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Como fruto del acercamiento entre las autoridades de Buenos Aires y Río de Janeiro, el 7 de septiembre de 1889, en la legación imperial en Buenos Aires, el canciller interino, Norberto Quirno Costa, firmó con el plenipotenciario del Brasil, barón de Alençar, un tratado sobre las Misiones orientales, que estipulaba el arbitraje del presidente norteamericano en caso de fracasar el arreglo directo entre las partes. Se fijaba para el último un plazo de 90 días, a partir de la presentación de las memorias y los planos de las comisiones respectivas. El artículo 5º señalaba que "la frontera ha de ser constituida por los ríos que la República Argentina o el Brasil han designado, y el Arbitro será invitado a pronunciarse por una de las Partes como juzgase justo, en vista de las razones y de los documentos que produjeren". Tanto Scenna como Ferrari consideran inexplicable la actitud del ministro argentino, teniendo en cuenta que el árbitro aceptado representaba en ese momento a un país aliado de Brasil, competidor económico y adversario político de Argentina (1).
    Al llegar a la cancillería argentina pocos días después de la firma del tratado de septiembre de 1889, Estanislao S. Zeballos trató de evitar el recurso arbitral en el conflicto en torno de Misiones, y procuró la solución por las negociaciones directas. Fue en este contexto que el gobierno argentino se apresuró a reconocer en diciembre de dicho año a la naciente República de Brasil. Finalmente Zeballos y su colega brasileño, Quintino Bocayuva, se avinieron a firmar el tratado de Montevideo del 25 de enero de 1890. Es notorio que en dicho acuerdo triunfaba la tesis argentina. Su artículo I establecía lo siguiente:

La frontera de las Repúblicas de los Estados Unidos del Brasil y de la República Argentina, en el territorio litigioso de las Misiones, comienza en la boca y margen derecha del Chapecó o Pequirí Guazú, sobre el Uruguay, atraviesa el divortia acquarum del Iguazú y del Uruguay, entre Campo Eré y Campo Santa Ana, en el punto medio de la distancia entre el establecimiento de Coelho, en el primer Campo y el puente del paso del río de Santa Ana, en el camino a la Sierra de la Factura, según el mapa de la Comisión mixta exploradora del mismo territorio, y termina en la boca y margen izquierda del Chopín sobre el Iguazú.

Entre cada uno de los puntos extremos y el central será trazada la línea de frontera aprovechando los mejores límites naturales y salvará las poblaciones de una u otra Nación que encuentre en su trayecto, siendo constituida por líneas rectas solamente, donde fuere inevitable. Quedarán en la posesión exclusiva del Brasil, y en todo su curso, los mencionados ríos Chapecó y Chopín (2).

Pero el tratado Zeballos-Bocayuva fue rechazado por el Congreso brasileño debido al repudio que sufriera en el debate público que siguió a su publicación, y en el que tomaran parte todos los medios de prensa brasileños, el ex emperador, los antiguos miembros de gabinete, y los técnicos que habían intervenido en la cuestión de límites (3). El gobierno argentino dio entonces instrucciones a su ministro en Río de Janeiro para suscribir con el gobierno brasileño una declaración sometiendo el litigio de Misiones al arbitraje, como había quedado convenido antes del arreglo directo, y a comunicar la resolución al presidente de Estados Unidos.

  1. República Argentina, Tratados, convenciones, protocolos y demás actos internacionales vigentes..., op. cit., tomo primero, pp. 347-349; República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, La frontera argentino-brasileña, op. cit., pp. 122-125; República Argentina, Tratado de Misiones; litigio solucionado; las repúblicas brasilera y argentina; homenajes; el ministro brasilero Bocayuva en la Plata; firma del tratado en Montevideo; resúmen general de las fiestas, 1889-1890, Buenos Aires, A. Sommaruga, 1890, pp. 18-19, 35 y 39; M.A. Scenna, op. cit., p. 266; G. Ferrari, "La Argentina y sus vecinos", op. cit., p. 677.

  2. Los demás artículos del tratado establecían lo siguiente:

    Artículo II. Las Altas Partes Contratantes se comprometen a respetar la posesión de los pobladores que, después de trazada la línea de frontera, queden de uno u otro lado y a otorgarles título de propiedad, siempre que probaren que eran pobladores desde un año antes de esta fecha con establecimientos de carácter permanente.

    Artículo III. Las dos Altas Partes Contratantes se entenderán oportunamente sobre la organización de una Comisión mixta, que trazará la línea divisoria y le darán, de común acuerdo, las instrucciones necesarias.

    Artículo IV. La Comisión mixta proyectará el trazado que corresponda a la línea divisoria, de acuerdo con el artículo 1º de este tratado, y con las instrucciones a que se refiere el 3º, y aprobado dicho proyecto por los dos Gobiernos, se procederá a la demarcación en el terreno, si las altas partes contratantes la juzgan necesario.

    Artículo V. El tratado será ratificado y las ratificaciones canjeadas en la ciudad de Río de Janeiro inmediatamente después de su aprobación por el Congreso Argentino y por la Asamblea Constituyente de los Estados Unidos del Brasil.

    República Argentina, Tratados, convenciones, protocolos, actos y acuerdos internacionales, tomo II, Buenos Aires, J. Alsina, 1911, pp. 652-654, énfasis en el original. Este énfasis, según la Memoria que el ministro Zeballos elevara al Congreso Nacional, correspondería a los agregados que el canciller argentino realizara a la propuesta base del canciller brasileño Bocayuva, y que éste aceptó firmar. República Argentina, Cuestiones de límites entre las repúblicas Argentina, el Brasil y Chile. Extracto de la Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Argentina, presentada al Congreso Nacional de 1892 por el doctor Estanislao S. Zeballos, Buenos Aires, Peuser, 1892, pp. 198-200.

  3. La situación interna del Brasil, al ganar los monárquicos la mayoría parlamentaria y poner en aprietos al primer gobierno republicano, influyó en el rechazo del tratado Zeballos-Bocayuva de 1890. No obstante, Scenna y Etchepareborda sostienen que el rechazo de las autoridades y medios de prensa brasileños al tratado (en contraste con la actitud indiferente de sus contrapartes argentinas), se debió básicamente a la firme actitud de Itamaraty de no ceder en ninguno de sus reclamos territoriales, que contrastó con la actitud discontinua y descuidada de la cancillería argentina (lo que José María Rosa llama la "diplomacia" brasileña versus la "antidiplomacia" argentina). Ver al respecto M.A. Scenna, op. cit., pp. 274-280, y Roberto Etchepareborda, Zeballos y la política exterior argentina, Buenos Aires, Pleamar, 1982, pp. 101-102.

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