Las campañas andinas de 1881-1883
Para
afianzar la incorporación de las tierras, realizada como consecuencia de la
campaña al desierto de 1879, el presidente Roca ordenó una serie de campañas
complementarias que se llevaron a cabo entre 1881 y 1883, y que tuvieron como
fin someter a obediencia a los últimos caciques rebeldes y realizar el
reconocimiento del área andina en la región de las actuales provincias de
Neuquén y Río Negro.
Una
de las expediciones partió de la Boca del Riachuelo en el vapor Villarino
hacia Carmen de Patagones, el 19 de octubre de 1880. Un mes más tarde iniciaba
la marcha desde Patagones hacia Choele-Choel, donde las fuerzas fueron
reorganizadas. La expedición partió en marzo de 1881 hacia la zona
cordillerana, dirigida por el general Conrado Villegas, que tenía a su cargo la
comandancia de la frontera sur. (1) La
expedición encontró vestigios de indios que huyeron hacia la cordillera, y el
1º de abril llegó al lago Nahuel Huapi. Aquí permanecieron sus hombres hasta
el 26, cumpliendo las órdenes del general Villegas de explorar hacia distintos
rumbos, previendo futuras operaciones, ya que la fuerza no estaba preparada para
hacerlo en ese momento y el tiempo tampoco lo permitía. El 26 iniciaron el
regreso por el camino del Collon-Curá, donde encontraron a las fuerzas de la
segunda brigada perteneciente al fuerte Roca, a las órdenes del coronel Lorenzo
Wintter. De allí se apuró la marcha para tener el paso fácil en la
confluencia de los ríos Neuquén, Limay y Negro, antes que la crecida de las
aguas lo imposibilitaran. Aquí llegaron el 24 de mayo y el 11 de junio la
expedición estaba de regreso en Choele-Choel. (2)
El
fuerte general Roca, fundado en el valle del río Negro durante la expedición
de 1879 bloqueaba el paso de los indios araucanos. El camino hacia el fuerte
Roca estaba protegido por el fuerte Primera División, un puesto establecido en
la confluencia de los ríos Neuquén y Limay. El 16 de febrero de 1882 más de
1000 indios atacaron esta pequeña guarnición, pero a pesar de lo reducido de
la dotación los indios fueron rechazados. (3) Decidido el comando general a
poner fin a estas incursiones indígenas, los destacamentos a lo largo de los ríos
Negro y Neuquén fueron organizados en la segunda división del ejército. A su
vez, una tercera división debía patrullar la pampa central, es decir una región
que abarcaba parte de las provincias de Buenos Aires y Córdoba y el área entre
los ríos Colorado y Challeo. (4)
En
la primavera de 1882, la tercera división, compuesta de tres brigadas, efectuó
un rastrillaje de los ríos Neuquén y Limay. La primera brigada, a las órdenes
del coronel Ortega, comenzó las operaciones el 22 de noviembre y llegó a Melun
6 días después. Cuatro destacamentos fueron enviados al pie de los Andes con
órdenes de capturar a los jefes indios Namuncurá, Reque Curan y Purran, pero
éstos lograron eludir a las tropas. El general Conrado Villegas ordenó
entonces a todas las brigadas bajo su mando una tarea profunda de rastrillaje,
aunque bajo ninguna circunstancia debían cruzar la frontera con Chile. Las
operaciones debían comenzar en enero de 1883. (5)
Otra
brigada de la segunda división partió de Choele-Choel el 15 de noviembre de
1882, el 17 llegó al fuerte Roca y el 18 realizó el cruce de los ríos en la
confluencia, donde tanto el mencionado grupo como las fuerzas de la segunda
brigada tuvieron grandes dificultades. (6) El 10 de diciembre el grueso de la
fuerza llegó al río Collon-Curá, y el 20 de diciembre arribaban por segunda
vez al lago Nahuel Huapi. Aquí la expedición encontró a un grupo de indios
chilenos, que dieron la noticia de que otro de los destacamentos había surcado
el Limay y perseguido a Sayhueque. Se inició entonces la construcción del
fuerte Chacabuco sobre el lago y se ordenó a un grupo realizar una entrada
sobre la cordillera de los Andes, regresando éste a mediados de enero de 1883
con algunos indios capturados cerca de la laguna Meliquina. (7)
Otro
grupo a las órdenes del comandante Nicolás Palacios se dirigió al sur del río
Limay. Allí, el 22 de febrero en un paraje denominado Apulé tuvo un encuentro
con 1000 indios de lanza de las tribus de Saihueque, Inacayal y Salputia. Como
la hacienda capturada era mucha y muy pesada para el arreo, el grupo decidió
regresar al fuerte Chacabuco, donde arribaron el 17 de marzo. Villegas dispuso
dejar guarnecido el fuerte con más de 100 hombres y el regreso del resto de las
fuerzas a sus acantonamientos. La ubicación del nuevo puesto de avanzada fue
comunicado al comandante Rosario Suárez quien estaba a cargo del fuerte Junín
en los Andes. (8)
Por
otro lado, el 4 de diciembre de 1882, el coronel Ortega volvía a su base de
Norquin, habiendo despejado un área de 30.000 km2. (9)
La segunda brigada al mando del coronel Godoy había tenido un éxito
semejante, pero se habían producido una serie de encuentros con fuerzas
chilenas cerca del lago Pulmarí. El 16 de enero, un destacamento al mando del
capitán Emilio Crouzeilles, que iba en persecución de una partida grande de
indios, se topó con otro destacamento de soldados uniformados. Estos, que
fueron identificados como chilenos, levantaron la bandera de parlamento, pero
como Crouzeilles y el teniente Lezcano se adelantaran, los últimos fueron
derribados con una ráfaga de fuego. (10)
Otro
incidente tuvo lugar el 16 de febrero. En esta oportunidad, 16 hombres del
segundo regimiento de caballería bajo las órdenes del teniente coronel Díaz
seguían una partida de 100-150 indios. Llegando a Pulmarí, Díaz y sus hombres
fueron rodeados. Doblados en número por los indios, Díaz desplegó a sus
hombres a lo largo de las pequeñas lomas del terreno. Cuando los indios
cargaban contra sus hombres, Díaz reconoció un destacamento del ejército
chileno de unos 40-50 hombres que se aproximaba a su flanco izquierdo con
bandera de parlamento. A pesar de la bandera, los chilenos se pusieron en
formación de ataque, y Díaz dio entonces la orden de tirar. Los chilenos
intentaron tomar las posiciones de los argentinos con una carga de bayonetas
pero fueron rechazados. El ataque de los indios a la vanguardia argentina fue
definido luego por el resto del ejército que llegó en su auxilio. Díaz en su
parte detalló el armamento capturado al enemigo y señaló que un cinturón
llevaba la inscripción "Guardia Nacional". Por su parte Rodríguez,
el oficial que comandaba al grupo chileno, afirmó en su informe que sus
intenciones eran honorables, pero que probablemente los argentinos habían
creído que los chilenos les estaban tendiendo una trampa y abrieron fuego. Como
sus hombres no podían operar sus rifles, Rodríguez había ordenado una carga
de bayonetas, y al no lograr desplazar a los argentinos de sus posiciones,
había ordenado el repliegue. (11)
Godoy
tuvo conocimiento de que los chilenos tenían intención de establecer un puesto
de avanzada cerca del arroyo Lien-Curá. Despachó entonces una pequeña fuerza
con órdenes de aprehender cualquier unidad chilena en territorio argentino. El
coronel Urrutia, comandante del ejército chileno del sur, protestó ante Godoy
por supuestas incursiones de fuerzas argentinas el 13 y 17 de enero. Godoy
contestó que el límite era un poco vago y que sus tropas pudieron cruzar a
Chile accidentalmente. Sin embargo, dichas tropas capturaron una partida chilena
a considerable distancia del límite, lo que era difícil de interpretar como un
simple error. (12)
No
obstante, no se registraron otros accidentes con tropas chilenas. Al concluir
las operaciones de la segunda brigada, el resultado era de 360 guerreros
muertos, 2.100 indios capturados y efectivamente completada la conquista del
desierto. En 1884, el cacique Namuncurá se rendía con el resto de los indios
rebeldes. Los otros jefes, Inacayal y Sayhueque, continuaron realizando
pequeños ataques, hasta que el primero, temiendo la destrucción total de su
tribu, se rindió también en 1885. (13)
Las
autoridades argentinas, para estimular la colonización de la región
patagónica, establecieron guarniciones militares y prefecturas navales como
núcleos poblacionales. Así surgieron los centros de Acha y Victoria en La
Pampa, Pringles, Conesa, Choele-Choel y Junín de los Andes en Neuquén, Trelew
y Madryn en Chubut, Río Gallegos, Santa Cruz y Deseado en Santa Cruz y Ushuaia
en Tierra del Fuego. (14) Además,
la marina argentina mantuvo una flotilla de yates-cruceros operando fuera de la
costa de la región patagónica y en el estrecho de Magallanes, mientras se
establecieron faros y otras formas permanentes de auxilio para facilitar la
navegación. (15) En 1880, el
transportador naval Villarino inauguró un servicio para las costas
sureñas, el llamado Servicio de la Costa Sur, que comenzó a alentar el
desarrollo patagónico cargando pasajeros y mercancías para los
establecimientos costeros no contemplados en las líneas navieras comerciales.
(16) Además, el presupuesto naval
de 1883 autorizó la creación de subprefecturas navales en la isla de los
Estados y en Tierra del Fuego.
En
1884 se organizó la División Expedicionaria del Atlántico Sur, bajo las
órdenes del comodoro Augusto Laserre, que incluía la cañonera Paraná,
el Villarino y otros navíos auxiliares. Esta división alcanzó la isla
de los Estados el 18 de abril de 1884, y Ushuaia el 28 de septiembre del mismo
año. En ambos casos, faros y prefecturas fueron erigidos, completando la
ocupación de facto de la
Patagonia, la cual había sido obtenida de
iure en el tratado de 1881. (17)
Con
la eliminación del indio, la Patagonia fue efectivamente incorporada a la
Argentina y otorgó además la seguridad para la colonización de la zona
pampeana limítrofe. Desde 1876 en adelante, más de 400.000 kilómetros
cuadrados se agregaban a las provincias de la región pampeana para ser
explotados. En pocos años, esta área fue cubierta por kilómetros de vías férreas
que maximizaron su explotación y el establecimiento de numerosos centros de
población. (18)
NOTAS
Las alternativas de la campaña quedaron testimoniadas en un cuaderno del entonces mayor Ponciano Torres, que diariamente asentaba el itinerario y las acciones más relevantes. Torres, que llevaba a su cargo la mitad de un batallón -un grupo de 100 hombres con un arreo de 200 yeguas, 150 mulas y 200 caballos-, describió la dificultad de las marchas debido al transporte de los animales y al terreno escarpado. Nuestro cronista también dejó una descripción minuciosa de los lugares atravesados, mencionando por ejemplo el tamaño de las abras, la altura de las sierras, las grutas naturales, la calidad de los pastos y del agua "que es muy cristalina como en todos los ríos y arroyos de la Patagonia". Asimismo dejó testimonio de la existencia de lugares de invernada utilizados por los indios, como un gran campo al que arribaron el día 28 de "riquísimos pastos" y que permitía deducir que allí debió haber gran cantidad de hacienda vacuna y lanar. En opinión del baqueano que acompañaba la expedición, el lugar era una invernada de los indios de Inacayal. Ponciano Torres, "Cuaderno perteneciente al Teniente Segundo de la Compañía de Cazadores del Batallón 6 de Línea", manuscrito, pp. 32 y 35-36.
Ibid., pp. 37-38.
Lobodon Garra, A sangre y lanza, Buenos Aires, Anaconda, 1969, p. 510, cit. en G.V. Rauch, op. cit., pp. 104-105.
Juan C. Walther, La conquista del desierto, Buenos Aires, Eudeba, 1970, pp. 500-501, cit. en ibid., p. 105.
J.C. Walther, op. cit., pp. 500-501 y 511, cit. en ibid., pp. 105-106.
P. Torres, op. cit., pp. 38-39.
Ibid., pp. 39-40.
Ibid., pp. 40-41.
F. Best, op. cit., II: 399, cit. en G.V. Rauch, op. cit., p. 106.
Ministerio de Guerra y Marina, Campaña de los Andes al Sur de la Patagonia; Partes detallados y diario de la expedición, Buenos Aires, Eudeba, 1978, pp. 18-19; Manuel Prade, La Conquista de la Pampa, Buenos Aires, Hachette, 1960, pp. 157-160, fuentes citadas en ibid., pp. 106-107.
Ministerio de Guerra y Marina, op. cit., pp. 18-19; J.C. Walther, op. cit., p. 512; también telegrama Nº 377, T.O.Osborn to Frelinghusen, 29 de mayo de 1883, U.S. National Archives, Washington D.C., RG 59, cit. en ibid., pp. 106-108.
Oscar Espinosa Moraga, El precio de la paz chileno-argentina, 3 vols., Santiago, Nascimento, 1969, II: 224-230; J.C. Walther, op. cit., pp. 582-583, cit. en ibid., p. 108.
Ibid., pp. 108-109.
Armando Braun Menéndez, El motín de los artilleros, Buenos Aires, Francisco de Aguirre, 1973, p. 296, cit. en ibid., p. 110.
Humberto F. Burzio, Armada nacional: Reseña de su origen y desarrollo orgánico, Departamento de Estudios Históricos Navales, serie B, Nº 1, Buenos Aires, 1968, pp. 218-221, cit. en ibid., p. 110.
Néstor T. Auza, "La navegación de cabotaje en las costas patagónicas: 1865-1880", Revista Histórica, Buenos Aires, vol. IV, Nº 12, 1983, pp. 111-192, cit. en ibid., p. 111.
Ibid., p. 111.
Roberto Cortés Conde, El Progreso argentino 1880-1914, Buenos Aires, Sudamericana, Buenos Aires, 1979, pp. 55-56, cit. en ibid., p. 113.
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