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En diciembre de 1908, el secretario de Estado norteamericano Elihu Root propuso al gobierno brasileño que dividiera sus grandes acorazados con el argentino, pero esta propuesta ni siquiera fue considerada por las autoridades brasileñas (1). Dada la resistencia brasileña a repartir en forma salomónica dos de los tres dreadnoughts encargados por Río Branco y recibidos en 1910 -el Minas Gerais y el Sao Paulo-, las autoridades argentinas decidieron seguir los pasos brasileños y, en enero de 1910, adjudicaron los contratos para la fabricación de dos dreadnoughts a astilleros norteamericanos. En 1915, la Argentina recuperó su supremacía naval al incorporar los acorazados Moreno y Rivadavia, de 27.500 toneladas cada uno.
    Para impedir que Brasil construyera un tercer acorazado (el Río de Janeiro), el sucesor de Figueroa Alcorta en la presidencia argentina, Roque Sáenz Peña (1910-1914), envió en 1911 dos misiones a Río de Janeiro. Una de ellas, de carácter público, fue encomendada al embajador extraordinario Manuel A. Montes de Oca. La otra fue de carácter privado, y estuvo a cargo de Ramón J. Cárcano, un diplomático con firmes amistades en Río de Janeiro. Pero en las gestiones entre Cárcano y las autoridades brasileñas, no se firmó nada. Si bien Cárcano obtuvo la renuncia verbal del canciller brasileño a la construcción del tercer dreadnought, en sus memorias omite decir que el barón de Río Branco encargó otra nave en su lugar, el Riachuelo (2).
    Estas misiones de Montes de Oca y Cárcano a la capital brasileña reflejaron por cierto la intención del presidente Sáenz Peña de buscar un entendimiento con el gobierno de Brasil. Según Scenna, Sáenz Peña procuró, a través del acercamiento con las autoridades de Río de Janeiro, la formación de un bloque subregional compacto que se opusiera al poder en expansión de Estados Unidos, en sintonía con la "política atlántica y probritánica" de los gobiernos argentinos, impuesta por la dependencia económica y cultural respecto de Europa (3).
    Dos nuevas misiones fueron enviadas a la capital brasileña en 1912, una oficial, a cargo del ex presidente Julio Roca, y la otra, reservada, encomendada a Norberto Quirno Costa. Pero ese año murió Río Branco, el impulsor de la rivalidad argentino-brasileña en materia de armamentos, quien fue reemplazado en la cancillería brasileña por Lauro Müller, partidario de una política más discreta que la de su antecesor. La desaparición de Río Branco implicó en gran medida el fin de la diplomacia de los acorazados, que concluyó en junio de 1914. En consecuencia, el 1º de julio de dicho año, el entonces canciller argentino, José Luis Murature, pudo comunicar a la Cámara de Diputados en sesión secreta que, por fin, el gobierno brasileño había renunciado a la construcción de su tercer acorazado (4).

  1. Cámara de Diputados de la Nación, sesiones secretas del lunes 15 y miércoles 17 de junio de 1914, fs. 18-19 y 136-137, cit. en G. Ferrari, La Argentina y sus vecinos, op. cit., p. 689.

  2. Ramón Cárcano, Mis primeros ochenta años, Buenos Aires, 1944, pp. 284-286, cit. en G. Ferrari, La Argentina y sus vecinos, op. cit., p. 690. Ver también M.A. Scenna, Argentina-Brasil..., op. cit., pp. 298-299.

  3. M.A. Scenna, Argentina-Brasil..., op. cit., p. 297.

  4. Cámara de Diputados de la Nación, sesión secreta del miércoles 1º de julio de 1914, fs. 585, cit. en G. Ferrari, La Argentina y sus vecinos, op. cit., p. 690.

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