El tratado de límites Carrillo-Díez de Medina (julio de 1925)
La discusión diplomática por los límites con Bolivia se reinició
cuando se comenzaron a advertir los errores inherentes al tratado de 1889. Para solucionar
estos problemas arribó a Buenos Aires un nuevo ministro boliviano, Telmo Ichazo, quien
firmó con el canciller Eduardo Costa el acta protocolizada del 26 de junio de 1894, a fin
de iniciar las tareas de demarcación. Posteriormente, Ichazo firmó con el nuevo
canciller, Amancio Alcorta, el acta protocolizada del 2 de junio de 1897, estableciéndose
que era intención de la Argentina no retirar de la soberanía de Bolivia el pueblo de
Yacuiba. Esta acta fue el único documento que retuvo su validez, luego del rechazo por el
Senado argentino de los tres protocolos firmados posteriormente. Por cierto, el ministro
boliviano continuó sus gestiones en relación con la situación de Yacuiba, firmando, el
14 de mayo de 1898, el protocolo Ichazo-Zeballos, que dejaba a Yacuiba dentro de
territorio boliviano. Un nuevo protocolo del 23 de abril de 1902 modificó el límite
desde el Pilcomayo al cerro Zapaleri, adjudicando varias localidades a Bolivia. El 28 de
enero de 1904, un nuevo documento alteraba la línea convenida en 1898. Estos protocolos
fueron sometidos a consideración del Congreso argentino, y rechazados, en las sesiones de
1910, cuando ya se había producido la ruptura de relaciones entre los dos países (1).
Reanudadas las relaciones diplomáticas, Dardo Rocha fue designado
plenipotenciario argentino en La Paz. Este suscribió, el 15 de septiembre de 1911, con el
ministro Pinilla, un nuevo protocolo en el cual se acordaba la reanudación de los
trabajos demarcatorios en base al tratado de 1889 y el protocolo de junio de 1894.
No obstante, las disidencias recomenzaron al poco tiempo por los distintos puntos de vista
de los peritos de una y otra parte.
Recién en 1922, el ministro argentino en La Paz, Horacio Carrillo, en
sus negociaciones con el canciller boliviano, Severo Fernández Alonso, logró resolver
las dificultades y firmar un acta, el 30 de octubre de 1922, que permitiría llegar tres
años más tarde al arreglo definitivo. En ella se convino la revisión del tratado de
1889, conservando todo aquello que geográfica o interpretativamente pudiera ser aplicado,
con el mejor conocimiento que las comisiones demarcadoras habían obtenido de la
topografía de las fronteras. Así, se acordó que el tratado podía modificarse en tres
puntos: en la región del pueblo de Yacuiba; en el sector comprendido entre el pueblo del
Bermejo y el río de La Quiaca, y entre el hito colocado en el abra de Huajra y el cerro
Zapaleri. En cada uno de estos puntos, se alcanzaba una solución; éstas quedaban
explicitadas en el acta y debían servir para redactar el tratado definitivo (2).
No obstante, el ministro argentino Carrillo debió vencer todavía
algunas dificultades. A fines de 1923, Carrillo propuso modificar la línea acordada,
reiniciándose las negociaciones. En febrero de 1924, el nuevo canciller boliviano, Román
Paz, a su vez formuló una nueva proposición de modificaciones a la línea del acta, en
forma tal que la solución aparecía como imposible. La negociación por la cuestión de
Toldos, que Bolivia deseaba retener en su jurisdicción, llevó gran parte del año 1924,
hasta que el gobierno boliviano desistió de la misma. Llegado a este punto, y cuando se
acercaba la solución final, el ministro Carrillo fue llamado a Buenos Aires. Con nuevas
instrucciones del ministro Angel Gallardo, Carrillo volvió a La Paz. Para entonces,
había asumido un nuevo canciller, Eduardo Díez de Medina, y éste no quería
modificaciones en la línea. Finalmente, el presidente boliviano aceptó modificar, con
alguna compensación, la línea del acta, a fin de satisfacer el criterio argentino. El
tratado Carrillo-Díez de Medina fue suscripto el 9 de julio de 1925, constando de sólo
dos artículos, en el primero de los cuales quedó detallada la línea de frontera
acordada (3). Complicaciones posteriores demoraron las ratificaciones, llevándose a cabo
el canje de las mismas en Buenos Aires el 11 de octubre de 1938.
El ministro Carrillo también firmó con Díez de Medina, el 21 de
septiembre de 1925, un convenio complementario de vías de comunicación, que daba curso a
intereses comunes con Bolivia. Por un lado se producía la apertura de los ríos
argentinos al comercio de las regiones sur y centro de Bolivia. Por el otro, se concretaba
la aspiración de las provincias del norte argentino de utilizar el río Bermejo como una
vía de transporte económico. Por este tratado las autoridades argentinas se
comprometieron a realizar por su cuenta los estudios y proyectos necesarios para poner en
condiciones de navegabilidad el Bermejo, desde su desembocadura en el río Paraguay hasta
las juntas de San Antonio, así como la construcción de un puerto en el último punto.
Además, el gobierno argentino procuraría que el ramal a Tarija, mencionado en la
convención ferroviaria firmada por las autoridades de Buenos Aires y La Paz, pasara por
las juntas de San Antonio para ver si era posible prolongarlo hasta el interior de Bolivia
rumbo a Potosí (4).
H. Carrillo, op. cit., pp. 65-68.
Acta del 30 de octubre de 1922, firmada por el ministro plenipotenciario argentino, Horacio Carrillo, y el canciller boliviano, Severo Fernández Alonso, transcripta en ibid., pp. 140-155.
Ibid., pp. 157-167.
I. Ruiz Moreno, op. cit., pp. 272-273.
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