En la Segunda Conferencia Panamericana de
México de 1901-1902, las delegaciones argentina y norteamericana invirtieron las
posiciones adoptadas en la conferencia anterior, pero, como en el caso de ésta,
adhirieron a propuestas opuestas. Preocupada por conflictos como la guerra del Pacífico y
las cuestiones limítrofes todavía pendientes con el gobierno de Chile, la delegación
argentina propuso, con el respaldo del gobierno de Perú, el arbitraje obligatorio,
inclusive el de controversias pendientes; la norteamericana, en cambio, apoyó la
propuesta de México, consistente en una refrendación de los principios de arbitraje
voluntario de la Convención de La Haya. La delegación argentina, encabezada por Martín
García Merou, apeló al secretario de Estado norteamericano John Hay para que ejerciera
la influencia norteamericana a favor del arbitraje obligatorio y salvara así la
Conferencia de México. El último respondió que la presión de Estados Unidos acaso
podría provocar el mismo fracaso que el ministro argentino temía (1). Como resultado
final, la delegación argentina obtuvo la aprobación de nueve estados para su plan de
arbitraje (2), mientras que los norteamericanos mantuvieron cierta unanimidad en la
Conferencia al asegurar la adhesión de todas las naciones a las disposiciones de la
Convención de La Haya.
Sin llegar al tono marcadamente crítico que caracterizó a las
anteriores delegaciones argentinas, la encabezada por García Merou procuró mantener la
independencia de sus puntos de vista y ejercer cierto liderazgo regional sobre los estados
hispanoamericanos. Un ejemplo fue la resolución presentada por García Merou instando a
la solución de las disputas territoriales entre Colombia y Venezuela, ya que dicha
resolución fue presentada no a nombre individual del gobierno argentino sino junto a las
delegaciones de Bolivia, Perú, Paraguay, Uruguay y Brasil (3).
Asimismo, en la cuestión referente a los derechos de los extranjeros a
la protección diplomática de sus gobiernos, la delegación argentina encabezó el frente
latinoamericano contra las intervenciones diplomáticas. La posición norteamericana, que
en 1890 se había manifestado favorable a dichas intervenciones y había perdido por 15 a
1, decidió en la Conferencia de México abstenerse de votar.
En el espinoso tema comercial, si bien no surgió ningún tratado sobre
comercio recíproco, la delegación argentina procuró dejar sentadas sus críticas a la
política aduanera norteamericana en un extenso informe en el cual a la vez que se rendía
un homenaje a la inspiración de James Blaine, Martín García Merou y sus colegas,
Antonio Bermejo y Lorenzo Anadón, dispararon dardos contra los derechos aduaneros
norteamericanos hacia los cueros y la lana, desacreditando la imposición de barreras
tarifarias en el Nuevo Mundo. García Merou atacó particularmente la "muralla
china" creada por la tarifa McKinley (4).
Según McGann, la cuestión más significativa del programa de la
Segunda Conferencia Panamericana no fueron sus aportes, sino sus omisiones. Todos las
cuestiones que en la conferencia anterior fueron centrales -el plan de una unión aduanera
de alcance hemisférico, el proyecto de una moneda común- desaparecieron, junto con toda
propuesta que implicara una asociación regional fuerte. Estas cuestiones fueron
reemplazadas por tópicos generales (5).
Por el lado norteamericano, los objetivos de esta Segunda Conferencia
fueron más modestos que los de la primera. Mientras en Washington Blaine soñó vanamente
con la concreción de la idea de una unión aduanera panamericana y de una moneda común,
y encontró la cerrada oposición de los representantes argentinos, en la conferencia de
México los delegados norteamericanos buscaron primordialmente fortalecer el débil
sistema panamericano y evitar el conflicto entre la Argentina y Chile, cuyos gobiernos
estaban en ese momento con cuestiones limítrofes pendientes que alimentaban una mutua
carrera armamentista.
A su vez, los representantes argentinos asumieron una actitud menos
desafiante hacia el gobierno norteamericano que en la Primera Conferencia, debido
justamente al programa y objetivos mucho más modestos que los de la anterior. Por otro
lado, procuraron no pasar por alto ninguna oportunidad para sumar lealtades entre los
países de la región, con el objetivo de debilitar a Chile.
García Merou a la Legación Argentina en Washington, 22 de noviembre de 1901, NA, DS, Records of the United States Delegation to the Second International Conference of American States, 1901-1902, cit. en ibid., vol. I, p. 336. Consultar también T.F. McGann, op. cit., pp. 201-202.
En la Segunda Conferencia Panamericana celebrada en México, los delegados argentinos propusieron la concertación de un tratado multilateral sobre arbitraje general obligatorio. Sólo algunos países adhirieron al proyecto argentino. El 20 de enero de 1902, Argentina, Bolivia, El Salvador, Guatemala, México, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay habían celebrado un tratado por el que se obligaban a someter a arbitraje toda diferencia no resuelta por la vía diplomática directa. Ver al respecto O.G. Usinger, op. cit., pp. 37-38.
T.F. McGann, op. cit., p. 205.
Report Which the Delegation of the Argentine Republic Submits to the Second Pan-American Conference, pp. 64-66, cit. en H.F. Peterson, op. cit., vol. I, p. 337. Ver también T.F. McGann, op. cit., pp. 212-213.
T.F. McGann, op. cit., p. 199.
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