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A fines de la década de 1880, la aguda tensión en las relaciones argentino-chilenas se debió, según Robert Burr, a tres circunstancias: a) el fracaso de ambos países en las tareas de demarcación de límites, tal como estaba estipulado por el tratado de 1881; b) el ambiguo contenido de dicho tratado, y c) el creciente interés del gobierno argentino en ganar el control de áreas como la del extremo sur, donde las jurisdicciones no estaban aún establecidas. La última circunstancia fue una consecuencia directa del crecimiento económico argentino, particularmente relevante desde fines de la década de 1880 (1).
    Con el fin de subsanar la ya mencionada ambigüedad del artículo 1º del tratado de 1881, que señala como coincidentes dos criterios dispares de demarcación -altas cumbres y divisoria de aguas-, el canciller chileno Isidoro Errázuriz y el plenipotenciario argentino Norberto Quirno Costa firmaron el 1º de mayo de 1893 un Protocolo adicional y aclaratorio del Tratado de 1881 (2).
    El protocolo de 1893 implicó concesiones de ambas partes. Se refirió a la disputa limítrofe en el continente, y aclaró detalles sobre la frontera en Tierra del Fuego, pero omitió referencias respecto de las islas al sur de Tierra del Fuego, objeto de litigio recién desde 1904 en adelante. Entre 1881 y 1904, la mayoría de las fuentes aceptaban las islas Picton, Nueva y Lennox como chilenas, muy pocas las citaban como argentinas y algunas evidenciaban una curiosa ambigüedad. Recién a partir de 1904, el gobierno argentino cambió de opinión respecto de las islas, estimulado por los resultados de las investigaciones llevadas a cabo por el capitán Sáenz Valiente, quien demostró que el cauce más profundo del canal de Beagle tuerce hacia el sur entre las islas Picton y Navarino, dejando al descubierto las imprecisiones geográficas del tratado de 1881 respecto del área insular. Sáenz Valiente halló que la isla Picton no está al sur del canal de Beagle sino al este y que las islas Nueva y Lennox están fuera del alcance referencial de dicho canal. Como resultado de este descubrimiento geográfico, muy posterior tanto al tratado de 1881, como al protocolo de 1893, el gobierno argentino procuró extrapolar al área insular el "principio bioceánico" establecido en el texto del protocolo para el área continental (3).
    El protocolo de 1893 no logró su objetivo de superar las ambigüedades e interpretaciones divergentes a que daba lugar el tratado de 1881. Luego de su firma, nuevamente se enfrentaron la óptica argentina de las "altas cumbres" con la chilena del "divortium aquarum". Según el punto de vista argentino, este protocolo de 1893 introdujo como criterio de demarcación "el encadenamiento principal de los Andes", ya que de otro modo resultaba imposible comprender el contenido de su artículo 1º, que disponía que serían argentinas "todas las tierras y todas las aguas, a saber: lagos, lagunas, ríos y partes de ríos, arroyos, vertientes que se hallen al oriente de las más elevadas cumbres de la Cordillera de los Andes, que dividan las aguas".
    El enfoque chileno, explicitado en un libro de Gonzalo Bulnes escrito en 1898, sostuvo que el término "encadenamiento principal de los Andes" del protocolo de 1893 tiene el significado de "línea divisoria de aguas". Dupouy Grez comenta, en base al libro de Bulnes, que la interpretación argentina no concibe

(...) que se haya previsto el caso de que puedan quedar partes de ríos en el dominio territorial de cualquiera de los dos países, si el deslinde hubiera de trazarse por el divortium aquarum, entre las vertientes que sirven de origen a los ríos. Esta línea (divortium aquarum) exige como condición característica el correr siempre por tierra firme, entre las vertientes de las aguas (4).

De acuerdo con la óptica chilena:

(...) El Protocolo de 1893 es la confirmación del Tratado de 1881, cuyo respeto fue siempre "la base capital de la cuestión". El Protocolo lo expresa así en su Art. primero, al decir que el Art. 1º del Tratado de 1881 será la norma invariable de procedimiento para ambos. Lo confirma además en su Art. 3º, disponiendo, que el deber de los peritos es buscar en el terreno la línea divisoria de las aguas, que es la condición geográfica de la demarcación. Repite lo mismo en su artículo 7º, al ordenar, que las comisiones de ingenieros determinen todos los accidentes de la línea divisoria, como ser el origen de los arroyos o quebradas que se desprenden a un lado y otro, agregando para mayor claridad que no es precisamente necesario que anoten el curso visible de los ríos al descender a los valles vecinos; lo que prueba que el deslinde no puede cortar el curso de estos ríos, porque entonces los planos tendrían que anotar los antecedentes geográficos del terreno que éstos recorren para fijar la línea eventual de frontera de ellos (5).

En la interpretación chilena del protocolo de 1893, la expresión "partes de ríos" que se encuentra en su artículo 1º, no puede tener otro significado que el de ríos incompletos, o bien, el caso excepcional de que el divortium aquarum corte un río en su origen. Este último caso

consiste en haberse descubierto ríos que desaguan a ambos costados de un cerro, lo que obliga a fijar en tal caso la línea del divortium aquarum en las condiciones orográficas del terreno cortando, o a uno de los brazos del río o las vertientes en que nace (6).

Asimismo, el historiador chileno Francisco Encina también sostiene que en el protocolo de mayo de 1893 quedó establecido que el divortium aquarum era la condición geográfica de la demarcación.
    Su colega Octavio Errázuriz Guilisasti se muestra más objetivo pues sostiene que mientras el artículo tercero parece consagrar el punto de vista chileno, al hacer referencia al principio del "divortium aquarum" como "la condición geográfica de la demarcación", su artículo segundo parece en cambio confirmar el punto de vista argentino de "altas cumbres" al disponer que según el espíritu del tratado de Límites, la República Argentina conservara su dominio y soberanía sobre todo el territorio que se extiende al oriente del encadenamiento principal de los Andes, como la República de Chile el territorio occidental hasta las costas del Pacífico (7).
    Por su parte, el historiador argentino Miguel Angel Scenna sostiene que en el protocolo de 1893 se adoptó como criterio de delimitación la línea de altas cumbres y no el divortium aquarum como pretendió Chile. Además, por dicho protocolo de 1893 las autoridades argentinas renunciaron a puntos ubicados en el Pacífico. Bernardo de Irigoyen, canciller del gobierno de Roca entre octubre de 1880 y febrero de 1882, había procurado para la Argentina la salida al Pacífico al firmar el tratado de 1881. Al explicitar la renuncia de la Argentina a puntos sobre el Pacífico, el protocolo de 1893 quebró ese status argentino de nación de dos mares. En dicho protocolo se adoptó como criterio fronterizo la línea de altas cumbres (y no el "divortium aquarum" que pretendió Chile), salvo en aquellas áreas donde dicha línea de altas cumbres se internase en los canales del Pacífico. En esos casos, la costa sobre esos canales quedaba para Chile, debido a la expresa renuncia de las autoridades argentinas a todo punto en el Pacífico (8). El chileno Carrasco Domínguez señala acertadamente el fracaso del protocolo de 1893, respecto de su objetivo de "hacer desaparecer las dificultades" con que habían tropezado los peritos, en sus esfuerzos por demarcar en el terreno el ambiguo contenido del tratado de 1881. En vez de aclarar el contenido del confuso tratado, las expresiones "partes de ríos", "litoral respectivo" y "costas de canales" del protocolo de 1893 dieron lugar a las más variadas interpretaciones, y enturbiaron la ya de por sí oscura frase del artículo 1º del tratado de 1881, que señalaba el criterio a ser utilizado en la demarcación: "la línea fronteriza correrá en esa extensión por las cumbres más elevadas de dichas cordilleras que dividan las aguas y pasará por entre las vertientes que se desprendan a un lado y a otro" (9). En otras palabras, a la confusa frase del artículo 1º, el protocolo de 1893 agregó supuestos términos aclaratorios, que no hicieron más que entorpecer los trabajos de demarcación de la línea fronteriza.
    Debido a la presión de la opinión pública en la Argentina y Chile, los negociadores de ambos países decidieron mantener las conversaciones por el protocolo en secreto hasta que el acuerdo fuera aprobado por los respectivos Congresos. Casi ocho meses después, a fines de diciembre de 1893, se intercambiaron las ratificaciones.

  1. R.N. Burr, op. cit., p. 184.

  2. El protocolo Errázuriz-Quirno Costa de 1893 establece lo siguiente:

    (...) Primero- Estando dispuesto por el artículo 1º del tratado del 23 de julio de 1881 que "el límite entre Chile y la República Argentina, es, de norte a sur, hasta el paralelo 52 de latitud, la cordillera de los Andes, y que la línea fronteriza corre por las cumbres más elevadas de dicha cordillera, que dividan las aguas, y que pasará por entre las vertientes que se desprenden a un lado y a otro"; los peritos y las subcomisiones tendrán este principio por norma invariable de sus procedimientos. Se tendrá, en consecuencia, a perpetuidad, como de propiedad y dominio absoluto de la República Argentina, todas las tierras y todas las aguas, a saber: lagos, lagunas, ríos y partes de ríos, arroyos, vertientes que se hallen al oriente de las más elevadas cumbres de la Cordillera de los Andes que dividan las aguas; y como de propiedad y dominio absoluto de Chile, todas las tierras y todas las aguas, a saber: lagos, lagunas, ríos y partes de ríos, arroyos, vertientes que se hallen al occidente de las más elevadas cumbres de la Cordillera de los Andes que dividan aguas.

    Segundo- Los infrascriptos declaran que, a juicio de sus gobiernos respectivos, y según el espíritu del Tratado de Límites, la República Argentina conserva su dominio y soberanía sobre todo el territorio que se extiende al oriente del encadenamiento principal de los Andes, hasta las costas del Atlántico; como la República de Chile, el territorio occidental hasta la costa del Pacífico; entendiéndose que, por las disposiciones de dicho tratado, la soberanía de cada Estado sobre el litoral respectivo es absoluta, de tal suerte que Chile no puede pretender punto alguno hacia el Atlántico, como la República Argentina no puede pretenderlo hacia el Pacífico. Si en la parte peninsular del sur, al acercarse al paralelo 52, apareciere la cordillera internada entre los canales del Pacífico que allí existen, los peritos dispondrán el estudio del terreno para fijar una línea divisoria que deje a Chile las costas de esos canales; en vista de cuyos estudios ambos gobiernos la determinarán amigablemente.

    Tercero- En el caso previsto por la segunda parte del artículo primero del tratado de 1881, en que pudiera suscitarse dificultades, "por la existencia de ciertos valles formados por la bifurcación de la cordillera y en que no sea clara la línea divisoria de las aguas", los peritos se empeñarán en resolverlas amistosamente, haciendo buscar en el terreno esta condición geográfica de la demarcación. Para ello deberán, de común acuerdo, hacer levantar por los ingenieros ayudantes un plano que les sirva para resolver la dificultad.

    Cuarto- La demarcación de la Tierra del Fuego comenzará simultáneamente con la de la cordillera, y partirá del punto denominado Cabo Espíritu Santo. Presentándose allí a la vista, desde el mar, tres alturas o colinas de mediana elevación, se tomará por punto de partida la del centro o intermediaria, que es la más elevada, y se colocará en su cumbre el primer hito de la línea demarcadora que debe seguir hacia el sur, en la dirección del meridiano.

    Quinto- Los trabajos de demarcación sobre el terreno se emprenderán en la primavera próxima, y simultáneamente, en la cordillera de los Andes y en la Tierra del Fuego, con la dirección convenida anteriormente por los peritos, es decir, partiendo de la región al norte de aquélla y del punto denominado Cabo Espíritu Santo en ésta. Al efecto, las comisiones de ingenieros ayudantes estarán listas para salir al trabajo el quince de octubre próximo. En esta fecha estarán también arregladas y firmadas por los peritos las instrucciones que según el artículo 4º de la convención de 20 de agosto de 1888, deben llevar las referidas comisiones. Estas instrucciones serán formuladas en conformidad con los acuerdos consignados en el presente protocolo. (...)

    Octavo- Habiendo hecho presente el perito argentino que para firmar con pleno conocimiento de causa el acta de 15 de abril de 1892, por la cual una subcomisión mixta chileno-argentina señaló en el terrreno, el punto de partida de la demarcación de límites en la cordillera de los Andes, creía indispensable hacer un nuevo reconocimiento de la localidad, para comprobar ó rectificar aquella operación, agregando que este reconocimiento no retardaría la continuación del trabajo, que podría seguirse simultáneamente por otra subcomisión; y, habiendo expresado, por su parte, el perito chileno que, aunque creía que ésa era una operación ejecutada con estricto arreglo al Tratado, no tenía inconveniente en acceder a los deseos de su colega, como una prueba de la cordialidad con que se desempeñaban estos trabajos, han convenido, los infrascriptos, en que se practique la revisión de los trabajos ejecutados, y en que, caso de encontrarse error, se trasladará el hito al punto donde debía ser colocado, según los términos del Tratado de Límites.

    Noveno- Deseando acelerar los trabajos de demarcación, y creyendo que esto podrá conseguirse con el empleo de tres subcomisiones en vez de dos que han funcionado hasta ahora, sin que haya necesidad de aumentar el número de los ingenieros ayudantes, los infrascriptos acuerdan que, en adelante, y mientras no se resuelva crear otras, habrá tres subcomisiones, compuesta cada una de cuatro individuos, dos por parte de la República Argentina y dos por parte de Chile, y de los auxiliares que de común acuerdo se considerare necesario.

    Décimo- El contenido de las estipulaciones anteriores no menoscaba en lo más mínimo el espíritu del Tratado de Límites de 1881, y se declara, por consiguiente, que subsisten en todo su vigor los recursos conciliatorios para salvar cualquiera dificultad, prescritos por los artículos primero y sexto del mismo.

    Undécimo- Entienden y declaran los ministros infrascriptos, que tanto por la naturaleza de algunas de las precedentes estipulaciones, como para revestir las soluciones alcanzadas de un carácter permanente, el presente protocolo debe someterse previamente a la consideración de los Congresos de uno y otro país, lo cual se hará en las próximas sesiones ordinarias, manteniéndosele, entre tanto, en reserva. (...) Isidoro Errázuriz - N. Quirno Costa.
    Texto del Protocolo Quirno Costa-Errázuriz del 1º de mayo de 1893 transcripto en los trabajos de Ernesto Quesada, op. cit., pp. 349-353, y J. Dupouy Grez, op. cit., Anexo Documental Nº 4, pp. 141-144.

  3. Ver Carlos Escudé y Cristóbal Williams, "El conflicto del Beagle. La razón y las pasiones", Todo es Historia, año XVII, Nº 202, febrero de 1984, p. 18.

  4. Gonzalo Bulnes, Chile y Argentina. Un debate de 55 años, Santiago de Chile, Barcelona, 1898, p. 169, cit. en J. Dupouy Grez, op. cit., p. 78.

  5. G. Bulnes, op. cit., p. 170, cit. en ibid., p. 78.

  6. G. Bulnes, op. cit., p. 174, cit. en ibid., p. 79.

  7. Tratados, convenciones y arreglos internacionales de Chile, pp. 13 y 14, cit. en Octavio Errázuriz Guilisasti, Las relaciones chileno-argentinas durante la presidencia de Riesco, 1901-1906, Santiago de Chile, Andrés Bello, 1968, p. 16.

  8. Ver F.A. Encina, op. cit., pp. 190-191; Miguel Angel Scenna, Argentina-Chile. Una frontera caliente, Buenos Aires, Ed. de Belgrano, 1981, p. 93.

  9. G. Carrasco Domínguez, op. cit., pp. 134-135.

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