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La colonia de galeses en Chubut

Los galeses llevaban en 1880 quince años asentados en el valle del río Chubut. Su historia en el lugar daba cuenta de un terrible esfuerzo colectivo por salir adelante y hacer producir una tierra infértil. A la vez, el deseo de los colonos de mantener su lengua y tradiciones y un aislamiento respecto de los demás argentinos llevaría a complicaciones con el gobierno de Buenos Aires. Un informe de abril de 1880 señalaba que las relaciones políticas entre la colonia y el gobierno argentino no habían sido aún bien definidas, y consideraba que sería positivo para ambas partes llegar a un entendimiento respecto de la posición de los colonos dentro del Estado. Si bien el informante había notado cierto disconformismo respecto de los funcionarios enviados por el gobierno argentino a la zona, también había recibido testimonios que aseveraban que el gobierno de Buenos Aires siempre había extendido un tratamiento generoso a los colonos. Las únicas regulaciones estatales que parecían haber afectado a los colonos eran el pago de derechos de importación y el propuesto establecimiento de una guarnición militar en la colonia (1).
    Un punto particular en el desarrollo de la colonia fue su relación con las tribus indígenas (2), en especial con los tehuelches, quienes sólo en una ocasión -por error al creerlos argentinos- atentaron contra un pequeño grupo de colonos (3). Las campañas del general Roca en 1879 y del general Winter en 1883 sirvieron para demostrar, según opinión del capitán del Flora visiblemente consternado por el trato dado a los indios, la "innata crueldad de la raza iberoamericana". Según estos informes, el trato humano de los colonos galeses para con los indios y sus buenas relaciones generaron cierto malestar en el gobierno argentino, los militares e incluso la opinión pública, que predicaban y proponían masacres indiscriminadas. Sin embargo, debe mencionarse como contrapeso de estas críticas, y como se ha señalado en un capítulo anterior, que la legación británica en Buenos Aires pedía reiteradamente al gobierno argentino que interviniera activamente para tratar de frenar los ataques de los indios a los colonos ingleses establecidos en el sur de la provincia de Buenos Aires, quienes se quejaban por la falta de protección gubernamental.
    Las relaciones de los galeses con los indígenas debían ser bastante fluidas a tenor de los informes oficiales británicos (4) y de las cartas que los caciques indígenas les hacían llegar a los dirigentes de la colonia galesa. En diciembre de 1865, a poco de establecidos los colonos, el cacique Antonio de los indios pampas enviaba una misiva a Jones. En ella le hacía saber de forma muy pedagógica y gráfica de la existencia de distintas comunidades nativas en la zona que podían diferenciarse, a su juicio, por la estatura. Los "chilenos" -bajitos-, los "pampas" a la que él pertenecía y que se vestían con mantas de guanaco, y los "tchuelcha" -los más altos- y que hablaban una lengua diferente a las de los dos anteriores. En realidad la carta estaba destinada a comunicarles a los nuevos pobladores la situación respecto de la propiedad de las tierras sobre las que pretendían asentarse, y el deseo de los indígenas de comerciar con ellos (5). El comercio llegaría a ser bastante fluido y los indígenas aportarían pieles de zorro, plumas de avestruz, y mantas de guanaco (6).
    En otro de los informes señalados, el del capitán del barco de S.M. Flora, se adjuntaba una carta traducida de Saihueque, el príncipe de los tehuelches (7), dirigida el 3 de abril de 1881 a Lewis Jones, líder de la comunidad y presidente de la colonia. En ella, el cacique indígena acusaba recibo de la carta enviada por Jones el 3 de marzo de ese mismo año, aconsejando a los tehuelches mantener la paz y cordialidad con el gobierno argentino y con los colonos galeses. Saihueque agradecía los consejos y señalaba que él y su pueblo habían mantenido su palabra por más de veinte años, pero que las crueldades infligidas a su pueblo de la mano de los generales Linares y Villegas eran insostenibles. Tres años antes de la misiva, estos generales con la excusa de castigar desmanes cometidos por los tehuelches, apresaron a tres jefes y sesenta y ocho hombres. De nada sirvió que el cacique demostrara que no habían sido los suyos sino los pichi-hwi de la tribu del jefe Namum-Cura los causantes de los desmanes (8).
    En marzo de 1881, poco después de recibir la carta de Jones, grupos de militares argentinos se adentraron de forma sigilosa en los campamentos tehuelches y asesinaron a numerosas personas. El cacique tehuelche, en vez de reaccionar, ya que había firmado un pacto con el gobierno argentino, decidió retirarse para evitar más derramamiento de sangre (9). Así, el cacique tehuelche Saihueque se vio despojado de sus tierras, de su ganado y de parte de su gente por lo que pedía al presidente de la colonia de galeses que intercediera en su favor ante el gobierno argentino.
    En septiembre de 1883 el general Winter, después de su exitosa campaña contra los indígenas, marchó sobre la colonia haciendo ostentación de su botín de guerra: 103 indígenas con sus familias. Los colonos conocían a muchos de los detenidos e intentaron interceder por ellos ante el general, pidiéndole sobre todo que no los deportase. Pero de nada sirvió, fueron conducidos a Buenos Aires, y allí los hombres cedidos al ejército y las mujeres y niños distribuidos entre familias e instituciones.
    Las conflictivas relaciones entre la colonia galesa y las autoridades argentinas se habían iniciado con el envío en 1874 del mayor Vivanco como encargado del puerto de Rawson, y con el nombramiento, dos años más tarde, de la primera autoridad civil para la colonia, el "comisionado nacional" Antonio Oneto. A ellos siguieron pequeñas burocracias que se fueron instalando en Rawson y en Puerto Madryn, para fiscalizar las operaciones portuarias y cobrar los impuestos al tráfico mercantil. Por último, llegarían militares con tropas destinados a la zona. Todos los informes británicos mencionan que los colonos consideraban el comportamiento de las autoridades argentinas locales como arbitrario y despótico.
    A fines de 1880, Lewis Jones fue nombrado comisionado nacional para regocijo de sus compatriotas, pero seis meses más tarde era revocado en el cargo sin razón aparente como no fuera que era un colono y no podía ser reconocido por el nuevo gobierno de Buenos Aires. En 1881, Juan Finoquetto fue nombrado comisionado nacional y como primera medida decidió desautorizar al consejo de la colonia, declarando sus acciones y medidas ilegales. Toda la autoridad pasó a estar concentrada en la figura del comisionado, y ninguna transacción, por insignificante que fuera, tenía validez sin su firma. Los colonos protestaron pero sus quejas fueron desoídas. Finoquetto hizo circular rumores, que registró la prensa argentina, sobre eventuales alianzas de los galeses con los indígenas para desafiar al gobierno argentino. Se llegó a decir que los colonos habían proporcionado armas a los indígenas con las cuales enfrentar al ejército argentino. Llegados a este punto, los colonos decidieron, el 18 de diciembre de 1882, mantener una reunión con objeto de tomar medidas. En ella se aprobó mandar otra delegación ante el gobierno argentino, no proporcionar ayuda ninguna al comisionado a la hora de hacer el censo nacional que se le había encomendado, y volver a dirimir sus disputas ante el magistrado de la colonia, negando la legitimidad del comisionado.
    Ante esta situación la reacción de Finoquetto no se hizo esperar. Mandó llamar a Lewis Jones para que declarase y éste así lo hizo, reconociendo que las medidas tomadas en la asamblea habían sido aprobadas por unanimidad por todos los colonos. Firmó la declaración y fue informado de que quedaba detenido por conspirar contra las autoridades argentinas. Los colonos inmediatamente se reunieron y el encargado del correo fue también detenido bajo el cargo de instigar a sus compatriotas a asaltar la comisaría. El comisionado sabía, según señala el informe, que los colonos no tenían armas. La versión del gobernador Tello es ligeramente distinta y sitúa en el lugar de los héroes al vituperado comisionado Finoquetto, quien ordenó detener a Jones y luego al instigador Berwyn, ante la amenaza de que 100 hombres armados atacasen la comisaría. A continuación les hizo saber que si pretendían arriar la bandera argentina primero debían pasar por encima de su cadáver. Ante esto los colonos se dispersaron y los dos líderes fueron trasladados a Buenos Aires (10).
    Allí, Jones y Berwyn permanecieron diez días incomunicados y fueron liberados bajo promesa de comparecer a juicio cuando fuesen llamados. Poco después ambos eran exonerados de todo cargo gracias a la intervención de un irlandés, y el gobierno argentino publicaba un decreto con el que justificaba la actuación de Finoquetto. No obstante, después de estos sucesos, el comisionado adoptó una política más conciliatoria y tolerante. Las razones de este inusitado cambio de actitud fueron atribuidas a la corrupción o el enriquecimiento ilícito propio de los cargos públicos "de todos los países hispanoamericanos (11)".
    Los colonos galeses estaban obligados a pagar impuestos por sus importaciones, en su mayoría alimento, ropa, etc., y estos impuestos, fijados en un 40%, ascendían a un 100 o un 200%, debido a las exigencias del comisionado y de los funcionarios del puerto. Como ejemplo, en el informe se señala el caso de un colono que importó un instrumento musical con fines religiosos, cuyo importe ascendía a 10 libras, y que tuvo que pagar 12 más en concepto de impuesto. Finalmente, Finoquetto pareció comprender que cuanto menos se inmiscuyese en los asuntos internos de la colonia, más posibilidades tendría de permanecer en su cargo y mayores serían sus beneficios (12).
    Así, los colonos reactivaron al consejo, nombraron magistrado y continuaron con sus labores de construcción de canales, caminos, puentes y otras infraestructuras. Este tipo de administración híbrida -con un comisionado nacional como única autoridad oficial junto a cierto grado de autonomía oficiosa- se mantuvo durante años. En 1882, no obstante, el cargo de comisionado fue anulado y reemplazado por formas municipales de gobierno. En 1884 Love Jones-Parry hizo un llamado en favor de los colonos galeses en la Cámara de los Comunes y el asunto fue puesto en manos del representante británico en Buenos Aires, E. Morson. A raíz de esto, en 1885 se observó un cambio radical en la administración de la colonia. En octubre de 1884 fue aprobada una ley en el Congreso argentino por la que se dividían los territorios de la Patagonia en varias gobernaciones. La colonia galesa (hasta entonces conocida como Chupat) fue incluida en el territorio del Chubut. La administración del territorio recaía en la figura de un gobernador, cuyo mandato tenía tres años de duración, nombrado por el gobierno nacional y sujeto a la aprobación del Congreso. Este era asistido por un secretario nombrado por el gobierno a sugerencia del gobernador. También era designado un juez letrado, nombrado asimismo por el gobierno de por vida o hasta su renuncia. Por último un jefe de policía y varios subordinados debían ocuparse de mantener el orden (13).
    En 1885 el territorio de la colonia fue dividido en dos municipios, al norte y al sur del río, pero este sistema no funcionó y entonces se decidió dividir a la parte más densamente poblada en dos secciones: el municipio de Rawson como capital y el de Gaiman. Cada jurisdicción elegía su propio concejo municipal y magistrado y contaba con un comisario o superintendente de policía. El concejo municipal estaba compuesto por cinco miembros elegidos por un período de dos años. Se ocupaba de los asuntos internos de la colonia, de recaudar impuestos, supervisar los trabajos públicos, etc. El magistrado de cada municipalidad también era elegido por sufragio y se ocupaba de todos los litigios y disputas, cuyo valor no excediese los 200 dólares, y de todos los casos de infracción de la ley, cuando el castigo no excediese los cuatro días de prisión o multas de más de veinte dólares. En el caso de que las disputas fueran por valores mayores a los señalados o que los delitos comportasen penas mayores, los casos entraban en la jurisdicción de los jueces letrados (14).
    Esta forma de gobierno ligada al poder local fue, según los informes británicos, muy apropiada para el desarrollo de la colonia galesa de Chubut. El primer gobernador de esa nueva etapa fue el teniente coronel L.J. Fontana. Fue elegido dos veces y se mantuvo en el cargo hasta enero de 1895 (15). Inmediatamente después fue nombrado Eugenio Tello que estuvo en el cargo de 1895 a 1898, siendo sustituido por el coronel O´Donnell quien renunciaría en 1899. A. A. Conesa, quien había sido secretario del gobernador desde 1885, sería su sucesor. El gobierno municipal pronto comenzó a funcionar, las elecciones eran ejemplo de civismo, asombrando a las autoridades argentinas acostumbradas al desorden y a los hechos sangrientos durante los comicios. No obstante, si bien el municipalismo pareció ser una forma de gobierno acorde con las formas sostenidas por los colonos, su descrédito fue grande en el caso de los funcionarios argentinos. Según se menciona en el informe, la idea de "servir al público" era una idea extravagante en aquellas latitudes y, como norma, los puestos públicos eran controlados por pequeños grupos cuyo único propósito era enriquecerse de forma ilícita.
    Las elecciones muchas veces otorgaban supremacía a los galeses y esto parecía molestar a las autoridades argentinas, que trataban por distintos medios de desanimar a los colonos a ejercer su derecho, convocando elecciones en las épocas de mayor trabajo o en domingo y en la iglesia católica romana. En el informe se da cuenta de numerosas anécdotas con las que se persigue ejemplificar de forma gráfica el "principio de honestidad" que guiaba a las autoridades argentinas. Se cuenta que un colono ganó la medalla de oro en la Exhibición de París por la calidad y cantidad de trigo de su cosecha. La medalla y el diploma llegaron a Buenos Aires y fueron enviadas a Chubut, pero el granjero sólo consiguió el diploma porque la medalla de oro quedó en manos del gobernador (16).
    Debido a los problemas de carga y descarga en el puerto de Rawson, los colonos decidieron construir un ferrocarril que comunicase la colonia con Puerto Madryn. Para ello se pusieron en contacto con el gobierno argentino, el cual les concedió tres leguas de tierra a cada lado de la vía del ferrocarril. Lewis Jones se trasladó a Gales, donde fundó una compañía con capital suficiente para llevar adelante la empresa. Trescientas familias galesas se desplazaron al lugar. Se les prometió pasaje gratis, buenos sueldos a contar desde el día del embarque, y 240 acres de tierra una vez que se hubiesen finalizado las obras. La línea de ferrocarril de 42 millas se completó a fines de 1887, pero ninguna de las promesas fueron cumplidas. El costo del pasaje fue deducido de las pagas, las tierras prometidas habían sido loteadas y concedidas hacía años y no quedaban tierras libres para los recién llegados. Muchos volvieron a su país, otros sobrevivieron trabajando como braceros o comerciantes.
    De todas maneras, un informe de 1891 describía a la colonia como próspera, conforme con su gobernador y en vías de expansión hacia la zona de la cordillera. El gobernador Fontana con un grupo de colonos habían explorado la zona cordillerana, donde pensaban que podía hallarse oro; incluso algunos colonos estaban llevando a cabo tratativas para instalarse en la nueva región. La producción de trigo en la colonia prosperaba, y el pequeño superávit era vendido principalmente en Buenos Aires (17).
    En 1895 Eugenio Tello sucedió a Fontana al frente de la gobernación. Con su gestión parecen haberse iniciado los problemas que llevarían a los colonos a tomar decisiones drásticas. Tello escribió un informe estadístico sobre la colonia que, según los enviados británicos, daba buena cuenta de su total desconocimiento de la gente a la que se suponía debía gobernar. Se arrogó el derecho de interferir en la gestión de los canales de irrigación bajo el supuesto de que, si bien los canales eran propiedad privada, el agua que utilizaban era propiedad del Estado. Uno de los puntos más conflictivos de su mandato fue el enrolamiento en la Guardia Nacional y los ejercicios de entrenamiento en día domingo. Los colonos tomaron esta obligación de presentarse obligatoriamente ante las autoridades militares en domingo como un atentado a sus creencias religiosas. Muchas cartas y petitorios se hicieron llegar al presidente José Evaristo Uriburu, y en 1897 su ministro de guerra estableció una ordenanza según la cual los ejercicios también podían hacerse en días de semana. Pero todas estas órdenes fueron dejadas de lado.
    En 1898, el coronel O’Donnell fue nombrado gobernador, y ante las protestas de los colonos que llevaban consigo las ordenanzas firmadas por el presidente y el ministro de guerra, el nuevo funcionario respondió que la autoridad competente en la materia era él mismo, y que ni el presidente ni el ministro de la guerra tenían poder alguno para modificar la ley de ejercicios militares en domingo. Además añadió que era "conveniente que los colonos tuviesen en cuenta que el país no era ni para los galeses ni para los ingleses, sino para los argentinos". No contento con ello, pretendió que una parte de la juventud de la colonia fuese a completar sus ejercicios militares con las tropas acantonadas en otras partes del territorio nacional, con gran consternación de los galeses. Según los informes en poder de las autoridades británicas, esto era la gota que colmaba el vaso. Los galeses, inspirados en ideales de pureza respecto de su raza y forma de vida, se iban a ver obligados a mandar a sus hijos -muchos de los cuales eran parte muy importante de la mano de obra familiar- a que se contaminasen con tropas "compuestas de mestizos de indios y negros y la basura de las prisiones argentinas (18)".
    La actitud de O’Donnell fue interpretada por los colonos como la respuesta lógica a órdenes secretas del gobierno central. El 22 de agosto de 1898, se convocó en Gaiman una reunión de colonos, a la que asistieron 250 hombres cabezas de familia, y donde se tomaron resoluciones por unanimidad. Entre éstas cabe destacar: exigir al gobernador que los ejercicios militares se realizaran otro día distinto al domingo por respeto a las creencias religiosas de la comunidad. Que en caso de ser desoída su petición y desechadas las ordenanzas del ministro de guerra, a quien los colonos elevaban su reconocimiento y sincero agradecimiento, se elevarían quejas al gobierno de su Majestad y al de los Estados Unidos, hasta tanto su situación fuese aclarada con las autoridades locales.
    Además, debido a lo que era percibido como una virtual prohibición de poder continuar con la colonización británica en la zona, y como una amenaza de destrucción de su nacionalidad, se nombró un Comité Consultivo Nacional, con plenos poderes para llevar a cabo y ejecutar las resoluciones. La decisión de apelar al gobierno británico y al de Estados Unidos fue luego formalmente redactada, pasada a los miembros del Comité y secretamente adoptada por voto unánime. Esta decía:

Que como parece cierto que la cuestión de límites pendiente entre los gobiernos argentino y chileno será sometida al arbitraje de Su Más Graciosa Majestad, Reina Victoria, y en vista de los siguientes hechos:
1- Que en el año 1670 Sir John Narborough tomó formal posesión de la Patagonia en el nombre de Su Majestad Carlos II, cuya posesión fue de facto revalidada por los colonos británicos en 1865, quienes luego de superar múltiples peligros lograron establecerse de manera permanente en el valle del Chupat y otras partes de la Patagonia.
2- Que siendo imposible proseguir con el desarrollo de la región debido a la política del gobierno argentino que ahora incluye prácticamente una orden a los colonos de renegar de su nacionalidad o abandonar el país.
Por lo tanto se hace imperativo que este asunto sea llevado ante lord Salisbury de manera que al decidir el arbitraje la Patagonia sea declarada territorio británico, o en caso de ser esto inconveniente, un estado libre e independiente.
También se resuelve por sugerencia de nuestros colonos compañeros, que son ciudadanos americanos, que sea solicitado al gobierno de Estados Unidos el uso de sus buenos oficios ante el gobierno británico para el logro del fin en mira (19).

T. Benbow-Phillips y Llwyd ap Iwan fueron nombrados representantes para presentar sus quejas a los gobiernos británico y norteamericano. Para ello y por votación se destinaron 5000 dólares. En diciembre de 1898 llegaban a Inglaterra y muy pronto la prensa -Manchester Guardian y el Western Mail- se hizo eco de su arribo, apareciendo entrevistas y artículos informativos entre febrero y noviembre de 1899. Fueron también recibidos con simpatía por los miembros galeses del parlamento, con independencia de su adscripción partidaria. El informe presentado por los representantes de los colonos ante el gobierno británico llevaba fecha del 14 de febrero de 1899, hacía una exhaustiva enumeración de los considerados injustos actos del gobierno argentino, y finalizaba con los siguientes párrafos:

Soberanía. Es innegable que la posesión formal efectuada por Sir John Narborough, y la subsiguiente colonización por sujetos británicos hace el reclamo de Inglaterra a la soberanía sobre la Patagonia principalísimo.
El reclamo de la Argentina sólo puede basarse en la hipótesis de que como su usurpación no provocó protestas de parte de Inglaterra, el silencio de ésta se entendió como equivalente al abandono del reclamo británico.
Que ningún gasto incurrido por la Argentina en el gobierno de los establecimientos le da derechos de soberanía. Las expensas realizadas por ese estado han sido hechas a su propio riesgo, siendo premeditadamente gastadas en tierras pertenecientes a otra nación, mientras ha más que recuperado tales expensas por los gravámenes que ha impuesto y recaudado y los derechos con que ha gravado los bienes consumidos por los pobladores, consecuentemente se manifiesta:
Que la permanencia de las autoridades argentinas en la Patagonia, el tratamiento vejatorio de los sujetos británicos, y el fuerte intento de hacerlos renunciar a su nacionalidad, es una grave usurpación de los derechos soberanos de Inglaterra, y contrario a la ley internacional.
Eventualidades. Los abajo firmantes son conscientes de que ciertas eventualidades, adversas a las aspiraciones de los pobladores, pueden aflorar, tal por ejemplo la insignificancia de la Patagonia comparada con el hecho de poner en peligro los intereses británicos en el Río de la Plata, o el riesgo de chocar con la Doctrina Monroe, pero la última objeción a la intervención del Gobierno de Su Majestad puede ser refutada con la acción conjunta del gobierno británico y el de Estados Unidos. Ellos piensan que las circunstancias ciertamente justifican sugerir que la Patagonia o por lo menos las tierras ocupadas en el valle del Chupat sean organizadas en un estado independiente de la Argentina bajo el protectorado conjunto de esas dos potencias (20).

Luego, en abril de 1899, dichos representantes fueron recibidos por el subsecretario de Estado para asuntos internacionales, St. John Brodrick (21).
    La noticia del arribo de la comisión galesa a Londres y el objeto de su misión fueron conocidos por los funcionarios de Chubut hacia fines de enero de 1899. Considerada dicha misión como un insulto a la "dignidad del país", el gobernador dispuso la encarcelación de los quince miembros del comité colonial, quienes fueron llevados a Rawson para ser juzgados bajo la acusación de conspirar contra la seguridad pública. Dos de los miembros del concejo municipal de Gaiman también fueron detenidos como cómplices. Todas las detenciones se hicieron, sin saber el motivo de tal decisión, en domingo, y algunas en medio del oficio religioso. Los juicios dieron comienzo el lunes 28 de enero a las 11 de la mañana.
Según los documentos británicos, todo el asunto resultó ser una farsa con el propósito de atemorizar a los colonos. Todos los prisioneros fueron liberados entre las cinco y las seis de la tarde a excepción de Thomas Jones, que permaneció detenido hasta el día siguiente por la mañana (22).
    Las autoridades argentinas intentaron contrarrestar los efectos propagandísticos que podía tener la noticia de la comisión enviada a Inglaterra con el envío de un telegrama al presidente Julio A. Roca, inspirado por los funcionarios argentinos en Chubut, y firmado por un considerable número de los habitantes "latinos" de Rawson y Trelew, encabezados por algunos colonos renegados. Telegramas semejantes fueron enviados también con motivo de la visita subsiguiente del presidente Roca a la colonia en 1899 y con la llegada de soldados al lugar en junio de 1900. Entre los colonos que firmaron dichas adhesiones se encontraron el reverendo D. Lloyd Jones y E.J. Williams, administrador del ferrocarril. El informe del capitán del Flora critica mucho estas actitudes, atribuyéndolas a la búsqueda de intereses propios o celos profesionales, pero en verdad son indicadoras de que había también una parte de los colonos que no deseaba indisponerse con las autoridades argentinas, y consideraba que la misión traería finalmente mayores males a la comunidad (23).
    En junio de 1900, Benbow Phillips regresó a Chubut, y el 28 de julio convocó una reunión para informar de sus gestiones en Londres. Al conocer lo sucedido con las detenciones de miembros del comité hechas por O’Donnell, decidió mandar un escrito al representante británico en Buenos Aires. A fines de 1900, los colonos formaron una sociedad de emigración con el firme propósito de abandonar el país con los menores costos posibles. Parece ser que el gobierno británico les sugirió la posibilidad de trasladarse a Sudáfrica o a alguna otra colonia británica, como efectivamente hicieron, el 15 de mayo de 1902, doscientos cincuenta y nueve colonos galeses que dejaron Puerto Madryn, rumbo a la provincia de Assiniboa, en Canadá.
    Un informe de un enviado canadiense del gobierno británico, que visitó la colonia en octubre de 1901, señalaba que existía entre los colonos una fuerte decisión de emigrar hacia alguna colonia británica, pero al mismo tiempo también existía un fuerte sentimiento contrario a ello en otros grupos que incluían a algunos de los granjeros, dueños de almacén, funcionarios del ferrocarril y empleados del gobierno. El enviado señalaba que la decisión de emigrar se debía a la necesidad de asistencia pecuniaria de muchas familias a causa de varios factores: en 1898 una plaga de langostas había arruinado la mitad de la cosecha de trigo; en julio de 1899 se había producido la gran inundación que se llevó casas, cavó los campos con fosos y zanjas y destruyó los canales, con el resultado de que no se pudo cosechar trigo y sólo se obtuvo una pequeña cantidad de alfalfa. Cuando las granjas estaban siendo reconstruidas y los canales reparados, una nueva inundación, en junio de 1901, volvió a destruir todo lo realizado e impidió nuevamente la obtención de la cosecha. Habiendo agotado un fondo suscripto en Buenos Aires por los colonos, las autoridades de la colonia preveían que mucha gente iba a pasar grandes necesidades en el invierno de 1902 (24).
    Con el propósito de evitar que los colonos se marchasen, el gobierno argentino garantizó la cesión de tierras en la isla de Choele-Choel, sobre todo a las parejas jóvenes que no tenían granjas propias (25). No obstante, el 4 de noviembre de ese mismo año se hablaba de la posibilidad sugerida por el gobierno británico de mandar algunas de las familias a Sudáfrica, para lo cual se creaba una comisión que visitaría la zona de Transvaal (26).
    La progresiva descomposición o desarticulación de la colonia galesa se vio atemperada por la llegada, en 1903, de familias de boers a la zona (27). En 1906, son numerosos los despachos que hablan de los problemas de los boers en relación con las concesiones de tierras y que piden ayuda a la legación británica. Todo parece indicar que el problema central era que las tierras prometidas y adjudicadas lo habían sido con anterioridad, y que, al ir a tomar posesión de sus parcelas, estas familias se encontraban con que ya tenían dueño (28).
    El problema de la colonia galesa en Chubut aparecerá de forma intermitente y con menos fuerza a partir de 1902. Una anotación al margen de uno de los informes de 1908 del Foreign Office señalaba que "no tenemos correspondencia sobre la Colonia galesa de Chubut desde 1905 (29)".
    En 1913 se reabre el tema de las posibles alternativas para los colonos en otras regiones, y así el gobernador general del Commonwealth en Australia mostraba su disposición a acogerlos y concederles todo lo necesario para su instalación (30). En esas fechas los problemas centrales de la comunidad que parecían condicionar la decisión de la mayoría de abandonar el territorio eran: la poca disposición mostrada por el gobierno argentino a darles los títulos de propiedad de las tierras que ocupaban, tal y cómo había prometido originalmente; la disputa sobre los derechos y la pertenencia de los canales de irrigación sin cuyo concurso la vida era imposible en la zona; la deserción de las autoridades educativas en las escuelas públicas del lugar; un sistema judicial notablemente incompetente que había provocado toda suerte de quejas de los colonos (31).
    Los acontecimientos posteriores dispersaron el interés de los delegados británicos por el enclave galés, y, recién en 1915, un memorándum recoge las preocupaciones de la legación diplomática por la suerte corrida por la colonia galesa en Chubut. Siendo éste el último informe consultado, no dejan de sorprender algunas de las afirmaciones que allí se vierten y que resultan, cuando menos, contradictorias con otras reseñadas con anterioridad. En este documento se dice que la colonia original de 1865 se instala en Chubut por razones políticas, extremo que aparece, con frecuencia, desmentido en la mayoría de los informes. La prueba -continúa el memo- de tal aseveración está en la ocupación de los inmigrantes, de los cuales tan sólo uno de los ciento cincuenta era granjero (32). Otro de los puntos oscuros de la colonia galesa es el grado de integración o, si se prefiere, su grado de aculturación después de décadas. Según este informe los colonos habían demostrado ser muy resistentes a los planes asimilacionistas del gobierno argentino, mientras que en otros reports se matiza mucho más esta aseveración, apuntando a la frecuencia de los matrimonios mixtos -eso sí con gente del lugar de marcado prestigio y posición-, del bilingüismo y otras pautas que dejan entrever un grado de aculturación que lejos está de los propósitos iniciales de los colonos.
    Más allá del relato, casi "historia de vida" de la colonia galesa en Chubut, se trata de un ejemplo muy interesante que da cuenta del modelo de integración y de construcción de la ciudadanía por el que optaron los gobiernos argentinos de la época. Cabría preguntarse, ¿hasta qué punto hubiera sido posible mantener ese modelo y, no obstante, tener una actuación distinta respecto de la colonia galesa en Chupat? ¿Se trató, como efectivamente parecían creer las autoridades argentinas, de dos modelos de construcción nacional y de integración cultural irreductibles, o, por el contrario, se trató, más bien, de un mal manejo de los asuntos públicos? ¿El problema real lo constituía la poca permeabilidad de los galeses y su resistencia a los distintos grados de integración cultural, o también la necedad de las autoridades argentinas, su nepotismo y arbitrariedad, fomentaron la polarización de las salidas posibles? ¿Hubiese sido factible -en aquel momento y con aquellos actores- una alternativa intermedia entre el asimilacionismo argentino y el aislacionismo galés? ¿Qué otros beneficios -más allá de los contemplados por las autoridades argentinas en el sentido de utilizar a la colonia galesa como avanzada para el reclamo de derechos de soberanía en la disputada Patagonia- podrían haber obtenido los gobiernos argentinos con una política menos agresiva y más contemporizadora?

  1. PRO ADM 147, informe sobre las condiciones de la colonia galesa en Chupat, Sud América, del capitán del buque de S.M.Garnet, 21 de abril de 1880.

  2. PRO ADM 147, informe sobre la colonia galesa en Chupat, 1º de marzo de 1885. De forma resumida, PRO ADM 78/101, informe del capitán del buque de S.M. Flora, 8 de abril de 1901.

  3. Sobre el incidente véase PRO ADM 147/1, informe sobre la colonia galesa de Chupat, 1º de mayo de 1884.

  4. PRO ADM 147, informe sobre la colonia galesa de Chupat, 19 de mayo de 1884. En este informe se señalan las excelentes relaciones con los indígenas y los recelos que esta actitud provocaba en las autoridades argentinas. Casi todos los informes destacan este punto. Véase también PRO ADM/1, informe sobre la colonia galesa en Chupat, 30 de marzo de 1883. También PRO ADM 147, informe sobre la colonia galesa en Chupat, 1º de marzo de 1885. Sobre este punto también puede verse Glyn Williams, "Welsh Settlers and Native Americans in Patagonia", Journal of Latin American Studies, mayo de 1979, pp. 41-66. Del mismo autor, The Welsh in Patagonia. The State and the Ethnic Community, Cardiff, University of Wales Press, 1991.

  5. PRO FO 420/23, carta del cacique Antonio al superintendente de la colonia de Chupat, 8 de diciembre de 1865.

  6. PRO ADM 147, informe sobre las condiciones de la colonia galesa en Chupat, Sud América, del capitan y oficial James E. Erskine del buque de S.M. Garnet, 21 de abril de 1880.

  7. Sobre las excelentes relaciones con los tehuelches, PRO ADM /1, informe sobre la colonia galesa en Chupat, 30 de marzo de 1883.

  8. PRO ADM 78/101 31104, informe del capitán del H.M.S. Flora, abril de 1901.

  9. Como él mismo señala "I am not without courage, my friend, but I respect my compacts with the Government, and faithfully cherish the teaching and care bestowed upon me by my distinguished father -the Prince Chocori- not to hurt nor harm the weak, but humanely to cherish and respect them". Ibid., punto 71.

  10. PRO ADM 78/101, informe del capitán del buque de S.M. Flora, 8 de abril de 1901. Los sucesos con más detalle en PRO ADM/1, informe sobre la colonia galesa en Chupat, 30 de marzo de 1883.

  11. PRO ADM 78/101, informe del capitán del Flora, abril de 1901.

  12. Ibid.

  13. Ibid.

  14. Ibid.

  15. El informe del capitán del Flora es en general muy crítico de la situación de la colonia y de la responsabilidad que le cabía al gobierno argentino. Así, apenas menciona la correcta administración de Fontana, señalando sólo sus decisiones menos afortunadas. Este gobernador había sido reelecto a pedido de los colonos y su gestión duró diez años. Véase PRO ADM 147, informe respecto de la colonia galesa de Chupat, redactado por el comandante Lewis Wintz, 31 de marzo de 1891.

  16. PRO ADM 78/101, informe del capitán del Flora, abril de 1901.

  17. PRO ADM 147, informe respecto de la colonia galesa en Chupat, redactado por Lewis Wintz, 31 de marzo de 1891.

  18. PRO ADM 78/101, informe del capellán del buque de S.M. Flora, abril de 1901, punto 124.

  19. Ibid., punto 130.

  20. El informe general presentado por los representantes de los galeses ante el gobierno británico en PRO FO 118/244, Las colonias británicas en la Patagonia, 14 de febrero de 1899.

  21. PRO ADM 78/101, informe del capitán del buque de S.M. Flora, 8 de abril de 1901.

  22. Ibid.

  23. Ibid.

  24. PRO FO 118/252, informe por el honorable E.Scott sobre las colonias galesas en Chubut, Buenos Aires, 15 de diciembre de 1901.

  25. PRO H.O.45/10460 B 23.142, informe sobre la colonia galesa de Chubut del comandante del Nymphe, 23 de mayo de 1902; PRO ADM 78/101, informe del capitán del buque de S.M. Flora, 8 de abril de 1901.

  26. PRO FO 118/256, carta del FO, 1902.

  27. PRO FO 118/259, despacho del 27 de abril de 1903 sobre la llegada de familias boers.

  28. PRO FO 118/272, varios despachos sobre los boers en Chubut; despacho de Hartford a Grey sobre los asentamientos boers, 31 de agosto de 1906.

  29. PRO FO 371/397, minuta del Foreign Office del 2 de diciembre de 1908.

  30. PRO FO 371/1574, 1913.

  31. Ibid., informe del representante británico en Buenos Aires del 20 de octubre de 1913.

  32. H.O. 45/10460 B. 23.142, memorándum del 18 de octubre de 1915.

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