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Aliadófilos y germanófilos en la sociedad argentina

La Primera Guerra Mundial ejerció un importante impacto en la sociedad interna argentina, dividiendo a la opinión en aquellos partidarios de la ruptura con Alemania y las potencias centrales, siguiendo la causa de las naciones aliadas (aliadófilos o rupturistas), y aquellos sectores locales que respaldaron la causa sostenida por Alemania y las potencias centrales (germanófilos).
    El gabinete de Victorino de la Plaza contó con mayoría de aliadófilos (con las excepciones del ministro Francisco Oliver, quien según el embajador norteamericano Frederick J. Stimson fue germanófilo, y de algunos miembros del Círculo de Armas, muchas de cuyas figuras fueron germanófilas). La más destacada de las figuras germanófilas provenientes de la elite fue la de Estanislao Severo Zeballos, iniciado en las filas del mitrismo, ex diputado nacional por el PAN, roquista, ex ministro de relaciones exteriores de Juárez Celman, Pellegrini y Figueroa Alcorta, ministro en Estados Unidos y diputado nacional independiente desde 1912 hasta 1916. Incluso llegó a ser asesor de empresas de nacionalidad alemana. La presencia de elementos germanófilos fue especialmente fuerte entre los inmigrantes españoles, los militares, el clero y los médicos, la mayoría de los cuales había estudiado precisamente en Alemania (1).
    La línea divisoria entre aliadófilos y germanófilos nunca fue demasiado clara, en lo que a sectores sociales y políticos se refiere. Ambos bandos pertenecieron a la élite. Quizás la distinción más evidente pasara por el plano cultural. La explicación de que la mayoría de la elite fuese partidaria de la Triple Entente debe encontrarse en que la influencia de la cultura francesa fue avasalladora en esa época. Por su parte, la influencia alemana fue más que notoria en el derecho, la medicina y la instrucción militar, y ello se reflejó en que las profesiones vinculadas a estos campos contaron con el mayor número de germanófilos. También hubo simpatizantes de la causa de Alemania y Austria entre los círculos militantes católicos argentinos, pues la Iglesia romana, y sobre todo el clero español, volcaron sus preferencias en las potencias centrales, donde la Iglesia Católica era más respetada que en la Francia anticlerical, la Gran Bretaña anglicana o la Rusia ortodoxa (2).
    La prensa fue proaliada en su gran mayoría, aunque con algunos matices. Las noticias fueron provistas por agencias aliadas, como Havas y Reuter, y los corresponsales, como Julio Payró y Leopoldo Lugones de La Nación, fueron aliadófilos. El matutino anteriormente mencionado, junto a los diarios como Crítica, La Argentina, Ultima Hora y El Diario también abrazaron la causa aliada. Por su parte, La Razón y La Prensa, si bien fueron predominantemente aliadófilos, dieron espacio a editoriales independientes, y en el caso de La Prensa, tuvo como director a Zeballos y a editorialistas de clara tendencia germanófila. Entre los periódicos que defendieron la causa de las potencias centrales en la Argentina se contaron dos de habla alemana -el Argentinisches Tageblatt y el Deutsche La Plata Zeitung-; el diario en español La Unión, el Boletín Germánico, el periódico de la comunidad española La Gaceta de España, el de la turca La Bandera Otomana, y, hasta la entrada de Italia en la guerra, los diarios de la comunidad italiana Il Lavore y La Patria degli Italiani (3).
    En cuanto a las proporciones de aliadófilos y germanófilos en la sociedad argentina, quizás la afirmación del ministro alemán en Buenos Aires, Karl Graf von Luxburg, de que el 80% de la población porteña simpatizó con el bando aliado haya sido exagerada, pero, de acuerdo con las opiniones de los observadores contemporáneos, la opinión pública en Buenos Aires se había volcado mayoritariamente hacia los países de la Entente. Resulta imposible medir hasta qué punto se reflejó esta tendencia en las capas inferiores de la sociedad porteña, pero la misma se evidenció con claridad en las capas medias y superiores, a tal punto que manifestaciones callejeras o funciones de teatro en las que se cantara "La Marsellesa" o el embanderamiento de las calles de Buenos Aires con las banderas de Italia, el día que esta nación entró en la guerra como aliada, fueron muy comunes en ese momento (4).

  1. R. Weinmann, op. cit., pp. 62-63.

  2. Ibid., 64.

  3. Percy A. Martin, Latin America and the War, Gloucester, Mass., 1967, pp. 182 y sigs.; Frederick A. Kirkpatrick, South America and the War, Cambridge, Mass., 1918, p. 42; Wilhelm Keiper, Das Deutschtum in Argentinien wahrend des Weltkrieges (1914-1918), Hamburgo, 1942, pp. 17 y sigs., cit. en ibid., p. 65.

  4. Karl Graf von Luxburg, Nachdenkliche Erinnerung, Schloss Aschach-Saale, 1953, p. 92; W. Keiper, op. cit., p. 28, fuentes citadas en ibid., pp. 65-66.

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