Mientras durante la década de 1880 se dio un proceso de expansión
chilena en el área del Pacífico, a costa de Bolivia y de Perú, consolidado con la firma
del tratado de Ancón de 1883 que cerró la guerra del Pacífico, la Argentina
experimentó una coyuntura de importante crecimiento económico y de acercamiento secreto
hacia el gobierno de La Paz. Este rapprochement argentino-boliviano resultó
amenazante para los intereses vitales chilenos, debido a la tendencia de las autoridades
argentinas a expandir su influencia hacia el Pacífico. Esta estuvo a su vez alimentada
por una creciente convicción de que su nación estaba destinada, en virtud de su
inherente superioridad sobre otras naciones latinoamericanas, a convertirse en la nación
líder de Sudamérica, y tal vez de toda América latina (1).
La entente entre las autoridades de Buenos Aires y La Paz
contuvo dos elementos, que la diplomacia de Santiago percibió como amenazas a los
intereses vitales chilenos: la construcción de ferrocarriles y la negociación de un
tratado de límites entre la Argentina y Bolivia. Respecto del primer elemento, en octubre
de 1887 el ministro chileno en Buenos Aires advirtió a la cancillería trasandina acerca
del
propósito, a veces admitido y a veces ocultado, de construir algunos de estos ferrocarriles. La construcción de cualquier línea ferroviaria que conduzca a la frontera boliviana invariablemente implica (para las autoridades argentinas) ganarse el respaldo gubernamental (boliviano) ... Las líneas férreas que se pueden calificar como estratégicas desde el punto de vista comercial son consideradas como cuestiones de política de largo plazo ... En su presente sesión, el Congreso (argentino) ha aprobado tres o cuatro líneas propuestas con estos objetivos.
El diplomático chileno puntualizó además que el aislamiento boliviano fue un poderoso estímulo para el acercamiento con las autoridades argentinas:
oprimida como lo está dentro de los profundos valles andinos y sin una comunicación segura con el Pacífico, ... (Bolivia) está inclinada a convertirse en un aliado favorable y eficaz colaborador de cualquier país que le ofrezca esta ansiada comunicación con el Atlántico. Para Bolivia tal propuesta es ... la condición vital para su progreso.
Finalmente, el agente chileno en Buenos Aires señaló a la cancillería chilena que
Chile, sin procurar el antagonismo con la República Argentina, y siguiendo libremente su propio desarrollo, puede frustrar esta estrategia (argentina) de separar a Bolivia del Pacífico y de la natural influencia de Chile. Bolivia ... puede ser una ayuda e incluso un baluarte contra amenazas hostiles, y de ningún modo es ventajoso que una nación poderosa como Argentina se adueñe del intercambio y comercio de Bolivia y fortalecida por el siempre creciente número de gente proveniente de Europa, avance hacia el Pacífico.
En este despacho del ministro chileno en Buenos Aires a su
cancillería, estaba implícita la percepción del gobierno chileno de que debía dominar
la costa pacífica de América de Sur, de manera que el océano Pacífico fuera
considerado como un "lago chileno" (2).
Respecto del segundo elemento del acercamiento argentino-boliviano
percibido como amenazante para los intereses chilenos, vale recordar que el 10 de mayo de
1889 se firmó en Buenos Aires un tratado entre el ministro de relaciones exteriores de la
Argentina, Norberto Quirno Costa, y el ministro plenipotenciario de Bolivia, Santiago Vaca
Guzmán, por el cual el gobierno boliviano cedía al argentino parte de la Puna de Atacama
(entonces en posesión de Chile) a cambio de la renuncia de eventuales derechos argentinos
sobre Tarija. El gobierno chileno se opuso al tratado firmado entre las autoridades
argentinas y bolivianas, alegando que la Puna de Atacama le había sido cedida por el
tratado de Tregua de 1884.
Pero, si bien el tratado Quirno Costa-Vaca Guzmán, gestado
secretamente, procuró un acercamiento entre las autoridades bolivianas y argentinas que
podía jugar de contrapeso al expansionismo chileno, el gobierno argentino, que en esos
momentos atravesaba la severa crisis de Baring, resolvió aplazar la ratificación del
tratado, con el fin de no agravar la difícil coyuntura económico-política con un seguro
rechazo de las autoridades chilenas al tratado argentino-boliviano. La cancillería
argentina temió la reacción chilena, en momentos en que las autoridades de Buenos Aires
se percibían con un poder militar inferior al de Chile. Un tercer factor, que por cierto
también influyó en la actitud argentina, fue el doble juego que evidenció la
cancillería boliviana, cuyo objetivo era extraer las máximas ventajas territoriales
posibles de sus dos poderosos vecinos, rivales a su vez por cuestiones limítrofes.
R.N. Burr, op. cit., p. 183.
Guillermo Matta al ministro de relaciones exteriores de Chile, Buenos Aires, 12 de octubre de 1887, Legación de Chile en el Plata, 1887-1888, cit. en ibid., pp. 183-184.
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