Visite nuestra página principal

En 1893 se generó un enojoso episodio en las relaciones diplomáticas argentino-bolivianas, al publicarse, en la Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores boliviano de dicho año, un memorándum antiguo enviado desde Petrópolis por el ministro plenipotenciario de Bolivia en Buenos Aires, Mariano Reyes Cardona, al ministro de relaciones exteriores del gobierno boliviano, con fecha 4 de octubre de 1873. Dicho memorándum, referente a la discusión sobre límites que el mencionado plenipotenciario mantenía con las autoridades de Buenos Aires, contenía conceptos que las autoridades argentinas consideraron "agraviantes". El memorándum decía lo siguiente acerca de la conducta exterior argentina:

Que el Gobierno Argentino es el único en América que ha querido hacer argentinos a pueblos libres, el único que sustenta esta loca ambición que constituye una amenaza permanente contra sus vecinos; que es un obstáculo invencible para las buenas relaciones en el Continente y una causa eterna de rencores y hostilidades.

Que pretende heredar el Virreinato, mendigando declaraciones hostiles a la libertad; que mutilado y exterminado el Paraguay, le disputa la Bahía Negra; que con su espada victoriosa resolvió la cuestión Misiones, encontrando claro este derecho y legítima esta solución.

Que el libertador Bolívar al ordenar la entrega de Tarija, fue indignamente engañado por la Legación argentina.

Que se apoderó del Chaco a mano armada, clandestinamente y provocó un nuevo escándalo en América aprovechando los momentos; que esta agresión tenía por objeto y era su plan, hacer imposible toda solución pacífica; que puso el grito en el cielo porque se le negó el honor de conducir por segunda vez legiones extranjeras para exterminar otro pueblo.

Por último: Que la República Argentina rasgó las reversales, armada de violencias y usurpaciones, consumó la conquista y no vacila en proclamar la soberanía de la fuerza (1).

El contenido del memo de la cancillería boliviana resulta sugestivo a los ojos argentinos por el efecto contracultural que produce al presentar a la Argentina como una nación expansiva y agresiva respecto de sus vecinos limítrofes, imagen que se opone totalmente a la proyectada por el tradicional "mito" argentino "de la pérdida territorial". Según este mito, la diplomacia argentina, lejos de ganar territorios respecto de sus vecinos, los pierde.
    Cuando el canciller argentino, Eduardo Costa, se enteró del polémico contenido del memorándum publicado en la Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores boliviano, el 17 de enero de 1894 ordenó telegráficamente al ministro plenipotenciario argentino en La Paz, Benjamín Figueroa, que pidiera "las explicaciones necesarias al Gobierno de Bolivia sobre la publicación de la memoria". En nota aparte de la misma fecha, el canciller argentino le expresaba que

Impuesto el señor presidente de los párrafos sobre que vuestra excelencia llama la atención y que, indudablemente, acusan el premeditado intento de herir las susceptibilidades nacionales o cuando menos un incomprensible olvido de la cortesía internacional, me encarga manifestar a vuestra excelencia que, sin desaprobar la protesta, ha debido vuestra excelencia dirigirse a ese Ministerio de Relaciones Exteriores, pidiendo explicaciones sobre el alcance y objeto de una publicación de tal carácter hecha en momentos en que el Tratado de Límites ha puesto término a la única diferencia que haya existido entre ambos países.

Tanto más sorprende hoy ese lujo de antecedentes, cuando según lo manifiesta vuestra excelencia el memorándum del señor Reyes Cardona no se encontraba en las oficinas del Gobierno y ha sido necesario procurárselo en un archivo particular, donde se conservaba como mero objeto de curiosidad.

Cumpliendo el pensamiento del señor presidente de la República, procederá vuestra excelencia a pedir las explicaciones indicadas, las que se apresurará vuestra excelencia a comunicarlas a este ministerio, a fin de resolver lo que corresponda (2).

En el ínterin, el canciller boliviano, Severo Fernández Alonso, contestaba satisfactoriamente la nota de protesta presentada por el representante argentino, en los siguientes términos:

Solucionada felizmente la antigua cuestión de límites, mediante el ajuste definitivo de 10 de marzo de 1889, esta Cancillería creyó llegado el caso de dar a conocer al país los antecedentes y curso del litigio; y con tal propósito, usando de una facultad de orden absolutamente interno que no puede serle desconocida en ningún caso, consignó entre los anexos de su memoria, junto con el texto del Tratado y los documentos llamados a fundar su derecho a los territorios cuestionados, el memorándum a que se refiere vuestra excelencia.

Producido dicho documento en lo más ardiente de los debates argentino-bolivianos y en momentos en que la cuestión interesaba con idéntico apasionamiento el patriotismo de ambos pueblos, no es de extrañar que adolezca (sic) de cierta violencia de juicio y de vehemencia en su lenguaje; así como con los mismos caracteres, la Cancillería argentina ha producido y publicado antes de ahora documentos referentes a la misma cuestión, sin protesta de parte de Bolivia.

La alta ilustración de vuestra excelencia no podrá menos de reconocer que las apreciaciones del mencionado memorándum no interpretan el sentimiento del Gobierno boliviano, cuyos esfuerzos se han dirigido constantemente a mantener el debate en el terreno de la templanza y de la más perfecta cordialidad, hasta alcanzar, mediante el Tratado de 1889, un resultado que es, con razón, de honor y justicia para ambos pueblos.

Habría deseado que vuestra excelencia antes de dar forma a su protesta, último acto de una conferencia o correspondencia iniciada sin resultado, en demanda de una explicación o reconocimiento de un derecho, hubiera querido manifestarme la penosa impresión que produjo en su ánimo la lectura del indicado memorándum, para dejar constancia a vuestra excelencia, de que el Gobierno boliviano reconoce el elevado espíritu de justicia que ha guiado al Gobierno y pueblo argentino, en la extinguida controversia sobre límites, felizmente concluida (3).

  1. Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores boliviano, 1893, cit. en ibid., p. 486.

  2. Nota del canciller argentino Eduardo Costa de pedido de informes al gobierno boliviano, cit. en ibid., pp. 487-488.

  3. Respuesta del ministro de relaciones exteriores boliviano al pedido de informes del canciller argentino, cit. en ibid., p. 488.

Aclaración: Las obras citadas (op. cit.) que no se mencionan explícitamente en este listado de citas, se encuentran en las páginas inmediatamente anteriores. Para ello, haga un click en el botón "Anterior". También puede utilizar la opción "squeda" , ingresando el nombre del autor de las obras respecto de las cuales se requiere información.

Ir a página anterior Home Ir a página siguiente

© 2000. Todos los derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de copyright y propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines estrictamente académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier otro uso deberá contar con la autorización por escrito de los autores.