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Este canal de inversión británico creció especialmente en el momento que los proyectos de colonización agrícola entraron en dificultades, es decir, en la década de 1870. Pero hasta 1875 la cantidad de cédulas emitidas fue pequeña y por ello no resulta correcto describir a este tipo de título como un canal de inversión británico a la actividad ganadera y la construcción urbana en la Argentina.
   
En 1872 el gobierno de la provincia de Buenos Aires organizó el Banco Hipotecario provincial, que estaba autorizado a prestar dinero hasta la mitad del valor de la tierra ofrecida como garantía. Pero el Banco implementó un complicado sistema de préstamos por el cual no prestaba directamente dinero sino que entregaba al prestatario cédulas, donde quedaba establecido que el Banco se comprometía a pagar los intereses y el capital establecidos en ellas. El Banco era deudor de los poseedores de cédulas y a su vez acreedor de las personas que daban en prenda su propiedad a cambio de las cédulas. El prestatario después de haber recibido las cédulas las vendía en el mercado libre y lo que obtenía de la venta constituía el monto del préstamo obtenido. A la vez tenía la obligación de pagar al banco el capital y los intereses establecidos en su acuerdo con él. Este tipo de título se prestó al abuso, a la especulación en tierras (para ofrecer como fianza de más deudas) y a la inflación. Al poder asegurarse con cualquier tipo de bienes raíces y una vez puestas en circulación un gran número de cédulas, las ventas de un papel moneda sujeto a la inflación generaron grandes beneficios a las clases prestatarias rurales. Las cédulas también fueron hacia los mercados financieros del exterior, aunque no aparecieron en el mercado inglés hasta 1875. (1)
   
Las inversiones británicas en cédulas hipotecarias fueron especialmente relevantes a partir de 1875, en consonancia con la ampliación de la red ferroviaria, el fracaso de muchos proyectos de colonización agrícola en el Litoral durante la década de 1870, y la expansión de la frontera tras la Conquista del Desierto en 1879, factores que dieron a los inversores británicos la oportunidad de invertir en tierras que se valorizaban en forma permanente. La primera firma británica que intervino con cédulas hipotecarias fue la River Plate Trust Loan & Agency, fundada en 1881 para liquidar los activos del Banco Mercantil, fundido con la crisis de 1873-1876. Pero sus créditos se dirigieron a un sector muy restringido de terratenientes-exportadores, pues era el único capaz de garantizar la devolución de los préstamos en oro en una época de rápida desvalorización del papel moneda. También ingresaron a invertir en este canal de créditos hipotecarios capitales franceses y belgas, bajo la forma de inversiones indirectas. Los franceses proporcionaron fondos al Crédito Territorial y Agrícola de Santa Fe, controlado por un grupo local. Los belgas se dirigieron hacia las cédulas del Banco Hipotecario de la Provincia de Buenos Aires. (2)
   
Los comerciantes angloargentinos también invirtieron en tierras, actividad sumamente lucrativa sobre todo en aquellas áreas que se habían visto valorizadas por la cercanía a Buenos Aires, por su condición de áreas productoras, o por estar unidas por el ferrocarril a la ciudad-puerto. En general lo hicieron en tres distintos tipos de propiedades: pequeñas extensiones con casas en la ciudad de Buenos Aires, grandes estancias para la cría de ovejas u otro ganado, (3) y edificios para sus oficinas o residencias particulares. En 1875 Thomas Armstrong, por ejemplo, era propietario de 36 casas residenciales en el centro de Buenos Aires. Pero en general los comerciantes británicos preferían invertir en las provincias cuyas tierras ofreciesen productos exportables. (4)
   
En el período entre 1856 y 1876, se establecieron 39 colonias agrícolas. Entre 1877 y 1884 la tendencia continuó en alza, promoviéndose otras 39 colonias. Entre 1873 y 1881, la riqueza de estas colonias triplicó su valor original. No obstante, la participación británica en estos proyectos de colonización fue mínima frente a los colonos de otras nacionalidades, tales como italianos, suizos, franceses o alemanes. De las 78 colonias fundadas entre 1856 y 1884, sólo 1 fue establecida por una compañía británica. El alto riesgo y los pequeños beneficios que arrojaba esta actividad, en comparación con otras, probablemente jugó un papel clave para que la inversión británica en proyectos de colonización agrícola no fuese tan importante como la inversión en otros rubros. (5)  
   
Los comerciantes británicos prefirieron la inversión en todas aquellas áreas que tuvieran relación con la producción exportable, es decir su producción propiamente dicha, su transporte, financiación y seguro: campos, ferrocarriles y barcos, bancos y seguros. Las inversiones fueron mucho menores en las industrias que competían con las importaciones y en los servicios públicos que no tenían vinculación con el comercio. (6) A la vez, los comerciantes británicos en la Argentina tenían un comportamiento de inversión diferente al de sus contrapartes en Londres. Eran menos proclives a invertir en ferrocarriles -entre otras causas porque no disponían de tanto capital y aspiraban a ganancias rápidas- y preferían invertir en la cría de ovejas que les otorgaba el 100% en un término de 3 años. (7)
   
Seguramente, los sustantivos cambios que se operaron en la economía argentina durante las décadas de 1870 y 1880 llevaron a los comerciantes británicos en la Argentina a invertir con mayor ánimo en rubros como ferrocarriles -en la medida en que éstos transportaban las lucrativas exportaciones de trigo- y proyectos de colonización -como un suplemento útil del comercio de exportación-. (8)

  1. Consultar para el tema de las cédulas hipotecarias H.S. Ferns, op. cit., pp. 370-372.

  2. Ibid.; A. Regalsky, op. cit., pp. 43-44.

  3. Provincia de Buenos Aires, Departamento Topográfico, Registro Gráfico de los Terrenos de Propiedad pública y particular de la Provincia de Buenos Aires, Sept. 1830; Provincia de Buenos Aires, Departamento Topográfico, Registro Gráfico, Mapa de Terrenos de Propiedad de la Provincia de Buenos Aires, 1865, cit. en V.B. Reber, op. cit., p. 260.

  4. AGN/TS, Thomas Armstrong, Nº 3679, cit. en ibid., p. 261.

  5. M.G. Mulhall, The Handbook of the River Plate Republic, Buenos Aires, Standard Printing Office, 1869, pp. 25-33; Ibid., 1885, pp. 33-52; The Brazil and River Plate Mail, Nov. 23, 1875, p. 1; Oct. 8, 1874, p. 4, cit. en ibid., p. 263. 

  6. Ibid., p. 269.

  7. Wilfrid Latham, The States of the River Plate, their Industries and Commerce, London, Longman, Green & Co., 1866, pp. 177-185, cit. en ibid., p. 270.

  8. Ibid., p. 272.

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