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Inmediatamente de firmar el pacto, el presidente Roca sometió el tratado a la consideración del Congreso para su ratificación. La cámara de Diputados giró el asunto a comisión, y el 25 de agosto, ésta por unanimidad recomendó la ratificación. No obstante, iniciada la discusión, la cámara decidió suspenderla porque el presidente Pinto no había enviado el tratado al Congreso chileno y éste había levantado sus sesiones. Luego de una suspensión de diez días, la cámara de Diputados argentina reinició la discusión del tratado. El 27 de septiembre éste fue aprobado por una votación de 46 a 15. La discusión pasó entonces al Senado. (1)
   
Mientras tanto en Santiago de Chile, el ministro norteamericano gobernador Osborn, que tanto había intentado para arribar a un acuerdo en la cuestión limítrofe chileno-argentina, dejó su cargo al general Judson Kilpatrick. Este llegó a la capital trasandina en un momento particular de las relaciones entre Washington y Santiago, pues existían rumores de que el gobierno norteamericano intervendría físicamente a favor de Bolivia y Perú, y este rumor había creado en Chile un sentimiento de paranoia. (2)
   
Durante el lapso en que la cámara de Diputados argentina había suspendido la discusión del tratado con Chile, el gobierno chileno solicitó -y recibió- el 7 de setiembre una prórroga de 30 días para ratificar el acuerdo. Mientras tanto en el Congreso argentino ganaba fuerza la oposición al tratado, incentivada por la suspensión del tratamiento en Chile. Al deteriorarse rápidamente la situación política y diplomática entre Buenos Aires y Santiago, el canciller Irigoyen recurrió una vez más al ministro norteamericano en la capital porteña, general Osborn, a fin de que éste intercediese y clarificase los malentendidos que se estaban nuevamente gestando entre los dos países. (3)
   
Así, el 7 de septiembre de 1881 los dos ministros norteamericanos inauguraron una nueva ronda de comunicaciones telegráficas respecto del tratado limítrofe. Luego de recibir el telegrama de Osborn, Kilpatrick sondeó la posición oficial chilena entrevistándose con el canciller Valderrama. En este encuentro, el ministro pudo comprobar el deseo del gobierno chileno de que el Congreso argentino aprobase el tratado. El canciller Valderrama recordó lo ocurrido con el tratado Fierro-Sarratea, que había sido ratificado enseguida por el Congreso chileno y en cambio rechazado por el argentino. Justificaba la actitud dilatoria de Chile y condicionaba la aceptación oficial del tratado a una ratificación del mismo por parte del Congreso argentino. Este argumento fue el que Kilpatrick transmitió a su colega Osborn en Buenos Aires: una vez que la Argentina aprobara el tratado, el presidente de Chile exigiría al Congreso la consideración del tratado. (4)
   
La respuesta del general Osborn a Kilpatrick consistió en una propuesta: Kilpatrick debía persuadir al gobierno chileno para someter el tratado a consideración del Congreso chileno el día 25 de septiembre (cabe advertir que la prórroga de 30 días otorgada por el gobierno argentino al chileno comenzaba el día 20). Osborn creía que la cámara de Diputados argentina aprobaría entonces el tratado 5 días después de que la cámara baja chilena lo confirmara. (5)  El mismo día que recibió el telegrama de su colega Osborn, Kilpatrick discutió su contenido con el canciller Valderrama, que objetó actuar de acuerdo con la propuesta argentina, pues no deseaba comprometer a la administración entrante con cualquier nueva política que no fuese de su aprobación. (6) 
   
No obstante este traspié, Osborn y Kilpatrick siguieron buscando un acercamiento entre las partes en conflicto. El 2 de octubre de 1881, el ministro norteamericano en Buenos Aires recibió a través del canciller argentino una copia de un despacho transmitido a éste por el ministro uruguayo en Buenos Aires. Según esta curiosa nota, el nuevo gobierno chileno, encabezado por el presidente Domingo Santa María aceptaba el tratado limítrofe del 23 de julio, y el propio presidente prometía enviar el tratado al Congreso tan pronto como en la Argentina se llegara a aprobar el acuerdo. Osborn sugirió entonces al canciller Irigoyen una riesgosa jugada: poner a prueba el grado de sinceridad del gobierno chileno al manifestar su intención de ratificar el tratado. Si el presidente Santa María no enviaba el tratado al Congreso chileno tal como había prometido, el gobierno argentino adoptaría medidas de fuerza. El 7 de octubre, Irigoyen solicitó al Senado argentino la aprobación del tratado. El Senado argentino aprobó el tratado y, conforme a sus propias palabras, el presidente Santa María envió el tratado al Congreso chileno, siendo aprobado por el Senado el 19 de octubre y por la cámara de Diputados el 21. (7)  
   
El 22 de octubre de 1881, los representantes de ambos países del Cono Sur decidieron usar una vez más el telégrafo nacional para intercambiar las ratificaciones del tratado, lo que luego se concretó el 26 en Santiago. Como una suerte de homenaje al rol jugado por los Osborn, los signatarios de ambos países decidieron agregar un protocolo especial al tratado que decía lo siguiente:  

(Los respectivos signatarios) deberíamos expresar, en este acto y en el nombre de sus respectivos gobiernos, el profundo aprecio hacia la benévola asistencia con la que sus Excelencias, los Ministros de Estados Unidos acreditados en la República Argentina y en la de Chile, el mayor general Thomas O. Osborn y Mr. Thomas A. Osborn, contribuyeron a las negociaciones que llevaron al acuerdo definitivo y que ha sido firmado gracias a ellos. (8)  

No obstante la ratificación del tratado por ambos países, la cuestión de la demarcación se dilató porque el gobierno de Chile, comprometido en la guerra del Pacífico, demoró la cuestión hasta la elección de José Manuel Balmaceda como presidente en 1886. Las diferencias de interpretación respecto del tratado y los incidentes limítrofes volvieron entonces a despertar sospechas en los dos gobiernos del Cono Sur. (9) Dichos incidentes tomaron cuerpo como resultado de las operaciones del ejército argentino en los Andes durante el período 1881 a 1883, dirigidas a saldar las últimas resistencias indígenas en el área patagónica.

  1. ADipl. Desp., (M69), reel 22, T.O.O. to Blaine, 8-10-1881, cit. en D.E. Willett, op. cit., pp. 118-119.

  2. Ibid., p. 119.

  3. Ibid., pp. 119-120.

  4. Kilpatrick to T.O.O., 10-10-1881, cit. en ibid. p. 121.

  5. T.O.O. to Kilpatrick, 17-10-1881, cit. en ibid., p. 121.

  6. Kilpatrick to T.O.O., 17-10-1881, cit. en ibid., p. 122.

  7. Buenos Aires Standard, 23-10-1881, cit. en ibid., p. 123.

  8. H. Peterson, op. cit., p. 245, cit. en ibid., p. 124.

  9. Félix Best, Historia de las guerras argentinas: de la Independencia, internacionales, civiles y con el indio, 2 vols., Buenos Aires, Peuser, 1960, II: 396-397; Charles Edmond Akers, A History of South America, London, John Murray, 1930, pp. 53-59, cit. en George Victor Rauch, The Argentine-Chilean Boundary Dispute and the Development of the Argentine Armed Forces: 1870-1902, Ph.D. dissertation, New York University, 1989, p. 104. 

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