El fracaso de la diplomacia chilena por crear una alianza con los
gobiernos de la Argentina y Chile no desanimó a la clase dirigente de Santiago. En 1921,
el presidente Arturo Alessandri proyectó un viaje a la Argentina y Brasil, con los
objetivos de percibir las posibilidad de restaurar la alianza del ABC en términos
comerciales, y obtener apoyo de sus vecinos para su nueva política en Tacna y Arica. El
presidente argentino, Hipólito Yrigoyen, rechazó la idea del mandatario chileno,
sosteniendo que el ABC sería una alianza contra las pequeñas naciones sudamericanas y
contraria a la solidaridad continental (1). Tal vez esta postura del líder radical fuera
una excusa para justificar su "política exterior independiente" respecto de los
países vecinos (2). Como consecuencia del rechazo argentino a su propuesta, Alessandri
canceló el viaje.
En abril de 1922, el embajador chileno en Washington, Bertrand Mathieu,
envió un cablegrama confidencial a Alessandri, señalando que el gobierno de Chile debía
proponer una convención regional para la reducción de armamentos, "a fin de
desmitificar la leyenda negra de ser los prusianos de Sudamérica". Mathieu percibió
que una reducción en los gastos de defensa podían ayudar al gobierno chileno a resolver
el molesto problema de la deuda externa (3). Motivadas por las sugerencias del embajador
chileno, las autoridades de Santiago exploraron la posibilidad de lograr un acuerdo con la
Argentina y Brasil para la reducción de armamentos. En noviembre de 1922, el gobierno
brasileño propuso al de Chile, y luego al de la Argentina, una conferencia sobre desarme
naval en la ciudad de Valparaíso, como anticipación a la Quinta Conferencia Panamericana
que tendría lugar en Santiago en 1923. Pero el gobierno argentino rechazó la propuesta
(4).
Sin desanimarse por este traspié, en abril de 1923, el gobierno
chileno presentó una propuesta integral de desarme ante la Quinta Conferencia
Panamericana reunida en Santiago. La moción brasileña respecto de un límite de
80.000 toneladas para los barcos de guerra fue aceptada por la delegación chilena, pero
no por la argentina, que, sintiendo que la representación trasandina jugaba en forma
desleal del lado brasileño, replicó con una contrapropuesta que ponía el límite en
55.000 toneladas para el mismo tipo de barcos. Temiendo que su propuesta naufragara, la
delegación chilena ofreció pocos días después otra propuesta de limitación de armas,
pero la delegación argentina también rechazó la nueva oferta (5).
En octubre del mismo año, el gobierno chileno volvió a proponer un
tratado de arbitraje, solidaridad y mutuas garantías a Brasil, la Argentina y Uruguay. El
canciller chileno Bello, en su nota al embajador en Brasil Yrarrázaval, explicaba las
razones de esta propuesta en los siguientes términos:
El Gobierno ha considerado que el momento internacional presente favorece y justifica tal iniciativa de parte de Chile, y que las circunstancias que nos rodean hacen prudente orientar nuestra política hacia la búsqueda de eficaces soluciones pacíficas en el continente, evitar todo posible conflicto y asegurar la confianza recíproca entre los países poderosos de Sudamérica, basada en la unión firme y sólida en torno a un común propósito de cooperación, de armonía y de paz continental (6).
Las palabras del canciller Bello reflejaban la intención del gobierno
chileno de lograr un desarme "moral" en Sudamérica. Pero las intenciones de las
autoridades de Santiago chocaron nuevamente con la oposición del gobierno argentino. En
noviembre de 1923, el presidente Marcelo T. de Alvear señaló que la idea chilena de una
alianza era poco interesante para la Argentina porque podía provocar las sospechas de los
países pequeños del continente. Ante la actitud de las autoridades de Buenos Aires, el
canciller brasileño señaló al embajador chileno en Río que tal proyecto no era
oportuno en ese momento. En su opinión, el gobierno de Santiago debía sentirse conforme
con el saldo de la Quinta Conferencia Panamericana -por más pobre que hubiera sido-, y
sostuvo que la Convención Gondra era suficiente garantía de paz en el continente (7).
A partir de entonces, el presidente Alessandri desistió de su intento
de reflotar el ABC. Su empeño en conseguir esto se había basado en parte en la
consideración de que la administración previa de Juan Luis Sanfuentes había tenido una
política exterior subregional demasiado inclinada a favorecer a la Argentina a expensas
de Brasil.
Este perfil proargentino de su antecesor Sanfuentes había provocado
que Brasil optase definitivamente por una "relación especial" con Estados
Unidos luego de abril de 1917 (8).
A diferencia de sus predecesores, Alessandri no percibió al ABC como
un instrumento para preservar el equilibrio de poder subregional, sino como un mecanismo
apuntado a obtener un "liderazgo moral colectivo" en América latina. A través
de una estrecha cooperación política, y del desarme entre las tres grandes potencias del
Cono Sur, Alesssandri procuró reflotar el esquema ABC para impulsar un nuevo estilo de
política exterior en el continente, que a la vez otorgara al gobierno chileno una mayor
capacidad de maniobra para negociar con Estados Unidos. Chile buscó jugar el rol de
agente de las pequeñas naciones latinoamericanas, pero chocó con la renuencia tanto de
la Argentina como de Brasil (9).
Durante la breve presidencia de Emiliano Figueroa (1925-1927) las
relaciones con la Argentina se enfriaron aún más que en la administración anterior,
gestándose programas de rearme naval y terrestre en 1926, en respuesta a los iniciados
por el gobierno argentino en 1924. Con la llegada del coronel Carlos Ibáñez del Campo a
la presidencia chilena (1927-1931) se dieron varios intentos de resucitar el ABC, que
nuevamente chocaron con la negativa argentina.
Como balance, podemos afirmar, siguiendo la tesis doctoral de Emilio
Meneses C., que la política chilena de impulsar el ABC enfatizó, en las décadas de 1900
y 1910, la "alianza defensiva" y la "limitación de armas" entre las
tres potencias del Cono Sur, en un esquema vinculado a la política de bloques y
equilibrio de poder. A partir del fracaso del ABC y la emergencia de Estados Unidos como
potencia hegemónica regional durante la Primera Guerra Mundial, y particularmente desde
la llegada de Arturo Alessandri a la primer magistratura (1920), Chile abandonó la
política de bloques y de equilibrio de poder, reemplazándola por una política exterior
basada en el respeto al Derecho Internacional y en la proyección de la imagen
internacional de Chile en las organizaciones internacionales. Así, en las décadas de
1920 y 1930, los propósitos chilenos respecto del ABC apuntaron a otro propósito, y la
diplomacia trasandina planteó ante los gobiernos de la Argentina y Brasil una "entente"
y el "desarme" entre los tres países, no ya como un bloque basado en
consideraciones de equilibrio de poder y power politics, sino como vehículo de
"liderazgo moral", ejercido en forma conjunta por parte de las tres grandes
potencias sudamericanas hacia el resto de la región. En este esquema de liderazgo
"moral" conjunto del ABC, las autoridades de Santiago procuraban convertirse en
un interlocutor válido para las pequeñas naciones sudamericanas (10).
Pero el proyecto chileno del ABC chocó con la negativa de sus dos
poderosos vecinos. Para la Argentina, las iniciativas chilenas no resultaron atractivas en
función de sus pretensiones regionales de liderazgo. Brasil, más consciente que sus
vecinos respecto de la imposibilidad de un ABC efectivo, adoptó la amable y diplomática
actitud de escuchar las propuestas formuladas por Santiago sin despreciarlas abiertamente
como lo hizo el gobierno argentino, pero sin tomar ninguna acción efectiva. Por cierto,
las autoridades de Río de Janeiro se sintieron mucho más cómodas en su estrecha
relación con Washington que aceptando las propuestas chilenas del ABC (11).
En el plano interamericano, vale advertir que en la Sexta Conferencia
Panamericana, celebrada en La Habana, en 1928, la delegación chilena jugó el difícil
papel de conciliador, moderando los abiertos ataques a la política regional
norteamericana por parte de un grupo de Estados latinoamericanos conducidos por la
Argentina. El jefe de la delegación norteamericana, Charles Hughes, contrariado por la
actitud de la delegación argentina, sostuvo que Estados Unidos nunca abandonaría su
derecho a intervenir bajo ciertas circunstancias, las previstas por el Derecho
Internacional. Chile, trabajando junto a Perú, llamó a la moderación entre las partes,
con el fin de conservar intacto el sistema interamericano.
F.O. 371/ 7206 (A 2549) Vaughan to Curzon, Santiago, 29 January 1922, pp. 6-7, cit. en E. Meneses C., op. cit., p. 139.
Ibid., p. 139.
Ministerio de Relaciones Exteriores, Nº 73, Mathieu a Barros, Washington, 12 de abril de 1922; Nº 54, Barros a Mathieu, Santiago, 18 de abril de 1922, fuentes citadas en ibid., p. 140.
Ministerio de Relaciones Exteriores, Nº 166, Aldunate a Mathieu, Santiago, 27 de noviembre de 1922; Nº 179, Calderón al Ministro de Relaciones Exteriores, Buenos Aires, 6 de diciembre de 1922; Nº 181, Calderón al Ministro de Relaciones Exteriores, Buenos Aires, 7 de diciembre de 1922, fuentes citadas en ibid., p. 140.
Ibid., pp. 140-141.
Ministerio de Relaciones Exteriores, Nº 18, Bello a Yrarrázaval, Santiago, 16 de octubre de 1923, cit. en ibid., p. 142.
Ministerio de Relaciones Exteriores, Nº 6, Sánchez a Mathieu, Santiago, 13 de febrero de 1924, fuente cit. en ibid., p. 142.
Las relaciones chileno-brasileñas y el desequilibrio diplomático del ABC en el período posterior a la Gran Guerra, en Ministerio de Relaciones Exteriores, Nº 558, Irarrázaval al Ministro de Relaciones Exteriores, Río de Janeiro, 15 de noviembre de 1929, cit. en ibid., pp. 142-143.
Robert Alexander, Arturo Alessandri: A Biography, 2 Vols., University Microfilms International, Ann Arbor, Michigan, pp. 289-290, cit. en Ibid., p. 143.
Ibid., pp. 196, y 395-396.
Ibid., pp. 196-197.
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