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No obstante el intento de acercamiento del gobierno de Roca a las autoridades de Río de Janeiro, éstas procuraron embarcarse en un proceso de militarización que posicionara ventajosamente a Brasil en el contexto de equilibrio de poder del Cono Sur. Cabe advertir que los acuerdos sobre limitación del poder naval, establecidos entre los gobiernos de la Argentina y Chile en mayo y julio de 1902 y enero de 1903, no comprendieron a las autoridades brasileñas. Este factor fue hábilmente explotado por el canciller del Brasil, el poderosísimo José María da Silva Paranhos hijo, barón de Río Branco (1), para llevar a cabo un importante incremento de armamentos navales que formó parte de un plan de política exterior que tuvo por objetivo el engrandecimiento brasileño. Otros aspectos de este plan fueron la expansión territorial, el estrechamiento de las relaciones con el gobierno Estados Unidos, el ascenso de las misiones diplomáticas brasileñas al nivel de embajada y la obtención del primer cardenal sudamericano.
    Este plan de engrandecimiento del poder naval brasileño fue denunciado en la Argentina por Estanislao S. Zeballos, caracterizado por la historiografía brasileña como la "encarnación de las tendencias brasilófobas" en la Argentina (2). Zeballos ocupó la Cancillería entre noviembre de 1906 y junio de 1908, llamado por el presidente José Figueroa Alcorta (1906-1910) (3). A decir verdad, no fueron las autoridades de Buenos Aires las que reaccionaron primero ante el rearme brasileño sino el gobierno chileno, ligado junto al argentino a un sistema de desarme naval. El aviso chileno condujo a una serie de reuniones en Buenos Aires. En una de ellas, efectuada en la casa del presidente Manuel Quintana antes de su muerte, Figueroa Alcorta había señalado: "no podemos permitir que otro país sudamericano nos aventaje en poder naval. Ningún sacrificio nos debe detener" (4).
    Así, hacia principios del siglo XX, el Cono Sur fue escenario de un interesante juego de alianzas, cuyos principales protagonistas en discordia fueron los cancilleres Zeballos y Río Branco. Dicha competencia argentino-brasileña contó con dos instrumentos: la búsqueda de aliados en los países del Cono Sur, que se ubicaron dentro de la órbita de una u otra potencia subregional, y la carrera armamentista. Estos instrumentos apuntaron a su vez a dos objetivos: la supremacía subregional y el aislamiento del contrincante.
    Respecto del primer instrumento -la búsqueda de aliados-, los gobiernos de Bolivia y Paraguay se acercaron a las autoridades argentinas e incluso pidieron la mediación del presidente Figueroa Alcorta en el conflicto fronterizo pendiente, factor que incomodó a Río Branco. Por su parte, el gobierno uruguayo se acercó a la esfera de influencia brasileña y suscribió con el canciller Río Branco un tratado de límites.
    En el marco de esta pugna con Brasil por la supremacía subregional, y aun a pesar del conflicto limítrofe pendiente con Chile, Zeballos no tuvo reparos en buscar la alianza con las autoridades trasandinas con el objetivo de contrarrestar las hábiles maniobras del barón de Río Branco. Así, entre 1906 y 1909, los gobiernos de Brasil y la Argentina entraron en un juego de competencia diplomática, a la vez que procuraron por separado el acercamiento con Chile. Un ejemplo de esta particular tendencia se dio en 1906, en ocasión de un terremoto que devastó a Chile. Este cataclismo fue la oportunidad para la diplomacia argentina, que expresó su buena voluntad hacia las autoridades de Santiago, enviando provisiones y un monto efectivo de 250.000 dólares. Río Branco intentó contrarrestar la estrategia argentina, procurando colocar una cuña entre la Argentina y Chile. Cuando el canciller brasileño percibió que sus intentos habían fracasado, concentró sus energías en continuar con el programa naval, a fin de disputarle a las autoridades argentinas el dominio de la costa atlántica (5).
    Los rasgos de esta política de alianzas del canciller argentino (y de su contrincante brasileño) surgen claramente de las propias palabras de Zeballos, vertidas en una carta a Roque Sáenz Peña, ministro argentino en Roma, en la que le informaba de su renuncia al ministerio:

A usted le habrá causado una gran sorpresa mi renuncia como a mí mismo. Le daré algunos detalles ... Tenía unas pruebas escritas y firmadas por el mismo barón de Río Branco de que se prepara a agredir a la República Argentina, una vez que tenga su supremacía naval absolutamente asegurada, son sus palabras. En presencia de esta situación desarrollé un plan político de diplomacia defensiva para aislar al Brasil y robustecer el ambiente moral de nuestro país, ya que no podíamos contar con armamentos.

Mi plan diplomático había dado su éxito, estábamos aliados con Chile, en una forma defensiva. Este tratado, no le debe sorprender; en realidad, es un tratado que tiene por objeto presionar a Chile y a la Argentina, unidos ante el Brasil, para pedirle a este país la limitación de armamentos ... Vínculos análogos he estrechado con el Paraguay y Bolivia ... Por otra parte Chile, había pedido ya al Brasil, confidencialmente, que nos cediera parte de su escuadra (6).

Por cierto, un factor que agravó las tensiones entre la Argentina y Brasil fueron sus políticas divergentes hacia Estados Unidos. La diplomacia brasileña intentó, en los primeros años del siglo XX, consolidar su posición como potencia sudamericana "sobre las bases de una limitada aceptación de la Doctrina Monroe" (7). El gobierno de Brasil había negociado el libre acceso para sus exportaciones de café en el mercado norteamericano, a cambio de la obtención de una tarifa preferencial para el trigo norteamericano en el mercado brasileño. Esta estrategia comercial fue percibida por la diplomacia argentina como una maniobra para impedir la colocación de trigo argentino en Brasil. En su informe anual correspondiente al año 1906, el ministro británico en Buenos Aires señaló que "la República Argentina está indudablemente celosa de la atención de Brasil hacia el gobierno norteamericano" (8).
    El segundo instrumento de la competencia argentino-brasileña - la carrera armamentista- tuvo su expresión más importante en la llamada "diplomacia de los acorazados", como se verá a continuación.

  1. El Barón de Río Branco representó la continuación del Imperio en plena República brasileña. Gozó de continuidad vitalicia en el cargo y de otros poderosos atributos más propios de un régimen imperial que de uno republicano, pero que resultaron muy funcionales a los intereses del gobierno brasileño. Manejó a su antojo los presupuestos y ni el Congreso ni los medios de prensa se opusieron a sus proyectos de engrandecimiento de la República brasileña. Es más: Río Branco llegó a dirigir una red periodística que fue más allá de las fronteras brasileñas, llegando a los países limítrofes.

  2. Ver J.M. Bello, op. cit., p. 190.

  3. Vale advertir que Estanislao S. Zeballos fue ministro de relaciones exteriores en tres ocasiones: entre septiembre de 1889 y abril de 1890 (durante la presidencia de Miguel Juárez Celman); entre octubre de 1891 y octubre de 1892 (durante la presidencia de Carlos Pellegrini); y entre noviembre de 1906 y junio de 1908 (durante la gestión de José Figueroa Alcorta).

  4. Carlos Rodríguez Larreta, "Armamentos navales", en La Prensa, Buenos Aires, 13 de septiembre de 1906, cit. en G. Ferrari, "La Argentina y sus vecinos", op. cit., p. 689. Rodríguez Larreta fue canciller durante los gobiernos de Quintana y Figueroa Alcorta, entre octubre de 1904 y marzo de 1906, y de agosto a octubre de 1910, respectivamente.

  5. Consultar respecto de este doble juego diplomático de competencia argentino-brasileña y de entente por separado de la Argentina y Brasil con Chile, entre 1906 y 1909, la tesis doctoral de Emilio Meneses C., Coping with Decline: Chilean Foreign Policy During the Twentieth Century, 1902-1972, University of Oxford, Bodleian Library, 1988, p. 60.

  6. Carta del canciller Estanislao S. Zeballos al ministro plenipotenciario de la Argentina en Roma, Roque Sáenz Peña, Buenos Aires, 27 de junio de 1908, conteniendo los motivos de su renuncia y la política respecto de la diplomacia brasileña, Archivo General de la Nación, Archivo Ernesto H. Celesia, VII-21-2-10, citada en R. Etchepareborda, Historia de las relaciones..., op. cit., pp. 40, 45 y 46.

  7. F.O. 371/ 604 (97870), Haggard to Grey, Petropolis, 28 March 1911, fuente citada en E. Meneses C., op. cit., p. 60.

  8. F.O. 371/ 194 (5418), Townley to Grey, Buenos Aires, 23 January 1903, cit. en ibid., p. 60.

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