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El alejamiento de Zeballos del ministerio de relaciones exteriores argentino provocó el estallido de una virtual guerra periodística entre los diarios La Prensa, defensora de la postura armamentista del ministro frente a los países vecinos, y La Nación, partidaria de una política más prudente y cercana a las autoridades de Río de Janeiro que la propuesta por el ex canciller. El primero de estos matutinos sostuvo, en sus editoriales del 24, 27 y 31 de julio de 1908, la inferioridad naval argentina y la necesidad de contar con "una marina suficiente para asegurar la paz, la soberanía nacional y el comercio exterior". Zeballos, aunque alejado de la Cancillería, no ahorró energías en denunciar la actitud de Río Branco desde La Prensa y otros medios de opinión, tales como la Revista de Derecho, Historia y Letras. Además el ex canciller inició una activa campaña de propaganda a favor de una política de rearme en las provincias del interior argentino.
    En La Plata, Rosario, Córdoba y Tucumán, se llevaron a cabo mítines "pro-armamentos", en los que Zeballos relató y criticó la política brasileña desde principios del siglo XIX (1).
    Por cierto, el proyecto armamentista de Zeballos no fue fruto de los esfuerzos aislados del enérgico ministro de relaciones exteriores argentino. Por el contrario, dicho proyecto fue congruente con el espíritu expansionista imperante entre muchos de los miembros de la clase gobernante argentina, íntimamente vinculado tanto al crecimiento económico del país como al contexto político mundial de los primeros años del siglo XX, caracterizado por la expansión imperialista de las potencias tanto europeas como no europeas (Japón y Estados Unidos).
    Muchos de los jóvenes de la nueva generación apoyaron el enfoque armamentista de Zeballos, haciendo uso de las teorías raciales y del pensamiento de Mahan acerca de la importancia del poder naval. José Ingenieros afirmó la superioridad de la raza argentina y justificó una hegemonía imperialista de la Argentina en Sudamérica. Ernesto Quesada sostuvo que la pérdida del imperio colonial por parte de Gran Bretaña era un incentivo para el surgimiento de un panhispanismo activo y demostraba la inexistencia de la superioridad anglosajona. Partiendo de este razonamiento, sostuvo que la Argentina debía tener una política exterior "activa". Por su parte, el capitán de fragata Segundo R. Storni dio un importante espaldarazo a la política armamentista de Zeballos, al afirmar categóricamente que "la flota argentina de mar debe ser tan fuerte hasta superar aisladamente a cada una de las flotas vecinas y hacer muy problemática su función en caso de guerra" (2).
    Quizás el autor que expresó más claramente la nueva ideología nacionalista argentina fue Luis P. Tamini, autor de muchos de los artículos más polémicos de la Revista de Derecho, Historia y Letras de Zeballos. Partidario como tantos otros argentinos del "mito de la pérdida territorial" -es decir, de la falsa identificación de la República Argentina con el territorio integral del ex Virreinato del Río de la Plata-, Tamini postuló la reincorporación de los territorios pertenecientes al antiguo virreinato como elemento clave del fortalecimiento argentino. A la vez, sostuvo la inevitabilidad del conflicto argentino-brasileño, pues "son los dos polos de la aguja imantada que apuntarán siempre a horizontes opuestos". Propuso un plan de ataque naval argentino a Brasil, semejante al presentado por Zeballos al gabinete en junio de 1908. Finalmente señaló que en la guerra entre las autoridades de Buenos Aires y Río de Janeiro, la Argentina compensaría con su fuerza moral la material de Brasil: "la fe en el porvenir del argentino, su tendencia incoercible a expandirse, su confianza en el trabajo, no las posee el brasileño, y como el hombre es ante todo una fuerza moral, el argentino vale más que el brasileño y lo ha probado ya en la paz y en la guerra". Respecto de Uruguay, Tamini consideró que las autoridades brasileñas intentaron poner al pueblo oriental en contra del argentino, y que este último debía conquistar la simpatía del primero. No obstante, también señaló que "Montevideo cual una pistola cargada, apunta al corazón de la Argentina (...) con el puerto de Montevideo, rival futuro de Buenos Aires, no hay más política comercial, que delenda est Cartago". Tamini sostenía que Bolivia y Paraguay serían de quien demostrara ser más hábil. En su opinión los instrumentos para llegar al objetivo deseado eran dos: la colaboración de Inglaterra para que no perturbara la incorporación de los dos estados mediterráneos, y la amistad con Chile, indispensable para establecer ese orden nuevo. Este último país y la Argentina debían trabajar juntos para la unión de Sudamérica (3).
    Asimismo, las opiniones vertidas por el comandante Augusto A. Maligne en la Revista de Derecho, Historia y Letras, justificando la intervención argentina en Uruguay, país subestimado por el autor debido a la permanencia de la guerra civil entre blancos y colorados, confirman la presencia de este espíritu expansionista entre los círculos oficiales argentinos, vinculado tanto al contexto mundial como a un sentimiento de orgullo de la clase dominante argentina por el crecimiento económico, que, a su vez, dio lugar a una exagerada percepción acerca de la importancia de la Argentina en el mundo. Justificaba Maligne el expansionismo de la Argentina en los siguientes términos:

El precepto supremo de las naciones, aun cuando no lo formulan, es ante todo ser fuerte para vivir (...) y después ser virtuoso si se puede (...) Existe en la América del Sud una república, cuya superficie es de 250.000 km2, poblados de 700.000 habitantes, y que todavía queda en el estado anárquico del cual ha salido hace medio siglo su gran vecino del Sud (...) Si los hombres de estado en la Gran República del Sud, a más de viveza, a más de inteligencia, a más de ilustración, tuviesen previsión y energía -de los cuales tal vez no carecen, aunque no los manifiestan- harían lo necesario para preparar, o bien para realizar ya, invocando los mismos motivos que Francia para Marruecos, Italia para Trípoli, Austria para Bosnia, la anexión de aquella República, anarquizada, asolada, arruinada, sin posibilidades de paz interna futura (...) Una nación civilizada tiene derecho de establecer la paz ‘sobre’ otra nación que no lo es, con lo cual hace más feliz a ésta, se agranda a sí misma y contribuye a la felicidad de la humanidad toda (4).

Abrevando en la ley darwiniana de la expropiación del más débil por el más fuerte, y sosteniendo un crudo enfoque realista, en sintonía con Theodore Roosevelt, Alfred Mahan, y Friedrich Nietzche ("el único derecho internacional entre naciones y razas es el de la fuerza"), Maligne aconsejaba el siguiente lema, aplicado al caso uruguayo: "el interés de la humanidad, el de las naciones vecinas y el de la misma nación anarquizada, justifica y hasta impone la subalternización de éste, en forma de anexión o de protectorado" (5).
    A la vez, las ideologías "nacionalistas" argentina y brasileña de Zeballos y Río Branco tuvieron eco en sus respectivas sociedades. En mayo de 1910, algunas ciudades y poblados de la Argentina y Brasil fueron testigos del accionar de grupos de individuos que protagonizaron manifestaciones hostiles contra agencias consulares del otro país. Debido a la gravedad de estos incidentes, el encargado de negocios interino del gobierno argentino, Cámpolo, y el ministro de relaciones exteriores del gobierno de Brasil, Río Branco, firmaron en Río de Janeiro un protocolo el 15 de agosto de 1910, por el cual se dejó constancia tanto del repudio de las autoridades de ambos países a estos desmanes, como de las enérgicas medidas adoptadas por los representantes de ambas naciones para impedir o reprimir los desórdenes y depredaciones contra agencias consulares y emblemas nacionales argentinos en Brasil y/o brasileños en Argentina (6).

  1. La Prensa, Buenos Aires, 24, 27, y 31 de julio; y 17, 18 y 20 de septiembre de 1908; Estanislao S. Zeballos, "Las Fuerzas Armadas y la posición internacional de la República", Revista de Derecho, Historia y Letras, septiembre-octubre de 1908; también tomo XXXI, pp. 302-456, fuentes citadas en R. Etchepareborda, Historia de las relaciones..., op. cit. p. 84.

  2. Capitán de fragata Segundo R. Storni, "Intereses argentinos en el Mar", Buenos Aires, 1916, cit. en R. Etchepareborda, Historia de las relaciones..., op.cit., p. 122.

  3. Luis P. Tamini, "Corta Memoria sobre los medios de llegar pacíficamente a la reconstrucción del Virreinato", en Revista de Derecho, Historia y Letras, pp. 516-519, cit. en R. Etchepareborda, Historia de las relaciones..., op. cit., pp. 124-125.

  4. Palabras del comandante Augusto A. Maligne, en Revista de Derecho, Historia y Letras, tomo XLV, 1912, pp. 66-72, cit. en R. Etchepareborda, Historia de las relaciones..., op. cit., p. 85.

  5. Idem, nota anterior, cit. en ibid., pp. 125-127.

  6. I. Ruiz Moreno, op. cit., p. 86.

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