La primera fase de las inversiones británicas se extendió, según
Ferns, desde 1862 a 1875. (1) Este ciclo estuvo acompañado de auspiciosos signos
económicos y políticos: ya durante la década anterior, al auge de la demanda de lana en
Europa y a los comienzos de la colonización agrícola se sumaron los positivos efectos de
la renegociación del empréstito Baring de 1824 por parte de la provincia de Buenos
Aires. A estos factores estimulantes de la inversión extranjera se agregaron durante la
década de 1860 la reunificación del país bajo el gobierno de Mitre, y su disposición
favorable a la inversión extranjera, explicitada a través de las garantías ferroviarias
y su compromiso de escrupuloso pago de los intereses correspondientes a créditos en el
exterior (2).
Ferns señala que la llegada de Mitre al gobierno nacional constituyó
un punto de inflexión en las vinculaciones entre la Argentina y Gran Bretaña. A partir
de ese momento (1862), el carácter de la historia de las relaciones angloargentinas
cambió, pues los ferrocarriles, el comercio y las inversiones reemplazaron los
pronunciamientos de caudillos y los gritos de soldados revolucionarios llamando a los
gauchos a la lucha. En materia de política comercial, Mitre puso en práctica el libre
comercio legalmente establecido por la constitución de 1853, estimulando la admisión
dentro de la comunidad argentina de hombres y bienes provenientes de estados extranjeros
en los términos más liberales posibles y compatibles con la recaudación de rentas
mediante un sistema de impuestos indirectos (3).
Como ya se dijo, el Estado, al no poseer capital propio como para
convertirse él mismo en agente inversor, fue un importante agente intermediario durante
la primera fase de las inversiones británicas. Fue responsable del capital y los
intereses de los empréstitos británicos hechos al Estado. Estos alcanzaron en 1875 un
monto de 12.970.000 libras esterlinas, o sea, el 56,2% del total de las inversiones
británicas en la Argentina, que eran de 23.060.000 libras. Es decir que, de acuerdo con
este rol de agente intermediario del Estado, y siguiendo las palabras de Ferns
una proporción que se acercaba al 80% de las inversiones hechas por capitalistas británicos, o a través del mercado financiero de Londres, dependía directa o indirectamente, en esta fase primera, de la capacidad y voluntad que tuvieran las autoridades argentinas de recaudar impuestos con una mano y transferir con la otra una proporción apropiada de las rentas públicas a los inversores privados (4).
Ferns basa su estimación en la que contemporáneamente hizo al respecto M.G. Mulhall, el propietario del periódico Buenos Aires Standard, pero éste agregaba en la misma la inversión en tierras y en otras compañías comerciales que Ferns no incluye. Según Mulhall, en 1875 los intereses británicos controlaban un capital de más de 27 millones de libras esterlinas en la Argentina, distribuidos de la siguiente manera (cuadro 11) (5):
|
CUADRO 11 |
|
| Cartera de inversiones | |
| Préstamos gubernamentales en Londres | 12.970.100 |
| Compañías de capital compartido | 10.219.750 |
| Bancos de Londres y Mercantil | 1.600.000 |
| Ferrocarriles | 6.609.750 |
| Cía. de Tranvías de Buenos Aires | 800.000 |
| Cía. de Telégrafo del Río de la Plata | 150.000 |
| Gas Mutual de Buenos Aires | 200.000 |
| Fábrica de Carne Liebig y Bolicua | 560.000 |
| Minas de San Juan | 200.000 |
| Inversiones directas | 4.000.000 |
| 1.000 granjas de ovejas de irlandeses | 2.000.000 |
| 100 granjas de ovejas de escoceses | 500.000 |
| 100 firmas comerciales | 1.500.000 |
| 27.089.850 | |
| Fuente: M.G. Mulhall, The English in South America, Buenos Aires, 1878, p. 529. | |
El cuadro siguiente (cuadro 12) es otra estimación de las inversiones británicas en la Argentina (6). Para 1875 -compararable con la estimación de Mulhall- el cálculo de Stone es un poco menor.
|
CUADRO 12 |
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| 1865 | 1875 | 1885 | 1895 | 1905 | |
| Inversiones totales | 2,7 | 22,6 | 46,0 | 190,9 | 253,6 |
| Inversiones directas | 0,5 | 6,1 | 19,3 | 97,0 | 150,4 |
| Inversiones en títulos | 2,2 | 16,5 | 26,7 | 93,9 | 103,4 |
| Préstamos al gobierno | 2,2 | 16,5 | 26,7 | 90,6 | 101,4 |
| Seguros a corporaciones | 3,4 | 2,2 | |||
| Fuente: Irving Stone, "British direct and portfolio investments in Latin America before 1914", Journal of Economic History, Vol. 37, September 1977, 706. | |||||
Bajo el gobierno de Mitre se aprobaron una serie de leyes que, mediante
la acción y garantía del Estado, procuraron estimular la inversión extranjera como
medio de desarrollar económicamente al país. La ley del 5 de septiembre de 1862
garantizó a todos aquellos que invirtieran dinero en la construcción del ferrocarril de
Rosario a Córdoba un dividendo del 7% sobre un capital de 6400 libras esterlinas por
milla. Además dicha ley suministraba la tierra necesaria para la construcción de las
líneas, estaciones, depósitos, etc.; acordaba liberales exenciones de impuestos y
garantizaba el no congelamiento de precios. Las autoridades tuvieron un criterio similar
respecto de la construcción de una línea de ferrocarril de Buenos Aires a Chascomús,
ofreciendo beneficios tales como tierras, exenciones de impuestos y garantías contra el
congelamiento de precios (7).
En el período de 1861 a 1865 se organizaron diversas sociedades
anónimas, creadas por empresarios británicos con capitales británicos, que básicamente
se orientaron a los ferrocarriles, esenciales para el crecimiento económico del mercado
argentino, y a la banca, sector vital dado que el gobierno argentino necesitaba del aporte
de capitales extranjeros. Hacia la década de 1870 se diversificaron las inversiones
extranjeras y entre ellas las británicas, convirtiéndose en los principales sectores de
inversión las fábricas, los bancos y los servicios públicos (8).
En 1870, el cónsul británico Frank Parish comentaba que actividades
tales como ferrocarriles, tranvías, correos de barcos de vapor, líneas telegráficas,
bancos, compañías de seguros, compañías de gas y proyectos de colonización estaban
creciendo rápidamente en la Argentina. Asimismo, otros proyectos de trabajos públicos
-los vinculados al puerto y a las mejoras sanitarias- estaban en la etapa de
planificación. La mayoría de estos trabajos eran financiados con capital británico, sea
en forma directa a través de joint-stock companies o indirectamente por medio de
empréstitos del gobierno respaldados por la Bolsa de Valores de Londres. La deuda
argentina en manos de británicos llegaba a 12.000.000 de libras esterlinas en 1872 (9).
Cabe aclarar que los años transcurridos entre 1868 y 1873 fueron los
correspondientes al período de boom económico del Reino Unido. Toda la era
victoriana fue una etapa de exportaciones notables de capital, especialmente en la década
de 1850 y en los principios de la de 1870. Fue un período de inversiones extensivas,
construcción de ferrocarriles y de apertura de nuevos territorios (10), uno de los cuales
fue precisamente la Argentina.
En síntesis, las inversiones extranjeras del ciclo 1862-1875 fueron de
origen mayoritariamente británico. Comenzaron con la construcción de los primeros
ferrocarriles entre 1862 y 1865, y culminaron con el auge de los empréstitos nacionales y
provinciales de 1870-74. Esta corriente de inversiones se interrumpió a raíz de la
crisis de 1873, que generó a nivel mundial serios contratiempos en los mercados
financieros europeos y una depresión del comercio internacional, provocando en la
economía argentina una grave crisis de las finanzas públicas que obligó a las
autoridades a devaluar la moneda. Esta crisis logró ser revertida tras un doloroso
proceso de ajuste que ocupó la segunda mitad de la década de 1870 (11).
H.S. Ferns, Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX, Buenos Aires, Solar-Hachette, 1968, p. 329.
Ver al respecto Andrés Martín Regalsky, Las inversiones extranjeras en la Argentina (1860-1914), Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1986, pp. 13-14.
H.S. Ferns, op. cit., pp. 325-328.
Ibid., p. 329.
Cuadro de inversiones británicas en la Argentina en 1875 en Vera Blinn Reber, British Mercantile Houses in Buenos Aires, 1810-1880, Ph.D. dissertation, University of Wisconsin, 1972, Apéndice I, tabla 34, p. 324.
Cuadro citado en George Victor Rauch, The Argentine-Chilean boundary dispute and the development of the Argentine armed forces: 1870-1902, Ph.D. dissertation, New York University, 1989, p. 141.
H.S. Ferns, op. cit., pp. 327-328.
Leslie Bethell, (edit.), Historia de América Latina, volumen 6: América Latina independiente 1820-1870, Barcelona, Crítica, 1991, p. 299.
Parish to Granville, Apr. 13, 1872, SP 1872, LXI, 290-291, cit. en A.E. O'Quinn, op. cit., p. 116.
Walt Whitman Rostow, British Economy of the Nineteenth Century, Oxford, Clarendon Press, 1948, 20-23, cit. en ibid., p. 117.
M.A. Regalsky, op. cit., p. 14.
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