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 Frente al intenso ritmo de la política modernizante en Santa Fe y Buenos Aires en la década de 1860, el resto del país acusó cambios menos espectaculares (1) Entre Ríos y Corrientes se ceñían al mismo esquema productivo de las décadas anteriores: predominio ganadero y escasa actividad agrícola. Incluso el aumento de las extensiones destinadas al vacuno en ambas provincias no obedecía, como en Buenos Aires, a la inquietud de los productores porteños de iniciar alguna diversificación.
    Varios factores explicaban esta actitud conservadora de los hacendados entrerrianos y correntinos. Uno de ellos era la ubicación de las dos provincias, cercana a los centros de consumo brasileño y uruguayo de tasajo o ganado en pie. La importancia de ambos mercados para las economías entrerriana y correntina era tan notoria aun en la década posterior a Caseros, que amenazó la tendencia unificadora en materia económica señalada por Gorostegui de Torres para el período de la historia argentina posterior a 1852. Otro factor consistía en que en Entre Ríos y Santa Fe el tasajo sufrió menos que en el caso de Buenos Aires los efectos de la baja de precios en el sector pecuario, lo cual inhibió posibles intentos de innovar pautas con respecto a dicho sector. Un tercer motivo era que en dichas provincias no se registró un crecimiento urbano que -como en el caso de Buenos Aires- justificara la actividad agrícola como una operación medianamente rentable.
    La relativa independencia de Entre Ríos y Corrientes respecto de Buenos Aires y Santa Fe, debido a la comercialización de buena parte de la producción ganadera de las primeras hacia los mercados externos limítrofes -Brasil y Banda Oriental-, no pudo evitar sin embargo que a partir de la década de 1860 las economías entrerriana y correntina experimentaran algunos cambios significativos, ligados a la creciente influencia de las zonas más dinámicas. Excepto en el rubro de animales en pie y tasajo, donde el comportamiento tradicional se mantuvo, se advierte en otros rubros una clara orientación del intercambio entrerriano y correntino hacia el mercado porteño, centro distribuidor mayoritario de mercaderías importadas y centralizador de las operaciones exportadoras de productos ganaderos no absorbidos por el mercado del tasajo. También Rosario se convirtió en un imán de la producción de la región mesopotámica, que en décadas anteriores y en la primera etapa de la de 1860 se orientaba mayoritariamente a mercados externos.
    Corrientes, por ejemplo, sufrió una sangría de su mano de obra disponible ante las limitaciones de la estructura productiva de la provincia y la irresistible atracción que ejercían Santa Fe, Buenos Aires e incluso Entre Ríos. En el caso entrerriano, condiciones económicas más sólidas que las existentes en Corrientes y una mayor independencia política frente al Estado nacional -reflejado en el particular rol asumido por Urquiza en los días posteriores a Pavón- permitieron contrabalancear el creciente influjo de las zonas más dinámicas del país y a la vez obtener ventajas de su estrecho contacto con ellas. La economía entrerriana mostraba la expansión de las actividades saladeriles orientadas al comercio externo directo y, a la vez, un sostenido crecimiento urbano debido al incremento del mercado interno por el movimiento santafesino.
    La situación en el Interior resultaba diferente de acuerdo a las regiones. En las provincias andinas continuó durante la década de 1860 el ascenso económico iniciado en la anterior, relacionado con la expansión del área del Pacífico. Asimismo, se acentuó durante este período la tendencia hacia la concentración de la tierra como producto de la desposesión de poblaciones ya existentes, junto con las tensiones sociales y políticas derivadas de este fenómeno. El cuadro de situación no varió hasta 1870, fecha que abrió un período en el cual también el Interior comenzó a acusar la influencia del proceso de unificación política combinado con la modernización económica.
    Pero fenómenos tales como la litoralización del sur de Córdoba y la construcción del ferrocarril que unió la capital cordobesa con el puerto de Rosario impactaron en forma decisiva sobre el destino de las economías andinas, cuya producción estaba orientada al mercado chileno. La reorientación de las economías andinas hacia el Atlántico como consecuencia del tendido del Ferrocarril Central Argentino, si bien incorporó dichas economías a un mercado nacional unificado -factor clave para poder hablar de un Estado nacional argentino en este período-, a su vez cercenó a estas provincias andinas la salida chilena.
    Así, los sectores medios urbanos de estas provincias andinas, cuyo crecimiento estaba íntimamente vinculado a las operaciones comerciales reactivadas por la demanda de los mercados chileno y del área del Pacífico, pasaron a depender a partir de la década de 1870 cada vez más del presupuesto nacional y del Estado nacional como fuente de ingresos, a través de la incorporación de estos sectores al aparato burocrático estatal. Por cierto, esta última tendencia era un síntoma inequívoco del avance del proceso de centralización política, que desembocó en la pérdida de autonomía de las provincias del Interior bajo las presidencias de Sarmiento y Avellaneda.
    En el caso particular de Córdoba, el tendido del Central Argentino generó un estimulante efecto en la estructura económica provincial: convirtió a Córdoba en núcleo centralizador de las actividades del Interior destinadas a Buenos Aires y viceversa, y además dicho ferrocarril sirvió para colonizar áreas de la provincia antes improductivas, valorizar estas tierras y hacerlas atractivas para el inversor porteño o santafesino (2). La llegada del Central Argentino a Córdoba otorgó además al gobierno nacional una buena ocasión para demostrar a los por momentos díscolos gobiernos provinciales del Interior que "una nueva era de industria y prosperidad estaba en sus manos". Incluso en 1871 el gobierno de Sarmiento organizó una Exposición Nacional en Córdoba de productos argentinos y extranjeros, con el objetivo de demostrar que la llegada del Central Argentino representaba "el fantástico triunfo tecnológico y científico sobre la pampa salvaje y desolada" (3).
    El tendido del Central Argentino no hizo más que consolidar una tendencia de expansión de la industria lanera en las tierras comprendidas por el trayecto Rosario-Córdoba, particularmente impulsada hacia fines de la década de 1850 y principios de la de 1860 debido a la apertura de un servicio de correos entre Córdoba y Rosario. Produjo además el poblamiento de las tierras comprendidas entre las dos localidades, donde la gente comenzó a moverse primero estimulada por la actividad lanera en expansión, segundo como respuesta a las mejores comunicaciones y seguridad ofrecidas por el servicio postal, y tercero como anticipación de la proyectada línea férrea. Este patrón de crecimiento se repitió en todas las áreas atravesadas por el mencionado ferrocarril (4).

  1. Véase H. Gorostegui de Torres, op. cit., pp. 102-116.

  2. Respecto de los efectos económicos del Ferrocarril Central Argentino véase el artículo de Paul B. Goodwin Jr., "The Central Argentine Railway and the Economic Development of Argentina, 1854-1881", Hispanic American Historical Review, vol. 57, Nº 4, Duke University Press, 1977, pp. 613-632.

  3. Boletín de la Exposición Nacional de Córdoba, 4 vols., Buenos Aires, 1869-1872, 1: 1 (1869), 9, cit. en ibid., p. 629.

  4. Ibid., pp. 626-627.

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