Antes de finalizar su primer mandato, el presidente Hipólito Yrigoyen,
seguramente como reacción a los sucesos de la Patagonia Trágica, dispuso que se crearan
diez cuerpos de gendarmería con destino en los llamados territorios nacionales (1). Pero
su sucesor, Marcelo Torcuato de Alvear (1922-1928), el mismo que como diputado sustentara
en 1913 el proyecto de creación de una gendarmería, abandonó el intento de Yrigoyen.
Durante la segunda mitad de la década de 1920, tuvo lugar una nueva
aceleración de la carrera armamentista argentino-chilena, favorecida por circunstancias
políticas internas de uno y otro lado de los Andes. En la Argentina, el gobierno de
Marcelo T. de Alvear fue particularmante permeable a la influencia de los sectores
castrenses. En Chile, el mismo coronel Carlos Ibáñez del Campo, que tuvo protagonismo en
la Patagonia Trágica, lideró un movimiento de corte fascista llamado Línea Recta y
derrocó al presidente Arturo Alessandri en 1924. Este golpe militar abrió un proceso
cuyo fruto fue la llegada del propio Ibáñez al poder presidencial en 1927. Durante el
gobierno de Ibáñez se registró una activa modernización de todas las armas, tendencia
que contó, como en el caso argentino, con la disponibilidad de los generales alemanes.
Uno de éstos, Hans Kundt, fue instructor y planificador del ejército chileno.
Además, las autoridades chilenas firmaron contratos con la fábrica de aviones Curtiss,
líderes en ese momento en velocidad y radio de acción (2).
Durante la segunda presidencia de Yrigoyen (1928-1930), las autoridades
chilenas urdieron una acción sorpresiva sobre la Patagonia, plan que llegó a oídos del
presidente radical gracias al presidente de Alemania, mariscal Hindenburg, quien notificó
del mismo en forma confidencial al general Severo Toranzo, inspector general del ejército
argentino, quien viajó expresamente a Berlín. El primer mandatario alemán comunicó a
Toranzo que el otorgamiento de esta información, proveniente de los servicios de
inteligencia alemanes, era un explícito reconocimiento a la negativa argentina de romper
relaciones con Alemania durante la Primera Guerra Mundial. Según dicha información, una
línea de invasión caería sobre Zapala, para seguir a la ciudad de Neuquén y llegar
hasta Bahía Blanca. Otra línea entraría por los ríos Mayo y Senguer, para luego seguir
hasta Comodoro Riavdavia (3).
De regreso en Buenos Aires, Toranzo comunicó la información al
presidente Yrigoyen, quien decidió comprobar la veracidad de la ofensiva chilena
encomendando, para la operación al joven alférez de navío Alberto Sautú Riestra (4).
Sautú Riestra cumplió su misión, aportando toda una colección de fotografías que
demostraron que en los pasos cordilleranos existieron poderosas fuerzas chilenas listas
para un ataque por sorpresa. Alertadas las fuerzas armadas argentinas, se dispuso un
operativo de contención sobre el río Neuquén, a la espera del avance chileno. Este no
llegó a concretarse, pues Chile no estuvo en ese momento en condiciones de afrontar un
conflicto prolongado con resultados inciertos.
Alberto Sautú Riestra planteó una hipótesis explicativa de las
razones de este plan de avance chileno sobre la Patagonia, en la cual, si bien el móvil
básico era la posesión de la Patagonia y la salida al Atlántico, también estaban
presentes los intereses norteamericanos. Scenna señala que, de acuerdo con la óptica de
Sautú Riestra,
en 1930 Yrigoyen se disponía a nacionalizar el petróleo, al tiempo que encaraba la violenta crisis económica desatada en el mundo, mediante acuerdos bilaterales, especialmente con la Unión Soviética, que recibiría productos argentinos a cambio de importantes envíos de petróleo ruso, permitiendo ahorrar las divisas con que se pagaba el petróleo de otras procedencias.
El acuerdo era muy conveniente para Argentina, pero altamente inconveniente para los intereses petroleros anglonorteamericanos, lo que unido a la amenaza de nacionalización, habría provocado influencias sobre Ibáñez para intervenir contra su vecino. Ambas partes saldrían ganando, quedaría quebrado Yrigoyen, no habría nacionalización, y Chile conquistaría una ancha salida al Atlántico (5).
Lo cierto fue que, aunque el plan de avance chileno fue denunciado por el mariscal y presidente alemán Hindenburg, comprobado por Sautú Riestra, y en buena medida desbaratado al hacerse conocido, en septiembre de 1930 Yrigoyen fue derrocado, lo que anuló los convenios con Rusia y los planes de nacionalización.
El proyecto de Yrigoyen de creación de un cuerpo de gendarmería que cuidara eficientemente las fronteras argentinas no era nuevo. Ya el presidente Nicolás Avellaneda había dispuesto la creación de un cuerpo de gendarmería para vigilar el extenso y desierto Chaco, pero su proyecto chocó con obstáculos. Idéntica suerte corrió el presentado por Julio Argentino Roca (hijo), con el objetivo de vigilar los territorios nacionales y evitar el contrabando. En 1913, un nuevo proyecto para crear un cuerpo de gendarmería fue sostenido por una coalición de partidos políticos. Entre sus impulsores se encontraron los diputados Carlos Saavedra Lamas, Marcelo T. de Alvear, Julio A. Roca (hijo), Lisandro de la Torre y José Félix Uriburu, pero, como en los anteriores casos, el proyecto quedó en la nada.
M.A. Scenna, Argentina-Chile. Una frontera caliente, op. cit., pp. 155-156.
Ibid., p. 157. Del mismo autor, "Argentina-Chile: el secular diferendo" (tercera parte), op. cit., p. 74.
M.A. Scenna, Argentina-Chile. Una frontera caliente, op. cit., pp. 157-163.
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