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Cuentan los observadores que con la llegada del Centenario, que se celebró en un contexto de optimismo, éxito y prosperidad nacional, arreciaron las referencias públicas a los derechos argentinos sobre las islas. Este hecho, sumado a la presión que el país comenzó a ejercer en la Convención Postal, llevó al gobierno inglés a sentir la necesidad de revisar los argumentos sobre sus derechos (1). Como consecuencia de esa percepción, a partir de 1910 distintos miembros del Foreign Office comenzaron a expresar ciertas dudas acerca de los títulos históricos de Gran Bretaña sobre las islas Malvinas. Estos tradicionalmente sostenían que los eventos de 1833 simplemente habían constituido una reafirmación de derechos previos a 1774, sin preocuparse por elaborar mayormente sobre un tema que desestimaban por obvio. Ahora, sin embargo, se percibía la necesidad de refinar esos argumentos, quizá precisamente porque el éxito político y económico de aquella Argentina que celebraba triunfal y rutilantemente su Centenario hacía al país más respetable para el mundo, lo que inevitablemente repercutía en una mayor respetabilidad de sus argumentos históricos y jurídicos respecto de Malvinas. Gustafson resume la nueva percepción británica subrayando que:

Algunos estaban temerosos de que el incidente (de 1833) hubiera sido injustificado, que la conquista, al menos en el siglo veinte, no proveyera título, y que debían enfatizarse otros argumentos en lugar del derecho histórico (2).

De este modo, algunos ingleses comenzaron a pensar que la demanda argentina por la devolución de las islas era más que una aspiración popular (3). La creencia en la existencia de inseguridades o imperfecciones en sus derechos, llevó a otros ingleses a pensar en una nueva estrategia: después de casi 100 años de posesión la ocupación se habría transformado de de facto a de jure, y así un mejor título sería defendido bajo el concepto de prescripción adquisitiva (4). En tanto, las Malvinas alcanzaron en 1911 la máxima población de su historia con 3.278 habitantes. Ello se debió al auge de la industria ballenera. Posteriormente al trasladarse esta industria a Grytviken (Georgias del Sur), el número de habitantes decreció (5).
    En 1909 un nuevo debate surgió en el seno del gobierno inglés, que se profundizó en 1911 y se extendió a ambos gobiernos en 1913. Se trataba de la posibilidad de cesión, por parte de Gran Bretaña, de las Islas Orcadas del Sur a la Argentina. El tema era importante no sólo en sus propios términos (que se analizarán en el apéndice sobre las demás islas en litigio del Atlántico Sur) sino también por sus posibles consecuencias para la disputa de Malvinas.
    Por otra parte, y para complicar aún más la cuestión, hacia fines de 1914 (ya en plena guerra mundial) ocurrió un evento que no sólo se convirtió en motivo de gran orgullo para los habitantes del archipiélago, sino que puso de relieve la importancia estratégico-militar de las Malvinas en esa época de guerras convencionales. El 8 de diciembre se produjo el combate naval de las Falkland. Una escuadra inglesa aniquiló frente a Puerto Stanley a otra alemana que navegaba desde el Pacífico para incursionar en el Atlántico. Los pobladores colaboraron estrechamente con la Royal Navy en la preparación de las defensas contra el inminente ataque alemán. La batalla misma, y las consecuencias de su resultado pusieron de manifiesto una vez más el valor que las islas continuaban teniendo como llave para controlar la ruta hacia el Pacífico por vía del Cabo de Hornos y del Estrecho de Magallanes (6).

  1. El Departamento Americano del Foreign Office solicitó a Gaston de Bernhardt, Assistant Librarian, la preparación de un informe histórico detallado sobre la disputa por las Malvinas. El 7 de diciembre de 1910, éste presentó un memorándum de 49 páginas que es considerado como el punto de referencia inicial del gobierno británico sobre el tema. Peter J. Beck, "The Anglo-Argentine Dispute Over Title to the Falkland Islands: Changing British Perceptions on Sovereignty since 1910", en Millennium: Journal of International Studies, 12 (1), 1983, p. 12.

  2. Lowell S. Gustafson, The Sovereignty Dispute over the Falkland (Malvinas) Islands, New York, Oxford University Press, 1988, p. 32.

  3. Ibid. Los memoriales, cartas y minutas que insinúan la debilidad de los títulos británicos se continuaron a lo largo del período. Hasta 1936 fueron nueve los documentos de circulación interna que presentaban tales dudas. La lista es: 1910, Memos Bernhardt y Spicer; 1911, Memo Campbell; 1927, Memo Torr; 1928, Carta Robertson, Memo Hadow; 1929, Memo Mallet; 1935, Minuta Vyvyan; 1936, Memos Fitzmaurice y Toubreck. L.S. Gustafson, op. cit.; E. Ferrer Vieyra, 1993, op. cit.

  4. L.S. Gustafson, op. cit., p. 32. Según palabras de Anthony Eden, el énfasis se corrió entonces de un criterio pre-1833 a otro post-1833. Ibid., p. 33. Para un análisis completo del debate sobre las percepciones británicas de su derecho sobre las Malvinas durante el siglo veinte ver P.J. Beck, op. cit.

  5. L.H. Destefani, op. cit., p. 105.

  6. Los pormenores de esta importante batalla están bien relatados en Geoffrey Bennett, Naval Battles of the First World War, Londres, Pan Books, 1984, pp. 97-120, y Richard Hough, The Great War at Sea. 1914-1918, Oxford, Oxford University Press, 1986, pp. 99-120. Según el último, "las consecuencias estratégicas para Gran Bretaña fueron profundas y gratificantes. La amenaza de interrupción del tráfico del Atlántico al Pacífico habían sido suprimidas (...)". R. Hough, op. cit., p. 118.

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