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La inclusión de Bolivia en las tareas de demarcación de la Puna, fijada en el protocolo Guerrero-Quirno Costa, fue una nueva complicación en la ya de por sí enredada historia de la demarcación de dicha región. El gobierno chileno no vio con demasiado agrado la participación boliviana en un tema de por sí tan controvertido.
    El 7 de noviembre de 1896, siguiendo lo estipulado por el artículo 1º del protocolo Guerrero-Quirno Costa -que establecía la participación de Bolivia en los trabajos de delimitación de la Puna- los ministros de relaciones exteriores Enrique Putron y Amancio Alcorta, chileno y argentino respectivamente, dirigieron a la cancillería boliviana una nota solicitando la participación boliviana. El 24 de diciembre, el Ministerio de Relaciones Exteriores del Altiplano respondió que

sin rehusar su posible injerencia en la demarcación de la zona, expresa que desea que se le aclare el alcance de su tarea, deseando saber si su tarea sería continua o bien sólo en caso de divergencias entre Chile y Argentina. También deseaba saber si su Gobierno se limitaría en caso de que se presentaran éstos, a ejercer sus buenos oficios para propender un amigable avenimiento, o sus decisiones tendrían carácter resolutivo (1).

Durante el mes de marzo de 1897, el canciller chileno Carlos Morla Vicuña se reunió varias veces con el representante argentino en Santiago, Norberto Piñero, con el fin de elaborar una respuesta conjunta al gobierno de Bolivia, la cual afirmó lo siguiente:

al estipularse en el Protocolo de 1896 la concurrencia de Bolivia a la delimitación de la Puna se tuvieron presentes los tratados celebrados entre Argentina y Chile, y estas naciones y Bolivia, que estos tratados explican el concurso que se ha querido atribuir a Bolivia, el cual si es aceptado, sería continuo y simultáneo con el de los otros dos países, no para servir de árbitro, sino para establecer su reconocimiento del trazado fiel y correcto de la línea de la frontera Chile-Argentina.

La nota común concluía con los siguientes párrafos, provenientes de la inspiración del canciller Morla Vicuña:

La circunstancia de no hallarse, según la nota que contesto, directamente interesado el Gobierno de V.E. en la realización forzosamente acompañada de costas pecuniarias y de participación en delicados trabajos técnicos, mueven al Gobierno de Chile (o de Argentina) a no insistir con especial empeño en recabar del Excmo. Gobierno de Bolivia que acepte la solicitud que por su parte le ha dirigido. La ausencia de los representantes de Bolivia de las operaciones de demarcación no eximirá, sin embargo, al Gobierno de Chile (o de Argentina) de comunicar al Gobierno boliviano los resultados de dichas operaciones de demarcación (2).

El 25 de agosto de 1897, asumió como nuevo canciller chileno Raimundo Silva Cruz. Tanto él como el presidente Federico Errázuriz Echaurren desearon evitar a toda costa la participación boliviana en la demarcación de la Puna. Este tema y los rumores de una supuesta alianza del Perú con la Argentina agitaron a la opinión pública y a la prensa trasandina hacia fines de 1897.

Resuelto a cerrar el problema de la Puna de Atacama, el presidente Errázuriz Echaurren, según Jaime Eyzaguirre,

quiso modificar la política seguida con la Puna y, en la medida de las circunstancias, llevar al arbitraje. La Argentina resistió siempre este paso, pero al fin el Gobierno chileno logró encontrar una fórmula que, salvando las apariencias, envolvía un verdadero arbitraje. En efecto, gestiones telegráficas reservadas del Presidente Errázuriz con el Presidente don Julio Roca, de la Argentina, condujeron el 2 de noviembre de 1898, a la firma en Santiago de dos actas entre el Ministro de Relaciones Exteriores, don Juan José Latorre, y el Encargado de Negocios argentino, don Alberto Blancas. Por ellas se acordó celebrar en Buenos Aires una conferencia de delegados de ambos países para trazar la línea divisoria en la zona de la Puna, y para el caso de no llegarse entre ellos a acuerdo, se convino en que un delegado chileno y uno argentino, en unión con el Ministro de los Estados Unidos en la República Argentina, procedieran a fijar de una manera definitiva el trazo fronterizo. Sometidas las actas al Congreso Nacional para su aprobación, la obtuvieron por abrumadora mayoría (3).

  1. Respuesta de la cancillería boliviana, 24 de diciembre de 1896, cit. en Anexo Documental Nº 14, ibid., p. 159.

  2. Nota conjunta argentino-chilena dirigida al gobierno de Bolivia, cit. en J. Eyzaguirre, op. cit., p. 116, cit. en Anexo Documental Nº 14, ibid., p. 160.

  3. Jaime Eyzaguirre, "Breve historia de los Límites de Chile", Mapocho, tomo IV, Nº 2, vol.11, Santiago, 1965, cit. en Anexo Documental Nº 14, ibid., p. 161.

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