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Como vimos en el capítulo que culmina con las usurpaciones, el 17 de junio de 1833 Manuel Moreno, representante argentino ante el gobierno inglés, presentó una protesta en la forma de un largo documento escrito tanto en inglés como en francés (1). La "Protesta", como se la conoce, desarrolló principalmente los fundamentos expuestos en el decreto de nombramiento de Luis Vernet como gobernador de las islas del 10 de junio de 1829. Las Provincias Unidas del Río de la Plata, como comunidad política independiente reconocida por Gran Bretaña y otros Estados, sucedió a España en los derechos territoriales de ésta en esa jurisdicción. Después de 1774 las Malvinas habían quedado indiscutiblemente como patrimonio de la Corona española. Por lo tanto, dado que la soberanía española sobre las islas había cesado por la independencia de sus territorios en América, Gran Bretaña no tenía derecho a reclamo alguno, "por derechos ya extinguidos" (2).
    La respuesta británica a esta protesta llegó seis meses más tarde. El 8 de enero de 1834 el ministro Palmerston le respondió a Moreno, afirmando que los derechos de Su Majestad Británica nunca se habían extinguido porque la Corona española había restablecido el asentamiento inglés en 1771, y que al abandonar Port Egmont por causas de austeridad, la Corona británica había dejado señales de pertenencia (3).
    Cuenta Ferns que, debido a la tensión que podía desarrollarse entre ambos gobiernos, en un primer momento corrió el rumor en Buenos Aires de que el gobierno porteño pensaba retirar a su representante en Londres. Esto inquietó a los comerciantes británicos en la región del Plata. Pero la situación se calmó y no pasó del rumor (4).
    La segunda protesta argentina no tardó en llegar. Como la respuesta del gobierno británico de principios de 1834 no había sido satisfactoria, el gobierno argentino volvió a protestar el 29 de diciembre de ese año a través de su ministro Moreno. En esta ocasión no hubo respuesta por parte de los británicos (5).
    Algunos años más tarde se produjo un hecho que, según un observador, demuestra que para el gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas, las Islas Malvinas podían convertirse en elementos de negociación (6). En diciembre de 1838 Manuel Moreno había regresado a Londres como enviado argentino. Entre sus instrucciones figuraba:

la orden de explorar la posibilidad de ceder los derechos argentinos sobre las Malvinas a cambio de la cancelación de la deuda remanente del préstamo de 1824 [préstamo Baring Brothers] (7).

A partir de 1841, Moreno actuó con mayor empeño pero fracasó por razones obvias: ¿por qué el gobierno inglés compraría algo que ya poseía? Además, la deuda no cobrada era privada y no del gobierno británico (8). Para colmo, estaba claro que a Rosas "le importaba más cultivar la amistad de Gran Bretaña que desafiarla" (9).
    Mientras estos eventos se desarrollaban en relación con Gran Bretaña, el gobierno de Buenos Aires continuaba en sus intentos por resolver sus diferencias con los Estados Unidos por el incidente de la corbeta Lexington. A pesar de que las relaciones diplomáticas formales con ese país estaban suspendidas, en 1839 Carlos M. de Alvear, ministro plenipotenciario en Washington, mantuvo, "en misión amistosa", una entrevista con el secretario de Estado, John Forsyth. Entre ambos se trató el tema de las acciones del capitán Silas Duncan. Según el informe de Alvear al gobierno sobre la conversación, se le dijo que el gobierno de Washington había aprobado la acción de Duncan, "sin que ello hubiera tenido la menor intención ni el deseo de hacer el más mínimo ultraje al gobierno ni a la Nación Argentina". Al mismo tiempo, Alvear fue informado que a los Estados Unidos no les "toca juzgar sobre el derecho de las Malvinas: es decir, si pertenecen a la Inglaterra o a ustedes [la Argentina](...)" (10).

  1. El texto completo se halla en Raphael Perl, ed., The Falkland Islands Dispute in International Law and Politics: A Documentary Sourcebook, London, Oceana Publications, 1983, pp. 299-322.

  2. Ibid., pp. 318-319.

  3. Ibid., pp. 323-333.

  4. En una carta de Robert Gore, encargado de negocios británico en Buenos Aires, a Palmerston, fechada el 29 de agosto de 1833, el primero relataba una entrevista con el ministro de relaciones exteriores. Informaba Gore que "en respuesta, su Excelencia me aseguró que la voz a la que yo hacía referencia [el diario El Monitor] había sido totalmente desautorizada; (...) que si ésas pudieron haber sido alguna vez las intenciones del Gabinete de Buenos Aires, ellas ya no existían". H.S. Ferns, Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX, Buenos Aires, Solar/Hachette, 1979, p. 236.

  5. José Arce, The Malvinas (Our Snatched Little Isles), Madrid, Núñez de Balboa, 1951, p. 101.

  6. H.S. Ferns, op. cit., p. 237.

  7. John Lynch, Juan Manuel de Rosas, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986, p. 253.

  8. Ibid.

  9. Ibid. En ese momento el problema para la Confederación Argentina era Francia.

  10. Ezequiel Federico Pereyra, Las Islas Malvinas. Soberanía Argentina, Buenos Aires, 1968, p. 19.

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