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Durante la década de 1860, los bancos comerciales fueron un sector de inversión donde los capitalistas británicos tuvieron éxito. Vale recordar que después que el Banco Nacional cerrara sus puertas en 1836, los servicios bancarios, fuera de los ofrecidos en forma privada por las casas mercantiles, dejaron de existir en la Argentina. Como la Casa de Moneda del gobierno argentino emitía dinero, pero no prestaba a hombres de negocios, ni descontaba documentos ni recibía depósitos, las propias operaciones de préstamos del gobierno argentino se realizaban en realidad por medio de hombres de negocios privados, muchos de ellos británicos. En opinión de Reber, no constituyó más que un paso adelante para las casas importadoras-exportadoras británicas llegar a fundar bancos, sobre todo cuando los comerciantes británicos ya manejaban las transacciones de ultramar de los bancos argentinos. Con la protección ofrecida por la ley británica de 1862, que regulaba las compañías por acciones, fueron abiertos bancos británicos a lo largo de toda Sudamérica. (1) 
   
Entre las inversiones británicas en bancos, se destacó el Banco de Londres y Río de la Plata, cuyo presidente fue G.W. Drabble, miembro del directorio de varias compañías ferroviarias y un pionero en el negocio de la carne congelada y enfriada. Su director residente fue Norberto de la Riestra, ex ministro de hacienda de la provincia de Buenos Aires y accionista.
    El Banco de Londres y Río de la Plata fue fundado en 1862 y tuvo éxito. En 1865 sus dividendos alcanzaron el 15%. Abrió sucursales en Montevideo, Rosario y Córdoba. Su fuerte posición en divisas y su acceso al redescuento de Londres le permitieron seleccionar su clientela entre las casas importadoras y exportadoras más grandes y adquirir un sólido prestigio. Los directores del Banco de Londres y Río de la Plata fueron hombres de negocios y comerciantes que conocían muy bien la realidad rioplatense: evitaron invertir sus haberes en títulos y acciones de largo plazo o en bienes raíces, privilegiando la norma de invertir en documentos y créditos asegurados. Esta política aseguró un alto porcentaje de liquidez. Incluso los directores del banco despidieron al gerente de Buenos Aires en 1870 por haber realizado varias operaciones inconvenientes. (2) La posición predominante del Banco de Londres y Río de la Plata y su selectiva política de créditos constituyeron una fuente de tensión durante la crisis de 1873-1876, particularmente grave en la localidad de Rosario, donde la rivalidad entre este banco líder y el Banco Provincial se canalizó incluso en un enfrentamiento con las autoridades provinciales. (3)
   
Según Reber, el Banco de Londres y Río de la Plata fue dominado desde el principio por inversores residentes en Inglaterra. Sus accionistas originales, con la excepción del comerciante importador-exportador John Rivolta, fueron todos hombres de Londres. Si bien este banco supo auxiliar a comerciantes y al propio gobierno argentino otorgándole préstamos y participando de algún empréstito, en líneas generales sus servicios resultaron más útiles para los hombres de negocios del Reino Unido que comerciaban con los países sudamericanos, que para los comerciantes localizados en Buenos Aires. (4) Hacia 1875 la junta de directores reforzó su control contra el crédito fácil prevaleciente en Buenos Aires, que había caracterizado de manera casi crónica los años de la independencia y del rosismo. (5)
   
También operaban en la región del Río de la Plata bancos mercantiles que  otorgaban créditos a las casas importadoras-exportadoras. Estos bancos preferían los créditos vinculados con las mercaderías manejadas por ellos mismos. En el caso de Baring Brothers, este banco mercantil rara vez autorizaba créditos inseguros y evitaba otorgar adelantos a cualquier casa comercial que tuviese más de una cuenta en Londres. Tomando estos y otros recaudos, el banco evitaba arriesgar su capital en las especulaciones de muchos de los comerciantes de Buenos Aires. Pero las estipulaciones crediticias de la casa Baring llevaron a que pocas casas comerciales de Buenos Aires solicitaran o recibieran créditos en esa forma. (6)
   
A diferencia del Banco de Londres y Río de la Plata, el Banco Mercantil del Río de la Plata tuvo una trayectoria mediocre. Fundado en 1872, sucumbió al poco tiempo bajo los efectos de la crisis de 1873-1876. Los inversores iniciales fueron la Banque de Paris et des Pays-bas, la London Banking Association, el barón Louis d'Erlanger, Henry Oppenheim, William Ashworth -hombre de negocios de Manchester-, Edward Lumb y dos Wanklyn, entre otros. La firma se fundó para promover los negocios de la compañía de los últimos que operaba en Buenos Aires y Montevideo. A pesar del gran capital -más de 1 millón de libras-, de las relaciones locales y de un cuerpo de fundadores de gran experiencia, el banco no prosperó. El hecho de que la conducción del banco fuera dejada en manos de comerciantes locales (Wanklyn, De la Riestra, Lezica, Samuel B. Hale), que orientaron el crédito hacia negocios propios y operaciones de alto riesgo, contribuyó en gran medida a la bancarrota de la entidad bancaria. (7) Por cierto, la inversión en los bancos, como en los ferrocarriles, generó ejemplos de buena y mala administración, tanto en los casos de firmas nacionales como extranjeras. (8)

  1. AMB/Archivo 1322, Dickson and Co. to Casa de Moneda, 7 Feb. 1857 to 8 Jan. 1858; Archivo 917, London 13 Sept. 1843 Perkins Bacon & Petch to D. Weller, Liverpool; David Joslin, A Century of Banking in Latin America, London, Oxford University Press, 1963, p. 16, cit. en V.B. Reber, op. cit., p. 239.

  2. Sobre el Banco de Londres y Río de la Plata ver H.S. Ferns, op. cit., pp. 360-362, y A.M. Regalsky, op. cit., p. 42.

  3. Los problemas originados entre el Banco del Río de la Plata y el Banco Provincial en Rosario se pueden ver en H.S. Ferns, op. cit., pp. 382-386, y A.M. Regalsky, op. cit., p. 43.

  4. V.B. Reber, op. cit., p. 240.

  5. Ibid., p. 77.

  6. R.W. Hidy, House of Baring Brothers in American Trade and Finance: English Merchant Bankers at Work, 1763-1861, Cambridge, Massachusetts, Harvard University Press, 1949, cit. en ibid., p. 78-79.

  7. Sobre el Banco Mercantil del Río de la Plata ver H.S. Ferns, op. cit., pp. 362-363, y A.M. Regalsky, op. cit., pp. 42-43.

  8. Vale señalar este argumento, que rompe con un tradicional mito de la historia argentina respecto de que los ferrocarriles o los bancos británicos dieron ganancia mientras que los nacionales dieron pérdida. Esta es una generalización temeraria. Hemos visto en el caso del ferrocarril Central Argentino un caso de problemas y mala administración, opuesto al del ferrocarril Gran Sur.

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