen. (18)
   
El 25 de junio de 1881, el canciller chileno Valderrama propuso un nuevo quinto punto, que decía lo siguiente: 

El estrecho de Magallanes queda neutralizado a perpetuidad, y  asegurada su libre navegación para las banderas de todas las naciones. En el interés de asegurar esta libertad y neutralidad, no se construirán en las costas fortificaciones ni defensas militares que puedan contrariar ese propósito. (19) 

Al día siguiente, el gobierno argentino aceptó la nueva redacción del artículo quinto propuesta por el ministro Valderrama. (20) 
   
Willett remarca, como resultado positivo de la intervención de la diplomacia norteamericana en las difíciles negociaciones en torno de la cuestión limítrofe argentino-chilena, la presencia de notas de gratitud de carácter diario a las legaciones norteamericanas en Santiago y Buenos Aires. Incluso en el caso de los ciudadanos de Buenos Aires se llegó a organizar una "manifestación de gratitud" para celebrar el aniversario de la independencia de Estados Unidos, y para agasajar a su ministro en Buenos Aires por su exitosa negociación en la prolongada disputa limítrofe con Chile. (21)  También el ministro norteamericano en Santiago recibió el agradecimiento de las autoridades del país trasandino. Así lo dejaba entrever la siguiente nota: "Su nombre está íntimamente conectado con estos tratados internacionales, un tratado que sólo puede producir efectos buenos entre ambas naciones; su residencia aquí será recordada todo el tiempo con sentimientos de la más viva gratitud por parte de Chile". (22) 

  1. D.E. Willett, op. cit., p. 101. Tanto en Francisco Encina como en Vicente Sierra, la fecha de la firma del tratado mencionado en el punto a) es 30 de agosto de 1855, y 30 de abril de 1856 la de la ratificación. Francisco A. Encina, La cuestión de límites entre Chile y la Argentina desde la independencia hasta el tratado de 1881, Santiago, Nascimento, 1959, p. 21; V.D. Sierra, Historia de la Argentina, t. X, Buenos Aires, Editorial Científica Argentina, 1980, p. 319.

  2. General Records of the Department of State (Record Group 59), Diplomatic Despatches from United States Ministers to Argentina, 1817-1906, (M69), reel 20, T.O.O. to Evarts, 4-4-1881, cit. en D.E. Willett, op. cit., p. 102.

  3. Idem nota anterior, cit. en ibid., p. 103.

  4. Ibid., p. 103.

  5. T.O.O. to T.A.O., 30-4-1881; Appendix to the Statement Presented on Behalf of Chile in Reply to the Argentine Report submitted to the Tribunal constituted by H.B. Majesty's Government acting as Arbitrator in pursuant of the Agreement dated April 17, 1896, 2 vols., London, Butler & Tanney, 1902, 207-208, cit. en ibid., p. 106. Chile, Appendix fecha el telegrama de Sarratea el 2 de mayo de 1881.

  6. Ibid., p. 106.

  7. T.A.O to T.O.O, 9-5-1881; Chile, Appendix, op. cit., 210; Robert Dean Talbott, A History of the Chilean Boundaries, Ph.D. dissertation, Urbana, University of Illinois, 1959, p. 145, fuentes citadas en ibid., p. 107. Chile, Appendix fecha este telegrama el 8 de mayo de 1881.

  8. T.O.O. to T.A.O., 18-5-1881; Chile, Appendix, op. cit., 210-212; R. Talbott, op. cit., p. 146, cit. en ibid., p. 108.

  9. Ibid., p. 109.

  10. T.O.O. to T.A.O., 18-5-1881; Chile, Appendix, op. cit., 212; R. Talbott, op. cit., 146, cit. en ibid., p. 110.

  11. T.O.O to T.A.O., 20-5-1881; Chile, Appendix, op.cit., 213-214; R. Talbott,   op. cit., p. 146, cit. en ibid., p. 111.

  12. T.A.O. to T.O.O., 21-5-1881; Chile, Appendix, op. cit., 214-215; R. Talbott,  op. cit., p. 147, cit. en ibid., p. 111. 

  13. T.O.O. to T.A.O., 23-5-1881; Chile, Appendix, op. cit., 215-216; The Boundary Question Between Chile and the Argentine Republic Memorandum on certain capital Points Drawn at the Chilean Boundary Office Annotations to an Argentine Pamphlet published in Liverpool by F.P. Hansen, Valparaíso, Imprenta del Universo de Guillermo Helfmann, 1898, 9-10, fuentes citadas en ibid., p. 111.

  14. T.A.O. to T.O.O., 28-5-1881; Chile, Appendix, op. cit., 216-217. Esta última fuente cita el telegrama mencionado en la nota como si fuese de fecha 27 de mayo de 1881. Fuentes citadas en ibid., p. 112.

  15. T.A.O to T.O.O., 3-6-1881; Chile, Appendix, op. cit., 219-222, cit. en ibid., p. 115.

  16. T.O.O to T.A.O., 6-6-1881; Chile, Appendix, op. cit., 222-225; R.Talbott, op. cit., p. 148, fuentes citadas en ibid., p. 115.

  17. T.A.O. to T.O.O., 11-6-1881; Chile, Appendix, op. cit., 226-229, cit. en ibid., p. 116. Chile, Appendix data este telegrama el 10 de junio de 1881.

  18. T.O.O. to T.A.O., 14-6-1881; Chile, Appendix, op.cit., 229-232; el último fecha el telegrama citado el 15 de julio de 1881. Fuentes citadas en ibid., p. 116.

  19. T.A.O. to T.O.O., 25-7-1881; Chile, Appendix, op. cit., 232-234; R. Talbott,  op. cit., p. 149, cit. en ibid., p. 116.

  20. T.O.O. to T.A.O., 27-7-1881; Chile, Appendix, op. cit., 235; Harold Peterson, Argentina and the United States, 1810-1960, New York, University of New York, University Publisher, 1964, p. 245, fuentes cit. en ibid., p. 116.

  21. Bernardo de Irigoyen, Question des limites entre la République Argentine et le Chili, Buenos Aires, Imprenta de Oswald y Martínez, Buenos Aires, 1881; General Records of the Department of State (Record Group 59) Despatches from United States Consuls in Buenos Aires, Argentina, 1811-1906, (M70), reel 18, E.L. Baker to William Hunter, 29-6-1881, fuentes citadas en ibid., p. 117.

  22. F.R.U.S., 1881, T.A.O. to Blaine, 22-7-1881, 134-135, cit. en ibid., p. 118.

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