Las autoridades chilenas propusieron llevar la totalidad de los diferendos con la Argentina al arbitraje, posibilidad que la cancillería argentina rechazó enfáticamente. El problema de la Puna se había vuelto para los hombres de gobierno argentinos una cuestión de honor, sustentada por cierto en consideraciones de equilibrio de poder. Así lo manifestó el general Julio Argentino Roca al canciller chileno Carlos Morla Vicuña, en el banquete con que el gobierno argentino despidió al entonces ministro chileno en Buenos Aires, y próximo sucesor de Morla Vicuña en el Ministerio de Relaciones Exteriores del gobierno trasandino, Adolfo Guerrero. Dijo Roca al canciller chileno:

Señor Morla, en lo de la Puna no podemos ceder, ni siquiera ir al arbitraje, porque este país considera ese problema en esta forma: Bolivia, legítimo soberano de la Puna, nos ha cedido sus derechos sobre ella en cambio de la cesión que por nuestra parte le hemos hecho de nuestros títulos sobre la provincia de Tarija. Bolivia se ha decidido a esa permuta, en parte, porque ve a Chile desde 1884, a pesar de sus protestas, ocupando la Puna y legislando a su respecto, y se considera impotente para obtener de él el respeto de su incuestionable derecho. ¿Será la República Argentina tan débil e impotente y abandonará o dejará de discutir y decidir por tercero ese derecho incuestionable que le ha sido transferido por el legítimo soberano? La cuestión así planteada es de dignidad nacional y de aquellas que no pueden someterse a arbitraje sin mengua.

A su vez, Morla le contestó a Roca en los siguientes términos:

Señor general, la culpa de que la cuestión de la Puna asuma un carácter agrio la tiene el señor Estanislao Zeballos, que sabiendo que Chile estaba en posesión de ella y la tenía incorporada por ley dentro de su provincia de Antofagasta, prefirió tratar a solas con Bolivia y convenir en su transferencia a la República Argentina a espaldas de Chile y con ignorancia de éste. Si el derecho de la Puna es tan claro e incuestionable, ¿por qué no se invitó a Chile a concurrir en aquellas negociaciones? Acaso el asunto estaría hoy amistosamente solucionado (1).

  1. Jaime Eyzaguirre, Chile durante el gobierno de Errázuriz Echaurren, 1896-1901, Santiago, Zig-Zag, 1957, p. 112; carta de don C. Morla V. a don J.J. Latorre, Washington, 23-IX-1898, fuentes citadas en J. Dupouy Grez, op. cit., pp. 121-122.

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