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En los siguientes veinte años no se registraron hechos notables en la historia de las relaciones anglo-argentinas por el tema Malvinas. Sin embargo, desde principios de siglo se intercambiaron las primeras salvas diplomáticas por las islas conocidas por los británicos como "Dependencias" y ubicadas más al sur que las Malvinas, tema sobre el que trataremos en el apéndice a este capítulo.
    Recién a mediados de 1908, durante la presidencia de José Figueroa Alcorta, se abrió un nuevo ciclo en los intercambios diplomáticos entre ambos países por el archipiélago malvinense. El 21 de julio Su Majestad Británica emitió una Carta Patente Real que formalmente constituyó a las Georgias del Sur, las Orcadas del Sur, las Shetland del Sur, las Islas Sandwich y el territorio de la Tierra de Graham (San Martín) como dependencias de la Colonia de las Islas Falkland (1). Es curioso que este documento incluyera dentro del área delimitada como posesión de la Corona parte de la Patagonia y sur de Chile. Este grueso "error" que nunca fue explicado, señalaría la existencia de un impulso a expandir aún más las fronteras de su dilatado Imperio colonial de principios de siglo. El texto de las cartas de 1908 proclamaba lo siguiente:

                    Westminster, Julio 21 de 1908

Eduardo Séptimo etc. (...)

Considerando que los grupos de las islas conocidas bajo el nombre de South Georgia, South Orkneys, South Shetland, Sandwich Islands, y el territorio conocido bajo el nombre de Graham's Land, situados en el Océano Atlántico del Sud, al sur del paralelo 50 de latitud sur, y ubicados entre los grados 20 y 80 de longitud oeste, son parte de nuestros Dominios, y que es conveniente que se declaren a sus respectivos gobiernos como Dependencias de nuestra Colonia de las Islas Falkland.

1°) Declaramos ahora por la presente desde ya, y después de las publicaciones de esta nuestra Carta Patente en la "Gaceta" de nuestra Colonia de las Islas Falkland, que dichos grupos de islas, conocidas como South Georgia, las South Orkneys, las South Shetland, y las Islas Sandwich y el territorio mencionado de Graham's Land, pasarán a ser Dependencias de nuestra citada Colonia de las Islas Falkland.

2°) Y declaramos además por este medio, que desde y después de tal publicación, como queda dicho, el actual Gobernador y Comandante en Jefe de nuestra Colonia de las Islas Falkland (en adelante denominado el "Gobernador"), será el Gobernador de South Georgia, South Shetland, South Orkneys y las Islas Sandwich y el territorio de Graham's Land (todas las cuales más adelante son llamadas Dependencias); y le otorgamos por la presente todas las facultades de Gobierno y Legislación, en y sobre las Dependencias, que de tiempo en tiempo han sido otorgadas a nuestro Gobernador mencionado, en y sobre nuestra Colonia de las Islas Falkland, (...) (2).

El trazado de las coordenadas establecidas por la Carta permite ver que dentro de sus límites se incluían la totalidad de Tierra del Fuego, parte de Santa Cruz y parte de la provincia chilena de Magallanes. El 28 de marzo de 1917 una nueva Carta Patente rectificó los límites de la anterior. Estos fueron establecidos, ahora, entre las longitudes 20º y 50º Oeste al sur de la latitud 50º Sur, entre las longitudes 50º y 80º al sur de la latitud 58º Sur. La superficie del área asciende en total a tres millones de millas cuadradas, equivalente "al uno y medio por ciento de la superficie total del globo" (3).
    El gobierno argentino tomó conocimiento del contenido de la carta al solicitar al enviado inglés una copia del texto. El 20 de febrero de 1909 éste envió lo solicitado y acompañó la copia del texto oficial publicado en el Falkland Island Gazette con una breve nota en donde calificó a la carta patente como "declaración" (4).
    Respecto de la reacción argentina frente al contenido del documento existen versiones diferentes. Algunas fuentes afirman que la carta fue modificada en 1917 "ante la protesta y el estupor de Argentina y Chile" (5). Sin embargo, Fitte demuestra que no hubo protesta alguna y que la Argentina sólo se limitó a una nota de agradecimiento por el envío de la información (6). Según ese autor, la necesidad de introducir las modificaciones de 1917 en la carta (que "devolvieron" la Patagonia a la Argentina y Magallanes a Chile) se originó (lamentable e inexplicablemente) en los propios funcionarios ingleses y no en las protestas criollas (7).
    Existen abundantes pruebas de que éste fue el caso, y el principal responsable parece ser el canciller argentino Victorino de la Plaza, más tarde presidente, que ocupó el cargo de ministro de relaciones exteriores entre junio de 1908 y agosto de 1909. Por ejemplo, un memorándum del 8 de diciembre de 1927 de J.C.W. Torr, funcionario del Foreign Office, decía que:

Ante la emisión de las patentes, (...) el ministro argentino de Relaciones Exteriores le preguntó a Mr. Russell acerca de los términos de esta declaración de soberanía. Se instruyó a Mr. Russell que le proporcionara una copia de la Gazette en la que las patentes habían sido publicadas. Hizo ello y el gobierno argentino acusó recibo de su nota sin comentarios" (8).

Por cierto, se observa en este período una asombrosa complacencia del gobierno argentino frente a los avances británicos, una complacencia que es raramente advertida por los autores argentinos a pesar de la gravedad del tema, cuando lo que estaba en juego no era ya tan sólo el antiguo y ambiguo litigio de Malvinas, sino buena parte de una Patagonia que en 1908 ya era indiscutiblemente argentina.
    No sorprende pues que esta relativa complacencia haya afectado también al ciertamente más difícil litigio de Malvinas. Entre los autores argentinos se observa una tendencia a atribuir más tesón irredentista a los gobiernos de la época que el que realmente tenían. Según Fitte, por ejemplo, hubo por lo menos una protesta frente a Gran Bretaña cuando la Convención Postal de Roma incluyó a las Malvinas entre las colonias británicas (9). Ferrer Vieyra incurre en el mismo error, aunque como lo demostró Alejandro Corbacho, ello puede ser desmentido por los mismos documentos aportados por Ferrer Vieyra. Sin embargo, ni siquiera esta afirmación (a la que adhieren también otros autores argentinos) puede corroborarse. Por cierto, una búsqueda realizada por el director de la biblioteca de la cancillería argentina en febrero de 1995 arrojó un resultado negativo: el supuesto documento no está en los archivos argentinos (10).
    Por otra parte, el resultado arrojado por esa búsqueda no podía ser otro, ya que un cuidadoso estudio de los documentos existentes demuestra que la supuesta protesta argentina de 1908 no fue ante Gran Bretaña, sino ante Italia (11). Lo que en realidad ocurrió fue que en 1908 el ministro italiano en Buenos Aires informó al gobierno argentino que la Unión Postal de Roma había incluido a las islas Malvinas como británicas, porque éstas se habían adherido a la Convención sobre Cartas Certificadas. Entonces el canciller De la Plaza, al contestar a la nota italiana, protestó formal y solemnemente sobre esa inclusión, y el ministro italiano informó a su gobierno de la respuesta argentina, pero el canciller no protestó ante Gran Bretaña. El ministro británico en Buenos Aires, Walter Townley, se enteró informalmente del episodio y optó por no conversar sobre el tema con el canciller argentino, pero informó a su gobierno que si la cuestión se presentaba él diría que el gobierno de Su Majestad no podía discutir la cuestión, lo que era una línea discursiva coincidente con las instrucciones generales que el ministro tenía del Foreign Office. El gobierno británico aprobó el curso de acción sugerido por Townley y la cuestión terminó allí. Por este motivo la protesta de 1908 no es reconocida como protesta por los ingleses, que en 1928 arguyeron que no recibían protestas argentinas desde 1888 (12).

  1. R. Perl, ed., op. cit., p. 78.

  2. Ernesto J. Fitte, La disputa con la Gran Bretaña por las islas del Atlántico Sur, Buenos Aires, Emecé, 1968, pp. 212-213. Fitte subraya que, extrañamente, la carta patente fue publicada sólo en el periódico oficial del gobierno de las Malvinas (Falkland Island Gazette), editado en Puerto Stanley. No fue divulgado por otros periódicos del Imperio. Ibid., p. 214.

  3. Laurio H. Destefani, Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur ante el conflicto con Gran Bretaña, Buenos Aires, Edipress, 1982, p. 104.

  4. E.J. Fitte, op. cit., pp. 215-216.

  5. L.H. Destefani, op. cit., p. 104.

  6. La nota, aparentemente enviada el 18 de marzo de 1909, no fue encontrada en los archivos argentinos y sólo se conoce su existencia por fuentes británicas, pero que no mostraron el documento. E.J. Fitte, op. cit., p. 216. Sin justificar sus afirmaciones, Fitte sostiene que el silencio argentino "le restó vigencia al documento británico, destituyéndolo de toda validez como elemento adquirente de derechos". Es más, "valía igual que negarle autoridad y trascendencia a la autoproclama". Ibid., p. 217. Sin embargo, el lado británico no lo percibió del mismo modo (ver más adelante).

  7. E.J. Fitte, op. cit., p. 218.

  8. F.O. 371/12735; F.O. Paper O.P. 313-27, E. Ferrer Vieyra, 1993, op. cit., p. 421, énfasis agregado.

  9. E. Ferrer Vieyra, 1993, op. cit., p. 183.

  10. Búsqueda solicitada por el investigador argentino Alejandro Corbacho.

  11. En la página 183 de su obra de 1993, Ferrer Vieyra atribuye a la Argentina una protesta ante Gran Bretaña en 1908. Sin embargo, el informe Torr, que él mismo transcribe, da cuenta de que el reclamo fue ante Italia, y no frente a Gran Bretaña. Ver Informe Torr, E. Ferrer Vieyra, 1993, op. cit., p. 425.

  12. E. Ferrer Vieyra, 1993, op. cit., p. 468; memorándum de John W. Field, FO, 29 de febrero de 1928; informe de Gastón de Bernard del 7 de diciembre de 1910 (jefe del archivo del Foreign Office, que fue el autor del primer informe erudito británico que pone en duda los derechos británicos a las Malvinas).

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