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La vieja utopía cisplatina sustentada por argentinos como Bartolomé Mitre, Domingo Sarmiento, Dalmacio Vélez Sarsfield y el oriental Juan Carlos Gómez renació gracias a la inestabilidad política interna que caracterizó al gobierno de Francisco Vidal en Uruguay entre 1880 y 1882. Las debilidades de la gestión de Vidal llevaron a algunos sectores de la clase política oriental a volver a plantear como alternativa la vieja hipótesis de la anexión al Brasil o a la Argentina.
    Resulta más que sugestivo que este renacimiento del pensamiento anexionista en Montevideo coincidiese con la llegada de Roca a la presidencia argentina. Este gobierno logró por cierto proyectar hacia la orilla vecina una imagen de estabilidad política acorde con su lema: "paz y administración". De este modo, el abogado uruguayo Angel Floro Costa, residente en Buenos Aires o Montevideo según las alternativas políticas, propuso en su libro Nirvana, editado en ambas capitales hacia 1880, la reconstrucción parcial del antiguo Virreinato del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires. El libro, cuyo título traducía el estado del nirvana político ante el futuro incierto del Uruguay, aportaba cuatro conclusiones: a) sin el Estado Oriental como parte integrante de la República Argentina el sistema federal sería incompleto; b) sin el auxilio del puerto de Montevideo y el dominio de la frontera uruguaya sobre el Atlántico, la Argentina jamás sería una potencia marítima; c) sólo la federación cisplatina daría fuerza política y proyección continental a los países del Atlántico Sur; y d) se debía invitar a Paraguay a unirse a esta federación. La propuesta de Costa significaba la anulación de las nacionalidades uruguaya y paraguaya y la reconstrucción del ex Virreinato rioplatenses bajo el liderazgo de Roca (1).
    Pero el proyecto del oriental Costa chocó contra el desinterés de su supuesto beneficiario, el presidente argentino Julio Roca. Al ofrecer un ejemplar del Nirvana a Roca, Costa le escribió que "no estaba lejano el gran movimiento de unificación de los dos países en cuya solución estaba reservado a Roca un papel culminante". Pero la propuesta de Costa no tuvo eco. El mandatario argentino ignoró autor y libro, pues apostó al acercamiento con Brasil para neutralizar los eventuales efectos de una alianza chileno-brasileña y compartir con el gobierno de Río la condición de potencia atlántica (2).
    Tampoco Costa contó con el respaldo de la opinión pública de ninguna de las dos orillas del Río de la Plata. Desde la argentina el ex presidente Bartolomé Mitre -quien, como partidario del acercamiento con Brasil durante su mandato presidencial, vio en el proyecto anexionista de Costa un germen de conflicto con Itamaraty- condenó al Nirvana por su misma doctrina y confusa exposición (3). Desde la orilla oriental, Agustín de Vedia examinó la obra de Costa en varios artículos, concluyendo que la misma era totalmente inoportuna. Aunque la crítica fue demoledora para con el Nirvana de Costa, vale advertir que el tema siguió siendo objeto de debate en el Ateneo de Montevideo (4).
    No obstante, Costa no fue el único partidario de la anexión de Uruguay al territorio argentino en los tiempos de la primera administración de Roca. También lo fue el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Dardo Rocha. En ocasión de un banquete celebrado a bordo del acorazado Almirante Brown, en noviembre de 1881, que contó con presencia de Roca, Rocha tuvo la impolítica idea de hacer referencia a "futuros" planes de anexión del Uruguay. El plan de Rocha incluía la anexión del Paraguay. De acuerdo con La Prensa,

la reunificación platense mencionada por Rocha vendría como resultado de la evolución natural y pacífica de los pueblos, un llamado de la sangre en el que ni las armas ni la diplomacia tenían cabida. Era "el ensueño querido" de Rocha que significaba el retorno al antiguo contorno geográfico con la formación de una nación poderosa y homogénea, planteo que poco difería del concebido por Costa (5).

Mientras la mayoría de los diarios porteños silenció el molesto comentario del gobernador de Buenos Aires, en Montevideo la noticia cayó como una bomba, y fue objeto de fuertes críticas por parte de hombres de la clase política uruguaya tales como Francisco Bauzá y Jacinto Albistur, este último el ex diplomático de España tan relacionado con elementos roquistas. En los medios de prensa argentinos y uruguayos se llegó a especular con que la intención de Rocha era convertir a la provincia de Buenos Aires en república separada con la anexión del Uruguay (6).

  1. Consultar respecto del proyecto anexionista del oriental Angel Floro Costa ibid., pp. 42-43.

  2. Archivo General de la Nación, Archivo del General Julio A. Roca, legajo 15; Angel F. Costa a Julio A. Roca, Buenos Aires, 16 de abril de 1881, cit. en ibid., p. 43.

  3. Bartolomé Mitre a Costa, Buenos Aires, 22 de octubre de 1880, cit. en ibid., p. 44.

  4. La Democracia, 22 de febrero, 20 de noviembre y 6-8 de diciembre de 1881; Anales del Ateneo de Montevideo (1882), vol. I, número 5, pp. 345-368, fuentes citadas en ibid., p. 44.

  5. La Prensa, 8 de noviembre de 1881, cit. en ibid., p. 44.

  6. El Siglo, 25 de noviembre de 1881; La Razón, 15 de diciembre de 1881, fuentes citadas en ibid., p. 44.

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