Capítulo 35: La modernización económica en la Argentina durante el período 1861-1881
Como se ha visto, la década posterior a Caseros había
evidenciado la aparición de elementos modernizantes vinculados a la explotación
agrícola, si bien ésta no llegó a eclipsar la importancia del ascendente sector
pecuario y particularmente la del ovino. No obstante, el proceso de expansión agrícola
experimentó un notable aceleramiento a partir de la década de 1860, estimulado tanto por
la demanda externa como por la expansión de ciudades locales. Pero esta expansión
agrícola adoptó características diferentes en el Litoral y en Buenos Aires.
En el caso de la provincia de Santa Fe, el sistema de colonización se
extendió desde el centro hacia el sur mediante venta de tierras al colono. Dicho sistema
originó dos regiones bien diferenciadas: una central, originada en la primera etapa de
asentamientos y caracterizada por la presencia de sectores medios rurales; y una región
ubicada al sur de la provincia, que se incorporó más tarde a la actividad agrícola.
Este proceso fue amparado por diversas leyes, entre las cuales se pueden citar las
correspondientes al 24 de agosto y 1º de septiembre de 1865, y las del 31 de agosto y 7
de septiembre de 1866. La política oficial de fomento al esfuerzo privado se tradujo en 4
colonias en 1864, 18 en 1869, 29 en 1872 (1).
En la región sur la subdivisión de tierras era menor que en el caso
de la región central. Esta diferencia estaba vinculada al aumento del valor de la tierra,
factor a su vez ligado a la construcción del Ferrocarril Central Argentino. Como señala
Cárcano,
El ferrocarril que salía de Rosario comienza a radicar núcleos de población y de cultivos, y a valorar las tierras del sur gracias a la alfalfa y al trigo. La poca movilidad del suelo y su acaparamiento en grandes extensiones por un grupo reducido de propietarios, característica de Córdoba, comienza a sentir las influencias de la nueva corriente del litoral y se acerca con las vías férreas, demandando mayores productos, ofreciendo brazos en abundancia, fomentando negocios ... los precios bases de remates fiscales suben en poco tiempo de 100 a 300 pesos la legua (2).
El aumento del precio de la tierra, la ampliación de la mano de obra
local y extranjera, la ascendente demanda de cereales por parte del mercado internacional
y la modernización de los transportes internos incidieron conjuntamente en el panorama
económico del nuevo Litoral de la década de 1860. Dichos cambios se reflejaron en dos
aspectos: por un lado, llevaron al grupo inicialmente comprometido en la colonización
agrícola a percibir con mayor claridad que en las décadas anteriores la ventaja de
mantener la propiedad de la tierra como fuente de permanente beneficio. Por el otro,
condujeron a otros sectores a participar del negocio vinculado a la tierra pero con un
sentido especulativo, con lo cual el valor de la tierra subió en forma abrupta desde la
década de 1870 en adelante (3).
Más que los antiguos terratenientes o colonos o el más activo y
reciente grupo comercial santafesino, fueron los sectores altos porteños los que
maximizaron este negocio especulativo, amparándose en la solidez financiera de la
provincia de Buenos Aires durante las décadas de 1850 y 1860 y en su creciente poder
político, que los ubicó en situación de privilegio respecto de posibles competidores.
Como producto de la fiebre especulativa en torno a la tierra, el arrendamiento reemplazó
a la venta de parcelas y la explotación extensiva a la diversificación ensayada en las
primeras colonias del Litoral. A su vez el arrendatario también jugó a la especulación
mediante el subarriendo. Como corolario del cambio, la expansión de los sec- tores medios
rurales quedó detenida. Estos últimos hallarían mayores posibilidades de ex- pansión
económica en los centros urbanos vinculados con el proceso de comercialización (4).
Haydée Gorostegui de Torres, La organización nacional, Colección Historia Argentina, volumen 4, Buenos Aires, Paidós, 1972, pp. 95-96.
Miguel Angel Cárcano, Evolución histórica de la propiedad de la tierra pública, Buenos Aires, 1917, p. 292, cit. en ibid., p. 97.
Ibid., pp. 96-97.
Ibid., p. 98.
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