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Entre aproximadamente 1908 y el inicio de la Primera Guerra Mundial, la singular etapa en la historia de las relaciones argentino-brasileñas, caracterizada por una importante carrera armamentista -particularmente pronunciada en el ámbito naval-, ha sido denominada como la "diplomacia de los acorazados". Fue una suerte de "paz armada" entre las autoridades de Buenos Aires y Río de Janeiro, estimulada por la mutua desconfianza.
    Por cierto, resulta imposible comprender esta carrera armamentista sin vincularla al contexto mundial, con rasgos tales como la gran competencia naval entre la Grand Fleet británica y la Hocheseeflotte alemana; y el influjo del darwinismo social y de las doctrinas del almirante Alfred Thayer Mahan sobre la política de expansión naval de las potencias europeas y extraeuropeas (casos de Estados Unidos y Japón), todo lo cual alcanzaba a las potencias medianas sudamericanas entonces exitosas económicamente como la Argentina, Brasil y Chile. A estos influjos teóricos, que permitieron otorgar a las políticas expansionistas un sentido misional (cuyo ejemplos fueron el "Destino Manifiesto" norteamericano y su variante argentina) (1), se agregó el estimulante efecto que en la carrera armamentista de las tres potencias conosureñas generó la competencia entre los astilleros de Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania, Francia e Italia, para obtener los contratos navieros de estos países sudamericanos (2).
    Por el lado argentino, Zeballos estuvo convencido de que las autoridades brasileñas preparaban la guerra contra la Argentina. Su prédica se exacerbó cuando en 1906 las autoridades de Río de Janeiro adquirieron tres acorazados tipo dreadnought, el más avanzado en aquel momento. Con esta decisión, el gobierno brasileño quebró a su favor el equilibrio naval sudamericano y pasó a representar una amenaza para las autoridades de Buenos Aires. Partiendo del supuesto de que el gobierno brasileño se estaba armando para preparar una guerra contra la Argentina, Zeballos planteó la necesidad de lograr la superioridad naval argentina. Una vez lograda ésta, las autoridades argentinas debían atacar a Brasil, con la ayuda de los demás países del Cono Sur. Incluso Zeballos propuso, al gobierno de Chile, la alianza de las escuadras argentina y chilena para imponer al gobierno de Brasil la paridad de sus fuerzas navales (3).
    Por su parte, Río Branco continuó la tradicional política exterior del Brasil, en el sentido de evitar cualquier tipo de alianza subregional liderada por el gobierno argentino que cercara a Brasil. Incluso, desde su posición de fuerza, dio señales de pretender consolidar un pacto entre las tres potencias del Cono Sur (Argentina, Brasil y Chile) liderado por las autoridades de Río de Janeiro, objetivo que buscó a través del juego diplomático y no por medio de la guerra (4).
    A su vez, valiéndose del acercamiento argentino-chileno como consecuencia de los pactos de Mayo y del laudo arbitral británico de 1902, el ministro Zeballos propuso a las autoridades de Río de Janeiro el reparto de los dos dreadnought (5) encargados por el canciller brasileño en Gran Bretaña (uno para Brasil y otro para la Argentina), exigencia que Río Branco nunca estuvo dispuesto a cumplir. A fines de 1908, en su campaña proselitista ya fuera del ministerio, Zeballos continuaba exigiendo el mencionado reparto, en los siguientes términos:

Si el Brasil ama la paz, si es amigo de la República Argentina, si no se arma para imponérsele en la acción diplomática o militar, concluya en un día, en una hora, la negociación diplomática iniciada por mí, para dividir entre nuestros dos países amigos, su nueva escuadra. Cédanos de una vez un "dreadnought" y algunos otros cascos, ya que reconoció en mayo (1908) cuando temían mi acción -que era posible pactar la equivalencia naval sobre esa base (6).

Al quedar clausurada la opción de una alianza argentino-chilena para imponer a las autoridades de Brasil una limitación de su poderío naval, el ministro de relaciones exteriores argentino planeó una guerra preventiva contra las autoridades de Río de Janeiro, animado por el excelente estado en que se encontraban en ese momento de su historia tanto la marina como el ejército argentinos. El canciller Zeballos presentó su plan ante los hombres del gobierno argentino el 10 de junio de 1908, el cual incluía un ultimátum a Río Branco, instándolo a la división de la escuadra con la Argentina. Además, el plan de Zeballos comprendía la movilización de la escuadra argentina y de 50.000 reservistas del ejército, e incluso la idea de una eventual "ocupación de Río de Janeiro" (7). Según Zeballos, el plan fue aprobado por unanimidad por el gabinete, conviniéndose en que el canciller debía presentar la documentación secreta y el plan de exposición al Congreso para solicitarle los fondos a los efectos de la movilización.
    A pesar de su carácter reservado, el plan y lo tratado en la reunión de gabinete fue publicado al día siguiente por La Nación, medio abiertamente hostil a Zeballos, recibiendo entonces la oposición de algunos sectores del gobierno y de la opinión pública argentinos (8). A este factor se sumó una discreta intervención de la diplomacia británica en contra de Zeballos, percibido como un elemento de disturbio en la paz subregional (9). Ante la creciente oposición a la figura del canciller, el presidente Figueroa Alcorta decidió trasladarlo, a fines de junio de 1908, del ámbito del Ministerio de Relaciones Exteriores al de Justicia e Instrucción Pública, hecho que fue el detonante de su renuncia (10).
    Un informe del representante italiano en Buenos Aires, conde Macchi di Cellere, señaló que la caída del ministro produjo satisfacción en las autoridades de Río de Janeiro y Montevideo, mientras que los representantes de Chile, Paraguay y Bolivia expresaron a di Cellere su desagrado y preocupación por el futuro (11).

  1. Acerca de la idea de "Destino Manifiesto" de Estados Unidos consultar R. Etchepareborda, Historia de las relaciones..., op. cit., pp. 110-113. Cabe aclarar que la clase dirigente argentina tuvo, como la norteamericana, su propia idea de "Destino Manifiesto". Con referencia a esta idea, Zeballos sostuvo en 1904, al defender una política armamentista para la Argentina que:

    La vida de las Naciones modernas no es una Arcadia. Es de choques de intereses, de peligros y de sabias previsiones. Los países que por cobardía del espíritu público o por lirismo de sus estadistas hayan soñado que le es posible vivir fuera de la regla universal, es decir sin armamentos proporcionados, harían bien de abdicar de una vez su soberanía, ingresando como colonias inermes de las grandes potencias. Pero los pueblos viriles, por más mercantiles que sean -Estados Unidos, Alemania e Inglaterra lo enseñan- deben aceptar simultáneamente cargas pecuniarias y la labor que la militarización de los tiempos les imponen, sin más limitaciones que las del criterio nacional, aconsejada por sus recursos y por sus necesidades.

    Estanislao Zeballos, "Los armamentos navales del Brasil", en Revista de Derecho, Historia y Letras, tomo XX, 1904, pp. 297-298, citado en ibid., p. 116.

    Queda claro que, para Zeballos, la Argentina está destinada a ser una Nación moderna y un pueblo viril. Por su parte, José Ingenieros justificó también una versión argentina del "Destino Manifiesto", postulando la superioridad de la "raza argentina", centro de irradiación de la futura "raza neolatina". Cuatro factores explicaban según Ingenieros la superioridad racial argentina: la amplitud de su territorio, la fecundidad de su tierra, su clima templado, y su raza blanca. Estos cuatro factores le permitirían superar a sus competidores en la región: Brasil y Chile. Para Ingenieros, la influencia moral y material de la Argentina se afianzaría en Sudamérica, pues "la Historia se burla de los débiles y es cómplice de los fuertes. Sin fuerza no hay derecho, quienes desean reivindicar un derecho, sea un individuo, una nación o una raza, debe trabajar para ser el más fuerte. Eso basta". José Ingenieros, La Sociología Argentina, cit. en ibid., p. 120.

  2. En el caso de los contratos navieros con el gobierno argentino, participaron en los mismos los siguientes astilleros: Ansaldo (Italia), Armstrong (Gran Bretaña), Vickers Sons and Makims (Gran Bretaña), Forges et Chantiers (Francia), Fore River Company (Estados Unidos), Bethlehem Steel (Estados Unidos) y Blohm y Voss (Alemania). Ver al respecto ibid., pp. 80, 90 y 93.

  3. M.A. Scenna, Argentina-Brasil..., op. cit., p. 293.

  4. Según Scenna, Río Branco buscó la alianza y no el enfrentamiento con las autoridades de Buenos Aires:

    Contra lo que creía Zeballos, Río Branco de ningún modo quería la guerra. Era lo bastante estadista, lo suficientemente talentoso como para ver cuánto de azaroso, de aleatorio y de ruinoso tiene un conflicto bélico. Para él, que había engrandecido al Brasil sin gastar una bala, no había mejor ejército que la diplomacia. Brasil debía tener armas suficientes y poderosas, pero aceitadas y bien guardadas como elemento disuasorio, no compulsivo. Además, entreveía una política novedosa: para cubrir el flanco sur brasileño e impedir una alianza que cercara a Brasil liderada por la Argentina, el camino no era andar a los puntazos con Buenos Aires, sino lograr la alianza argentina. Trazado el eje Río de Janeiro-Buenos Aires, que hacía extensivo a Santiago de Chile, el resto del continente debía girar en su torno. Río Branco estaba convencido de que era el único sistema para terminar con las guerras en Sudamérica y descontaba que Itamaraty sería el conductor del pacto tripartito. M.A. Scenna, Argentina-Brasil..., op. cit., p. 295.

  5. El dreadnought fue un gran acorazado, veloz y con cañones de grueso calibre y motores de combustión mixta de carbón y petróleo. Inicialmente registrado por el almirantazgo británico en 1906, una serie de buques llevaron este nombre. El canciller de Brasil, Río Branco, no quiso mantenerse al margen de estos progresos técnicos y en 1907 decidió incorporar de Gran Bretaña dos dreadnoughts de 20.000 toneladas cada uno. Por su parte, y preocupado por el equilibrio naval subregional, el canciller argentino Estanislao Zeballos propuso a su colega brasileño el reparto de los dreadnoughts encargados por Río Branco, solución que este último jamás aceptó.

  6. Estanislao S. Zeballos, "Diplomacia desarmada", en Revista de Derecho, Historia y Letras, 1908, cit. en R. Etchepareborda, Historia de las relaciones..., op. cit., pp. 136-137.

  7. Carta de Zeballos a Roque Sáenz Peña, Buenos Aires, 27 de junio de 1908, Archivo General de la Nación, Colección Celesia, fs. 6, cit. en G. Ferrari, "La Argentina y sus vecinos", op. cit., p. 689.

  8. Desde que asumió la titularidad de la cartera de relaciones exteriores, Zeballos debió enfrentarse a la oposición de los partidarios de Roca. Así lo atestiguó el representante alemán en Río de Janeiro, von Reichenau, quien señaló, en referencia a la campaña de "A Imprensa" contra el ministro Zeballos, que la misma estuvo destinada a "comprometer la política exterior del actual gobierno argentino ante la opinión pública del país y con eso provocar su caída o por lo menos la dimisión del señor Zeballos, y si es posible llevar al poder al partido de Roca, simpatizante de Brasil. De este modo de ver las cosas, me ratifico, por la gran antipatía que puedo frecuentemente observar aquí contra el ministro Zeballos, mientras que del general Roca siempre se habla con gran consideración y como de un amigo del Brasil". Ver R. Etchepareborda, Historia de las relaciones..., op. cit., p. 144. Por su parte, el propio Zeballos señaló como directos responsables de su renuncia al diario La Nación y al ministro de marina, el contraalmirante Onofre Betbeder. Ibid., p. 83.

  9. El historiador norteamericano Warren Schiff sugiere que el gobierno británico aconsejó discretamente el alejamiento de Zeballos, considerado por las autoridades de Londres como un elemento perturbador de las relaciones pacíficas en la subregión. Warren Schiff, "The Influence of German Armed Forces and War Industry on Argentina", Hispanic American Historical Review, vol. 52, August 1972, p. 449. Citado también en R. Etchepareborda, Historia de las relaciones..., op. cit., p. 83.

  10. De acuerdo con el informe del ministro plenipotenciario italiano en Buenos Aires, conde Macchi di Cellere, la caída de Zeballos se debió a la presión de sus opositores sobre el ánimo del presidente Figueroa Alcorta: "Al doctor Figueroa, hombres de todas partes solicitaron, en realidad, la cabeza de Zeballos. Continuando como ministro, el Senado se habría opuesto, sin duda, a cualquier proyecto de ley del Poder Ejecutivo, obstruyendo hasta el Presupuesto; él, ministro, el Congreso no habría autorizado los fondos requeridos para los nuevos armamentos; él, ministro, en fin, habrían corrido grave peligro las relaciones de la República con las otras potencias sudamericanas. Es en realidad, en el terreno de la política exterior, donde se ha conseguido golpear a Zeballos... Ha sido señalado, agigantado quizás al Presidente qué consecuencias inevitables tendrían, la permanencia en el poder de su imperialista, visionario, turbulento e impulsivo Ministro de Relaciones Exteriores... Y el Presidente ha cedido". Ver informe del representante italiano en la Argentina, Despacho Nº 592/147, Buenos Aires, 30 de junio de 1908, cit. en R. Etchepareborda, Historia de las relaciones..., op. cit., p. 146. Consultar también M.A. Scenna, Argentina-Brasil..., op. cit., pp. 293-294.

  11. Despacho Nº 592/147 del ministro italiano en Buenos Aires, conde Macchi di Cellere, Buenos Aires, 30 de junio de 1908, cit. en R. Etchepareborda, Historia de las relaciones..., op. cit., p. 146.

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