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Los tranvías a caballo requirieron relativamente menos inversión de capital que los ferrocarriles, pero sus beneficios no fueron tan acusados como en el caso de los últimos. Esta alternativa de inversión colapsó con la crisis de 1890. Durante la década de 1860, funcionaron líneas de tranvías por el centro de la ciudad de Buenos Aires, pero como ramales complementarios de líneas ferroviarias. Su finalidad fue la de ofrecer un medio de acceso a las estaciones de ferrocarril. Recién en 1870 se construyó una compañía de tranvías que tuvo por único objetivo el de prestar un servicio de transporte en Buenos Aires. Fue proyectada por hombres de negocios británicos, su iniciador fue George Drabble, y se denominó la Compañía de Tranvías de la Ciudad de Buenos Aires (The City of Buenos Aires Tramway Co.). (1)
    El capital de la compañía creció en forma constante hasta que llegó en 1874 a 450.000 libras y a otorgar dividendos del 12%. El único obstáculo que la firma tuvo fue la existencia de una ordenanza municipal que establecía que cada tranvía debía ir precedido de un hombre montado a caballo con una trompeta, requisito que hacía subir los costos del servicio en un 20%. Pero esta ordenanza fue derogada en 1873. Para 1878, Mulhall comentaba que

Buenos Aires cuenta con 80 millas de tranvías, mayormente de propiedad de compañías de Londres; llevan anualmente 15 millones de pasajeros, y representan una inversión total de 1 millón de esterlinas. La principal línea es la que maneja Mr. Ford, para la City of Buenos Aires Tramway Co., de Londres" (2).

Existió además otra compañía de tranvías británica, la Compañía Nacional de Tranvías de Buenos Aires, que comenzó con un capital de 138.000 libras. Este fue invertido en vehículos, vías, caballos, y tierras para la provisión de forraje para su fuerza motriz. Pero a diferencia de la compañía rival que compraba caballos y forrajes en el mercado por ser más económico, la Compañía Nacional tenía invertido demasiado capital en tierras para sus caballos y no tenía suficientes vehículos. Por ello, la última decidió vender algunas de sus líneas a la Compañía de Tranvías de la Ciudad de Buenos Aires para comprar más coches. Pero se produjo una controversia entre los accionistas y los directores, y en 1877 la compañía abandonó su propiedad y franquicias a una firma argentina, que no consiguió sacar adelante la empresa. Se formó entonces una nueva compañía británica que se hizo cargo de las propiedades aunque provocando una pérdida sustancial a los primitivos accionistas (3).

  1. H.S. Ferns, op. cit., p. 357.

  2. Ibid., pp. 357-358; M.G. Mulhall, The English..., op. cit., pp. 496-498, cit. en A.M. Regalsky, op. cit., p. 60.

  3. H.S. Ferns, op. cit., p. 358. Acerca de la posterior evolución de la Compañía de Tranvías Anglo-Argentina Ltda. de Buenos Aires consultar el artículo de Raúl García Heras, "Capitales extranjeros, poder político y transporte urbano de pasajeros: La Compañía de Tranvías Anglo Argentina Ltda. de Buenos Aires, Argentina, 1930-1943", en Desarrollo Económico, vol. 32, Nº 125, abril-junio de 1992, pp. 35-56.

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